Comentario del Evangelio para Matrimonios: Mateo 8, 5-17

Tres tesoros para el matrimonio: Intercesión, Fe y Humildad.

Ayer hablábamos de que debemos purificar nuestra mirada para ver la sobreabundancia de Dios en nuestro esposo y nuestro matrimonio, puesto que el Demonio la quiere ocultar a nuestros ojos haciendo que nos centremos en lo negativo, o en aquello que nos falta o nos molesta. Y además el Demonio nos lo exagera: De ahí vienen frases que alguna vez nos sorprenderemos pronunciando, como: “Es que estás todo el día enfadado…” o “No paras de reprocharme…” o “Nunca me has comprendido…”, etc. Esos “todo, no paras, nunca…”, esa absolutización del mal, eso es lo que el demonio pretende. Un mal más absoluto que el bien. El dios del mal.

Hoy el centurión nos da tres lecciones que vamos a necesitar para contar con la sanación de Jesús en nuestro matrimonio.

La primera es la oración de intercesión: Qué importante es rezar por nuestro esposo. Deberíamos hacerlo todos los días ¿Lo haces tú?.
¿Por qué es tan importante? Desde el mismo día en que nos casamos, ambos somos ministros de la gracia de Dios para el esposo. Somos quien Dios ha elegido para transmitirle la gracia a nuestro esposo. Si el ministro de dichas gracias no ora por su esposo, estamos desaprovechando muchos grandes dones que Dios le quiere conceder.

La segunda lección es la fe y la tercera es la humildad. Las mencionamos juntas porque juntas van. A mayor humildad, mayor fe. La humildad es andar en verdad, decía Santa Teresa. Consiste en reconocer quién es Dios y quién soy yo, y esto nos lleva necesariamente a la fe. Humildad es recuperar la inocencia originaria de reconocer que todo nos lo ha dado Dios, todo es don de Dios. De otra forma nos estamos adueñando de algo que no es nuestro, y eso es vanidad, creer que alguno de los dones que nos ha dado Dios nos pertenece y podemos utilizarlos a nuestro antojo o en nuestro propio beneficio.

San Juan Pablo II dice a este respecto referido a la relación hombre-mujer después de la ruptura con Dios: -. No tratan de fundar su amor en el Amor, que sí posee la dimensión absoluta. Ni siquiera sospechan esa exigencia, porque les ciega no tanto la fuerza del sentimiento cuanto al falta de humildad. Es la falta de humildad ante lo que el amor debe ser en su verdadera esencia (Taller del Orfebre 98).

Es la falta de humildad, ante Dios como esencia del Amor, la que impide a los matrimonios amarse de verdad.

En la medida en que los esposos sepamos reconocernos como don de Dios, reconocer como don Suyo a nuestros hijos, a nuestras familias, nuestro trabajo… cada circunstancia de que vivimos en nuestra relación, iremos creciendo en la humildad y en la fe. Veremos a Dios en todo y en todos. Veremos todo lo bello y lo bueno de Dios y de nuestra relación querida por Él.

Si además, como el Centurión, oramos el uno por el otro y Jesús viene a casa, aunque no seamos dignos, pero se comprometió con nosotros en nuestro matrimonio.

Oramos con el Salmo: (Señor) Piensa en tu alianza: que los rincones del país están llenos de violencias. Que el humilde no se marche defraudado, que pobres y afligidos alaben tu nombre.

Comentario del Evangelio para Matrimonios: Juan 4, 7-16

El Magníficat del matrimonio:

La oración del Evangelio de hoy, ha sido calificada por los entendidos como el Magníficat de Jesús. Jesús alaba al Padre porque los misterios del Evangelio, se los muestra el Padre a los sencillos, que son los que se ven necesitados de Dios, de su sabiduría, pues la reconocen diferente a la del mundo. Así los esposos alabamos al Padre porque es Él quien nos revela el misterio de nuestro matrimonio a través del Evangelio y le necesitamos. El mundo nos propone una forma de amarse falsa. Es obvio: no hay más que ver los resultados.

Ya vimos otro día que la tentación del Demonio consiste en exagerar lo malo o lo que nos falta por tener, para distraer nuestra mirada de la sobreabundancia de los dones que Dios nos ha dado, tal como ocurrió en la tentación de Eva en el Paraíso. Ver el don de Dios nos hace sentirnos agradecidos, y esto, nos saca del mal, del yo egocéntrico e insaciable e constantemente insatisfecho, que nos destruye y destruye las relaciones con otros.
La mirada oscura es el reflejo de nuestro corazón nos dice Jesús, pues la mirada oscura solo ve lo malo, no encuentra la sobreabundancia de Dios, por lo tanto no puede agradecerla, alabarle… La gratitud está íntimamente relacionada con la capacidad de ver desde la mirada de Dios, de la fe.

