Lectura del santo evangelio según san Marcos 6, 53-56
En aquel tiempo, terminada la travesía, Jesús y sus discípulos llegaron a Genesaret y atracaron.
Apenas desembarcados, lo reconocieron y se pusieron a recorrer toda la comarca; cuando se enteraba la gente dónde estaba Jesús, le llevaba los enfermos en camillas. En los pueblos, ciudades o aldeas donde llegaba colocaban a los enfermos en la plaza y le rogaban que les dejase tocar al menos la orla de su manto; y los que lo tocaban se curaban.
Sólo Jesús salva.
Para la curación son necesarias dos condiciones. Primero, que reconozcamos con humildad que necesitamos esa sanación y, después, entrar en contacto con aquel que puede sanarnos. Jesús, está esperándonos todos los días en la Eucaristía, ya no para que toquemos su manto sino para que podamos comer su cuerpo ¡Qué locura de Amor! En nuestro matrimonio, cuando sentimos la necesidad de sanar, hay una gran tentación, escuchar propuestas que vestidas de bien, nos encaminan más a los criterios del mundo que al amor de Dios, y esto es un gran peligro.
Aterrizado a la vida Matrimonial:
Luis: Carmen, estaba pensando hoy, ¡Cuántos tumbos dimos buscando la solución a nuestros problemas! Nos sentíamos vacíos y pusimos en duda hasta nuestro matrimonio como causa de todo.
Carmen: Sí, lo recuerdo bien, primero buscamos más diversión, después más deporte, después más amigos, más viajes, técnicas de meditación orientales… pero la cosa no mejoraba, al revés, cada vez más centrados en nosotros mismos y más distanciados.
Luis: Doy gracias a Dios todos los días por haber puesto en nuestra vida a Pedro y Lourdes, ellos con mucho amor y paciencia, nos llevaron a Jesús, como los camilleros del evangelio de hoy. Recuerdo como rezaban por y con nosotros, ¡cuánta paciencia!
Carmen: Qué cambio hoy, poder ver en ti a Jesús cada día, servirle en ti, amarle en tí, que vocación tan hermosa la del matrimonio.
Luis: Bueno, ¿te parece si ofrecemos hoy el rosario por Antonio y Marta? Ellos necesitan que les llevemos a Jesús igual que hicieron con nosotros.
Carmen: ¡A por ello!
Madre,
Que pongamos nuestra esperanza sólo en Jesús. ¡Alabado sea Dios!
Lectura del santo evangelio según san Mateo Mt 5, 13-16
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:«Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente. Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte.Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa.Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos».
Dar Gloria a Dios.
¿Jesús, cómo se hace eso en mi matrimonio? ¿Se pueden hacer buenas obras y que no brille la luz? ¿Se pueden hacer buenas obras y que no sirvan para dar Gloria a Dios? Sí, Tú lo sabes, mi Jesús, porque conoces mi corazón. Muchas veces hago las cosas no buscando amar con ellas, no como las harías Tú. De forma sutil me domina el amor propio y me busco a mí, entonces lo que me parece bueno no es más que usar al otro para mí beneficio, hacer las cosas para que me las reconozcan. Y ocurre que viene la oscuridad: como no me reconocen lo bueno que soy, me enfado, aunque no sea más que esa tristeza o malestar en mi corazón. Pero cuando me dejo guiar por Tí, cuando mi corazón se deja quemar en el Horno de Amor que es Tu Corazón, y se purifica de su amor propio, entonces veo que es amando a mi esposa en toda circunstancia, cuando ella está bien, cuando ella está mal, cuando me pide lo que me gusta, cuando me pide lo que no, cuando me entrego en esos pequeños detalles… entonces es cuando Tú haces brillar esa Luz que viene de tu gracia y nos hace disfrutar de un pequeño trocito de cielo en la tierra; y nuestras pequeñas obras dan Gloria a Dios Padre, porque tienen el valor de haber sido hechas no por nosotros sino por el Hijo. Cuánta luz desprende en medio del mundo un matrimonio que vive así, en abandono en las manos del Señor. Cuánto gozo tienen en su corazón. Yo quiero eso, ¿Y tú?
