Escucharte siempre. Comentario para matrimonios: Mateo 5, 17-19

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Evangelio del día

 

Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 17-19

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No creáis que he venido a abolir la Ley y los Profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud. En verdad os digo que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley. El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos. Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos».

Escucharte siempre.

Mi querido Jesús, ¡cuántas gracias te damos por haberte hecho hombre y hablarnos tan claro!
Nos dices que “el que se salte uno de los preceptos menos importantes…”. Cuántas veces nos has dicho que para entrar en tu Reino debemos escuchar tu Palabra y ponerla en práctica, cumplir tus mandamientos. ¿Para qué nos das los mandamientos? Para que tengamos claro cómo hacer vuestra Voluntad, y no la nuestra. Porque mi voluntad, mi criterio, está distorsionado por mi amor propio. Aunque no sea consciente.
Por eso nos pides que sólo busquemos tu Voluntad. Escucharte continuamente para hacer sólo lo que Tú harías, como Tú lo harías.
Me puedo engañar con mil excusas. Puedo no querer pararme a escucharte. O puedo pararme ante Ti pero escucharme sólo a mí. Mala solución. Me haré daño y haré daño a los demás.
Señor, por favor, que te escuche en cada ocasión. Que ponga ante tu Luz todas mis acciones. Que esas ocasiones que me duelen las ponga con sinceridad ante ti, escuchándote. Para que me enseñes que ahí, claramente, debo vencer a mi amor propio, hacer tu Voluntad y amar, sólo amar. Amar aunque duela, amar donde me duele.
Muchas gracias, Señor.

Aterrizado a la vida Matrimonial:

María: ¡No entiendo que seas tan cabezota! Siempre se tiene que hacer lo que tú dices. ¡Ya está bien! ¡No ves que no puedo más!
Alberto: María, eres injusta. ¿No te das cuenta de lo que me estoy esforzando por hacer lo que tú quieres?
María: Sí, ya. ¡Pues no se nota nada!
Alberto: Perdóname, María. Sólo quiero ayudarte. Te quiero mucho.
Esa tarde, tras hacer María su oración.
María: Alberto, perdóname. He estado muy ciega. Llevo días centrada en lo que yo hago, en todos mis problemas. Y cuando iba a hacer oración seguía centrada en mis cosas, diciéndole al Señor todo lo que me pasaba, pero sin escucharle. Así cada día estaba sufriendo más. Esta tarde, ante el Señor, llorando, le he dicho que dónde estaba. Y me he callado. Y entonces he podido escucharle. Me he dado cuenta que el Señor estaba pero que yo no le escuchaba porque sólo estaba centrada en mí. He visto que el Señor me quiere hablar a través de ti. Quiere que vea tu esfuerzo por agradarme, tus silencios llenos de amor cuando yo me enfado, todas esas ocasiones que cedes y yo ni lo veo. Muchas gracias, Alberto. Por favor, ayúdame a conocer más a Jesús. ¡Te quiero tanto!
Alberto: María, te quiero muchísimo. Vamos de la mano a ser santos, ¿vale?

Madre,

Por favor, enséñame a escuchar siempre a tu Hijo. A huir de mi voluntad y hacer sólo la Suya. ¡Bendito y alabado sea Dios!

Ser luz. Comentario para matrimonios: Mateo 5, 13-16

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Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 13-16

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán?
No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente. Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte.
Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa.
Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos».

Ser luz.

Hoy en día vivimos en un mundo lleno de contradicciones, donde todos queremos mostrar la belleza humana, pero nos avergüenza mostrar la belleza interior. No nos importa desnudar nuestro cuerpo, pero sin embargo somos incapaces de revelar una pequeña parte de nuestra alma.
Estas palabras de Jesús nos invitan a todo lo contrario, a dar gloria a Dios haciendo visible Su Amor a través de nuestros pequeños gestos o acciones de la vida ordinaria, siendo luz… y ¿qué mejor forma de ser luz que mostrar la belleza y la grandeza de nuestro matrimonio? No es necesario hacer nada extraordinario, solo con nuestro pequeño testimonio diario y pequeñas muestras de cariño: caminar juntos de la mano por la calle, una mirada de cariño, un abrazo, un beso… hablar de “matrimonio” cuando hay sacramento y no de “pareja”; todos esos pequeños actos dan gloria a Dios porque van llenando de luz este mundo.

