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Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según san Juan 16, 23b-28
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«En verdad, en verdad os digo: si pedís algo al Padre en mi nombre, os lo dará. Hasta ahora no habéis pedido nada en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestra alegría sea completa. Os he hablado de esto en comparaciones; viene la hora en que ya no hablaré en comparaciones, sino que os hablaré del Padre claramente. Aquel día pediréis en mi nombre, y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros, pues el Padre mismo os quiere, porque vosotros me queréis y creéis que yo salí de Dios. Salí del Padre y he venido al mundo, otra vez dejo el mundo y me voy al Padre».
Hogar de comunión.
Hoy se nos muestra la comunión entre el Padre y el Hijo, y comprendemos que la verdadera oración hecha “en el nombre de Jesús” no significa únicamente pronunciar su nombre al final de una petición, sino entrar en una comunión profunda con Él, encarnando su manera de amar, de entregarse y de vivir para el otro. En nuestro matrimonio, esta realidad adquiere una fuerza especial, porque los esposos estamos llamados a ser reflejo vivo del amor de Cristo por su Iglesia. Cuando rezamos unidos, aprendemos poco a poco a dejar el egoísmo, a escucharnos, a perdonarnos y a buscar juntos la voluntad de Dios en nuestro matrimonio y en nuestra familia. Entonces, la oración deja de ser una petición individual para convertirse en una súplica nacida de un solo corazón: “Señor, enséñanos a amar como Tú amas”. Y es ahí donde el Padre derrama su gracia, haciendo fecunda la alianza conyugal y transformando el hogar en lugar de comunión, de paz y de vida nueva.
Aterrizado a la vida Matrimonial:
Lourdes: Cariño… ¿te has enterado de lo de Marta y Luis?
Javier: Sí… dicen que se separan porque sienten que se les ha acabado el amor. Qué tristeza escuchar eso…
Lourdes: Y pensar que nosotros antes también creíamos que el amor dependía solo de nuestras fuerzas …
Javier: Sí, Lourdes… así lo vivimos, cuando llegaron las dificultades, el cansancio y la rutina, se nos acabaron las fuerzas para seguir amándonos.
Lourdes: Pero todo empezó a cambiar cuando comenzamos por la gracia de Dios a rezar juntos de verdad.
Javier: Totalmente. Porque descubrimos que pedir “en el nombre de Jesús” no es solo decir su nombre, sino dejar que Él viva en nuestro matrimonio.
Lourdes: Y cuando Cristo entra en el corazón de los esposos, cambia la manera de mirarnos, de hablarnos y hasta de perdonarnos.
Javier: Claro. Porque entonces entiendes que la fuente del amor no somos nosotros, sino Dios mismo. Aunque nuestro amor humano se desgaste y se vaya apagando, el amor de Dios nunca se acaba.
Javier: Por eso, cuando volvemos a Cristo en la oración, siempre encontramos fuerza para empezar de nuevo y tomamos conciencia de que un matrimonio unido al Señor nunca camina solo, porque el Padre nos sostiene a quienes permanecemos en Su amor.
Madre,
Queremos permanecer en comunión en tu Hijo y buscar siempre la voluntad del Padre.
Bendito y alabado seas por siempre, Señor.








