Una decisión. Comentario para matrimonios: Lucas 14, 23-33

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Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 14, 23-33

En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; Él se volvió y les dijo:
«Si alguno viene a mí y no pospone a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío.
Quien no carga con su cruz y viene en pos de mí, no puede ser discípulo mío.
Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla?
No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo:
“Este hombre empezó a construir y no pudo acabar”.
¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que lo ataca con veinte mil?
Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz.
Así pues, todo aquel de entre vosotros que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío».

Una decisión.

Basta mirar a nuestro alrededor para darnos cuenta de tantas cosas que intentan despertar nuestros deseos y conquistar nuestra atención: la publicidad, las ofertas, las notificaciones del móvil, las redes… Todo parece diseñado para seducirnos, hacernos desear más y convertir nuestros deseos en consumo. ¡Qué diferente es Jesús! Cuando una multitud entusiasmada le sigue, no busca mantener su entusiasmo con palabras complacientes. Al contrario, se vuelve hacia ellos y les habla con claridad de lo que significa seguirle; les habla de renuncia y de cruz. Les ilumina con dos situaciones: un hombre que quiere construir una torre y un rey que valora si está preparado para la batalla. Seguir a Jesús exige decisión, perseverancia y afrontar una lucha contra nosotros mismos. ¡qué bueno es Jesús! Él no nos engaña ni nos oculta las exigencias del camino, más bien aprovecha nuestro entusiasmo para conquistar nuestro corazón y enseñarnos a amar. Y nosotros, ¿le seguimos movidos por la emoción de lo que hace en nuestra vida, por el interés de que nos conceda lo que deseamos o porque realmente estamos dispuestos a dejar que transforme nuestros corazones? Señor hoy quiero pedirte que hagas morada en mi corazón; que ordenes mis deseos, que me liberes de mis apegos y me enséñes a amar como Tú.

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Juan: Desde que hemos hecho el retiro de Proyecto miro nuestro matrimonio de otra manera. Esto es mucho más que llevarnos bien…nos estábamos perdiendo la vida sobrenatural que Dios quiere regalarnos.
Rosita: Por eso no quiero que lo del retiro se quede en un “me gusta”, necesitamos un compromiso. No podemos dejar la torre a medio construir, ¿no te parece?
Juan: Tenemos que dar un paso. Te propongo incorporarnos a un grupo para continuar las catequesis de Proyecto y comprometernos a ayudar a que otros descubran la maravilla del matrimonio…
Rosita: Me ilusiona… pero no va a ser fácil. Habrá sábados en que nos dé pereza salir, tendremos otros planes y habrá comentarios en la familia que nos hagan dudar.
Juan: Lo sé, tendremos que luchar contra nosotros mismos y contra esa costumbre de dejar a Dios para cuando nos viene bien…es la batalla de la que habla Jesús, tendremos que negarnos muchas veces. Pero si queremos que el Señor nos transforme no basta con volver del retiro entusiasmados.

Madre,

Que nuestro amor no se quede en palabras. ¡Bendita seas por acompañarnos en el camino!

No hagas esperar a Dios. Comentario para matrimonios: Lucas 14, 15-24

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Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 14, 15-24

En aquel tiempo, uno de los comensales dijo a Jesús: «¡Bienaventurado el que coma en el reino de Dios!». Jesús le contestó: «Un hombre daba un gran banquete y convidó a mucha gente; a la hora del banquete mandó a su criado a avisar a los convidados: “Venid, que ya está preparado”. Pero todos a una empezaron a excusarse. El primero le dijo: «He comprado un campo y necesito ir a verlo. Dispénsame, por favor”. Otro dijo: «He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas. Dispénsame, por favor”. Otro dijo: “Me acabo de casar y, por ello, no puedo ir”. El criado volvió a contárselo a su señor. Entonces el dueño de casa, indignado, dijo a su criado: “Sal aprisa a las plazas y calles de la ciudad y tráete aquí a los pobres, a los lisiados, a los ciegos y a los cojos”. El criado dijo: “Señor, se ha hecho lo que mandaste, y todavía queda sitio”. Entonces el señor dijo al criado: “Sal por los caminos y senderos, e insísteles hasta que entren y se llene mi casa. Y os digo que ninguno de aquellos convidados probará mi banquete”».