Aterrizado a la vida Matrimonial:
Rosa: Hace tiempo que llevo leyendo un comentario del evangelio de cada día en una página de internet. Está hecho para matrimonios. La mayoría de las veces me parece que no es para mí, que no es real.Juan: Ah, sí, el de Proyecto Amor Conyugal. Un poco ñoño a veces lo del diálogo ¿verdad?. Y otras para mí muy subido. A mí también no me parece muy real.Rosa: Sí, yo, que no tengo esa fe, la de sentir ese «Amor de Dios», también me tira para atrás. Pero hoy he conocido a un matrimonio que desprende una paz, una felicidad distinta. Su mirada de las cosas del día a día, de los problemas, es distinta. Es como si reflejaran una luz, una alegría distinta.Juan: ¿Sí, y quiénes son?Rosa: Un matrimonio de la parroquia. Están en el Proyecto Amor Conyugal y solo he hablado un ratito con ellos, pero me ha impactado la luz que reflejan. Yo quiero eso. No sé cómo lo tienen, no sé qué han hecho, pero te aseguro que es distinto, tienen algo.Juan: Tampoco será para tanto, ¿No?Rosa: Te aseguro que lo que he visto en ellos me gustaría vivirlo también ¿Quieres que les pregunte cuando los vea?Juan: Pues sí, no vendría mal un empujoncito a nuestro matrimonio.
Madre,
Llévanos al Corazón de Jesús, a Su Horno de Amor para que purifique nuestros corazones y que así nuestras obras den gloria a Dios. ¡Alabado sea por siempre el Señor!
Lectura del santo evangelio según san Marcos, 6, 30-34
En aquel tiempo, los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús, y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. Él les dijo: «Venid vosotros a solas a un lugar desierto a descansar un poco». Porque eran tantos los iban y venían, que no encontraban tiempo ni para comer. Se fueron en barca a solas a un lugar desierto. Muchos los vieron marcharse y los reconocieron; entonces de todas las aldeas fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron. Al desembarcar, Jesús vio una multitud y se compadeció de ella., porque andaban como ovejas que no tienen pastor; y se puso a enseñarles muchas cosas.
Ven y descansa conmigo.
Jesús percibe el cansancio de sus apóstoles. No les exige más de lo que pueden dar, no los presiona ni los juzga; al contrario, los comprende profundamente y los invita a apartarse con Él para descansar, y los abraza con misericordia.
Esta actitud de Jesús nos interpela especialmente en la vida matrimonial. ¿Qué hacemos nosotros, los esposos, cuando el esposo llega cansado después de un largo día de trabajo? ¿Le reprochamos diciendo: “nunca estás en casa”, o lo acogemos con gratitud, reconociendo el enorme esfuerzo que hace por su familia?
“Ven y descansa conmigo, esposo”.
Acoger al esposo implica también preguntarse en silencio y con amor: ¿qué le duele?, ¿qué le pesa? Compadecer al esposo no es justificarlo todo, sino no endurecer el corazón, incluso cuando cuesta. Es elegir la comprensión antes que el reproche, la cercanía antes que la distancia. Es la forma de vivir la caridad conyugal, siendo un modo de presencia: un don de Dios que habita en nuestro corazón y llama constantemente a la puerta. Si le abrimos, nuestra vida se convierte en entrega y en eucaristía para los demás.
Aterrizado a la vida Matrimonial:
Carmen: Cariño, ¿puedes venir conmigo a hacer la compra? Hoy no me da la vida.
Emilio: Carmen…..Justo iba a salir a correr… llevaba toda la semana esperándolo. Pero te veo agobiada, así que claro que sí, vamos juntos.
Carmen: Gracias, de verdad. Sé que te encanta tu momento de deporte y me da pena cortártelo, pero te agradezco que hagas el esfuerzo de venir conmigo.
