Hambre y sed de Ti. Comentario para matrimonios: Juan 6, 30-35

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Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 6, 30-35

En aquel tiempo, el gentío dijo a Jesús: «¿Y qué signo haces tú, para que veamos y creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: “Pan del cielo les dio a comer”». Jesús les replicó: «En verdad, en verdad os digo: no fue Moisés quien os dio pan del cielo, sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo». Entonces le dijeron: «Señor, danos siempre de este pan». Jesús les contestó: «Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás».

Hambre y sed de Ti.

Conmueve profundamente contemplar cómo, ante el deseo desordenado del hombre, no te apartas ni rechazas, sino que te acercas entendiendo nuestra ceguera y con bondad infinita acoges nuestro desorden para purificarlo y elevarlo y con dulzura mostrarnos el verdadero anhelo de nuestro de corazón. El hombre, creado para la comunión, siente hambre de amor, pero por la concupiscencia busca saciar ese hambre en sitios equivocados: pide signos, pide seguridades, pide ser llenado desde fuera. Como aquel gentío, busca un pan que sacie el cuerpo, mientras su corazón en realidad anhela algo mucho mayor. Y también así sucede en el matrimonio. Ese deseo de comunión, cuando no está purificado, se traduce en exigencia: esperar del esposo aquello que solo Tú puedes dar, reclamar palabras, gestos, atenciones… como si el otro pudiera colmar la sed de del corazón. Pero Tú, Jesús, cuando nos ves en esa pobreza, no nos reprendes con dureza. No señalas nuestra miseria, sino que nos la pides y desde ella nos haces alzar la mirada para que mirándote a Ti a los ojos, nos dejemos llevar sin miedo más adentro, hasta ver el verdadero anhelo de nuestro corazón. Nos haces descubrir que no tenemos solo hambre de afecto humano, sino hambre de Ti. Y Tú Señor para saciar nuestra hambre de Ti no nos das simplemente dones, ni soluciones, ni consuelos pasajeros… te das a Ti mismo, en totalidad. “Yo soy el Pan de Vida”. Escuela de Amor para los esposos es Jesús en la Eucaristía. El amor verdadero no consiste en exigir al otro que sacie mi necesidad, sino en dejar que Tú la sacies primero porque sólo quien se alimenta de Ti puede amar de verdad y ya nunca más tener ni hambre ni sed.

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Pablo llega a casa después de un día difícil de trabajo y Patri está con los niños, cansada.
Pablo: Hola..
Patri: Hola…¿puedes coger a Jaime un momento?
Pablo: Sí, claro… (lo hace, pero molesto)
(Pasan unos minutos en un silencio tenso)
Pablo: ¿Ni siquiera me vas a preguntar qué tal el día?
Patri: Perdona, pero no me ha dado la cabeza… estoy agotada.
Pablo: Ya… parece que te da igual cómo estoy yo.
Patri: ¡Pues a ti también te da igual cómo estoy yo!
Pablo: ¡Bueno, bueno! … llego esperando un poco de cariño…un poco de atención…¡y nada!
Patri: ¡Y yo espero que me ayudes un día sin tener que pedírtelo todo el rato!
Se hace un silencio demoledor pero gracias a Dios hacen su rato de oración y después de éste:
Pablo: Perdona Patri… creo que venía controlando a ver si me preguntabas y me prestabas atención porque solo pensaba en mi la verdad.
Patri: Yo también Pablo… estaba esperando que vinieras para que me ayudaras; vamos que quería tu ayuda más que a ti. ¡Es que estoy tan cansada!
Pablo: Lo sé amor… y yo sólo pensando que venía con hambre y que necesitaba desahogarme y tener paz, pero me he dado cuenta de que no es el camino.
Patri: Yo tampoco lo hago bien Pablo. Me queda mucho que crecer en el amor.
Pablo: Pues ya somos dos. Perdóname amor, te quiero.
Patri: ¡Y yo a ti!

Madre,

Llévanos a tu Corazón y escóndenos en Él. Forma en nosotros un corazón eucarístico, semejante al de tu Hijo, capaz de acoger, de entregarse y de amar hasta el extremo. Que en la Eucaristía encontremos siempre la fuente donde se renuevan nuestras fuerzas, para aprender a ser pan que se parte y se deja comer por amor. Y así, unidos a ti, podamos decir contigo con verdad y humildad: El Señor ha hecho obras grandes en mí. ¡Gloria a Dios!

¿De qué tengo hambre? Comentario para matrimonios: Juan 6,22-29

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Evangelio del día.

