Ser oveja. Comentario para matrimonios: Juan 10, 22-30

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Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 10, 22-30

Se celebraba en Jerusalén la fiesta de la Dedicación del templo. Era invierno, y Jesús se paseaba en el templo por el pórtico de Salomón.Los judíos, rodeándolo, le preguntaban: «¿Hasta cuándo nos vas a tener en suspenso? Si tú eres el Mesías, dínoslo francamente».Jesús les respondió: «Os lo he dicho, y no creéis; las obras que yo hago en nombre de mi Padre, esas dan testimonio de mí. Pero vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas. Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano. Lo que mi Padre me ha dado es más que todas las cosas, y nadie puede arrebatar nada de la mano de mi Padre. Yo y el Padre somos uno».

Ser oveja.

A través de este evangelio Jesús deja muy claro a los judíos que Él es el Mesías, y también deja muy claro quiénes son sus ovejas. Hoy reflexiono y me pregunto… ¿Soy oveja del Señor? ¿Escucho su voz y le sigo? Muchas veces podemos acudir a la Eucaristía (incluso diariamente), estar delante del sagrario o en adoración ante el Santísimo; pero no se trata tanto de lo que hagamos, sino de tener esa presencia del Señor en nuestra vida, de ir transformando nuestro corazón para hacernos uno con Él. Para ello, debemos ser fieles y saber esperar Sus tiempos, permanecer y no estar rodeados de ruido y siempre pidiendo y exigiendo lo que nosotros queremos; hemos de ser capaces de poder escucharle en el silencio, a través de nuestro esposo y de las personas y mediaciones que Dios nos pone en nuestro camino a la santidad.

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Antonio: Blanca, ¿recuerdas que te comenté la semana pasada que en la empresa ha quedado un puesto vacante muy importante? Pues lo he estado pensando y creo que este cambio me iría como anillo al dedo… es verdad que tendría que trabajar más horas, pero también me subirían el sueldo. Mira, mañana iré a misa y le pediré al Señor que “mueva Sus hilos” para que me escojan a mí. ¿Qué te parece?Blanca: Antonio, pues la verdad es que es una gran oportunidad, pero quizás sería bueno comentarles que, aunque dediques todo tu esfuerzo en ello, tienes otras prioridades y quizás no puedas cumplir con esos horarios tan exigentes. Justo ayer hablábamos de cómo el Señor nos ha cambiado la vida, Él debe ser nuestra prioridad y también nuestro matrimonio y nuestros hijos, y tú ya pasas mucho tiempo fuera de casa.Antonio: Tienes razón cariño, ¿quién soy yo para exigirle nada a Dios? ¿y quién mejor que Él para saber lo que es mejor para nosotros? Cambiaré mi oración y Le pediré sencillamente, de corazón, que se haga Su voluntad.(Al día siguiente por la tarde)Blanca: ¿Cómo ha ido la entrevista?Antonio: Pues me han dicho que están muy interesados en mí y que se van a replantear el tema de los horarios para que pueda teletrabajar un par de días desde casa y así poder compaginarlo todo. ¡Qué grande es el Señor! ¡Muchísimas gracias Blanca por acercarme a Su corazón y no querer imponerle mi voluntad!

Madre,

Ayúdanos a saber escuchar la voz del Señor y seguirle. ¡Sea por siempre bendito y alabado!

¿Abrimos o saltamos? Comentario para matrimonios: san Juan 10, 1-10

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Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 10, 1-10

En aquel tiempo, dijo Jesús:

«En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ese es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A este le abre el guarda y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz: a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños».
Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús:
«En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon.
Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos.
El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estragos; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante».

¿Abrimos o saltamos?