No hagas esperar a Dios.

Dios Padre nos invita a una vida de banquete, de alegría, y nosotros rechazamos su invitación pensando que tenemos un plan mejor, que nuestra manera de pensar es mejor que la de Dios, que nuestra manera de vivir, es mejor que la que Él nos propone, que nuestra manera de construir el matrimonio, es mejor que la que Dios pensó… pero… ¡no somos felices¡ Así acabó el hijo pródigo, comiendo el alimento de los cerdos en lugar de gozar de la felicidad en la casa de su padre! ¡Qué misterio tan grande! La criatura rechaza a su Creador. El hijo rechaza la invitación de su Padre. Imaginemos a un padre que ha entregado todo su amor a su hijo y que, deseando compartir con él toda su felicidad, le prepara un gran banquete. Lo tiene todo dispuesto, lo espera con ilusión… pero su hijo no acude. Tiene otras cosas que hacer, otras prioridades. ¡Qué dolor experimentaría ese padre ante el rechazo de su hijo! Y es que el hijo cree que puede alcanzar por sí solo la felicidad y llenar de dicha su corazón. Así nos sucede a nosotros. Nos perdemos entre las preocupaciones, los trabajos, los bienes e incluso los afectos humanos de este mundo,mientras dejamos esperando a Dios y, con Él, nuestra verdadera felicidad. Ennuestra vocación matrimonial, el Señor nos llama a algo maravilloso: acoger ese Amor divino que el mundo no puede darnos, para entregárselo a nuestro esposo y participar así de una vida nueva, de la vida divina. ¡No hagamos esperar más a nuestro Padre! Acojamos hoy su Amor y entreguémoslo hoy a nuestro esposo. ¡El banquete ya está preparado!

Aterrizado a la Vida Matrimonial:

Mónica y Carlos están reunidos con unos tutelados y comparten con ellos su testimonio.
Mónica: Nosotros llegamos a Proyecto Amor Conyugal con nuestro matrimonio prácticamente destruido. Llevábamos más de diez años sobreviviendo, sin saber cómo salir de aquello.
Carlos: Y lo peor es que pensábamos que el problema era el otro. Yo estaba convencido de que, si Mónica cambiaba, seríamos felices.
Mónica: ¡Y yo lo mismo! Nos pasábamos el día juzgándonos, exigiéndonos, echándonos cosas en cara… No nos comprendíamos ni nos perdonábamos de corazón.
Carlos: Y eso que íbamos a misa todos los domingos…
Mónica: Sí, pero vivíamos con los criterios del mundo. Cada uno pendiente de sí mismo, de sus derechos, de lo que el otro no le daba. ¡No sabíamos amar!
Carlos: Hasta que descubrimos que estábamos intentando vivir nuestro matrimonio sin Dios. No contábamos con su gracia, ni buscábamos su mirada, ni nos preguntábamos cómo actuaría Jesús en nuestro lugar para actuar como Él.
Mónica: Queríamos ser felices, pero rechazábamos el Amor que podía hacernos felices.¡Qué paradoja!..¡Como los invitados del evangelio, que tenían un plan mejor que el banquete de su Padre!
Carlos: Y cuando empezamos a acoger su Amor y a mirar al otro como Cristo lo mira, todo comenzó a cambiar.
Mónica: Hoy seguimos teniendo nuestras debilidades, pero ya no queremos vivir para nosotros mismos. Queremos aprender a amar como Él y eso lo está cambiando todo.
Carlos: Y os aseguramos una cosa: ¡no hay felicidad comparable a la que el Señor nos está regalando en nuestro matrimonio!

