Autoridad del Amor. Comentario para matrimonios: Lucas 4, 31-37

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Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 4, 31-37

En aquel tiempo, Jesús bajó a Cafarnaún, ciudad de Galilea, y los sábados les enseñaba.
Se quedaban asombrados de su enseñanza, porque su palabra estaba llena de autoridad.
Había en la sinagoga un hombre poseído por un espíritu de demonio inmundo y se puso a gritar con fuerte voz: «¡Basta! ¿Qué tenemos que ver nosotros contigo, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios».
Pero Jesús le increpó diciendo: «¡Cállate y sal de él!».
Entonces el demonio, tirando al hombre por tierra en medio de la gente, salió sin hacerle daño.
Quedaron todos asombrados y comentaban entre sí: «¿Qué clase de palabra es esta? Pues da órdenes con autoridad y poder a los espíritus inmundos, y salen».
Y su fama se difundía por todos los lugares de la comarca.

Autoridad del Amor.

¿No os habéis quedado asombrados escuchando a algún sacerdote o persona cuando habla sobre cosas del Señor o sobre alguna Verdad sobre el matrimonio o la familia? Eso ocurre cuando ese sacerdote o esas personas, ungidas por el Espíritu Santo, hablan en Verdad y que, como ocurría con Jesús, todos escuchaban y se quedaban asombrados porque hablaba con autoridad.
Así puede ocurrir también en nuestro matrimonio, cuando hablamos con nuestro cónyuge desde el corazón; cuando lo hacemos desde la oración y hablamos con la ayuda del Espíritu Santo, podemos hablar con “autoridad” y desde el Amor para poder transmitir todo lo que el Señor quiere que vayamos mostrándonos unos a otros, bajando los muros que los espíritus inmundos quieren levantar entre nosotros para dividirnos y así hacernos una sola carne.

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Alfonso: Debo decirte que, tras estos meses de hacer oración conyugal, nuestro matrimonio ha cambiado muchísimo.
Laura: ¡Qué alegría que me lo digas Alfonso! Yo lo notaba, pero no sabía si tú también te habías dado cuenta.
Alfonso: Sé que soy un poco más lento de reflejos, y me cuesta un poquito más darme cuenta de algunas cosas Laura, pero realmente antes notaba que había un poco de desconfianza entre nosotros y ahora se respira comunión, paz y tranquilidad.
Laura: Así es, yo antes desconfiaba un poquito, pero, con la oración, hemos ido mostrando nuestros corazones y hemos ido bajando todos esos muros y desconfianzas; ahora ya no hay secretos ni lugares ocultos entre nosotros.
Alfonso: Es que el demonio no cabe donde no hay secretos.

Madre,

Te pedimos que nos des la humildad para desnudar nuestro corazón en la oración conyugal.
¡Gloria y alabanza al Señor!

Mirar siempre con sorpresa. Comentario para matrimonios: Lucas 4, 16-30

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Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 4, 16-30

En aquel tiempo, Jesús fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el rollo del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito:
«El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos; a proclamar el año de gracia del Señor».
Y, enrollando el rollo y devolviéndolo al que lo ayudaba, se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos clavados en él. Y él comenzó a decirles:
«Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír».
Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de su boca.
Y decían:
«¿No es este el hijo de José?».
Pero Jesús les dijo:
«Sin duda me diréis aquel refrán: “Médico, cúrate a ti mismo”, haz también aquí, en tu pueblo, lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaún».
Y añadió:
«En verdad os digo que ningún profeta es aceptado en su pueblo. Puedo aseguraros que en Israel había muchas viudas en los días de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías sino a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, sin embargo, ninguno de ellos fue curado sino Naamán, el sirio».
Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo echaron fuera del pueblo y lo llevaron hasta un precipicio del monte sobre el que estaba edificado su pueblo, con intención de despeñarlo.
Pero Jesús se abrió paso entre ellos y seguía su camino.

Mirar siempre con sorpresa.

Hay una frase que puede interpelarnos especialmente: «¿No es este el hijo de José?». Los habitantes de Nazaret conocían demasiado a Jesús y, precisamente por eso, dejaron de reconocer quién era realmente. Algo parecido puede ocurrir en el matrimonio. Después de muchos años juntos, creemos que conocemos perfectamente al otro: sabemos cómo piensa, cómo va a reaccionar, qué va a decir… y dejamos de mirarlo con sorpresa y con amor. Podemos llegar a pensar: «Ya sé cómo es mi marido», «mi mujer siempre hace lo mismo». Y entonces dejamos de escuchar. Conocer mucho al otro no significa conocerlo del todo. El amor necesita seguir descubriendo a la persona que tenemos al lado.
También resulta llamativo que Jesús no sea aceptado precisamente por los que más cerca están de Él. Esto nos recuerda que la cercanía no garantiza el amor. Podemos estar físicamente muy cerca de nuestro esposo o esposa y, sin embargo, tener el corazón distante. Podemos compartir casa, trabajo, hijos y responsabilidades, pero necesitamos volver a encontrarnos de verdad.
Podríamos preguntarnos como matrimonio: ¿Mi esposo se siente libre conmigo para ser él mismo? ¿Le miro todavía con admiración o creo que ya lo sé todo de él? ¿Soy para él una persona que sana o que hiere? ¿Estoy dispuesto a aceptar que Dios también quiere transformar mi corazón a través de mi cónyuge?

