Al pie de la Cruz. Comentario para matrimonios: Mateo 26, 14 – 27, 66

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Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según San Mateo 26, 14 – 27, 66

Cronista – C. En aquel tiempo, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a los sumos sacerdotes y les propuso:
Sinagoga/pueblo – S. «¿Qué estáis dispuestos a darme si os lo entrego?».
C. Ellos se ajustaron con él en treinta monedas de plata. Y desde entonces andaba buscando ocasión propicia para entregarlo.
C. El primer día de los Ácimos se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron:
S. ¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?».
C. Él contestó:
Jesús + «Id a la ciudad, a casa de quien vosotros sabéis, y decidle: “El Maestro dice: mi hora está cerca; voy a celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos”».
C. Los discípulos cumplieron las instrucciones de Jesús y prepararon la Pascua.
C. Al atardecer se puso a la mesa con los Doce. Mientras comían dijo:
+ «En verdad os digo que uno de vosotros me va a entregar».
C. Ellos muy entristecidos, se pusieron a preguntarle uno tras otro
S. «¿Soy yo acaso, Señor?».
C. Él respondió:
+ «El que ha metido conmigo la mano en la fuente, ese me va a entregar. El Hijo del hombre se va como está escrito de él; pero, ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre es entregado!, ¡más le valdría a ese hombre no haber nacido!».
C. Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar:
S. «¿Soy yo acaso, Maestro?».
C. Él respondió:
+ «Tú lo has dicho».
C. Mientras comían, Jesús tomó pan y, después de pronunciar la bendición, lo partió, lo dio a los discípulos y les dijo:
+ «Tomad, comed: esto es mi cuerpo».
C. Después tomó el cáliz, pronunció la acción de gracias y dijo:
+ «Bebed todos; porque esta es mi sangre de la alianza, que es derramada por muchos para el perdón de los pecados. Y os digo que desde ahora ya no beberé del fruto de la vid hasta el día que beba con vosotros el vino nuevo en el reino de mi Padre».
C. Después de cantar el himno salieron para el monte de los Olivos.
C. Entonces Jesús les dijo:
+ «Esta noche os vais a escandalizar todos por mi causa, por- que está escrito: “Heriré al pastor, y se dispersarán las ovejas del rebaño”. Pero cuando resucite, iré delante de vosotros a Galilea».
C. Pedro replicó:
S. «Aunque todos caigan por tu causa, yo jamás caeré».
C. Jesús le dijo:
+ «En verdad te digo que esta noche, antes de que el gallo cante, me negarás tres veces».
C. Pedro le replicó:
S. «Aunque tenga que morir contigo, no te negaré».
C. Y lo mismo decían los demás discípulos.
C. Entonces Jesús fue con ellos a un huerto, llamado Getsemaní, y dijo a los discípulos:
+ «Sentaos aquí, mientras voy allá a orar».
C. Y llevándose a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, empezó a sentir tristeza y angustia.
Entonces les dijo:
+ «Mi alma está triste hasta la muerte; quedaos aquí y velad conmigo».
C. Y adelantándose un poco cayó rostro en tierra y oraba diciendo:
+ «Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz. Pero no se haga como yo quiero, sino como quieres tú».
C. Y volvió a los discípulos y los encontró dormidos. Dijo a Pedro:
+ «¿No habéis podido velar una hora conmigo? Velad y orad para no caer en la tentación, pues el espíritu está pronto, pero la carne es débil».
C. De nuevo se apartó por segunda vez y oraba diciendo:
+ «Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad».