La dicha es alimentada por el Padre, es la bienaventuranza de los limpios de corazón (Mt 5, 8). Porque la fe en el Evangelio al igual que la indisolibilidad en el matrimonio, no se consigue a base de esfuerzo humano (ciencia, poder, psicología…), sino que es un don gratuito de Dios, que regala a los que le dicen Sí.
Éste es el motivo que arranca de Jesús la oración de alabanza al Padre y éste es el motivo también para arrancar la alabanza de los esposos. La alabanza y la acción de gracias son puntos esenciales en la oración de Jesús y por tanto en la nuestra, para nuestro matrimonio. Es fruto del reconocimiento de las maravillas que Dios realiza a favor de nosotros.

Son los sencillos y limpios de corazón, los que tratan de verlo todo desde la mirada de fe. Éstos saben que todo contribuye al bien de los que aman a Dios, de los que Él ha llamado según sus planes (Rom 8, 28). Dios es infinitamente generoso y nos da infinidad de bienes, si no lo vemos el problema no está en Dios, ni en mi esposo… está en mi corazón.

Una buena forma de apartar al Diablo, es la alabanza. El diablo no la puede soportar, porque es contraria a la tentación y a la mentira.
¡Probarlo! Cuando estéis pensando mal del esposo, entended que el Demonio intenta que engrandezcáis lo malo y no veáis la sobreabundancia de Dios. ¡Alabad a Dios por vuestro esposo! ¡Dad gracias a Dios por él/ella! Dad gracias por los dones que Dios ha puesto en él/ella, sin prestar atención a su metedura de pata.
Veréis cómo desaparece la oscuridad de tu corazón, si no puedes, no es en tu esposo en quien tienes que fijar tu mirada, sino en tu corazón para limpiarlo, pues nada que viene de fuera nos hace impuros. Pídele perdón al Padre y acude al sacramento de la reconciliación a limpiar tu corazón para que tu mirada pueda ver a Dios en él/ella.

La oración de alabanza y de acción de gracias. ¿La aplico con mi esposo (yo en él/ella y él/ella en mí)? ¿La practico? ¿Reconozco lo que el Señor me regala gratuitamente a mí, en mi esposo?

Te pedimos Padre, que nuestra vida matrimonial sea un Magníficat que reconoce y agradece.
Y como María, proclama nuestra alma la grandeza del Señor, se alegra nuestro espíritu en Dios, nuestro Salvador. Porque ha mirado nuestra pequeñez…

Comentario del Evangelio para Matrimonios: Mateo 7, 15-20

¿De qué está hecho nuestro hogar?

Hoy las Palabras de Jesús nos hablan muy claramente sobre la santidad. No basta con haber sido bautizados, ir a la Eucaristía, oir la Sagrada Escritura, ser catequistas que hablemos de Jesús, la Virgen… Incluso podemos rezar cada día, hacer numerosas obras de caridad y repartir los dones que Dios nos ha dado. Si no lo hago por Amor no sirve de nada: San Pablo lo define muy bien en la 1ª carta a los Corintios 13.

La santidad es conocer a Jesús, porque Él nos la transmite mientras caminamos junto a Él. Es una respuesta de amor exigente, por un camino angosto, en cada momento del día, en lo pequeño y en lo grande. Una respuesta al Amor que nos amó primero, que nos llama a una vocación específica y le respondemos a través de ella. La nuestra, queridos esposos, es la conyugal, como dice el Magisterio de la Iglesia, con unas leyes específicas.

Si eres esposo pues has recibido el sacramento del matrimonio: ¡Adelante con este Amor exigente! Con el Amor de Jesús.
Tenemos una misión: Edificar nuestro hogar de amor sobre roca (Cristo), convirtiéndonos en roca para nuestros hijos y para otros, así como Abrahán y Sara por la fe en Dios se vuelven roca, comienzo del pueblo de Dios. Mirando hacia esta roca, la gente cobraba valor para luchar y salir del cautiverio.