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Antonio: Lucía, creo que en nuestro matrimonio hay algo que no podemos perder nunca: la admiración.
Lucía: Sí. Porque cuando llevamos muchos años juntos podemos pensar que ya conocemos al otro y dejar de sorprendernos.
Antonio: Y entonces empezamos a ver más sus defectos que sus virtudes.
Lucía: O dejamos de valorar aquello que antes nos enamoraba porque nos hemos acostumbrado a ello.
Antonio: Yo quiero aprender a mirarte cada día como si todavía tuviera cosas nuevas que descubrir en ti.
Lucía: Y yo a ti. Porque no somos los mismos que cuando nos conocimos. Hemos crecido, hemos cambiado y seguimos teniendo cosas que ofrecernos
Antonio: Quizá amar también sea eso: no dar nunca al otro por supuesto.
Lucía: Seguir admirándolo, agradecer lo que hace y sorprendernos de quién es.
Antonio: Después de tantos años, quiero seguir descubriendo a la mujer que tengo a mi lado.
Lucía: Y yo al hombre que amo.
Antonio: Porque cuando dejamos de mirar con admiración, dejamos de descubrir.
Lucía: Y cuando seguimos admirando, el amor siempre tiene algo nuevo que decir.

Madre,

Ayúdanos a no acostumbrarnos nunca a la persona que Dios ha puesto a nuestro lado, a descubrir cada día sus virtudes y a agradecer el regalo de su vida. Bendito y alabado sea siempre Nuestro Señor

RETIRO PARA NOVIOS EN BUENOS AIRES 30 OCTUBRE – 1 NOVIEMBRE 2026

RETIRO PARA NOVIOS EN BUENOS AIRES 30 OCTUBRE – 1 NOVIEMBRE 2026

RETIRO MATRIMONIOS CÓRDOBA 23 – 25 OCTUBRE 2026

RETIRO MATRIMONIOS CÓRDOBA 23 – 25 OCTUBRE 2026

Umbral sobrenatural. Comentario para matrimonios: Mateo 16, 21-27

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Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 16, 21-27

En aquel tiempo, comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día.
Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo:
«¡Lejos de ti tal cosa, Señor! Eso no puede pasarte».
Jesús se volvió y dijo a Pedro:
«¡Ponte detrás de mí, Satanás! Eres para mí piedra de tropiezo, porque tú piensas como los hombres, no como Dios».
Entonces dijo a los discípulos:
«Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga.
Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará.
¿Pues de qué le servirá a un hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma? ¿O qué podrá dar para recobrarla?
Porque el Hijo del hombre vendrá, con la gloria de su Padre, entre sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta.»

Umbral sobrenatural.

Escribía San Juan de la Cruz:
“Para venir a gustarlo todo, no quieras tener gusto en nada.
Para venir a poseerlo todo, no quieras poseer algo en nada.
Para venir a serlo todo, no quieras ser algo en nada.
Para venir a saberlo todo, no quieras saber algo en nada.”
A Pedro le gustaba tanto Jesús que, de algún modo, se había “apropiado” de Él. Creía saber lo que Jesús debía hacer para salvar a Israel. Por eso, lo que Jesús anunciaba no le gustaba: no encajaba con sus planes.
También nosotros podemos quedar atrapados por lo que nos gusta, por lo que tenemos, por lo que proyectamos ser o por lo que creemos saber … y rechazar Su plan, quedándonos en el umbral de lo sobrenatural y perdernos nada menos que la resurrección.
El proyecto de amor de Dios para nuestro matrimonio pasa por tomar mi cruz. Y mi cruz es también esa lucha diaria contra los deseos y apegos que me esclavizan e impiden la comunión con mi esposo y con Dios, que es el Todo. ¡¡¡¡Ser valientes!!!! Solo Dios basta.

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Juan: María, estoy de bajón. Cada domingo escucho: amar al enemigo, perdonar setenta veces siete, poner la otra mejilla, dar la vida, no juzgar, amar como Cristo… Y yo no vivo nada de eso. Me parece ciencia ficción. Lo busco, pero no llego. Siento que me estoy perdiendo todo lo sobrenatural.
María: Te entiendo. A mí también me pasa. Pero recuerdo algo de San Juan de la Cruz: «Para venir a lo que no gustas, has de ir por donde no gustas; para venir a lo que no sabes, has de ir por donde no sabes; para venir a lo que no posees, has de ir por donde no posees; para venir a lo que no eres, has de ir por donde no eres».
Juan: ¿Qué quieres decir?
María: Que quizá queremos llegar a lo sobrenatural caminando siempre por donde nos gusta, sabemos y controlamos. Y así nos perdemos lo que Dios tiene preparado: precisamente eso que nuestro corazón todavía no ha gustado y que tanto necesita.
Juan: ¿Y cómo lo hacemos?
María: ¿Y si retomamos la oración conyugal? Empezamos con mucha ilusión, pero acabamos adaptándola a nuestros gustos y criterios. Seamos fieles, escuchémosle de verdad y tengamos la valentía de aceptar lo que nos proponga.
Juan: Aunque nos lleve por donde no queremos…
María: Precisamente por ahí.

Madre,

enséñanos a tomar la cruz que nos lleva a tu Hijo. Sea por siempre bendito y alabado, que con Su Sangre nos redimió.