C. Y viniendo otra vez, los encontró dormidos, porque sus ojos se cerraban de sueño. Dejándolos de nuevo, por tercera vez oraba repitiendo las mismas palabras.
Volvió a los discípulos, los encontró dormidos y les dijo:
+ «Ya podéis dormir y descansar. Mirad, está cerca la hora y el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levantaos, vamos! Ya está cerca el que me entrega».
C. Todavía estaba hablando, cuando apareció Judas, uno de los Doce, acompañado de un tropel de gente, con espadas y palos, enviado por los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo. El traidor les había dado esta contraseña:
S. «Al que yo bese, ese es: prendedlo».
C. Después se acercó a Jesús y le dijo:
S. «¡Salve, Maestro!».
C. Y lo besó. Pero Jesús le contestó:
+ «Amigo, ¿a qué vienes?».
C. Entonces se acercaron a Jesús y le echaron mano y lo prendieron. Uno de los que estaban con él agarró la espada, la desenvainó y de un tajo le cortó la oreja al criado del sumo sacerdote.
Jesús le dijo:
+ «Envaina la espada; que todos los que empuñan espada, a espada morirán. ¿Piensas tú que no puedo acudir a mi Padre? Él me mandaría enseguida más de doce legiones de ángeles. ¿Cómo se cumplirían entonces las Escrituras que dicen que esto tiene que pasar?».
C. Entonces dijo Jesús a la gente:
+ «¿Habéis salido a prenderme con espadas y palos como si fuera un bandido? A diario me sentaba en el templo a enseñar y, sin embargo, no me prendisteis. Pero todo esto ha sucedido para que se cumplieran las Escrituras de los profetas».
C. En aquel momento todos los discípulos lo abandonaron y huyeron.
C. Los que prendieron a Jesús lo condujeron a casa de Caifás, el sumo sacerdote, donde se habían reunido los escribas y los ancianos. Pedro lo seguía de lejos hasta el palacio del sumo sacerdote y, entrando dentro, se sentó con los criados para ver cómo terminaba aquello.
Los sumos sacerdotes y el Sanedrín en pleno buscaban un falso testimonio contra Jesús para condenarlo a muerte y no lo encontraban, a pesar de los muchos falsos testigos que comparecían. Finalmente, comparecieron dos que declararon:
S. «Este ha dicho: “Puedo destruir el templo de Dios y reconstruirlo en tres días”».
C. El sumo sacerdote se puso en pie y le dijo:
S. ¿No tienes nada que responder? ¿Qué son estos cargos que presentan contra ti?».
C. Pero Jesús callaba. Y el sumo sacerdote le dijo:
S. «Te conjuro por el Dios vivo a que nos digas si tú eres el Mesías, el Hijo de Dios».
C. Jesús le respondió:
+ «Tú lo has dicho. Más aún, yo os digo: desde ahora veréis al Hijo del hombre sentado a la derecha del Poder y que viene sobre las nubes del cielo».
C. Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras diciendo:
S. «Ha blasfemado. ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Acabáis de oír la blasfemia. ¿Qué decidís?».
C. Y ellos contestaron:
S. «Es reo de muerte».
C. Entonces le escupieron a la cara y lo abofetearon; otros lo golpearon diciendo:
S. «Haz de profeta, Mesías; dinos quién te ha pegado».
C. Pedro estaba sentado fuera en el patio y se le acercó una criada y le dijo:
S. «También tú estabas con Jesús el Galileo».
C. Él lo negó delante de todos diciendo:
S. «No sé qué quieres decir».
C. Y al salir al portal lo vio otra y dijo a los que estaban allí:
S. «Este estaba con Jesús el Nazareno».
C. Otra vez negó él con juramento:
S. «No conozco a ese hombre».
C. Poco después se acercaron los que estaban allí y dijeron a Pedro:
S. «Seguro; tú también eres de ellos, tu acento te delata».
C. Entonces él se puso a echar maldiciones y a jurar diciendo:
S. «No conozco a ese hombre».
C. Y enseguida cantó un gallo. Pedro se acordó de aquellas palabras de Jesús: «Antes de que cante el gallo me negarás tres veces». Y saliendo afuera, lloró amargamente.
C. Al hacerse de día, todos los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo se reunieron para preparar la condena a muerte de Jesús. Y, atándolo, lo llevaron y lo entregaron a Pilato, el gobernador.
C. Entonces Judas, el traidor, viendo que lo habían condenado, se arrepintió y devolvió las treinta monedas de plata a los sumos sacerdotes y ancianos diciendo:
S. «He pecado entregando sangre inocente».
C. Pero ellos dijeron:
S. «¿A nosotros qué? ¡Allá tú!».
C. Él, arrojando las monedas de plata en el templo, se marchó; y fue y se ahorcó. Los sacerdotes, recogiendo las monedas de plata, dijeron:
S. «No es lícito echarlas en el arca de las ofrendas, porque son precio de sangre».
C. Y, después de discutirlo, compraron con ellas el Campo del Alfarero para cementerio de forasteros. Por eso aquel campo se llama todavía «Campo de Sangre». Así se cumplió lo dicho por medio del profeta Jeremías:
«Y tomaron las treinta monedas de plata, el precio de uno que fue tasado, según la tasa de los hijos de Israel, y pagaron con ellas el Campo del Alfarero, como me lo había ordenado el Señor».
C. Jesús fue llevado ante el gobernador, y el gobernador le preguntó:
S. «¿Eres tú el rey de los judíos?».
C. Jesús respondió:
+ «Tú lo dices».
C. Y, mientras lo acusaban, los sumos sacerdotes y los ancianos no contestaba nada. Entonces Pilato le preguntó:
S. «¿No oyes cuántos cargos presentan contra ti?».
C. Como no contestaba a ninguna pregunta, el gobernador estaba muy extrañado. Por la fiesta, el gobernador solía liberar un preso, el que la gente quisiera. Tenía entonces un preso famoso, llamado Barrabás. Cuando la gente acudió, dijo Pilato:
S. «¿A quién queréis que os suelte, a Barrabás o a Jesús, a quien llaman el Mesías?».
C. Pues sabía que se lo habían entregado por envidia, Y, mientras estaba sentado en el tribunal, su mujer le mandó a decir:
S. «No te metas con ese justo porque esta noche he sufrido mucho soñando con él».
C. Pero los sumos sacerdotes y los ancianos convencieron a la gente para que pidieran la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús.
El gobernador preguntó:
S. «¿A cuál de los dos queréis que os suelte?».
C. Ellos dijeron:
S. «A Barrabás».
C. Pilato les preguntó:
S. ¿Y qué hago con Jesús, llamado el Mesías?».
C. Contestaron todos:
S. «Sea crucificado».
C. Pilato insistió:
S. «Pues, ¿qué mal ha hecho?».
C. Pero ellos gritaban más fuerte:
S. «¡Sea crucificado!».
C. Al ver Pilato que todo era inútil y que, al contrario, se estaba formando un tumulto, tomó agua y se lavó las manos ante la gente, diciendo:
S. «¡Soy inocente de esta sangre. Allá vosotros!».
C. Todo el pueblo contestó:
S. «¡Caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos!».
C. Entonces les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran.
C. Entonces los soldados del gobernador se llevaron a Jesús al pretorio y reunieron alrededor de él a toda la cohorte: lo desnudaron y le pusieron un manto de color púrpura y, trenzando una corona de espinas, se la ciñeron a la cabeza y le pusieron una caña en la mano derecha. Y, doblando ante él la rodilla, se burlaban de él diciendo:
S. «¡Salve, rey de los judíos!».
C. Luego le escupían, le quitaban la caña y le golpeaban con ella la cabeza. Y, terminada la burla, le quitaron el manto, le pusieron su ropa y lo llevaron a crucificar.
