Venderlo todo por el Reino. Comentario para matrimonios: Mateo 13, 44-52

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Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 13, 44-52

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:
«El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra, lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo. El reino de los cielos se parece también a un comerciante de perlas finas, que al encontrar una de gran valor se va a vender todo lo que tiene y la compra.
El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran.
Lo mismo sucederá al final de los tiempos: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno de fuego. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.
¿Habéis entendido todo esto?».
Ellos le responden:
«Sí».
Él les dijo:
«Pues bien, un escriba que se ha hecho discípulo del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando de su tesoro lo nuevo y lo antiguo».

Venderlo todo por el Reino.

Vivir el reino de los cielos en la tierra, en esta vida,  es difícil de resumir en unas pocas frases. Pero podríamos decir que es vivir las bienaventuranzas cumpliendo la voluntad de Dios en todas las realidades de nuestra vida, haciendo lo que toca, cuando toca y envolviendolo con amor. Entonces experimentas paz, alegría…  todos los dones del Espíritu Santo. Y, cuando se empieza a experimentar eso, la consecuencia es que todo lo del mundo comienza a sobrarte. Lo vendes, lo dejas, para vivir la vida verdadera. No dejas todo por una idea, una creencia o por convicción, sino porque has conocido un verdadero tesoro.
El matrimonio como Dios lo pensó es un verdadero tesoro. En palabras del papa Francisco,  es lo más bello que ha creado Dios. Los matrimonios que lo descubren comienzan a vivir de un modo diferente, miran a su esposo con una nueva mirada y viven el gozo de la entrega y la acogida como medio para  configurarse con Cristo, vivir con una paz y alegría que no la puedes encontrar con nada en el mundo. Y entonces es cuando se comienza a vender, a dejar todo, para encontrar ese tesoro que Dios tiene preparado para cada uno de nosotros.

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Santiago: Julia, rezando esta mañana, me preguntaba si  nuestro matrimonio es lo más bello que ha creado Dios.
Julia: ¿Y cuál ha sido la respuesta?
Santiago: Pues en un principio me he fijado en lo que nos queda por recorrer, por crecer. Pero después el Señor me ha iluminado y me ha mostrado lo bello que es nuestro matrimonio en sus frutos, nuestros hijos, nuestros nietos…
Julia: Sí , pero yo diría más, el descubrir lo hermoso que es tu corazón esposo mío, con la oración conyugal, donde el Señor nos muestra la intimidad que quiere entre nosotros y con Él.
Santiago: Sí, es una maravilla el tesoro que hemos encontrado y yo también encuentro tu corazón muy hermoso, esposa. Por eso lo vendo todo por estar a tu lado.
Julia: ¿Ah sí ? Eso no se te notaba el otro día con el fútbol jajaja.
Santiago: Bueno, eso fue un día y lo compartimos también con los chicos.
Julia: Claro que sí. Me encanta veros disfrutar y compartir, aunque sea un poco mundano.
Santiago: Gracias esposa, siempre estás pendiente de todo y también te vi alegre.
Julia: Claro que sí, aunque tenemos que estar muy pendientes, que el mundo se nos cuela con cosas sencillas.
Santiago: Sí, no vamos a perder el tesoro de nuestro matrimonio ahora que lo hemos descubierto de verdad.

Madre,

Llévanos en tu corazón para que nunca nos apeguemos a las cosas de este mundo y así nuestro corazón lo pongamos en el Señor. ¡Bendito y alabado sea Dios!

Beber Tu cáliz. Comentario para matrimonios: Mateo 20, 20-28

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Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 20, 20-28

En aquel tiempo, se acercó a Jesús la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos y se postró para hacerle una petición. Él le preguntó:
«¿Qué deseas?». Ella contestó:
«Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda». Pero Jesús replicó:
«No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber?». Contestaron:
«Podemos». Él les dijo:
«Mi cáliz lo beberéis; pero sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre». Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra los dos hermanos. Y llamándolos, Jesús les dijo:
«Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo. Igual que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos».

Beber Tu cáliz.