Madre,

Que no cambiemos el banquete del Amor por las migajas que nos ofrece el mundo. ¡Alabado sea el Señor que no se cansa de llamarnos!

Desde la eternidad. Comentario para matrimonios: Juan 14, 1-6

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Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 14, 1-6

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí. en la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no, os lo habría dicho, porque me voy a prepararos un lugar. Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino». Tomas le dice:
«Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?».
Jesús le responde:
«Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí».

Desde la eternidad.

Jesús confronta nuestro desasosiego del corazón con la promesa de la vida eterna. Y es que, ¡qué pequeños veremos desde la eternidad esos problemas que hoy tanto nos abruman!
Puede que mi esposo sea un maniático del orden o que tenga que renunciar a mis planes del fin de semana porque mi esposa tiene que cuidar de mi suegra… ¡Cuántas cosas pequeñas nos quitan la paz y nos hacen sufrir! Y muchas veces es porque tenemos las miras demasiado cortas, porque nos quedamos atrapados en nuestras expectativas y olvidamos levantar la mirada hacia la promesa que Jesús nos ha hecho: una morada en la casa del Padre.
Pero ¿cómo llegar hasta allí? Nos jugamos la eternidad en las pequeñas y grandes decisiones de cada día, especialmente en nuestra manera de amar. Y, menos mal, Jesús nos lo dice con toda claridad: «Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí».
¡Qué maravilla descubrir que no tenemos que buscar ese camino lejos de nuestra vida cotidiana! En el Corazón de Jesús, cada renuncia, cada gesto de paciencia, cada ocasión de perdonar y cada pequeño sacrificio por nuestro esposo pueden convertirse en un paso hacia el cielo.
Porque la vida eterna no empieza después de esta vida, sino que comenzamos a saborearla aquí, cuando dejamos que Jesús transforme nuestro corazón y nuestra manera de amar.
Y así, de la mano de nuestro esposo, y muchas veces precisamente gracias a él, vamos entrando en la vida sobrenatural en medio de lo cotidiano. ¡Nuestro matrimonio se convierte en camino hacia el cielo!

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Laura: Pedro, se ha ido otra cuidadora de mis padres y este fin de semana me toca otra vez quedarme en su casa.
Pedro: ¡Vaya! Con las ganas que tenías de llevar al perro al campo y disfrutar del otoño…
Laura: A mí me da pena por ti. Toda la semana tan liado y ahora otro fin de semana sin poder hacer planes. Y encima, ¡ni te quejas! ¡Qué bueno eres!
Pedro: ¡Ojalá fuera bueno! Claro que me sale quejarme y rebelarme, pero es Jesús quien me calma y me ayuda a cambiar la mirada. Además, como dice nuestro párroco, ¡un metro más en la parcelita del cielo! Aunque, pensándolo bien, cada vez vamos acercando un poquito más ese cielo a la tierra.
Laura: ¡Es verdad! Qué hermoso es este camino en el que, incluso en las contrariedades, vamos descubriendo oportunidades para amar. ¡Y qué regalo poder recorrerlo juntos hacia el cielo!

Madre,

Ayúdanos a mirar cada acontecimiento de nuestro día con los ojos puestos en Jesús, que es el Camino, y a descubrir en las pequeñas renuncias de nuestro matrimonio una oportunidad para amar y acercarnos al cielo.¡Alabado sea Dios!

Bienaventurados. Comentario para matrimonios: san Mateo 5, 1-12a

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Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 1-12a

En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo:
«Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.
Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra.
Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados.
Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.
Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.
Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.
Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo».

Bienaventurados.