Aterrizado a la vida Matrimonial:

(Antonio, haciendo la compra en la frutería).
Antonio: ¡Muy buenos días! ¿Serías tan amable de ponerme ¼ de kilo de fresones? ¡Pero ponme los más buenos y los más bonitos!
Frutera: Por supuesto, justo esta mañana he recibido una remesa que tiene una pinta impresionante. ¿Son para comer hoy?
Antonio: Sí, tengo que preparar un postre para mi mujer, así que deben ser lo mejor de lo mejor. Es que a María Lourdes le encantan los fresones y quiero darle una sorpresa.
Frutera: Qué gusto ver que un marido se preocupe tanto por su esposa, hoy en día no es muy normal.
Antonio: Eso intento… ¡Mi mujer es un regalo del Señor, lo más grande que tengo, por este motivo la cuido tanto!
Frutera: Pues me has hecho pensar, y tienes toda la razón. Esta noche también le prepararé algo especial a mi marido para cenar, hace mucho tiempo que no tengo ningún detalle con él.

Madre,

Que podamos ser un testimonio de luz en este mundo de tinieblas.
¡Gloria al Señor!

Lógica de Dios. Comentario para matrimonios: Mateo 5, 1-12

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Evangelio del día.

Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 1-12

En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo:
«Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.
Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra.
Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados.
Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.
Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.
Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.
Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo, que de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros».

La lógica de Dios.

A través de las bienaventuranzas, vemos qué diferente es la lógica humana a la lógica de Dios. Jesús nos presenta una serie de actitudes que nos enseñan a amar de verdad haciéndonos felices aquí en la tierra y muy bienaventurados, en el cielo. En la vida de un matrimonio, estas palabras adquieren una profundidad muy concreta.
Nos invita a ser «pobres en el espíritu”: a vivir desde la humildad y no desde la autosuficiencia, reconociendo que nos necesitamos mutuamente y que ambos, necesitamos de Dios.
Nos enseña que seremos consolados, si en el matrimonio, vivimos las heridas, decepciones, enfermedades, preocupaciones, cansancios, con Amor y por Amor.
Nos llama también a la mansedumbre, que se vive cuando amo y renuncio a imponerme, cuando busco la comunión antes que ganar una discusión.
Nos indica que seremos saciados de Amor, si tenemos hambre de amar más
y mejor a nuestro esposo/a, buscando amarle como Dios le ama. Nos habla de la necesidad de ser «misericordiosos”: perdonando una y otra vez, del mismo modo que Dios nos perdona.
Nos llama a ser «limpios de corazón” y eso ocurre cuando miramos al esposo con amor verdadero, sin manipulación, sin dobles intenciones, sin guardar resentimientos, valorando cada día, el don que Dios me ha confiado.
Nos indica cual es el camino a seguir como Hijos de Dios: “trabajar por la paz”, la paz del hogar y la paz familiar que se construye con cada gesto de reconciliación, cada palabra amable y cada acto de servicio silencioso.
Además nos advierte, que seremos «perseguidos por causa de la justicia”, cuando buscamos vivir la Verdad sin los engaños del mundo: siendo fieles a la indisolubilidad del matrimonio, pese a lo que nos diga nuestro alrededor, abiertos a la vida, defensores de la doctrina de la Iglesia.
Las Bienaventuranzas nos muestran el camino del Amor. Aprovechemos el viaje del Papa a España para plantearnos de forma profunda esta lógica de Dios.