Señor, gracias porque hoy nos muestras el camino del verdadero amor. Tú no has venido a ser servido, sino a servir y a dar Tu vida por amor. Ese es también el camino al que llamas a nosotros, los esposos. ¡Cuántas veces buscamos, como la madre de los hijos de Zebedeo, tener razón, ser reconocidos o que se haga nuestra voluntad! Pero Tú nos enseñas que la verdadera grandeza en el matrimonio no está en imponerse, sino en servir, amar y entregarse con humildad. Hoy nos recuerdas que nuestra vocación no es cambiar a nuestro esposo, sino amarlo como Tú lo amas, respondiendo con misericordia y fidelidad, incluso cuando a él le cuesta amar. Porque, cuando dejamos que el orgullo o la falta de caridad entren en nuestro corazón, en lugar de acercarlo a Ti, le ponemos obstáculos para el encuentro Contigo. Enséñanos a beber Tu cáliz en nuestro matrimonio, uniendo nuestra entrega a la Tuya y acogiendo con amor los sacrificios de cada día; a amar cuando cuesta, a perdonar antes que juzgar y a hacer de cada renuncia una ofrenda por nuestro esposo. Así no buscaremos los primeros puestos, sino la alegría de servir. Derrama Tu gracia para que cada palabra, cada gesto y cada renuncia acerquen a nuestro esposo a Ti y hagan de nuestro matrimonio un reflejo de Tu amor.

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Carmen: Jesús, el Evangelio de hoy me ha hecho pensar en nuestra familia. Como la madre de los hijos de Zebedeo, también queremos que nuestros hijos estén un día a la derecha del Padre. Pero ¿los estamos llevando de verdad hacia Él?
Jesús: Carmen, veo que a veces nos preocupa más que tengan buenas notas, aprendan idiomas o triunfen en la vida que cuidar su alma. Les hablamos de Dios, pero el ejemplo que ven en casa no siempre les acerca a Él.
Carmen: Si tienes razón Jesus, vamos a Misa los domingos, pero durante el resto de la semana nos ven discutir, exigir más de lo que escuchamos, perder la paciencia y tratarnos con poca caridad.
Jesús: Y… ellos aprenden más de lo que ven que de lo que les decimos. Si no nos ven pedir perdón, servirnos y amarnos como Cristo, ¿cómo descubrirán ese camino?
Carmen: Jesús… este Evangelio me ha interpelado profundamente. Con lo que nuestros hijos viven cada día en casa, ¿los estamos llevando hacia la derecha del Padre… o, sin darnos cuenta, los estamos alejando de Él?

Madre,

Reina de la Familia, guía nuestro hogar para que, con nuestro ejemplo, acerquemos a nuestro esposo e hijos al Corazón de Jesús. ¡Bendito y Alabado seas por siempre Señor!

Prestar atención. Comentario para matrimonios: Mateo 13, 18-23

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Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 13, 18-23

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Vosotros, pues, oíd lo que significa la parábola del sembrador: si uno escucha la palabra del reino sin entenderla, viene el Maligno y roba lo sembrado en su corazón. Esto significa lo sembrado al borde del camino.
Lo sembrado en terreno pedregoso significa el que escucha la palabra y la acepta enseguida con alegría; pero no tiene raíces, es inconstante, y en cuanto viene una dificultad o persecución por la palabra, enseguida sucumbe.
Lo sembrado entre abrojos significa el que escucha la palabra; pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas ahogan la palabra y se queda estéril. Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende; ese da fruto y produce ciento o sesenta o treinta por uno».

Prestar atención.

El Señor siempre tiene algo que decirnos por medio de Su palabra, hoy, en este momento, en esta circunstancia, a mí en concreto, a cada uno de nosotros.
En este evangelio, nos dice que puedo escuchar la palabra y quedarme con ella en la oración, o no escucharla y no hacer caso, pero lo que el Señor nos pide es que la hagamos vida, que su palabra germine en nuestro corazón y de fruto en nuestra vida, en nuestro matrimonio y familia a través de los actos concretos.
Que vivamos todas las circunstancias como las viviría Él, de modo que sea Él el que vive en mí, de modo que donde está mi orgullo esté su humildad. Donde está mi impaciencia, esté su paciencia. Donde está mi ira, esté su mansedumbre. Donde está mi egoísmo, esté su entrega.
Gracias Señor por tu Palabra, siempre viva.