Emilio: No te preocupes. A veces el Señor nos invita a amar en lo pequeño, aunque rompa nuestros planes. Vamos, y lo aprovechamos para estar juntos.
Carmen: Eso me ayuda un montón Emilio. Y cuando volvamos, si hay tiempo, te escapas a correr un rato.
Emilio: Perfecto. Y ahora, vamos a por esa compra… pero con buena cara, ¿eh? Que también aquí se puede amar.
Madre,
Modelo de caridad, enséñanos a amar y servir como tú. Haz nuestro corazón sencillo, humilde y dispuesto a servir. Bendito y alabado seas por siempre Señor.
Proyecto Amor Conyugal en colaboración con la Parroquia San Martín Obispo de Callosa de Segura (Alicante), os invita a participar en un retiro para Matrimonios, con el objetivo de adentrarnos juntos en la Verdad del Matrimonio (según San Juan Pablo II) y experimentar la Alegría del Amor (según el Papa Francisco).
¿A quién va dirigido este retiro? A todos los esposos unidos por el Sacramento del Matrimonio o aquellos que en el momento de la inscripción no tienen impedimento alguno para contraer el Sacramento del Matrimonio, y que quieran vivir una EXPERIENCIA de AMOR juntos, estén en crisis o no. A todos los que quieran fortalecer y reavivar su Sacramento del Matrimonio.
FECHAS: Será desde el viernes 20 de marzo a las 18:00 h hasta el domingo 22 de marzo a las 18:00 h.
LUGAR: Complejo San Juan (PSN) | C/Doctor Pérez Mateos, 2, 03550, San Juan (Alicante)
PRECIO: 350 € por matrimonio. (Incluye alojamiento, pensión completa y gastos diversos)
Suplemento económico para ayuda a otros matrimonios: Podéis aportar una cantidad adicional, a voluntad, que es muy importante para ayudar a otros matrimonios con dificultades económicas que quieren hacer el retiro.
Subvenciones: Si algún matrimonio no puede asistir por problemas económicos que nos lo comente, por favor.
¿Cuándo? Lo antes posible. Se suele llenar en pocos minutos.
Nos pondremos en contacto con vosotros para confirmaros la reserva de plaza y daros las instrucciones para realizar el pago o indicaros si estáis en lista de espera, en caso de que no hubiese plazas disponibles.
Sobre Proyecto Amor Conyugal:https://proyectoamorconyugal.es/acerca-de está compuesto por matrimonios católicos que profundizamos en nuestra vocación conyugal y que ayudamos a otros a convertir su matrimonio en algo GRANDE.
Lectura del santo evangelio según san Marcos 6, 14-29
En aquel tiempo, como la fama de Jesús se había extendido, el rey de Herodes oyó hablar de él.
Unos decían:
«Juan el Bautista ha resucitado de entre los muertos y por eso las fuerzas milagrosas actúan en él».
Otros decían:
«Es Elías».
Otros:
«Es un profeta como los antiguos».
Herodes, al oírlo, decía:
«Es Juan, a quien yo decapité, que ha resucitado».
Es que Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel encadenado.
El motivo era que Herodes se había casado con Herodías, mujer de su hermano Filipo, y Juan le decía que no le era lícito tener a la mujer de su hermano.
Herodías aborrecía a Juan y quería matarlo, pero no podía, porque Herodes respetaba a Juan, sabiendo que era un hombre justo y santo, y lo defendía. Al escucharlo quedaba muy perplejo, aunque lo oía con gusto. La ocasión llegó cuando Herodes, por su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a sus oficiales y a la gente principal de Galilea. La hija de Herodías entró y danzó, gustando mucho a Herodes y a los convidados. El rey le dijo a la joven:
«Pídeme lo que quieras, que te lo daré».
Y le juró:
«Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino».
Ella salió a preguntarle a su madre:
«Qué le pido?».
La madre le contestó:
«La cabeza de Juan el Bautista».
Entró ella enseguida, a toda prisa, se acercó al rey y le pidió:
«Quiero que ahora mismo me des en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista».
