Para ver los próximos RETIROS Y MISIONES haz click AQUÍ

Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según san Mateo 13, 44-52
En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:
«El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra, lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo. El reino de los cielos se parece también a un comerciante de perlas finas, que al encontrar una de gran valor se va a vender todo lo que tiene y la compra.
El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran.
Lo mismo sucederá al final de los tiempos: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno de fuego. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.
¿Habéis entendido todo esto?».
Ellos le responden:
«Sí».
Él les dijo:
«Pues bien, un escriba que se ha hecho discípulo del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando de su tesoro lo nuevo y lo antiguo»
Tesoro escondido.
Hoy nos dice Jesús que el reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en un campo.
Y en otras ocasiones Su Palabra nos anuncia que el reino de los cielos lo puedo vivir hoy, ahora, en este tiempo, en mis circunstancias, en mi realidad.
Y la noticia que nos muestra San Juan Pablo es que el amor encarnado hacia mi esposo es lo que me ayuda a vivir, aquí y ahora, el cielo. Porque mi esposo es quien me saca de mi amor propio desordenado, de mi orgullo, de mi egoísmo… ¡Qué gran noticia que podamos vivir aquí y ahora el cielo! Y qué gran noticia saber que mi esposo es la mediación que Dios eligió para ello.
¡Mi matrimonio es ese tesoro que si descubro, no me cansaré de luchar por él!!
Hoy Jesús nos interpela y nos hace preguntarnos: ¿Y tú, has descubierto tu tesoro?
Aterrizado a la vida Matrimonial:
Marga en dirección espiritual: Padre, no entiendo que rezo el Rosario y voy a la Eucaristía pero discuto con Carlos un montón.
Discutimos por la educación de los niños, por cómo hacer las cosas de la casa… En fin…
Padre Juan: Ya Marga, ya lo dice el Señor, la puerta es estrecha. Pero con Carlos, es ahí donde el Señor te da la oportunidad de desprenderte de tu amor propio desordenado, de tu orgullo…
Marga: Padre pero no creo que sea bueno que a nuestro hijo Javi le saque de fútbol.
Padre Juan: ¿Ves? Ahí estás otra vez queriendo imponer tu criterio. ¿Por qué no hacéis oración juntos y después hacéis discernimiento para ver qué es lo mejor para vuestro hijo Javi?
Marga: Sí, es verdad que este es mi criterio. ¡Cuántas veces caigo en lo mismo, padre!
Padre Juan: Tranquila Marga, la lucha contra uno mismo siempre está, lo bueno es sacarlo a la luz para que Dios lo pueda iluminar y sea Él quien actúe y no nosotros.
Marga: Amén.
Madre,
Madre del cielo, acompáñanos siempre para poder llegar a Tu Hijo en nuestro matrimonio. ¡Alabado sea el Señor!