C. Al salir, encontraron a un hombre de Cirene, llamado Simón, y lo forzaron a llevar su cruz.
Cuando llegaron al lugar llamado Gólgota (que quiere decir lugar de «la Calavera»), le dieron a beber vino mezclado con hiel; él lo probó, pero no quiso beberlo. Después de crucificarlo, se repartieron su ropa echándola a suertes y luego se sentaron a custodiarlo. Encima de la cabeza colocaron un letrero con la acusación: «Este es Jesús, el rey de los judíos».
Crucificaron con él a dos bandidos, uno a la derecha y otro a la izquierda.
C. Los que pasaban, lo injuriaban, y, meneando la cabeza, decían:
S. «Tú que destruyes el templo y lo reconstruyes en tres días, sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, baja de la cruz».
C. Igualmente los sumos sacerdotes con los escribas y los ancianos se burlaban también diciendo:
S. «A otros ha salvado y él no se puede salvar. ¡Es el Rey de Israel!, que baje ahora de la cruz y le creeremos. Confió en Dios, que lo libre si es que lo ama, pues dijo: «Soy Hijo de Dios”».
C. De la misma manera los bandidos que estaban crucificados con él lo insultaban.
C. Desde la hora sexta hasta la hora nona vinieron tinieblas sobre toda la tierra. A la hora nona, Jesús gritó con voz potente:
+ «Elí, Elí, lemá sabaqtaní?».
C. (Es decir:
+ «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»).
C. Al oírlo algunos de los que estaban allí dijeron:
S. «Está llamando a Elías».
C. Enseguida uno de ellos fue corriendo, cogió una esponja empapada en vinagre y, sujetándola en una caña, le dio de beber.
Los demás decían:
S. «Déjadlo, a ver si viene Elías a salvarlo».
C. Jesús, gritando de nuevo con voz potente, exhaló el espíritu.
(Todos se arrodillan, y se hace una pausa.)
C. Entonces el velo del templo se rasgó en dos de arriba abajo; la tierra tembló, las rocas se resquebrajaron, las tumbas se abrieron y muchos cuerpos de santos que habían muerto resucitaron y, saliendo de las tumbas después que él resucitó, entraron en la ciudad santa y se aparecieron a muchos.
El centurión y sus hombres, que custodiaban a Jesús, al ver el terremoto y lo que pasaba, dijeron aterrorizados:
S. «Verdaderamente este era Hijo de Dios».
C. Había allí muchas mujeres que miraban desde lejos, aquellas que habían seguido a Jesús desde Galilea para servirlo; entre ellas, María la Magdalena y María, la madre de Santiago y José, y la madre de los hijos de Zebedeo.
C. Al anochecer llegó un hombre rico de Arimatea, llamado José, que era también discípulo de Jesús. Este acudió a Pilato a pedirle el cuerpo de Jesús. Y Pilato mandó que se lo entregaran. José, tomando el cuerpo de Jesús, lo envolvió en una sábana limpia, lo puso en su sepulcro nuevo que se había excavado en la roca, rodó una piedra grande a la entrada del sepulcro y se marchó. María la Magdalena y la otra María se quedaron allí sentadas enfrente del sepulcro.
C. A la mañana siguiente, pasado el día de la Preparación, acudieron en grupo los sumos sacerdotes y los fariseos a Pilato y le dijeron:
S. «Señor, nos hemos acordado de que aquel impostor estando en vida anunció: «A los tres días resucitaré”. Por eso ordena que vigilen el sepulcro hasta el tercer día, no sea que vayan sus discípulos, se lleven el cuerpo y digan al pueblo:
“Ha resucitado de entre los muertos”. La última impostura sería peor que la primera».
C. Pilato contestó:
S. «Ahí tenéis la guardia: id vosotros y asegurad la vigilancia como sabéis».
C. Ellos aseguraron el sepulcro, sellando la piedra y colocando la guardia.c

