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Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según san Juan 3, 13-17
«Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre.
Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna.
Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna.
Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.
El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Unigénito de Dios».
Exaltación de la Santa Cruz
Hoy celebramos la exaltación a la Santa Cruz, como esa prueba del extraordinario amor que tiene Dios por nosotros. Este Evangelio nos revela cómo ama Dios y, por tanto, cómo estamos llamados a amar en el matrimonio: un amor que se entrega, que levanta al otro y que busca su salvación, no su condena.La palabra «entregar» adquiere un significado muy profundo. Amar al esposo o a la esposa no consiste solamente en sentir cariño, tener momentos bonitos o buscar nuestra propia felicidad juntos. Amar es entregarse al otro, poner la propia vida al servicio de su bien y aprender, poco a poco, a dar la vida por el otro..Jesús habla de ser «elevado»., porque aunque la cruz parece el lugar de la derrota y de la muerte, se convierte en el lugar donde Jesús manifiesta el amor más grande: entrega su vida para salvarnos.En todo matrimonio hay momentos de «desierto»: cansancio, discusiones, heridas, decepciones, dificultades económicas, preocupaciones familiares… Y en esos momentos podemos caer en la tentación de mirar solamente la herida del otro: «Mira lo que me has hecho», «tú tienes la culpa», «siempre haces lo mismo». Pero Jesús nos invita a levantar la mirada hacia Él. La cruz nos recuerda que el amor verdadero no consiste en que nunca haya dificultades, sino en que el amor puede atravesar esas dificultades sin dejar de amar. Podemos elegir entre encerrarnos en nosotros mismos o elevar nuestro amor: pedir perdón cuando creemos tener razón, escuchar cuando estamos cansados, renunciar a una comodidad por el bien del otro, cuidar al cónyuge en su fragilidad o permanecer fiel cuando atravesamos una etapa difícil.
Aterrizado a la vida Matrimonial:
Mónica: Cada vez veo más claro que nuestro modelo a seguir y el modo en el que tenemos que amar es como Cristo nos enseña en el Evangelio. Dios se entregó para que nosotros también nos entreguemos
Ludo: Sí. Y yo también cada vez veo más claro que en nuestro matrimonio eso se tiene que notar en las cosas pequeñas. A veces entregar mi vida por ti no es hacer algo extraordinario, sino escucharte aunque esté cansado, ceder, ayudarte o simplemente estar.
Mónica: Y algo que también aprendo de Jesús y es que Él no vino a juzgar, sino a salvar. Porque nosotros muchas veces hacemos justo lo contrario: nos juzgamos.
Ludo: Totalmente. En una discusión es muy fácil pensar: «Tú siempre haces esto» o «la culpa es tuya». Y quizá Jesús nos invita a cambiar la pregunta: no «¿quién tiene la culpa?», sino «¿cómo actuaría Cristo en esta situación?».
Mónica: Eso cambia mucho las cosas. Porque cuando dejo de querer tener razón, puedo empezar a buscarte a ti.
Ludo: Y ahí aparece la cruz. No como algo que tengamos que buscar, sino como esos momentos en los que amar cuesta. Ahí es donde podemos decidir si nos alejamos o si nos acercamos más.
Mónica: Y tenemos que intentar aprender a mirarnos como Él nos mira.
Ludo: Sí. Con nuestros defectos, nuestras heridas y nuestras limitaciones… pero sin dejar de creer que el otro es un don de Dios para mí, tal y como es.Mónica: Y ahora, como prueba definitiva de que estamos aprendiendo a amarnos…
Ludo: ¿Qué?
Mónica: Te dejo proponer qué vemos esta noche en la televisión.
Ludo: ¡Eso sí que es una entrega redentora!
Mónica: Bueno… tampoco te emociones. He dicho proponer, no elegir lo que tú quieras.
Ludo: Ah… entonces todavía nos queda camino hacia la santidad.
Madre,
enséñanos a entregarnos sin reservas, y a levantarnos mutuamente cuando llegue la cruz. Alabada sea la Cruz de Cristo

