RETIRO MATRIMONIOS BOGOTÁ (COLOMBIA) 23 – 25 OCTUBRE 2026

RETIRO MATRIMONIOS BOGOTÁ (COLOMBIA) 23 – 25 OCTUBRE 2026

Valora lo pequeño. Comentario para matrimonios: Mateo 18, 1-5. 10. 12-14

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Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 18, 1-5. 10. 12-14

En aquel momento, se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron:
«¿Quién es el mayor en el reino de los cielos?». Él llamó a un niño, lo puso en medio y dijo: «En verdad os digo que, si no os convertís y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Por tanto, el que se haga pequeño como este niño, ese es el más grande en el reino de los cielos. El que acoge a un niño como este en mi nombre me acoge a mí. Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, porque os digo que sus ángeles están viendo siempre en los cielos el rostro de mi Padre celestial. ¿Qué os parece? Suponed que un hombre tiene cien ovejas: si una se le pierde, ¿no deja las noventa y nueve en los montes y va en busca de la perdida? Y si la encuentra, en verdad os digo que se alegra más por ella que por las noventa y nueve que no se habían extraviado. Igualmente, no es voluntad de vuestro Padre que está en el cielo que se pierda ni uno de estos pequeños».

Valora lo pequeño.

Los esposos discutían sobre quién tenía razón, quién había cedido más, quién se esforzaba más, quién pide perdón y quién no… y Jesús se preocupa por algo completamente diferente: que ninguno de los dos se pierda. El Señor nos enseña, día tras día, que el camino del amor no pasa por medirnos, ni por poner la mirada en ese defecto del esposo que parece que nunca cambia, ni en esa actitud que esperas y parece que nunca termina de llegar. Hazte pequeño y déjate sorprender, por el brote nuevo aunque sea pequeño también. Sorpréndete por ese gesto inesperado de tu esposo/a, por esa fruta que te compró porque sabe que te gusta; agradece esa sonrisa después de lo que casi acaba en discusión, ese mensaje que no esperabas, ese pequeño paso adelante… “Si no os convertís y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos”. En este camino, aprendemos una nueva forma de mirar, una nueva forma de responder a lo que sucede, una nueva forma de pensar, y eso es lo que cambia nuestro matrimonio. Saborean una nueva vida los que deciden hacerse pequeños: dejan de medirse, dejan de exigirse y aprenden a poner la mirada en lo bueno, alegrándose por cada pequeño paso que da el otro. ¡Seamos como niños! El niño no pone en duda constantemente por donde va: confía en la Mano que lo conduce, el niño sabe que él solo no puede conseguir todo lo que quiere: ¡Pedid a cada paso la ayuda del Señor! “Señor ayúdame, que yo no puedo”. ¡Confiad en Él! Haceos pequeños, dejaos conducir y ¡entraréis en el Reino de Dios!

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Laura habla con su tutor después de una discusión con su esposo:
Laura: Ramón que no, que esto no cambia, que Luis no va a cambiar nunca y yo ya no puedo más. Estoy muy cansada.
Ramón: Laura, sabes que el camino del amor no se recorre esperando el cambio del otro, sino poniendo la mirada en la propia conversión. Pero, aun así venga, vamos a mirar a Luis. El otro día, cuando le dijiste que había que cambiar el plan del martes, ¿qué pasó?
Laura: Bueno… que al final no discutimos. Antes nos habríamos atrancado ahí, porque Luis es muy difícil…
Ramón: Ya, pero esta vez paró y te dijo: “Bueno, ya nos organizaremos”. ¿Y cuando no estuvo de acuerdo contigo con lo de los niños?
Laura: Al rato vino y me dijo que quería hablarlo sin discutir.
Ramón: ¿Y eso lo hacía antes?
Laura: No… normalmente nos quedábamos enfadados.
Ramón: ¿Y aquella noche que estabais enfadados y se acercó a darte un beso antes de dormir?
Laura: Sí, me sorprendió… Pero Ramón, son cosas pequeñas. Luego vuelve a caer en lo mismo.
Ramón: Claro. ¿Y tú no vuelves a caer después de proponerte cambiar? Dime una cosa: ¿Luis está exactamente igual que hace seis meses?
Laura se queda callada.
Laura: No… igual no está.
Ramón: Pues ahí lo tienes. Tú estás esperando ver un árbol y Dios te está mostrando los primeros brotes.
Laura: Llevo tanto tiempo esperando algunas cosas que necesito verlas ya.
Ramón: Y corres el riesgo de pisar los brotes pequeños buscando el árbol. Luis tiene que seguir convirtiéndose, claro, pero tú también. Quizá tu conversión ahora pase por dejar de examinarle y empezar a reconocer y agradecer cada pequeño paso, cada pequeño brote.
Laura: Sí… Hay una manera nueva de hacer las cosas en él. Pequeña todavía, pero está ahí, y es verdad que muchas veces la niego.
Ramón: Pues aprende de Jesús: Él nunca desprecia lo pequeño, al revés, lo cuida y lo acoge y sabe ver en una pequeña semilla todo lo que puede llegar a ser. Haz tú lo mismo.

Madre,

Lo que Dios vio en ti fue tu pequeñez y en eso halló alegría. Enséñanos a hacernos pequeños como tú. ¡Alabado sea el Señor que ama nuestra pequeñez!

RETIRO MATRIMONIOS ALICANTE  23 – 25 OCTUBRE 2026

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Morir con alegría. Comentario para matrimonios: Juan 12,24-26

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Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 12, 24-26

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto.
El que ama a sí mismo, se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se guardará para la vida eterna. El que quiere servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo honrará»

Morir con alegría.