Este es el sentido del nombre que Jesús dio a Pedro: “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia” (Mt 16,18). También Dios quiere edificar su Iglesia doméstica en cada hogar donde Jesús encuentra su hogar. Estamos llamados a unirnos a Jesús, la piedra viva, para volvernos piedras vivas por la escucha y la práctica de la Palabra (Pd 2,4-10; 2,5; Ef 2,19-22).

¡Esposos! si no escuchamos la Palabra juntos y con nuestros hijos y la ponemos por obra seremos esposos y familias necios que edificamos nuestro hogar sobre arena y cualquier conflicto, hace que nos hundamos totalmente. Y sinceramente… ya hay demasiados hogares enterrados. ¡No tengáis miedo! Hay que empeñarse cada día en un objetivo. Sólo por hoy. Algo que nos acerque a nuestro esposo y por tanto a Dios.

Las Palabras sencillas y claras de Jesús brotaban de su experiencia de Dios, de su vida entregada al Proyecto del Padre. Así deben ser las nuestras a nuestros hijos y otros, palabras que brotan de la experiencia de Dios.

Oramos con el Salmo: (Señor) Inclina mi corazón a tus preceptos, y no al interés. Aparta mis ojos de las vanidades, dame vida con tu palabra.

Comentario del Evangelio para Matrimonios: Mateo 7, 15-20

Esposos y profetas.

Las palabras de Jesús son siempre actuales: “Mirad, no os dejéis engañar. Porque vendrán muchos usurpando mi nombre”. Es una invitación al discernimiento. Esta virtud cristiana de comprender dónde está el Espíritu del Señor y dónde está el mal espíritu. (CFC. S.S. Francisco, 17 de Noviembre de 2013 homilía en Santa Marta)

¿Y cuál es el criterio para reconocer a los verdaderos discípulos, de Jesús y, por tanto, a los verdaderos profetas?
Dice San Juan Pablo II: ‘Profeta es aquel que expresa con palabras humanas la verdad que proviene de Dios, aquel que profiere esta verdad en lugar de Dios, en su nombre y en cierto sentido, con su autoridad’
“Los esposos, a través de la humildad del lenguaje del cuerpo, de la aceptación y el respeto de la verdad del cuerpo, de la entrega de éstos, son así realmente profetas. Este perenne lenguaje del cuerpo lleva en sí toda la riqueza y profundidad del misterio: Primero de la creación, luego de la redención” (audiencia del 19 de enero de 1983)

Ahí es nada…

Los esposos, profetas de la alianza entre Dios y la humanidad, entre Cristo y su Iglesia, al permitir al cuerpo hablar en su nombre y expresar, por tanto, la entrega de sus personas, contraen la reponsabilidad de ser verdaderos profetas, en cambio si al expresar el lenguaje del cuerpo lo deforman, pasaran a formar parte de los falsos profetas denunciados por la Escritura, el grupo de los que conducen al pueblo de Dios a su perdición (La Espiritualidad conyugal según Juan Pablo II).

El ojo del profeta sabe ver primero el proyecto del amor divino y a su luz, entiende los desvíos de nuestra ruta. Por esto insistimos tanto en las palabras de S. Juan Pablo II, verdadero profeta del matrimonio y la familia.

¿De dónde nacen los frutos? De la unión de los esposos en Cristo. No te engañes: Si te ha llamado Dios a la vocación conyugal, es necesario ser una sola carne con tu esposo.
Confía. El agua del amor humano la destila Cristo en el vino del Amor de Dios y así ilumina todas las trasformaciones que ocurren en el matrimonio: del interés propio se engendra el interés común, de lo mio lo nuestro, del yo el nosotros, del eros o amor humano el ágape de la Caridad, Amor de Dios.

Para Jesús está claro: Obras, hechos. No se trata de palabras bonitas, ni de repetir las del Evangelio como un espectador que ve una película; tampoco de fiarnos en las apariencias más deslumbrantes…

Oír no sólo lo que dicen, sino mirar cómo viven, cómo actúan…
Porque, quien tiene el Evangelio en su corazón, actuará conforme a lo que dice el Evangelio. Es su Tesoro… En cambio, quien actúe, juzgue e invite a actuar y a juzgar desde criterios distintos al Evangelio: los de la moda, lo que hace todo el mundo… no es un discípulo de Jesús y, por tanto, no merece ser escuchado y, menos aún seguirle…