Al pie de la Cruz.

Desde el lugar de la flagelación y a través de las calles de Jerusalén, por toda aquella Vía Dolorosa hasta la colina sagrada, Vuestra Sangre derramada escribía las bellas páginas de la historia del Corazón que más nos ama… ¡El Vuestro! Recordad cómo la tierra, agradecida, pero a la vez espantada, recibía Vuestra preciosa Sangre. Toda la naturaleza, de horror temblaba, y los cielos se estremecían; los ángeles y hasta los demonios se sorprendían ante ¡aquella increíble escena! ¡Todo un Dios moría! ¿Qué era aquello? ¿Qué sucedía? Aquel primer viernes santo, ¡oh, Jesús!, ¡abríais el cielo para la humanidad pecadora!
Extracto de una de las oraciones que Jesucristo reveló a Santa Brígida

Aterrizado a la vida Matrimonial:

María: Cariño, esta cuaresma me ha removido por dentro de una manera distinta y profunda. Como si, por primera vez, no mirara la cruz desde fuera.
Juan: ¿A qué te refieres?
María: Siempre he creído que la cruz vendría en forma de grandes problemas, enfermedades, dificultades que vienen de fuera. Pero estos días… viendo la Pasión… he visto que no es eso.
Juan: Entonces, ¿qué es para ti la cruz?
María: Es quedarme al pie de la Cruz de Cristo. Sin huir. Sin justificarme. Viendo quién es Él… y quién soy yo. Y no apartar la mirada.
Juan: Suena duro…
María: Lo es… pero también es… sanador. Porque en esa comparación no hay humillación que destruya, sino verdad que cura. Es como si Su amor hiciera soportable ver mi propia miseria.
Juan: Nunca lo había pensado así… Siempre he querido mejorar, cambiar…
María: Yo también. Pero ahora siento que antes de todo eso… está permanecer. Contemplar. Dejar que Él ame ahí… incluso lo que en mí no me gusta.
Juan: ¿Y eso qué tiene que ver con nosotros?
María: Mucho… porque creo que también en nuestro matrimonio he estado esperando cruces “de fuera” … y no he visto que la verdadera está aquí: en aprender a amar cuando veo tus límites… y los míos. Sin huir. Sin exigir que todo cambie primero.
Juan: …Eso da un poco de miedo.
María: Sí… pero también da paz. Porque ya no depende de que todo sea perfecto… sino de permanecer juntos al pie de esa cruz. Ahí donde todo, incluso lo más roto… puede ser amado y sanado.
Juan: Entonces… ¿nuestra cruz… es quedarnos?
María: Quedarnos… y mirar juntos hacia Él. Y dejar que Su manera de amar nos enseñe la nuestra.

Madre,

Enséñanos a permanecer juntos a los pies de la Cruz de tu Hijo. Sea por siempre bendito y alabado, que con Su Sangre nos redimió.

¿Qué hacemos? Comentario para matrimonios: Jn 11,45-57

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Evangelio del día

Lectura del santo Evangelio según san Juan 11, 45-57

En aquel tiempo, muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él. Pero algunos acudieron a los fariseos y les contaron lo que había hecho Jesús.
Los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron el Sanedrín y dijeron:
«¿Qué hacemos? Este hombre hace muchos signos. Si lo dejamos seguir, todos creerán en él, y vendrán los romanos y nos destruirán el lugar santo y la nación».
Uno de ellos, Caifás, que era sumo sacerdote aquel año, les dijo:
«Vosotros no entendéis ni palabra; no comprendéis que os conviene que uno muera por el pueblo, y que no perezca la nación entera».
Esto no lo dijo por propio impulso, sino que, por ser sumo sacerdote aquel año, habló proféticamente, anunciando que Jesús iba a morir por la nación; y no solo por la nación, sino también para reunir a los hijos de Dios dispersos.
Y aquel día decidieron darle muerte. Por eso Jesús ya no andaba públicamente entre los judíos, sino que se retiró a la región vecina al desierto, a una ciudad llamada Efraín, y pasaba allí el tiempo con los discípulos.
Se acercaba la Pascua de los judíos, y muchos de aquella región subían a Jerusalén, antes de la Pascua, para purificarse. Buscaban a Jesús y, estando en el templo, se preguntaban:
«¿Qué os parece? ¿Vendrá a la fiesta?».
Los sumos sacerdotes y fariseos habían mandado que el que se enterase de dónde estaba les avisara para prenderlo.

¿Qué hacemos?

En este Evangelio vemos la reacción de la gente que presenció la resurrección de Lázaro; ante este signo, muchos creyeron en Jesús, pero otros, viendo lo mismo, cerraron su corazón y le rechazaron, no es que se quedaran indiferentes, es que decidieron darle muerte.
Ante Jesús solo hay dos posturas, acogerle o rechazarle. ¿Cuál es la mía? ¿Le acojo y creo en Él con todas las consecuencias, o busco escusas y le rechazo? Porque la lógica de Dios está tan lejos de la humana, que acogerle significa hacer un cambio radical en mi vida, que me lleva a algo que no controlo, que se aparta de mis criterios, que cambia mis planes y que me saca de mi zona de confort… ¿estoy dispuesto a esa aventura? ¿o prefiero controlar yo mi vida, y para eso le rechazo y le doy muerte en mi corazón?
En nuestro matrimonio, el Señor hace muchos signos, pero si no tenemos el corazón atento y en disposición para reconocerle, pasan desapercibidos. Esposos, estemos despiertos para ver los signos de Jesús, y acojámosle, fiémonos de Él, porque nos ha prometido una felicidad inmensa y eterna. Y el Señor siempre cumple su Palabra.