Hoy el Señor nos muestra Su Corazón, y nos enseña el camino hacia la vida celestial. Nos dice que bienaventurados los pobres en el espíritu, los mansos, los que lloran, los que tienen hambre y sed de la justicia, los misericordiosos, los limpios de corazón, los que trabajan por la paz, cuando nos insulten y nos persigan y nos calumnien de cualquier modo por Su causa.
Todas las bienaventuranzas podemos vivirlas en nuestro matrimonio, queridos esposos.
Bienaventurado cuando te sientas pobre de espíritu y no puedas entregarte a tu esposo, pídele a Dios que él te dé la riqueza de su amor. Cuando eres manso y humilde ante tu esposo y acoges la voluntad de Dios en tu matrimonio, en tu familia; nos promete que seremos herederos de la creación renovada y la comunión definitiva con Él.
Cuando llores por una injusticia y te sientas triste, recuerda que Dios te consolará.
El Señor nos dará Su Misericordia y podremos ser misericordiosos con nuestro esposo, con nuestros hijos…
Seamos siempre limpios de corazón y podremos ver a Dios, aquí en la tierra en mi esposo y después cara cara. Qué gran alegría cuando llegue ese día y se cumpla.
Bienaventurados los perseguidos por Su causa, esposos, el mundo no entiende este lenguaje, el lenguaje del Amor, de la entrega y el sacrificio, la de Cristo por nuestra salvación y por ello cuantas veces seremos perseguidos, insultados calumniados, por defender la Sacralidad, la indisolubilidad del matrimonio.
Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo, nos dice El Señor.
¿Qué premio más grande podemos tener que la promesa del mismo cielo? Es la vida eterna alabando a Dios. Hoy que celebramos el día de Todos Santos le pedimos a Dios que un día podamos estar alabándole en el cielo, ¡dando Gloria a Dios en la asamblea de todos los Santos!

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Antonio: Yaya, ¿sabes qué? Antes cuando escuchaba este evangelio me parecía una lectura bonita e incluso me imaginaba al Señor en el monte diciéndolas, en una ladera abarrotada, sentados en la hierba, con un sol espléndido…
Yaya: Sí, yo también me lo imagino así, una imagen preciosa del Señor. Pero ¿qué me quieres decir?
Antonio: Pues que se quedaba en eso, en una imagen bonita, unas palabras bonitas, pero ya está, no había nada más, no me planteaba hacerlas vida de un modo concreto, día a día en nuestro matrimonio.
Yaya: ¿Ah, sí? Ahora que lo dices también me ocurre a mí a veces con el evangelio.
Antonio: Pero, ¿sabes qué? Ahora, después de hacer el retiro de Proyecto Amor Conyugal, de ir haciendo el camino de las catequesis con nuestro grupo de matrimonios, pues me doy cuenta de que se pueden hacer realidad, que aunque todavía estamos en camino, las vamos haciendo realidad. Mira, cuando yo elijo amar en lugar de discutir por cosas que al final son pequeñeces, estoy tratando de ser manso. Que cuando no intento imponer mis criterios, aunque sean los correctos, que antes lo hacía incluso con enfado o ira, sino que cedo para que no nos enfrentemos, entonces soy paciente con santa perseverancia para alcanzar esa sed de justicia que tengo. Cuando lucho por no criticarte en mi corazón, como antes hacía constantemente, e incluso verbalmente haciéndote daño, sino que te trato como una hija de Dios entonces soy misericordioso. Y así, podríamos seguir. Y tú también, lo haces.
Yaya: Es verdad, veo que estamos en camino, que nos queda mucho por trabajar, pero que ya vemos que es posible, que no se queda en palabras bonitas, sino que se puede ir haciendo vida. ¡Qué maravilla! Gracias Antonio por ayudarme a verlo.
Antonio: No, gracias a Nuestra Madre por habernos llevado a este Proyecto tan maravilloso, con esas catequesis, esos matrimonios que tanto nos ayudan.
Yaya: ¡Gloria a Dios!

Madre,

Ayúdanos a vivir el camino de las bienaventuranzas para que un día podamos estar junto a tí y nuestros hermanos en la fe alabando a Dios en el cielo. ¡Bendito y alabado sea por siempre!