Lectura del santo evangelio según san Juan 6, 22-29

Después de que Jesús hubo saciado a cinco mil hombres, sus discípulos lo vieron caminando sobre el mar.
Al día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del mar notó que allí no había habido más que una barca y que Jesús no había embarcado con sus discípulos, sino que sus discípulos se habían marchado solos.
Entretanto, unas barcas de Tiberíades llegaron cerca del sitio donde habían comido el pan después que el Señor había dado gracias. Cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús.
Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron:«Maestro, ¿cuándo has venido aquí?».
Jesús les contestó:«En verdad, en verdad os digo: me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros. Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre; pues a este lo ha sellado el Padre, Dios».
Ellos le preguntaron:«Y, ¿qué tenemos que hacer para realizar las obras de Dios?».
Respondió Jesús:«La obra de Dios es esta: que creáis en el que Él ha enviado».

¿De qué tengo hambre?

El corazón humano tiene un hambre de infinito, porque salimos de Dios y estamos llamados al encuentro con Él. El hombre puede erróneamente tratar de saciar ese hambre con bienes de este mundo, tanto materiales como emocionales, pero ésto siempre le deja insatisfecho sintiéndose vacío. En mi matrimonio también puedo buscar que mi cónyuge sea ese pan que me sacie como alimento que perece. Cuando mi amor busca solo la propia satisfacción, la seguridad económica, una vida ordenada, que me haga «feliz», se reduce a un producto de consumo y me deja al final vacío. Sin embargo, el alimento que perdura es la Gracia de Dios. Es amar a mi esposo no por lo que me da, sino por ser un don de Dios. Conociendo ésto y con la voluntad de descubrir juntos cada día cuál es Su Plan , también en las situaciones que no nos gustan, responderemos a Dios que nos amó primero.

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Bego: Llevamos toda la semana sin parar, no hablamos de otra cosa que no sean la agenda de los niños, los problemas del trabajo, de la casa…
Ale: Tienes razón Bego, siento que muchas veces busco que me des tranquilidad, que te encargues de la logística de los niños… para que yo pueda estar centrado en mi trabajo, porque en el fondo en eso pongo mi seguridad y te pido perdón por ello.
Bego: Yo también busco muchas veces que llenes mis inseguridades y cuando no lo haces me enfado, y nos alejamos el uno del otro.
Ale: ¿Qué te parece si lo ponemos en manos de Dios? El Señor nos ha dado el uno al otro para que lleguemos juntos a Él, no para que sobrevivamos al día a día.
Bego: Fenomenal cariño, estamos aprendiendo mucho con las catequesis de San Juan Pablo. Vamos a aterrizarlas a nuestras vidas. Haciendo un pequeño esfuerzo cada día y llevando una vida de Gracia, el Señor nos da siempre el ciento por uno. Tenemos nuestra experiencia y la de tantos esposos que lo han conseguido. La meta es el Amor con mayúsculas. Estoy super ilusionada.

Madre,

Que busquemos saciar nuestra hambre creyendo. Que pongamos toda nuestra confianza en tu Hijo. Alabado sea Dios.

Entrar en Su gloria. Comentario para matrimonios: Lucas 24, 13-35

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Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 24, 13-35

Aquel mismo día, el primero de la semana, dos de los discípulos de Jesús iban caminando a una aldea llamada Emaús, distante de Jerusalén unos sesenta estadios; iban conversando entre ellos de todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo.Él les dijo:«¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?».Ellos se detuvieron con aire entristecido. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le respondió:«¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabes lo que ha pasado allí estos días?». Él les dijo:«¿Qué?».Ellos le contestaron:«Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenarán a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él iba a liberar a Israel, pero, con todo esto, ya estamos en el tercer día desde que esto sucedió. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado, pues habiendo ido muy de mañana al sepulcro, y no habiendo encontrado su cuerpo, vinieron diciendo que incluso habían visto una aparición de ángeles, que dicen que está vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron». Entonces él les dijo:«¡Qué necios y torpes sois para creer lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto y entrara así en su gloria?».Y, comenzando por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que se refería a él en todas las Escrituras.Llegaron cerca de la aldea adonde iban y él simuló que iba a seguir caminando; pero ellos lo apremiaron, diciendo:«Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída».Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció de su vista.Y se dijeron el uno al otro:«¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?».Y, levantándose en aquel momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo:«Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón».Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Entrar en Su gloria.