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Carmen: Qué bien ha explicado hoy el sacerdote el Evangelio. Me ha llegado mucho cuando ha dicho que la Palabra de Dios no sirve de nada si la dejamos en la iglesia y no la llevamos a casa.
Elías: Sí, es verdad. A veces escuchamos cosas preciosas, pero luego seguimos viviendo igual. Tenemos que dejar que el Señor nos cambie de verdad.
Carmen: Ojalá sepamos hacerlo.
Carmen: Elías, ¿puedes venir un momento a ayudarme a subir esta caja? Yo sola no puedo.
Elías: Ahora voy… Espera un poco, que estoy terminando de ver esta jugada, que es clave para el mundial.
Carmen: Elías, han pasado ya unos minutos. ¿Puedes venir ahora? De verdad que me vendría muy bien.
Elías: ¡Qué pesada! ¿No ves que estoy viendo el partido? Ya la subirás luego.
Carmen: Elías, mírame un momento. ¿Te acuerdas de lo que hemos escuchado esta mañana? El sacerdote decía que la Palabra de Dios tiene que notarse en las cosas pequeñas, en cómo servimos al que tenemos al lado. Creo que el Señor nos está poniendo ahora mismo una oportunidad para vivirlo.
Elías: Tienes razón… Acabo de darme cuenta. Hace unas horas estaba diciendo que quería vivir el Evangelio y, a la primera ocasión que he tenido, he pensado sólo en mí. Perdóname.
Carmen: Claro que te perdono.
Elías: Voy ahora mismo. Subimos la caja juntos.
Carmen: Gracias. A veces el Señor no nos pide cosas extraordinarias; sólo que sepamos dejar lo nuestro por amor al otro.
Elías: Es verdad. Qué fácil es salir emocionado de una homilía… y qué difícil es vivirla unas horas después en el salón de casa.
Carmen: Lo importante es que el Señor siempre nos da una nueva oportunidad para convertir la Palabra en obras.
Elías: Pues vamos a aprovechar ésta. Y esta noche, cuando recemos juntos, le damos gracias por habernos corregido con tanto cariño.

Madre,

Ayúdanos a encarnar la Palabra de Dios como tú lo hiciste para que podamos llegar hasta tu hijo. Alabado sea el Señor.

Permanecer en Cristo. Comentario para matrimonios: Juan 15, 1-8

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Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 15, 1-8

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento que no da fruto en mí lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto. Vosotros ya estáis limpios por la palabra que os he hablado; permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada. Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden. Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis, y se realizará. Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos».

Permanecer en Cristo.

Que fácil es caer en la tentación de pensar que nuestro amor depende de nuestras fuerzas, de nuestra buena voluntad o de que el otro responda como esperamos. Pero Jesús hoy nos recuerda: «Sin mí no podéis hacer nada.»
Él es la Vid y nosotros, como esposos, somos dos sarmientos llamados a permanecer unidos a Él. No basta con estar unidos entre nosotros; si dejamos de alimentarnos de la misma savia, que es el amor de Cristo, poco a poco nuestro amor se debilita, se seca y comienza a vivir de esfuerzos humanos, y llegan las exigencias y decepciones.
El Padre, como buen labrador, también poda nuestro matrimonio. A veces esas podas llegan en forma de dificultades, enfermedades, diferencias de carácter, hijos, cansancio. En un primer momento parecen pérdidas, pero si las vivimos unidos a Cristo, se convierten en ocasión de purificar nuestro amor de egoísmos, orgullos y falsas seguridades. Dios no poda para hacernos sufrir, sino para que nuestro amor sea más fecundo. Permanecer en Cristo significa hacer de Él el centro de nuestra vida conyugal: rezar juntos, acudir a los sacramentos, escuchar su Palabra y buscar su voluntad antes que la nuestra. Entonces dejamos de luchar uno contra otro y empezamos a luchar juntos por el matrimonio.
El fruto abundante del que habla Jesús no son solo las obras externas. El primer fruto es un matrimonio donde crecen la paciencia, el perdón, la ternura, la acogida y la entrega. Un matrimonio así evangeliza sin necesidad de muchas palabras, porque hace visible el amor de Dios.

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Mateo: Hoy me ha llamado la atención cuando Jesús dice: «Sin mí no podéis hacer nada.» Me he dado cuenta de que muchas veces quiero que nuestro matrimonio funcione solo con mi esfuerzo.
Rosa: A mí también me pasa. Y cuando dejo de apoyarme en el Señor me vuelvo más impaciente y empiezo a esperar que seas tú quien cambie.
Mateo: Y las dificultades… Antes las veía como un fracaso, pero hoy entiendo que también pueden ser una poda de Dios para enseñarnos a amar mejor.
Rosa: Sí. Si vivimos esos momentos unidos a Cristo, en lugar de alejarnos, nos ayuda a crecer en el amor, a estar más unidos.
Mateo: Entonces, más que pedir que desaparezcan los problemas, deberíamos pedir permanecer unidos a Él.
Rosa: Exacto. Porque si los dos estamos unidos a la Vid, también estaremos más unidos entre nosotros.