El rey se puso muy triste; pero por el juramento y los convidados no quiso desairarla. Enseguida le mandó a uno de su guardia que trajese la cabeza de Juan. Fue, lo decapitó en la cárcel, trajo la cabeza en una bandeja y se la entregó a la joven; la joven se la entregó a su madre.
Al enterarse sus discípulos fueron a recoger el cadáver y lo pusieron en un sepulcro.
Dar la vida.
Hoy vemos a Juan cómo se convierte en el primer mártir por defender la Verdad, la única verdad que es la Verdad de Dios sobre el matrimonio. Y vemos que donde no hay verdad, entra el pecado, y un pecado lleva al otro, como un dominó donde la primera pieza desencadena que la siguiente caiga y así sucesivamente. Porque en Herodes no está la verdad, vive en la mentira y el engaño, casado con la mujer de su hermano, y esto le lleva a la soberbia de no quedar mal delante de los convidados y esto a su vez le lleva al asesinato…
Y es que cuando rompemos los planes que Dios tiene para nosotros nos lleva a una espiral destructiva en la que puede resultar difícil salir de ella si no contamos con Dios.
El Señor nos muestra la Verdad, necesitamos humildad y vivir en verdad, reconocer nuestras limitaciones y nuestras ofensas a Dios y a mi esposa para poder restablecer la comunión con Él y con mi esposa.
Y así, hoy nos preguntamos:
¿Cuántas veces fallo en mi alianza con Dios y no valoro lo suficiente a mi cónyuge? ¿Soy fiel en la adversidad, o sólo en la prosperidad? ¿Amo a mi esposo como Dios quiere que le ame, o sólo como a mí me viene bien?
Juan dio su vida por defender el matrimonio, y yo…
¿Cómo estoy dando la vida por mi esposo en lo pequeño de cada día a través del tiempo, de la escucha, la paciencia, la fidelidad?
Y cuando hay dificultades ¿lucho por mi matrimonio o busco mi comodidad con atajos que eviten el esfuerzo y la lucha?
¿Estoy dando la vida por defender algo tan sagrado como mi matrimonio?
¿Me estoy entregando por completo?
Aterrizado a la vida Matrimonial:
Almu: Llevo un día horroroso… en cuanto llegue Carlos cenamos y a la cama.
Carlos: Almu, ¡ya estoy en casa! He quedado a tomar unas cañas en el bar de abajo, y después irnos todos a ver el fútbol y cenar por ahí, ¿nos vamos?
Almu: Carlos, estoy muy muy cansada… ¡ni en broma!
Carlos: Ya estás otra vez con los mismo, que si cansada, que si el trabajo… de verdad me he casado con el trabajo de mi mujer…
Almu: ¡Encima de que trabajo sin parar para tener unas vacaciones dignas! ¡vete a la porra! anda y vete tú solo, estoy mejor yo sola en casa.
Carlos: Pues si, ¡me voy!
De camino, Carlos ve que su parroquia está abierta, y ahí en su corazón contrito el Señor actúa… le muestra cómo él se ha ido alejando de Almu poco a poco, una distancia cada vez más grande le separaba de Almu, y le recuerda que con la humildad el Señor puede hacer todo. Así que Carlos decide volver a casa y cancelar los planes y pedir perdón.
Carlos: Almu ya estoy en casa, perdóname porque llevo una temporada que no me paro a atenderte.
Almu: No, perdóname tú, que llevo semanas con mucho trabajo y otra vez vuelvo a poner mi trabajo por encima de todo.
Carlos: ¿Te parece si hago la cena y cenamos la crema que te gusta, y después hacemos oración?
Almu: Es un planazo Carlos. Doy muchas gracias a Dios por tu humildad.
Carlos: Y yo por acogerme siempre.
Madre,
Que como tú, hagamos vida que en nuestro sacramento está el Señor, y tengamos muy presente que queriendo a mi esposo le quiero a Él. ¡Alabado sea el Señor!