Los dos caminantes de Emaús iban desilusionados, todas sus esperanzas de liberación habían desaparecido, se sentían vencidos. También nosotros, los esposos, cuántas veces nos sentimos vencidos, desilusionados, no vemos salida y se nos nubla el entendimiento. Hay en este evangelio una frase que resuena con fuerza: «era necesario que el Mesías padeciera esto y entrara así en su gloria». Era necesario cumplir la Voluntad de Padre, hasta el extremo, dar la vida en la Cruz para nuestra salvación, y entrar así en Su gloria. Así de claro lo dejas: Nada que proceda del mundo nos puede llevar a la plenitud para la que nos has creado; esa sólo la alcanzaremos cumpliendo Tu Voluntad, en la realidad de nuestra vida, haciendo lo que toca, con la mayor perfección y envolviéndolo con amor, aunque no entendamos, aunque nos duela. El sufrimiento en nuestro matrimonio solo se comprende desde la Cruz. Y solo podremos hacerlo alimentándonos con Su Palabra, leyendo el Evangelio cada día, para que nos abras el entendimiento al Plan de Dios y con el alimento del Pan de Vida, la Eucaristía, para poder reconocerte a nuestro lado.

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Elena: ¡Hola, ya estoy en casa!… Qué raro, no hay nadie. Carlos no está en casa y es muy tarde. Me dijo que hoy vendría pronto y se ocuparía de hacer la cena.
(Elena le pone un mensaje a su esposo , que no lee ni contesta. Y al día siguiente…)
Elena: ¡Hombreee, buenos días! Ayer estuve esperándote hasta tarde y tú sin dar señales de vida.
Carlos: Bueno, Elena, perdona, pero me encontré después del trabajo a Luis, y hacía tantos años que no nos veíamos, que nos liamos a hablar y se hizo tardísimo…
Elena : Ya, Carlos. Yo pensaba que ya habías cambiado, pero todo era un espejismo, me voy a trabajar…
(Por la tarde)
Carlos: ¡Hola!
Elena: Hola Carlos. ¿Podemos hablar tranquilamente un momento?
Carlos: Sí, claro.
Elena: Mira, esta mañana me porté muy mal contigo, quiero pedirte perdón. Después de ir esta tarde a confesarme y a la Eucaristía, el Señor me ha abierto los ojos y he visto que no me he portado bien contigo; ni siquiera te he dejado darme una explicación, estaba muy dolida porque no sabía nada de ti y un día que te necesitaba, no estabas. Perdóname.
Carlos: Te perdono, Elena, pero yo también quiero pedirte perdón, no te llamé, no pude ayudarte en un día que además me lo habías pedido. Yo también he ido a la Eucaristía y el Señor me ha mostrado que tú eres lo primero, perdona cariño.
Elena: Perdonado, ¿Y qué tal Luis?
Carlos: Pues está pasando un mal momento en su matrimonio y por eso estuvimos tanto tiempo hablando , le conté nuestra experiencia y como nuestra vida había cambiado.
Elena: Ah, ¡pobre! ¿Y le hablaste de Proyecto?
Carlos: Sí, luego te cuento, pero ahora vamos a dar gracias a Dios que nunca nos deja solos y que nos habla al corazón cuando lo necesitamos.
Elena: Por supuesto, lo más importante y se me pasa, gracias cariño y gracias a Dios por ti.

Madre,

Intercede ante tu hijo para que siempre nos acompañe en el camino y que nos enseñe con Su Palabra y nos alimente con Su Cuerpo. ¡Bendito y Alabado sea Dios!

No temas esposo. Comentario para matrimonios: Juan 6, 16-21

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Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 6, 16-21

Al oscurecer, los discípulos de Jesús bajaron al mar, embarcaron y empezaron la travesía hacia Cafarnaún. Era ya noche cerrada, y todavía Jesús no los había alcanzado; soplaba un viento fuerte, y el lago se iba encrespando. Habían remado unos veinticinco o treinta estadios, cuando vieron a Jesús que se acercaba a la barca, caminando sobre el mar, y se asustaron. Pero él les dijo: «Soy yo, no temáis». Querían recogerlo a bordo, pero la barca tocó tierra en seguida, en el sitio a donde iban.

No temas esposo.

Hoy vemos como los discípulos viven un momento de oscuridad, miedo y zozobra. Y en medio de la tormenta aparece Jesús y les dice: «Soy yo, no temáis». En el camino de esposos, también hay noches y tempestades. Y ahí estamos llamados a ser presencia de Cristo el uno para el otro. Yo hoy esposo puedo decirte: “Soy yo, no temas, querido esposo. Soy yo la que viene a darte luz en tu oscuridad. Soy yo la que no se aleja cuando estás herido o caído, sino que se acerca para levantarte. Soy yo la que se entrega por ti, incluso en la cruz de cada día. Soy yo… que quiere caminar contigo hasta el cielo.” Y esto es la caridad conyugal a lo que estamos llamados a vivir los esposos, amar hasta dar la vida, morir a uno mismo para que el otro viva y cuando esto sucede, Cristo entra en la barca… y aun en medio del mar agitado, el corazón ya empieza a encontrar la orilla.