Ofrenda de amor. Comentario para matrimonios: Lucas 14, 1. 7-11

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Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 14, 1. 7-11

Un sábado, entró Jesús en casa de uno de los principales fariseos para comer y ellos lo estaban espiando. Notando que los convidados escogían los primeros
puestos, les decía una parábola:
«Cuando te conviden a una boda, no te sientes en el puesto principal, no sea que hayan convidado a otro de más categoría que tú; y venga el que os convidó a ti y al otro, y te diga:
«Cédele el puesto a este”.
Entonces, avergonzado, irás a ocupar el último puesto. Al revés, cuando te conviden, vete a sentarte en el último puesto, para que, cuando venga el que te convidó, te diga:
“Amigo, sube más arriba”.
Entonces quedarás muy bien ante todos los comensales. Porque todo el que se enaltece será humillado; y el que se humilla será enaltecido».

Ofrenda de amor.

Jesús, hoy nos invitas a escoger el último puesto y en nuestro matrimonio ese lugar no es el de quien vale menos, sino de quien se hace don para el otro. ¡Qué importante es estar atentos! Buscar el primer puesto no siempre significa querer mandar o imponer nuestra voluntad. A veces se manifiesta en esperar que el otro reconozca nuestro esfuerzo, en querer tener razón en una discusión, en reclamar más atención, más comprensión o más agradecimiento. Y, sin querer, nos vamos mirando a nosotros mismos, solo vemos lo que nos falta, va creciendo nuestro yo y terminamos juzgando: Yo hago más…, yo sufro más…, yo tengo razón…. Hoy, Jesús, nos propones una revolución del corazón, escoger voluntariamente el último puesto. Porque cuando aceptamos el último puesto, empezamos a hacernos pequeños para que Tú te hagas más fuerte en nosotros y podamos mirar al esposo con misericordia y preguntarle: Esposo, ¿Cómo puedo ayudarte? ¿Qué necesitas de mí? ¿Cómo puedo hacerte feliz hoy? Al dejar de buscar reconocimiento, podemos descubrir una comunión más profunda, aunque no sea inmediata ni recibamos la respuesta que esperamos. Gracias, Señor, porque por nuestro sacramento estamos llamados a vivir como una ofrenda permanente: el uno para el otro, y los dos para Dios. Mi esposo se convierte en el lugar concreto donde Dios me llama a entregar mi vida. Que cada escucha, cada perdón y cada servicio escondido se conviertan, unidos a Ti, en ofrenda al Padre por medio de María. Así, al dejar de ponernos en el centro, nuestro matrimonio se hace altar y camino de santidad.

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Isabel: Nacho, después de la discusión de ayer, me quedé esperando que vinieras tú. Me decía: Esta vez le toca a él pedirme perdón. Pero te echaba de menos… Quería que nos acercáramos y, aun así, yo tampoco daba el paso. Me quedé dando vueltas a lo que me había dolido…
Nacho: Pues yo estaba igual, Isabel. Repasando mis razones, como si con eso fuéramos a arreglar algo… Y no me paré a pensar en cómo te habías sentido tú. Perdóname. Dejé en tus manos el acercarnos, cuando yo también podía hacerlo.
Isabel: Perdóname tú también. Hoy, al escuchar a Jesús, he pensado: Esto nos pasa a nosotros. Me he dado cuenta de que escoger el último puesto empieza por acercarme a ti, aunque todavía me cueste, sin esperar a que vengas primero.
Nacho: Sí, Isabel… Al final, de poco me sirve tener razón si estamos así. Yo también quiero acercarme a ti. ¿Le pedimos al Señor que nos ayude? No quiero quedarme esperando a que tú des el paso. Ven, vamos a rezar juntos.

Madre,

Recibe en tus manos nuestra entrega y preséntala al Padre, unida a la ofrenda de tu Hijo. Bendito y alabado seas por siempre Señor.