Jesús habla de la puerta, de la voz que se reconoce y de quien guía con confianza. En el matrimonio, la “puerta” simboliza la forma en que los esposos acceden el uno al otro: no desde la imposición, la manipulación o el orgullo (entrar “saltando por otra parte”), sino desde la verdad, la transparencia, el respeto y la entrega sincera.
La imagen del pastor que llama a cada oveja por su nombre nos recuerda que en la vida conyugal, no basta con convivir, hay que compartir una intimidad  y para ello hay que conocer su corazón, ayudarle en sus heridas , conocer sus alegrías… y dirigirse a él o a ella con cariño, escucha y paciencia. Esta forma de sentirse acogido por el otro esposo, hace que el otro se sienta amado aún en su debilidad y confía.
Es fundamental para ello, lo que hoy dice el Evangelio sobre no seguir voces extrañas ( comparaciones, expectativas irreales, egoísmos, influencias externas que enfrían el amor….). Un matrimonio que quiere construir debe aprender a discernir cómo es Dios, a seguirLe en lo que Él les pida, y a elegir Amar a su esposo con un amor sin límite. Ese amor verdadero no asfixia ni empobrece, sino que da vida, ensancha el corazón y hace crecer a los esposos.
Preguntémonos hoy, ¿Nuestra forma de amar a nuestro cónyuge, abre puertas o las cierra obligando al otro a «saltar»de nuestro lado para sobrevivir?

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Iris: Alejandro… A veces siento que hablamos, pero no nos escuchamos de verdad, no escuchamos el  corazón del otro, es como si nos uniera una relación superficial yendo por caminos raros.
Alejandro: ¿Caminos raros?
Iris: Sí… Entramos sólo en la forma de gestionar la casa, las niñas y los planes que nos van surgiendo, pero lo hacemos con prisas, con suposiciones, con juicios, a la defensiva. No entramos en lo importante, no vamos “por la puerta”, sino que entramos por la ventana o incluso por el tejado, como los ladrones de los que habla hoy el Evangelio.  Por encima de lo importante, ponemos  el automático y hay días que pienso que ni te conozco y me caes fatal…
Alejandro: Vaya…. Ahora que lo dices, es cierto, no nos dedicamos tiempo de calidad como sí lo hacíamos al principio. Estamos sobreviviendo a esta situación de las niñas y como nos descuidemos, efectivamente no nos conoceremos ni creceremos juntos…
Iris: Eso es. Y yo pienso que toda la culpa la tienes tú, sin pensar en la mía, y no pienso que tú también necesitas que te escuche, que te dedique un espacio del día, que te mire con cariño, que ame tus debilidades, tus tiempos, y que en definitiva, me alimente más del Amor De Dios, para entrar por esa “puerta”que me llevará al cielo.
Alejandro: Yo también quiero entrar por esa puerta, pero no tengo la Fe que tienes tú.
Iris: Pues vamos a pedirle los dos al Señor que te la aumente, que Él está deseando dártela.
Alejandro: Muchas gracias cariño, ya voy entendiendo esto que nos dicen que eres mi puerta del cielo… Con la ayuda del Señor, Él conseguirá que yo sea también tu puerta del cielo.
Iris: Si te parece, en lugar de hacer oración sólo cuando no estamos cansados y nos va bien, vamos a empezar con constancia a dedicar al menos 10 minutos todos los días, para conocer juntos más al Señor, y así poco a poco creceremos en unión con Él y entre nosotros.
Alejandro: Pues sí, el roce hace el cariño, vamos a empezar ahora mismo.

Madre,

Enséñanos a entrar en el corazón del otro con respeto y verdad, sin forzar, sin herir, siempre por la puerta del amor. Alabados sean por siempre Jesús y María.

Voz que abrasa. Comentario para matrimonios: Juan 10, 1-10

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Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según San Juan 10, 1-10

En aquel tiempo, dijo Jesús:
«En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ese es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A este le abre el guarda y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz; a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños».
Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús:
«En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon.
Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos.
El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estragos; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante».

Voz que abrasa.

Dios mío y Señor mío: duele reconocer que, por mi pecado, puedo ser el ladrón en la vida de mi esposo/a, que roba, mata y hace estragos. Perdóname por «alimentarlo/a» con lo que no sacia: mi orgullo, mis ideas, mis expectativas, mis inseguridades… Enséñame a vivir el silencio en mi corazón para reconocer Tu voz y a rezar para purificar ese corazón con Tu Sangre. Pastoréame, Jesús mío. Solo así atraeré a mi esposo/a y saldremos juntos «por Ti», la puerta del cielo. Amor de los amores, que robas y enamoras: ¿quién puede resistirse a Tu voz abrasadora?