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Pedro: Laura, necesito contarte algo… que me está angustiando desde hace tiempo.
Laura: Cariño… siéntate aquí conmigo y cuéntamelo.
Pedro: Laura, llevo arrastrando una deuda desde hace tiempo sin decírtelo…pensé que podría solucionarlo por mi cuenta, pero la situación se me ha ido de las manos.
Laura: Pedro… me enfada que hayas llevado esto solo tanto tiempo. No porque haya un problema, sino porque me lo has ocultado.
Pedro: Lo sé… tenía miedo de decepcionarte, de que perdieras la confianza en mí.
Laura: Entiendo ese miedo… pero soy yo, Pedro. Mira, ahora mismo estoy dolida, claro que sí, pero sigo aquí contigo y no me voy a apartar.
Pedro: Laura, es que no sé cómo vamos a salir de esta situación…
Laura: Cariño, claro que vamos a salir porque lo vamos a afrontar juntos desde ya. Lo más importante es que de este hecho aprendamos a dejar de escondernos cosas.
Pedro: Laura, me da mucha vergüenza haberte metido en esto…
Laura: Mira ahora lo importante no es quedarnos en la vergüenza…Es espabilar, mirarlo de frente y ponernos a buscar la solución juntos.
Pedro: Gracias, Laura, por tu apoyo y comprensión.

Madre,

Acompáñanos en las tormentas del matrimonio y enséñanos a confiar siempre en Tu Hijo. ¡Bendito y alabado seas por siempre Señor!

 

¡La resurrección! Comentario para matrimonios: Juan 6, 1-15

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Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 6, 1-15

En aquel tiempo, Jesús se marchó a la otra parte del mar de Galilea, o de Tiberíades. Lo seguía mucha gente, porque habían visto los signos que hacía con los enfermos.
Subió Jesús entonces a la montaña y se sentó allí con sus discípulos.
Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos. Jesús entonces levantó los ojos y, al ver que acudía mucha gente, dice a Felipe:
«¿Con qué compraremos panes para que coman estos?».
Lo decía para probarlo, pues bien sabía él lo que iba a hacer.
Felipe le contestó:
«Doscientos denarios de pan no bastan para que a cada uno le toque un pedazo».
Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dice:
«Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero ¿qué es eso para tantos?».
Jesús dijo:
«Decid a la gente que se siente en el suelo».
Había mucha hierba en aquel sitio. Se sentaron; solo los hombres eran unos cinco mil.
Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados, y lo mismo todo lo que quisieron del pescado.
Cuando se saciaron, dice a sus discípulos:
«Recoged los pedazos que han sobrado; que nada se pierda».
Los recogieron y llenaron doce canastos con los pedazos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido. La gente entonces, al ver el signo que había hecho, decía:
«Este es verdaderamente el Profeta que va a venir al mundo».
Jesús, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró otra vez a la montaña él solo.

¡La resurrección!

Una vez más Jesús va con sus discípulos y entra en diálogo con ellos, y le pregunta a Felipe. Felipe le contesta «doscientos denarios de pan no bastan para que a cada uno le toque un pedazo»
Cuántas veces en mi matrimonio paso una prueba: el Señor nos busca y respondemos con criterios humanos, el Señor nos busca para que veamos el sentido sobrenatural, para que respondamos como Él ha hecho, pasando por la Cruz, y sin embargo respondemos con nuestras razones y nuestros criterios.
El Señor nos llama a ver en cada prueba una ocasión que nos da para unirnos más a Él, y usar sus criterios. Entonces si me uno a Él en esa prueba, por pequeña que sea, es decir, si lo dejo en sus manos y no me revelo, podré ver el milagro de la Resurrección: en mi corazón, en mi matrimonio, en mi familia… en mi alrededor.

Aterrizado a la vida Matrimonial:

María: José es increíble que desde que estás en este otro trabajo a media jornada está siendo todo una bendición.
José: Es verdad María, ¿te acuerdas cuando me despidieron de aquella multinacional del puesto de director general y me parecía el fin del mundo?
María: Sí, pero el Señor te ha ido mostrando que el despido sirvió para que tuvieras más tiempo conmigo, con la familia… y después te dio este otro trabajo maravilloso.
José: Desde luego que sí. Y este trabajo me permite estar contigo, y los fines de semana hacer planes de familia… Es increíble cuando nos dejamos hacer por el Señor y le dejamos formar parte de nuestra vida, en las pruebas (en la Cruz). Él lo hace todo nuevo.
María: Me encanta como hablas del Señor y de la Cruz.
José: Sí, desde luego, ¡hasta yo mismo me sorprendo! Quién lo iba a decir hace un par de añitos… ¡Y todo gracias a tu perseverancia en la oración y en ir a adoración!
María: ¡Y a tu docilidad, José!!

Madre,

Que acojamos a tu Hijo en el dolor, como tú hiciste, para después ver la resurrección. ¡Bendito sea el Señor!