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Paola: Nelson, ¿Qué te parece si el próximo fin de semana, en vez de ir a la casita de la montaña, vemos a ayudar a un retiro?
Nelson: Pero Paola, querida, sabes que tenemos planeada esa escapada desde hace semanas. Y que me hace mucha ilusión. ¿A qué viene ahora ese cambio?
Paola: Es que me llamó Sandra, y me dijo que iba a acudir para colaborar un matrimonio, pero él ha enfermado y finalmente no van a poder.
Nelson: ¿Y te ha pedido que vayamos?
Paola: No, la verdad es que no. Pero la he notado preocupada y un poco agobiada con el tema, y pensaba que podíamos ofrecernos, que quizás sea una señal para que vayamos nosotros.
Nelson: ¿Justo el fin de semana que nos íbamos a la montaña?
Paola: Bueno, ya sabes que los planes de Dios pocas veces coinciden con los nuestros, y siempre nos descolocan. ¿Te parece si lo llevamos a la oración?
Nelson: Pero ¿Qué pasa si ya hay otro matrimonio que ya se ha ofrecido a ir en vez del que falla?
Paola: Pues entonces será que no es voluntad de Dios que vayamos en esta ocasión, y nos vamos a la montaña… ¿te parece?
Nelson: Venga, de acuerdo, recémoslo. Porque es verdad que cuando Dios te llama, si le dices sí luego te colma de bendiciones, y no me las querría perder…
(Y en oración tomaron la decisión de ponerlo en manos de la Virgen, se ofrecerían al día siguiente y, si aún nadie hubiera cubierto ese hueco, irían al retiro, aplazando la escapada a la montaña para más adelante).

Madre,

Enséñanos a vivir atentos a los signos de Dios, y a someter nuestra voluntad estando siempre dispuestos a lo que sea necesario para cumplir los planes que Él tiene para nosotros, como hiciste Tú, acogiendo siempre Su voluntad. ¡Bendita y gloriosa seas, Madre! ¡Alabado sea por siempre el Señor!

Somos hijos de Dios. Comentario para Matrimonios: Juan 10, 31-42

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Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 10, 31-42

En aquel tiempo, los judíos agarraron piedras para apedrear a Jesús. Él les replicó: «Os he hecho ver muchas obras buenas por encargo de mi Padre: ¿por cuál de ellas me apedreáis?».Los judíos le contestaron: «No te apedreamos por una obra buena, sino por una blasfemia: porque tú, siendo un hombre, te haces Dios». Jesús les replicó: «¿No está escrito en vuestra ley: “Yo os digo: sois dioses”? Si la Escritura llama dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios, y no puede fallar la Escritura, a quien el Padre consagró y envió al mundo, ¿decís vosotros: “¡Blasfemas!” Porque he dicho: “Soy Hijo de Dios”? Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis, pero si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que comprendáis y sepáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre». Intentaron de nuevo detenerlo, pero se les escabulló de las manos. Se marchó de nuevo al otro lado del Jordán, al lugar donde antes había bautizado Juan, y se quedó allí. Muchos acudieron a él y decían: «Juan no hizo ningún signo; pero todo lo que Juan dijo de este era verdad». Y muchos creyeron en él allí.

Somos hijos de Dios.

Por pura gracia al recibir el Sacramento del Bautismo, Dios nos hace hijos suyos. ¡Qué regalo tan inmerecido! Esta es la dignidad que tiene mi esposa y es la dignidad que tengo yo. Nadie me la puede quitar, pero sí puedo perderla por el pecado. Y si esto pasa, el Señor es tan bueno y tan misericordioso que nos tiene preparado otro gran Sacramento: la Penitencia, para que una vez arrepentidos y confesados nuestros pecados al sacerdote, recobremos esa dignidad que habíamos perdido. ¡Esposos! Y nosotros además tenemos el Sacramento del Matrimonio, no desperdiciemos ni una gotita de esa gracia que el Señor nos regala sobreabundantemente.

Aterrizado a la vida Matrimonial:

(Miguel y Magdalena en oración al terminar la reunión con sus tutelados)
Miguel: Señor, siento una pena tremenda al ver cómo este matrimonio se falta el respeto. Si esto dicen delante nuestra ¿qué dirán cuando estén en su casa? Danos luz para que sepamos ayudarles a que se reconozcan como hijos tuyos.
Magdalena: Desde luego, qué dolor tiene que sentir el Padre al verlos así. Tenemos que rezar mucho por ellos y reparar las ofensas que se hacen y que le hacen al Señor
Miguel: Hoy parece que al final de la reunión se han ido con un poco más de esperanza. Pidamos para que perseveren, inicien su oración conyugal y acudan a la confesión, como les hemos propuesto.
Magdalena: Seguro que así comenzarán un camino de purificación, que será lo que salve su Matrimonio.
Miguel: Confiamos en Ti, Madre. Tú no das ningún Matrimonio por perdido, nosotros tampoco. ¡Gloria a Dios!