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Juan vuelve tarde de noche, una vez más. Apenas saluda. Se sienta en el sofá y evita la conversación.
Un poco antes, en la mañana, rezando, algo había conmovido el corazón de María, su esposa. En el silencio de la oración escuchó una voz: no la de la herida, sino la de Cristo: «Juan necesita de Mi amor. ¿Qué vas a darle de beber?».
Ahí estaba Juan, sentado en el sofá. María siente el impulso de atacar… pero «la Voz» resuena en su corazón: «¿Qué vas a darle de beber?».
María se acerca y le dice:
—Te noto muy cargado estos días. ¿Estás bien?
Juan responde seco:
—Sí, todo bien. Solo estoy cansado.
Antes, María habría insistido con tono acusador. Hoy no. María se sienta a su lado en silencio y, al cabo de unos minutos, apoya su cabeza en el hombro de Juan.
Ese gesto rompe algo.
Juan suspira… y, sin mirarla, dice:
—La verdad… estoy bastante agobiado. En el trabajo me está yendo mal… y siento que no llego a todo.
María podría aprovechar para pasar factura, pero oye… «¿Qué vas a darle de beber?».
María dice:
—Tiene que ser muy duro cargar con eso… no estás solo, cariño.
Juan, rompiendo a llorar, se abraza a María diciendo:
—Gracias cielo.

Madre,

Enséñanos a escuchar la voz de tu Hijo. Sea por siempre bendito y alabado, que con Su Sangre nos redimió.

Esposos misioneros. Comentario para matrimonios: Mc 16,15-20

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Evangelio del día

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 16, 15-20

En aquel tiempo, se apareció Jesús a los once y les dijo: «ld al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y sea bautizado se salvará; el que no crea será condenado. A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos».
Después de hablarles, el Señor Jesús fue llevado al cielo y se sentó a la derecha de Dios. Ellos se fueron a predicar el Evangelio por todas partes, y el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban.

Esposos misioneros.

La última vez que el Señor se aparece a sus discípulos antes de subir al cielo les dice «ld al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y sea bautizado se salvará; el que no crea será condenado». Jesús promete la salvación a los que crean y se bauticen. No se trata de una fe intelectual, sino activa y misionera, que exige renunciar a los criterios del mundo y a la vida de pecado para acoger los criterios del Reino de los Cielos y la vida de gracia. Bautizarse es conversión, es abandonar el hombre viejo y renacer a una nueva vida en el Espíritu, como hijos de Dios. Y nos dice que a los que crean les acompañarán signos como echar demonios, hablar lenguas nuevas y sanar enfermos. Esposos, estamos llamados a vivir como nuevas criaturas renaciendo juntos en nuestro matrimonio. Y hoy vemos como Cristo resucitado nos manda proclamar al mundo entero la buena nueva. Es su último mandato antes de su ascensión. El mismo Jesús nos dejó dicho: “Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando” (Jn 15,14). ¡No podemos quedarnos callados! Proclamemos en el mundo entero la alegría de la buena nueva del matrimonio, anunciándolo con nuestro testimonio, con nuestra vida… acogiendo a nuestro esposo como un don, mirándole con misericordia en los momentos difíciles, sin exigencias, ni reproches, escuchándole con paciencia, entregándole todos esos gestos de ternura y cariño, esas palabras amables que tanto bien hacen, pidiéndole perdón… Seamos esposos misioneros en nuestra familia, y también con nuestros amigos, conocidos, en el trabajo… en todas nuestras realidades cotidianas, que ese es nuestro mundo y esa nuestra misión. Jesús nos promete la salvación eterna. ¿Qué más podemos desear?