Madre,

Guárdanos en tu corazón para que siempre permanezcamos en el de tu Hijo. Bendita seas Madre fiel.

Amarte como María Magdalena. Comentario para matrimonios: Juan 20, 1-2. 11-18

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Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 20, 1-2. 11-18

El primer día de la semana, María la Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro.
Echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al señor y no sabemos dónde lo han puesto».
Estaba María fuera, junto al sepulcro, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús.
Ellos le preguntan: «Mujer, ¿por qué lloras?».
Ella les contesta: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto».
Dicho esto, se vuelve y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús.
Jesús le dice: «Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?».
Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta: «Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré».
Jesús le dice: «¡María!».
Ella se vuelve y le dice: «¡Rabboni!», que significa: «¡Maestro!».
Jesús le dice: «No me retengas, que todavía no he subido al Padre. Pero anda, ve a mis hermanos y diles: “Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro”».
María la Magdalena fue y anunció a los discípulos: «He visto al Señor y ha dicho esto».

Amarte como María Magdalena.

Mi querido Señor, ¡me encantan las 3 Marías del Evangelio: tu Madre, María de Betania y María Magdalena. ¡Qué amor tan grande te tenían! Por favor, Señor, enséñame a quererte como ellas. Sé que si persevero en la oración y en los sacramentos, tratando de vivir cada segundo en tu presencia, me podrás enseñar.
¡Qué ternura la de la Magdalena! ¡Cómo te buscaba, cómo lloraba ante tu ausencia! Pero tanto lloraba que no te reconocía cuando estabas a su lado. Señor, cuántas veces lloro porque en mis problemas no veo nada y me parece que no estás. Y estás siempre a mi lado. Sufriendo más que yo, porque tu Corazón es mucho más delicado. Jesús, que confíe en ti totalmente. Tú lo sabes todo, Tú lo puedes todo. Si permites que pasen las cosas, es porque de ahí vas a sacar un bien mayor si lo abrazo contigo.
Señor, que aproveche cada ocasión para amarte más. Para amarte más donde duele. Y para amarte sobre todo en mi cónyuge. Que sea como Tú para él. Que esté muy pendiente, que corra hacia él. Que mire su corazón. Que le pregunte. Que le consuele. Que le ame. Señor, amando a mi esposo/a te amo a ti.

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Gonzalo: Teresa, en este rato de oración quiero pedirte perdón por haber estado de tan mal humor. Y quiero darte especialmente las gracias por no enfadarte, por acogerme como lo has hecho. Es maravilloso cómo has cambiado, cómo me ayudas en mis malos momentos.
Teresa: Gonzalo, te quiero mucho. Es el amor de Dios quien lo hace, no yo. Antes era incapaz. Me podía mi orgullo, me parecía injusto que reaccionaras así. Ahora lo vivo con Jesús. Me sé tan amada, tan perdonada, que sólo quiero amar como Él. Y esas ocasiones complicadas son perfectas para hacerlo. ¡Así que mil gracias!
Gonzalo: ¡Je, je! ¡Pues voy a gruñir más para darte más oportunidades! ¡Es broma! Por favor, ayúdame a avanzar más en este camino. Quiero amar mucho más al Señor y, así, poder amarte mucho más, que te mereces todo. ¿Cómo lo hago?
Teresa: Pues desde hoy vamos a perseverar más en la oración. Ahí es donde vamos descubriendo el amor de Dios y donde Jesús nos va mostrando lo que nos impide amar como Él: nuestro amor propio. Y vamos a aprovechar el verano para ir todos los días juntos a Misa. Conscientes que llenos de Cristo Eucaristía vamos a poder entregarnos como Él. Y a proponernos ayudarnos para aprovechar cada ocasión complicada como una oportunidad para aprender a amar. ¿Te parece?
Gonzalo: ¡A por ello! ¡Gracias, Señor!

Madre,

Por favor, enséñame a amar a tu Hijo como Tú. Ayúdame a acoger su infinito Amor para amar como Él. ¡Bendito y alabado sea Dios!