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Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según san Juan 14, 1-6
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí. en la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no, os lo habría dicho, porque me voy a prepararos un lugar. Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino». Tomas le dice:
«Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?».
Jesús le responde:
«Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí».
Desde la eternidad.
Jesús confronta nuestro desasosiego del corazón con la promesa de la vida eterna. Y es que, ¡qué pequeños veremos desde la eternidad esos problemas que hoy tanto nos abruman!
Puede que mi esposo sea un maniático del orden o que tenga que renunciar a mis planes del fin de semana porque mi esposa tiene que cuidar de mi suegra… ¡Cuántas cosas pequeñas nos quitan la paz y nos hacen sufrir! Y muchas veces es porque tenemos las miras demasiado cortas, porque nos quedamos atrapados en nuestras expectativas y olvidamos levantar la mirada hacia la promesa que Jesús nos ha hecho: una morada en la casa del Padre.
Pero ¿cómo llegar hasta allí? Nos jugamos la eternidad en las pequeñas y grandes decisiones de cada día, especialmente en nuestra manera de amar. Y, menos mal, Jesús nos lo dice con toda claridad: «Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí».
¡Qué maravilla descubrir que no tenemos que buscar ese camino lejos de nuestra vida cotidiana! En el Corazón de Jesús, cada renuncia, cada gesto de paciencia, cada ocasión de perdonar y cada pequeño sacrificio por nuestro esposo pueden convertirse en un paso hacia el cielo.
Porque la vida eterna no empieza después de esta vida, sino que comenzamos a saborearla aquí, cuando dejamos que Jesús transforme nuestro corazón y nuestra manera de amar.
Y así, de la mano de nuestro esposo, y muchas veces precisamente gracias a él, vamos entrando en la vida sobrenatural en medio de lo cotidiano. ¡Nuestro matrimonio se convierte en camino hacia el cielo!
Aterrizado a la vida Matrimonial:
Laura: Pedro, se ha ido otra cuidadora de mis padres y este fin de semana me toca otra vez quedarme en su casa.
Pedro: ¡Vaya! Con las ganas que tenías de llevar al perro al campo y disfrutar del otoño…
Laura: A mí me da pena por ti. Toda la semana tan liado y ahora otro fin de semana sin poder hacer planes. Y encima, ¡ni te quejas! ¡Qué bueno eres!
Pedro: ¡Ojalá fuera bueno! Claro que me sale quejarme y rebelarme, pero es Jesús quien me calma y me ayuda a cambiar la mirada. Además, como dice nuestro párroco, ¡un metro más en la parcelita del cielo! Aunque, pensándolo bien, cada vez vamos acercando un poquito más ese cielo a la tierra.
Laura: ¡Es verdad! Qué hermoso es este camino en el que, incluso en las contrariedades, vamos descubriendo oportunidades para amar. ¡Y qué regalo poder recorrerlo juntos hacia el cielo!
Madre,
Ayúdanos a mirar cada acontecimiento de nuestro día con los ojos puestos en Jesús, que es el Camino, y a descubrir en las pequeñas renuncias de nuestro matrimonio una oportunidad para amar y acercarnos al cielo.¡Alabado sea Dios!