Hoy san Pablo en la primera lectura nos exhorta a que demos con alegría. En nuestro matrimonio tenemos que descubrir la alegría que es darnos a nosotros mismos a nuestro esposo. Morir, aborrecer mis criterios, mis gustos, mi amor propio… para que pueda crecer la semilla del Reino en nuestro corazón y nuestro hogar. Porque si lo hacemos refunfuñando y solo por obligación, ¿qué fruto dará? Todos tenemos esa experiencia. No quiere decir que no nos cueste, sino que tengamos la Paz de estar actuando según nuestra vocación y poco a poco irá cambiando mi corazón. Solo con la Gracia de Dios se puede morir con alegría, pidámosela.

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Pedro: ¡No entiendo porqué estás triste! Estoy haciendo todo lo que tengo que hacer, llego temprano a casa, he vendido la moto, no salgo toda la mañana con la bici… ¡Ya no me reconozco! Y aun así parece que no es suficiente.
Laura: Pedro, pero lo sacas a relucir a menudo cuando hablamos y con una resignación y pena que parece que no agradeces la vida que tenemos.
Pedro: Es que me cuesta mucho Laura, estaba muy apegado a todo ello y constantemente me viene a la mente toda mi renuncia y me amarga, a veces dudo de si merece la pena.
Laura: ¡Cuesta sobre todo al principio!, a mí también me pasa, y en la oración pido al Señor que me dé la luz, para ver que esa renuncia, esa muerte a mi, es la que hace posible nuestra unión, es responder a mi vocación de esposa.
Pedro: Tienes razón, muchas veces no me apoyo en el Señor y tampoco contemplo toda la belleza que va creciendo en nuestro matrimonio ahora, ahí es donde tengo que poner constantemente la mirada en el Señor y en mi vocación.

Madre,

Que muramos a todo lo que nos separa del amor de Dios y de nuestra vocación de esposos. ¡Alabado sea Dios!

La duda. Comentario para matrimonios: Mateo 14, 22-33

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Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 14, 22-33

Después de que la gente se hubo saciado, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente.
Y después de despedir a la gente subió al monte a solas para orar. Llegada la noche estaba allí solo.
Mientras tanto la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. A la cuarta vela de la noche se les acercó Jesús andando sobre el mar. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, diciendo que era un fantasma.
Jesús les dijo enseguida:
«Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!».
Pedro le contestó:
«Señor, si eres tú, mándame ir a ti sobre el agua».
Él le dijo:
«Ven».
Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó:
«Señor, sálvame».
Enseguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo:
«Hombre de poca fe! ¿Por qué has dudado?».
En cuanto subieron a la barca amainó el viento. Los de la barca se postraron ante él diciendo:
«Realmente eres Hijo de Dios».

La duda.

La escena del Evangelio refleja una situación que es vivida por muchas personas, por muchos matrimonios. Cuántas veces nos sentimos golpeados por las «olas» sintiendo el miedo de naufragar. Porque para cada uno, sus propias pasiones y sus propios apegos se convierte tarde o temprano en su tormenta. Cuando el Señor está lejos, el mundo poco a poco, sin darnos, nos va metiendo en la tempestad, y en esos momentos, experimentamos nuestra fragilidad. Entonces, los sentidos entregados a los placeres de la vida terminan haciéndonos ver al Señor como un fantasma, y dudamos de Su maravilloso plan.
En el matrimonio, eso mismo nos lleva a ver a nuestro esposo como un fantasma también. Ya no le reconocemos como nuestra ayuda adecuada pensada por Dios desde la eternidad. Y dudamos.
Si tu pie vacila, si comienzas a hundirte, dí también tú como Pedro: ¡Señor, sálvame, que me hundo! Sólo Él puede cogernos de la mano y salvarnos. Pide ayuda.

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Lola: ¡Aaah! Por fin vacaciones: descansar, playita, amigos, no pensar en el trabajo…
Roberto: Sí, la verdad que ha sido un año agotador, necesitábamos ya las vacaciones. Por cierto, se te olvida algo en esa lista.
Lola: ¿Ah, sí? ¿El qué?
Roberto: El Señor. Llevamos todo el año diciendo que no tenemos tiempo; y alguna vez le hemos dejado para lo último. Y al alejarnos de Él, también nos hemos alejado nosotros…
Lola: Sí, tienes razón, pero ya sabes lo difícil que es encontrar una iglesia con misa todos los días en la playa, nos vamos a tener que conformar con el domingo.
Roberto: Pues mira, he encontrado una misa diaria a 15 minutos de donde vamos y el jueves que estamos allí hay una adoración de Proyecto, así que podemos intentar ir.
Lola: ¡Ah! Qué bien, estás en todo cariño y fíjate una adoración de Proyecto, está genial.
Roberto: Es que nuestro pastorcillo me dijo que en verano, familias que van a veranear siempre al mismo sitio llevan un tiempo organizando la adoración allí donde van. Así podemos ir más y no nos la perdemos en vacaciones.
Lola: Pues me parece genial, porque es verdad que nos quejamos durante el año de la falta de tiempo. Pues ahora que lo tenemos, vamos a aprovechar también para lo importante, estar todos los días un rato con el Señor. Muchas gracias esposo por estar pendiente de todo. ¡Te quiero un montón!

Madre,

Ayúdanos a no soltarnos de tu mano y a tener siempre presente a tu Hijo, para que podamos acudir a vosotros en los momentos en los que aparezcan las dificultades. ¡Bendito sea Dios!