Archivo por días: 2 julio, 2026

Tener fe. Comentario para Matrimonios: Mateo 9, 1-8

Para ver los próximos RETIROS Y MISIONES haz click AQUÍ

Evangelio del día

 

Lectura del santo evangelio según san Mateo 9, 1-8

En aquel tiempo, subió Jesús a una barca, cruzó a la otra orilla y fue a su ciudad. En eso le presentaron un paralítico, acostado en una camilla. Viendo la fe que tenían, dijo al paralítico: «¡Animo, hijo!, tus pecados están perdonados».
Algunos de los escribas se dijeron: «Éste blasfema».
Jesús, sabiendo lo que pensaban, les dijo: «¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil decir: «Tus pecados te son perdonados», o decir: «Levántate- y echa a andar»? Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados – entonces dice al paralítico -: «Ponte en pie, coge tu camilla y vete a tu casa»».
Se puso en pie, y se fue a su casa. Al ver esto, la gente quedó sobrecogida y alababa a Dios, que da a los hombres tal potestad.

Tener fe.

Tenemos que dar gracias a Dios continuamente por la fe, un don maravilloso que viene de Él y que tengo que alimentar. En este pasaje el Señor nos muestra como tenemos que utilizar nuestra fe, unas veces como camilleros para acercar a nuestros amigos al Señor y otras veces como paralíticos dejándonos que nos acerquen a Dios para recibir su perdón. Los esposos a través de nuestro sacramento tenemos que fortalecer nuestra fe, asomándonos en el corazón de nuestro cónyuge para actuar como camilleros ayudándole en cualquier necesidad y también para dejarnos ayudar cuando nos veamos paralizados por nuestro pecado y a través de nuestro esposo acercarnos al Señor. Nuestra vocación nos lleva a ver a Cristo continuamente en nuestro cónyuge y actuar como Dios espera de nosotros, sabiendo lo que tiene en su corazón y sea lo que sea estar siempre dispuesto a entregarnos y acogernos en todo. El pecado nos paraliza el alma ya que nos hace perder la gracia de Dios y nos impide hacer muchas cosas buenas, un alma paralizada no deja actuar al cuerpo, que siendo caduco nos puede llevar a la perdición, de que sirve un cuerpo sano si tenemos paralizada el alma. No nos cansemos de buscar la gracia del perdón de Dios y estar siempre dispuestos a llevar en camilla a nuestro esposo y dejarnos la vida para acercarle a Dios.

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Pablo: Me ha llamado tu hermano enfadado echándome en cara la conversación que tuvimos ayer en la comida con tu familia. No hay quien pueda con ellos, ya estoy cansado de que siempre estén metiéndose conmigo y encima cuando me defiendo son ellos los ofendidos.
Marta: Ya estás otra con lo mismo, criticando a mi familia siempre que puedes y buscando la oportunidad para echármelo en cara.
Pablo: No es así y lo sabes. Siempre hago un esfuerzo y no sirve para nada. Ya lo ves, por mucho que lo intente, tú siempre estás de su lado sin saber de lo que hemos hablado.
Marta: Tienes razón. Te he criticado y te he juzgado antes de preguntarte por qué se ha enfadado mi hermano. Algo noté ayer, pero estaba más pendiente de mis padres y pensé que no era nada importante.
Pablo: Y la verdad es que no lo era, pero ya conoces a tu hermano. Se que antes buscaba cualquier excusa para meterme con tu familia, pero aunque a veces me sigue costando, hago un esfuerzo para que se note.
Marta: Perdóname por defenderme sin saber de qué se trataba. Te parece que nos vayamos juntos a confesar y así desbloqueamos esta situación de nuestra alma.
Pablo: ¿Confesarnos? Pero si no ha sido para tanto, además hace poco más de dos semanas que me confesé y no tengo tanto de lo que arrepentirme.
Marta: A veces yo pienso lo mismo, que puedo esperar, pero la gracia de la confesión me ayuda a mirar mejor en tu corazón, viendo lo que hay en él y todo lo que te esfuerzas en lo que más te cuesta.
Pablo: Ahora eres tú la que tiene razón. Te acompaño y de paso me confieso, que siempre me viene muy bien, me hace mejorar y aprovecho para dar gracias a Dios de lo que me ayudas a estar más cerca de Él.

Madre,

Muéstranos a los esposos lo que llevamos en el corazón, para ayudarnos a sanarlo y que nuestra fe nos lleve al abandono, confiando siempre en la sanación a través de los sacramentos. Bendito y alabado sea Dios.