Madre,

Que sepamos vivir estos últimos días de Cuaresma junto a Ti, a los pies de la Cruz, reparando por tantas ofensas que le hacemos a Tu Hijo. ¡Bendita seas! ¡Alabado sea el Señor en el Santísimo Sacramento del Altar!

Permanecer en la verdad. Comentario para Matrimonios: Juan 8, 51-59

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Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 8, 51-59

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: «En verdad, en verdad os digo: quien guarda mi palabra no verá la muerte para siempre».
Los judíos le dijeron: «Ahora vemos claro que estás endemoniado; Abrahán murió, los profetas también, ¿y tú dices: “Quien guarde mi palabra no gustará la muerte para siempre”? ¿Eres tú más que nuestro padre Abrahán, que murió? También los profetas murieron, ¿por quién te tienes?».
Jesús contestó: «Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada. El que me glorifica es mi Padre, de quien vosotros decís: “Es nuestro Dios”, aunque no lo conocéis. Yo sí lo conozco, y si dijera “No lo conozco” sería, como vosotros, un embustero; pero yo lo conozco y guardo su palabra. Abrahán, vuestro padre, saltaba de gozo pensando ver mi día; lo vio, y se llenó de alegría».
Los judíos le dijeron: «No tienes todavía cincuenta años, ¿y has visto a Abrahán?».
Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: antes de que Abrahán existiera, yo soy». Entonces cogieron piedras para tirárselas, pero Jesús se escondió y salió del templo.

Permanecer en la verdad.

Tenemos un precioso himno eucarístico (Adorote Devote) que dice: “…Al juzgar de Ti, se equivocan la vista, el tacto, el gusto; pero basta el oído para creer con firmeza; creo todo lo que ha dicho el Hijo de Dios: nada es más verdadero que esta Palabra de verdad…” Por la dureza de nuestro corazón al escuchar la palabra de Dios pretendemos ver, sentir y gustar para creer lo que nos dice, pero sólo con el oído tendríamos que creer con toda firmeza viendo, sintiendo y gustando en el corazón. El Evangelio nos puede parecer siempre lo mismo, pero cuando nos detenemos un poco cada vez que leemos el mismo pasaje el Señor nos habla y nos dice cosas nuevas en cada ocasión. A través de la palabra al principio Dios nos habló de la unión entre el hombre y la mujer, y Cristo más adelante nos remite al principio destacando la importancia de la Palabra, de su unidad con el Padre y confirmando el matrimonio como sacramento indisoluble. Podemos encontrar muchas respuestas, pero ninguna es válida si nos aleja de la voluntad de Dios.

Aterrizado a la vida Matrimonial:

María: Me he enterado que Marta y Roberto se quieren separar, parece que hace tiempo que las cosas no les van del todo bien.
Alberto: Quizá es mejor para los dos, mejor separarse y ser felices, que aguantar por aguantar.
María: ¿De verdad piensas así? Yo me casé contigo convencida que lo hacía para toda la vida, pasara lo que pasara.
Alberto: Si, y yo también, pero no somos Marta y Roberto.
María: Estaría bien intentar hablar con ellos, no podemos mirar a otro lado como si no pasara nada, ¿no te parece?
Alberto: Tienes razón, lo siento, no sé en qué estaba pensando al hablar así. El Señor a los matrimonios nos ha dado la gracia para poder superar cualquier situación por incómoda que pueda parecer.
María: Ahora sí veo al esposo con el que me casé. Voy a llamar a Marta para vernos hoy sin falta.
Alberto: Pero dile que nos vemos los cuatro, tenemos que ser luz para ellos y animarles a salir de la situación en la que están por difícil que les parezca.
María: Si te parece rezamos un rato antes de verles para que a la luz del evangelio el Señor nos de palabras para ayudarles y poder iluminar su matrimonio.
Alberto: Cuanta razón tienes, qué mejor verdad que la que vamos a recibir a través de la Palabra de Dios. Voy a por el Evangelio y empezamos cuanto antes.