¿De qué me sirve decir: hay que perdonar si a la hora de la verdad, llevo cuentas de todo el mal de mi esposo? Y si mis consejos a otros esposos son del tipo: “no seas tonto, no te dejes pisar, nada de poner la otra mejilla…”
O esa otra frase tan común: “Es que Cristo era Dios” Lo que implica que la cruz era sólo para Él y la entrega hasta el extremo es sólo cosa de Dios… Tú en cambio no te entregues tanto o harás del otro un tirano, tú le tienes que poner límites, que no se te suba a la chepa, no te toca a ti cargar o aguantar … (su pecado), eso es solo para Cristo… O interpretar a nuestra manera lo del grano que cae en tierra y muere para que dé fruto, porque debe ser a partes iguales, los dos, si el otro no lo hace, tú tampoco lo tienes que hacer, porque te tienes que hacer respetar…
¡Y tantas barbaridades anti Evangélicas que oímos incluso a hermanos cristianos y nos insinúa el tentador!

No se trata de repetir un dogma… De lo que se trata es de entender que La Verdad es Cristo acogiendo su Palabra, le acogemos a Él y la Palabra no solo engendra Vida, sino que ofrece una compañía y señala una ruta, una tarea, un destino y al hacerlo ofrece un significado a nuestro caminar, el Espíritu Santo nos da sus frutos.
Según el camino de recorramos derivan una serie de actitudes, consecuencias y responsabilidades, frutos frente a la vida. Vivir esta Verdad es la que tiene que llevarnos a anunciarla con nuestros cuerpos y con nuestra boca proclamarla, como veíamos ayer con Zacarías: Dios abre nuestra boca para alabarle y proclamar sus maravillas.

Los verdaderos esposos, son profetas, porque evangelizan siendo uno solo en la carne.

Ven Espíritu Santo.

Comentario del Evangelio para Matrimonios: Lucas 1, 57-66. 80

El milagro de la fidelidad.

Dice Orígenes: -. Zacarías significa el que se acuerda de Dios, Juan significa el que manifiesta a Dios. Además, la memoria se refiere a lo que está ausente y la demostración se refiere a lo que está presente. Por tanto Juan debía expresar, no la memoria de Dios como ausente, sino que debía señalarlo con el dedo como presente, diciendo (Jn 1,29): «He aquí el Cordero de Dios».-

Por eso El Ángel le dijo a Zacarías que el niño se tenía que llamar Juan, porque su nombre designaba su misión. Ya desde el precursor de Jesús, se anteponía la venida del Amor a la ley, que designaba que el primogénito debía llamarse como el padre. Aunque Zacarías dudó y por eso quedó mudo durante un tiempo, cuando llegó la hora de cumplir lo que le dijo el Ángel, obedeció. Esta vez supo cómo responder a Dios. Después viene la gratitud y la alabanza a Dios son sus primeras palabras en un canto de júbilo emocionado.

Cuántas cosas permite Dios en nuestro matrimonio que no entendemos ¿No es así?. El cambio de nombre era un auténtico “disparate” en la época.

“El corazón alaba a Dios ¿Y cómo se alaba a Dios? Se alaba saliendo de sí mismos, gratuitamente, como es gratuita la gracia que Él nos da. Alabar a Dios, salir de nosotros mismos para alabar; perder el tiempo alabando.” (cf S.S. Francisco, 31 de mayo de 2013).

Sólo saliendo de nosotros mismos, de nuestros criterios, podremos mirar nuestro matrimonio y a nuestro esposo (la gracia que Él nos da) y alabar a Dios.

Isabel concibió a Juan en su seno, mientras Zacarías, en silencio, recobró la fe y confianza en Dios. En ambos se da el milagro, la vida espiritual se construye a base de pequeños o grandes milagros que se dan en esa esfera íntima del alma, que sólo Dios y cada uno conoce. Pero no por ello dejan de ser milagros. Dios toca con su mano nuestras almas. «la mano del Señor estaba con él…» sí, y también con vuestro matrimonio, porque Dios quiere engendrar un hombre y una mujer nuevos, siendo uno solo con Él. Mediante la humildad, la donación y la entrega generosa.

El matrimonio nuevo que coopera a la acción de Dios, es consciente de su pequeñez, pero aún más de que esa «mano» divina le sostiene. La fidelidad y salir de uno mismo, son dos actitudes que nos hacen experimentar los frutos de felicidad que nos empujan a alabar a Dios.

Como aquel niño, nuestro matrimonio se va afianzando y fortaleciendo en el desierto. Es un camino.

Oramos con el Salmo: Tú has creado mis entrañas, me has tejido en el seno materno. Te doy gracias, porque me has escogido portentosamente, porque son admirables tus obras…