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Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según san Juan 10, 1-10
En aquel tiempo, dijo Jesús:
«En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ese es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A este le abre el guarda y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz: a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños».
Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús:
«En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon.
Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos.
El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estragos; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante».
¿Abrimos o saltamos?
Jesús habla de la puerta, de la voz que se reconoce y de quien guía con confianza. En el matrimonio, la “puerta” simboliza la forma en que los esposos acceden el uno al otro: no desde la imposición, la manipulación o el orgullo (entrar “saltando por otra parte”), sino desde la verdad, la transparencia, el respeto y la entrega sincera.
La imagen del pastor que llama a cada oveja por su nombre nos recuerda que en la vida conyugal, no basta con convivir, hay que compartir una intimidad y para ello hay que conocer su corazón, ayudarle en sus heridas , conocer sus alegrías… y dirigirse a él o a ella con cariño, escucha y paciencia. Esta forma de sentirse acogido por el otro esposo, hace que el otro se sienta amado aún en su debilidad y confía.
Es fundamental para ello, lo que hoy dice el Evangelio sobre no seguir voces extrañas ( comparaciones, expectativas irreales, egoísmos, influencias externas que enfrían el amor….). Un matrimonio que quiere construir debe aprender a discernir cómo es Dios, a seguirLe en lo que Él les pida, y a elegir Amar a su esposo con un amor sin límite. Ese amor verdadero no asfixia ni empobrece, sino que da vida, ensancha el corazón y hace crecer a los esposos.
Preguntémonos hoy, ¿Nuestra forma de amar a nuestro cónyuge, abre puertas o las cierra obligando al otro a «saltar»de nuestro lado para sobrevivir?
Aterrizado a la vida Matrimonial:
Iris: Alejandro… A veces siento que hablamos, pero no nos escuchamos de verdad, no escuchamos el corazón del otro, es como si nos uniera una relación superficial yendo por caminos raros.
Alejandro: ¿Caminos raros?
Iris: Sí… Entramos sólo en la forma de gestionar la casa, las niñas y los planes que nos van surgiendo, pero lo hacemos con prisas, con suposiciones, con juicios, a la defensiva. No entramos en lo importante, no vamos “por la puerta”, sino que entramos por la ventana o incluso por el tejado, como los ladrones de los que habla hoy el Evangelio. Por encima de lo importante, ponemos el automático y hay días que pienso que ni te conozco y me caes fatal…
Alejandro: Vaya…. Ahora que lo dices, es cierto, no nos dedicamos tiempo de calidad como sí lo hacíamos al principio. Estamos sobreviviendo a esta situación de las niñas y como nos descuidemos, efectivamente no nos conoceremos ni creceremos juntos…
Iris: Eso es. Y yo pienso que toda la culpa la tienes tú, sin pensar en la mía, y no pienso que tú también necesitas que te escuche, que te dedique un espacio del día, que te mire con cariño, que ame tus debilidades, tus tiempos, y que en definitiva, me alimente más del Amor De Dios, para entrar por esa “puerta”que me llevará al cielo.
Alejandro: Yo también quiero entrar por esa puerta, pero no tengo la Fe que tienes tú.
Iris: Pues vamos a pedirle los dos al Señor que te la aumente, que Él está deseando dártela.
Alejandro: Muchas gracias cariño, ya voy entendiendo esto que nos dicen que eres mi puerta del cielo… Con la ayuda del Señor, Él conseguirá que yo sea también tu puerta del cielo.
Iris: Si te parece, en lugar de hacer oración sólo cuando no estamos cansados y nos va bien, vamos a empezar con constancia a dedicar al menos 10 minutos todos los días, para conocer juntos más al Señor, y así poco a poco creceremos en unión con Él y entre nosotros.
Alejandro: Pues sí, el roce hace el cariño, vamos a empezar ahora mismo.
Madre,
Enséñanos a entrar en el corazón del otro con respeto y verdad, sin forzar, sin herir, siempre por la puerta del amor. Alabados sean por siempre Jesús y María.