Madre,

Ayúdanos a encontrar y transmitir el mensaje de amor de tu Hijo a través de la palabra de Dios. Alabado sea Dios.

Siempre Sí. Comentario para matrimonios: Lucas 1, 26-38

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Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 1, 26-38

En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María.
El ángel, entrando en su presencia, dijo:
«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo».
Ella se turbó grandemente ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél. El ángel le dijo:
«No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin».
Y María dijo al ángel:
«¿Cómo será eso, pues no conozco varón?».
El ángel le contestó:
«El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer será llamado Hijo de Dios. También tu pariente Isabel ha concebido un hijo en su vejez, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque “para Dios nada hay imposible”».
María contestó:
«He aquí la esclava del Señor; hágase en mi según tu palabra».
Y el ángel se retiró.

Siempre Sí.

Llegamos al final de Cuaresma, y cuando el misterio de la Cruz se acerca, este evangelio aparece como un oasis en el desierto. Contemplamos la Anunciación como una gran luz que nos enseña a vivir la cruz. El Sí de la Virgen no fue un sí ingenuo ni fácil. María conocía las Escrituras, y sabía que el camino del Mesías pasaría por el sufrimiento. Aun así, ante la visita del ángel y sin entenderlo todo respondió con disponibilidad y confianza: “Hágase en mí según tu palabra.” María sabía que ese sí implicaba dolor, que una espada atravesaría su corazón de madre, y sin embargo se abandonó y aceptó que se hiciera en Ella la voluntad de Dios.
También a nosotros el Señor nos visita en lo cotidiano, muchas veces en la alegría, pero otras en la cruz, en medio de circunstancias que no entendemos, dificultades, pruebas, momentos de oscuridad… Dios nos habla a través de los acontecimientos de la vida y espera nuestra respuesta, nuestra confianza en Él y en su plan para nuestro matrimonio. ¡Qué delicadeza la de Dios! no se impone, quiere ser acogido y espera nuestra disponibilidad. El Sí de María permitió la Encarnación de Dios en el mundo y nuestro pequeño sí de cada día permite que Jesús se “encarne” de algún modo en nuestra vida cotidiana. Señor ¿quién soy yo para que quieras contar conmigo? ¿quién soy yo para que quieras compartir un poquito de tu cruz? Desde este asombro y unidos a María queremos decirte “hágase tu plan en nuestras vidas”.

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Alicia: (entre lágrimas) Santi, el médico ha sido claro… no podemos tener hijos.
Santi: Aún tenía esperanza, pero después de haber hecho todo lo que está en nuestras manos según la ley de Dios, cuando lo ha dicho he sentido como una puñalada por dentro.
Alicia: Pero ¿cómo es posible? Siempre habíamos imaginado la casa llena de niños… tenemos tanto amor para darles…
Santi: Parece que la vida no será como la habíamos imaginado. Nos va a costar mucho aceptar que Dios tiene otros planes… Quizá espera de nosotros una fecundidad diferente, que seamos padres espirituales de tantas almas y que ayudemos a nacer y a crecer a tantos matrimonios que necesitan conocer el amor de Dios…
Alicia: Ahora es cuando tenemos que pensar que a Dios no se le escapa nada, que todo lo permite para nuestra santificación, para nuestra unión con Él… que es nuestro Padre, que todo lo nuestro le importa y que hasta nuestros cabellos los tiene contados…
Santi: El Señor nos está visitando en esta cruz. ¿Señor, qué vienes a hacer en nuestros corazones?
Alicia: Vamos a unirnos a María, vamos a entregarle este dolor tan grande para que se lo ofrezca al Señor y si te parece vamos a rezar con confianza como Jesús y María.
Santi: Señor, unimos nuestro dolor al tuyo, si quieres aparta de nosotros este cáliz, pero no se haga nuestra voluntad, sino la Tuya.
Alicia: Hágase en nosotros según Tu Palabra. Amén.

Madre,

Ayúdanos y enséñanos a decir siempre Sí a Dios, como lo hiciste tú, con confianza en Nazaret y con fidelidad al pie de la cruz. ¡Bendita y alabada seas por siempre!