Déjala crecer. Comentario para matrimonios: Mateo 13,31-35

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Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 13, 31 – 35

En aquel tiempo, Jesús propuso otra parábola al gentío:
«El reino de los cielos se parece a un grano de mostaza que uno toma y siembra en su campo; aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un árbol hasta el punto de que vienen los pájaros del cielo a anidar en sus ramas».
Les dijo otra parábola:
«El reino de los cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina, hasta que todo fermenta».
Jesús dijo todo esto a la gente en parábolas y sin parábolas no les hablaba nada, para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta:
«Abriré mi boca diciendo parábolas;
anunciaré lo secreto desde la fundación del mundo».

Déjala crecer.

En nuestro matrimonio, el día de nuestra boda Dios plantó la semilla para que el Reino de Dios creciera entre nosotros, en nuestro hogar, el Espíritu Santo nos unió para que viviéramos el hermoso plan que pensó para nosotros. Él siempre está, pero esta semilla del Reino de Dios no crece si no acogemos la gracia, no puede crecer si no nos dejamos transformar por su amor, si no somos dóciles. Cada renuncia, cada entrega y acogida del esposo, cada oración a la que llevamos nuestro sacramento, cuando es nuestra vocación de esposos lo que es prioridad en nuestra vida. Todo esto, siempre unidos al corazón de Cristo.
Un día, sin habernos percatado apenas, vemos ese hermoso Reino de Dios que ha crecido en nosotros y entre nosotros.

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Laura: Pedro, has estado muy callado hoy.
Pedro: Si Laura, me he quedado sobrecogido hoy en la eucaristía, el Señor me ha mostrado lo hermoso que es cada día juntos, a pesar de todas las dificultades.
Laura: Ha crecido el Reino de Dios en nuestra casa como la mostaza, de pequeñas cosas que parecían insignificantes, el Espíritu Santo ha hecho maravillas.
Pedro: Te acuerdas al principio, lo que me constó dejar mi apego al éxito profesional, que tanto nos separaba.
Laura: Sí, ahora lo ponemos todo en manos de Dios, ¡y creo te ha ido mejor!
A mi los celos me nublaban, y nos hacía discutir y sufrir mucho.
Pedro: Sí, pero la oración juntos ha hecho que el Señor te vaya mostrando que es nuestro matrimonio, nuestro sacramento lo que mueve mi corazón.
Laura: Y de repente miramos, y ahí está, un gran árbol, pero no lo descuidemos hay que seguir en el corazón de Cristo, cogidos de su mano.

Madre,

Que sigamos todos los días dejando que crezca el Reino de Dios en nuestro matrimonio. ¡Alabado sea Dios!

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