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Marta: Creo que deberíamos hacer algo más, Vicente.
Vicente: ¿A qué te refieres?
Marta: A que desde que hicimos el retiro de Proyecto, y vimos a qué estamos llamados, apenas hemos hecho nada. Casi no hemos cambiado.
Vicente: ¡Estamos yendo a las reuniones del grupo de matrimonios de la parroquia! Y muchos días hacemos oración conyugal. Y hemos ido a algunas adoraciones…
Marta: Sí, pero se me hace poco. Al hacer oración hoy, veo que Jesús nos pide algo más. Dice que a los que crean les acompañarán signos, como echar demonios, curar enfermos… veo que el que cree tiene que ponerlo en acción, si no, no cree realmente. Nos pide que proclamemos el Evangelio
Vicente (burlón): Ya, y dice que hablarán nuevas lenguas. Nosotros no hablamos idiomas nuevos ¿será que no creemos?
Marta: El lenguaje del mundo no es el lenguaje del amor y de las cosas del Espíritu. Este puede ser el nuevo lenguaje.
Vicente: Perdona, Marta, que acabo de ridiculizar lo que decías, y al final el ridículo lo he hecho yo. Me doy cuenta que tienes razón, y que solo mi pereza me hace buscar excusas.
Marta: ¿Lo ves? Ya empiezas a hablar un lenguaje nuevo.
Vicente: Es verdad, es una nueva forma de hablar. Y tienes razón, hemos descubierto la grandeza de nuestro matrimonio, no debemos tener miedo a ser testigos de lo que Dios hace en nosotros.

Madre,

enséñanos a ser ejemplos vivos del amor divino, haciendo siempre la voluntad del Padre, anunciando la Palabra del Hijo sin tener miedo al mundo y a las posibles consecuencias, sino abandonándonos a Su providencia, como hiciste siempre Tú. ¡Bendita y gloriosa seas, Madre! ¡Alabado sea por siempre el Señor!

Jesús se queda. Comentario para matrimonios: Juan 6, 52-59

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Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 6, 52-59

En aquel tiempo, disputaban los judíos entre sí: «¿Cómo puede este darnos a comer su carne?». Entonces Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. Como el Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre, así, del mismo modo, el que me come vivirá por mí. Este es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre». Esto lo dijo Jesús en la sinagoga, cuando enseñaba en Cafarnaún.

Jesús se queda con nosotros.

En la Eucaristía Jesús está realmente presente, Su Cuerpo, Su Sangre, Su Alma y Su Divinidad. Es el mismo Jesús que nació en Belén, que predicó en Galilea, que padeció, murió y resucitó en Jerusalén. Pan Vivo bajado del Cielo que me espera, que nos espera para saciar Su Sed de Amor. ¿Qué me impide estar con Él? Está claro que mi esposo, mis hijos, mis padres y el trabajo son deberes de estado que no puedo descuidar. Pero ¿Y el resto del tiempo? Mis aficiones, mis series, mi descanso, mi, mi… ¿Dónde queda el Señor que ha dado su vida por mí? Siendo conscientes de ello ¡Esposos! acudamos más a menudo a la Eucaristía, a la Adoración, a rezar ante el Sagrario, nos jugamos la Vida Eterna.

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Marta: Hola Carlos ¿qué tal el día?
Carlos: Hola cariño, pues agotado. He tenido reunión tras reunión y no me ha dado tiempo casi ni a comer.
Marta: Uf! Vaya tela. Yo hoy he acabado antes y he podido estar con los niños ayudándoles con la tarea. Hace un ratito que mi madre los ha recogido y se los ha llevado al parque a dar un paseo.
Carlos: ¡Ay! Pues podemos aprovechar este ratito para ir a la Eucaristía, esta mañana no me ha dado tiempo porque me ha pillado un atasco tremendo.
Marta: ¿A Misa? Pero Carlos, si no es Domingo. Ya sabes que me parece estupendo que vayas todos los días que puedas, pero hoy te estaba esperando para irnos de compras. Hace mucho que no vamos juntos, y sabes que me encanta.
Carlos: ¿Te parece bien que intentemos hacer las dos cosas? Vamos a Misa a la parroquia, que está cerquita, y al acabar nos llegamos al centro comercial que está al lado.
Marta: Bueno, vale, pero luego no vayamos con prisa ¿de acuerdo?
Carlos: Me parece bien, estaré ahí contigo todo el rato que necesites.
(Después de la Misa)
Marta: Cariño, vámonos al parque a dar un paseito con los niños, ahora mismo tengo el corazón llenito del Señor y solo quiero estar con vosotros.
Carlos: Gracias, Señor, gracias Marta. No hay un plan mejor.

Madre,

Ayúdanos a que seamos cada vez más conscientes de que Tu Hijo nos espera en la Eucaristía. Es el mismo Niño Jesús que Tú acunaste en tus brazos y que acostaste en el pesebre, ofreciéndolo como alimento para nuestra alma. ¡Gracias bendita Madre!