Creer y vivir. Comentario para matrimonios: Juan 6, 44-51

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Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 6, 44-51

En aquel tiempo, dijo Jesús al gentío: «Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me ha enviado, y yo lo resucitaré en el último día. Está escrito en los profetas: “Serán todos discípulos de Dios”. Todo el que escucha al Padre y aprende, viene a mí. No es que alguien haya visto al Padre, a no ser el que está junto a Dios: ese ha visto al Padre. En verdad, en verdad os digo: el que cree tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron; este es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo».

Creer y vivir.

Que fácil nos lo pone el Señor y como nos complicamos, hoy nos vuelve a decir:
el que cree tiene vida eterna. Solo hay que creer, es así de fácil, creer no es entender, creer es aceptar, aceptar sin dudar, sin pedir explicaciones, el Señor nos dice “fíate de Mí”. Y además para que no se nos olvide, Cristo se quiso quedar con nosotros en la santa Eucaristía, ha bajado del cielo y se ha quedado aquí presente, para que podamos tener un anticipo de la vida eterna en cualquier momento. Se entregó en la cruz del todo y se quedó con nosotros para tenerle más cerca. También en el matrimonio Cristo se hace presente en los esposos en cada acto de entrega y acogida

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Marta: Date prisa Jorge, como siempre vamos a llegar tarde a la Eucaristía, ¿puedes dejar eso para luego?
Jorge: Voy todo lo rápido que puedo, tenía que mandar ese mail con urgencia.
Marta: Siempre hay alguna excusa, lo urgente de verdad es no llegar tarde a la cita más importante de cada día.
Jorge: Tu lo has dicho, vamos todos los días a Misa, es un regalo del Señor.
Marta: Así es, pero a veces parece que para ti hay cosas más importantes.
Jorge: Ya estamos con las indirectas, ves al final hemos llegado a tiempo, no era para tanto.
Al salir ese día de la Eucaristía llevan un tiempo acudiendo todos los días y juntos.
Marta: Perdóname Jorge, te he metido mucha presión mirando mis propias prioridades, sin tener en cuenta todo lo que haces.
Jorge: No hay nada que perdonar, yo tampoco he sabido estar a la altura y he dejado para el final algo que podría haber acabado hace mucho y me he excusado sin dar prioridad a lo más importante del día.
Marta: Es una pasada como nos transforma la Eucaristía y recibir al Señor todos los días. Gracias por haber insistido tanto y haberme hecho ver lo importante que es.
Jorge: No es para tanto, ha sido el Señor el que me ha empujado a todo. Hace tiempo me hizo ver lo importante que es la Eucaristía y la oportunidad tan grande que es poder ir todos los días. Pero me faltaba algo, que eras tú, así que empecé a insistir.
Marta: Ya ves cómo he llegado a Misa, cargada de tentaciones y salgo cargada de gracia, más enamorada de ti si cabe. Te quiero.
Jorge: Es lo más grande que me ha dado el Señor, quedarse presente en la Eucaristía y poder vivirla a diario contigo. Nos está uniendo mucho. Te quiero también un montón.

Madre:

Estás presente en cada Eucaristía junto a tu Hijo, ayúdanos a vivir con eternidad ese momento tan especial. Bendito y alabado sea Dios.

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Hambrientos y sedientos. Comentario para matrimonios: Juan 6, 35-40

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Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 6, 35-40

En aquel tiempo, dijo Jesús al gentío:
«Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás; pero, como os he dicho, me habéis visto y no creéis. Todo lo que me da el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echaré afuera, porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado. Esta es la voluntad del que me ha enviado: que no pierda nada de lo que me dio, sino que lo resucite en el último día. Esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que ve al Hijo y cree en él tenga vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día».

Hambrientos y sedientos.

Todos tenemos en nuestro corazón un deseo de eternidad, un anhelo de justicia, de belleza, de amor, de paz… El hombre busca la felicidad y la trascendencia porque ha sido creado para la vida, para vivir eternamente. Tenemos una sed de plenitud que nada de este mundo puede saciar. Intentamos llenar ese vacío en muchas cosas, incluso en las personas que más queremos, pero todo se queda corto. Y hoy Jesús nos revela dónde se sacian de verdad nuestros anhelos “El que viene a mí no tendrá hambre y el que cree en mí no tendrá sed jamás”. La pregunta es: ¿voy a Él? ¿creo en Él? ¿o vivo apoyado en mis seguridades, trabajo, salud, dinero, fama…?
Y es en esa búsqueda cuando Jesús se ofrece como alimento para el corazón: “Yo soy el pan de Vida” No viene a darnos algo, viene a darse Él mismo. Por eso hoy en la oración me pregunto ¿realmente tengo hambre de Dios o vivo como si me bastara a mí mismo? ¿Me reconozco necesitado de su gracia, mendigo de su misericordia, de su amor, de su presencia en la Eucaristía…?
Señor, dame hambre y sed de ti, que te busque, que te encuentre y entonces…que solo viva para amarte a ti y a los que me has dado.

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Laura: (mirando el móvil) He vuelto a comprarme una cosita por internet…y mientras lo compraba pensaba: “no lo necesito”
Álvaro: ¿y entonces?
Laura: no lo sé… es como si por un momento eso me calmara, pero esa sensación no dura nada…
(Álvaro guarda silencio)
Laura: Y luego me siento igual…o peor. Vacía. Como si estuviera intentando llenar algo que no sé ni qué es. Pero hoy, mientras compraba, me he dado cuenta de algo.
Álvaro: ¿de qué?
Laura: que no estoy buscando cosas, estoy buscando sentirme segura, tranquila, llena. Y comprar es como una anestesia rápida…. Me doy cuenta que me falta algo…o mejor dicho, me falta Alguien.
Álvaro: ¡qué bueno caer en la cuenta Laura! Es un primer paso para ponernos en camino…el Señor nos espera siempre y nunca nos va a rechazar así que… ¿te parece que retomemos nuestra oración conyugal?
Laura: si, ¡vamos juntos a Él! Señor estoy llena de cosas, pero vacía de Ti. Dame hambre y sed de Ti porque solo Tú puedes saciarme.

Madre,

Es reconfortante saber que el Padre no quiere perder a ninguno y desde nuestro corazón nos unimos a ese deseo. ¡Ayúdanos a llegar al cielo! ¡Bendita seas Madre!