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Teresa: Joaquín, las Bienaventuranzas me hacen pensar que la felicidad de nuestro matrimonio no llegará cuando no tengamos problemas o dificultades, sino que está ya en nuestras manos, si los vivimos apoyándonos mutuamente en ese descubrir y amar la Voluntad de Dios.
Joaquín: Tienes razón, a veces me entran ganas de huir de todo esto que nos está suponiendo ser perseguidos por defender la verdad del matrimonio y la familia, pero menos mal que el Señor ha sembrado en nuestro corazón ese hambre y sed de defender la justicia divina y hoy rezándolo, he visto que El nos necesita y El nos cuidará y dispondrá lo mejor para nosotros.
Teresa: Totalmente, vivámoslo pues con mucha paz y mansedumbre.
Joaquin: Y con una buena cenita que hablando de hambre, me he acordado de que hoy no has comido y tu cuerpo, está pidiendo justicia….
Teresa: Jajaja

Madre,

Enséñanos a vivir las Bienaventuranzas en nuestro matrimonio y danos un corazón humilde para reconocer que necesitamos a Dios. Bendito sea Dios.

Comida basura. Comentario para matrimonios: Juan 6, 51-58

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Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 6, 51-58

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos:
«Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo».
Disputaban los judíos entre sí:
«Cómo puede este darnos a comer su carne?».
Entonces Jesús les dijo:
«En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.
Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. Como el Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre, así, del mismo modo, el que me come vivirá por mí.
Este es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre».

Comida basura.

¿De qué dios me alimento? trabajo, dinero, imagen, redes sociales, … de mi esposo/a al intentar controlarlo/a y exigirle reconocimiento, …. vivimos de grandes banquetes para acallar una voz, mitigar un dolor, enterrar un miedo … y luego, movidos por el remordimiento, afrontar el “gran ayuno”. Y vuelta a empezar.
Te propongo algo diferente: la dieta de Cristo. Aliméntate de Él empezando en lo pequeño, dejándole espacio para que te vaya nutriendo: el fin de semana, tres capítulos de tu serie favorita en vez de cuatro. Cada día, un detalle de entrega a tu esposo/a sin esperar recompensa. Ayuna de tener razón, del sarcasmo, del chismorreo, …. No se trata de hacer grandes ayunos, se trata de alimentarse mejor: de lo bueno, de lo verdadero y de lo bello. El resto, poco a poco, lo estimarás basura.

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Juan, veía su vida con una rutina angustiosa. Cada día tras el trabajo, siempre lo mismo: cena rápida, un par de capítulos, móvil en la cama y dormir. María, su mujer, solía decirle que lo notaba lejos, pero a él aquello le sonaba exagerado. “Estoy aquí, ¿no?”, pensaba.
Estaba a punto de poner otro capítulo y se quedó mirando el mando unos segundos. Esa última catequesis de San Juan Pablo II sobre el Amor divino entre los esposos del último encuentro de matrimonios de Proyecto Amor Conyugal, le había removido.
Estaba cansado de verdad. De sentirse siempre saturado y vacío al mismo tiempo. Y no veía a Dios en ningún lado. Así que apagó la televisión. Y en silencio rezó de corazón. No justificándose ni exigiendo a Dios, sino mostrándole su desorden para que Él tomara la iniciativa. Al principio el silencio le incomodó muchísimo.
No dijo nada aquella noche. Pero al día siguiente volvió a apagar la televisión un poco antes. Otro día dejó el móvil fuera de la habitación. Otro, decidió escuchar a María sin defenderse inmediatamente.
Eran cosas pequeñas. Casi ridículas.
Pero en ese espacio surgió una paz distinta. No porque los problemas desaparecieran, sino porque ya no necesitaba llenarlo todo de ruido para no escuchar su propio corazón. Y desde ahí empezó también a mirar distinto a María: menos como alguien que le exigía y más como alguien que compartía con él la misma pobreza.
Sin darse cuenta, Cristo había empezado a entrar por el hueco que dejó. En el silencio, a través de la oración, que fructificaba en pequeños detalles que empapaban su vida de sentido y de eternidad.

Madre,

Aliméntanos de tu Hijo. Sea por siempre bendito y alabado, que con Su Sangre nos redimió.

¿Cantidad o calidad? Comentario para matrimonios: Marcos 12,38-44

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Evangelio del día

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 12, 38-44

En aquel tiempo, Jesús, instruyendo al gentío, les decía:
«¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en las plazas, buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes, y devoran los bienes de las viudas y aparentan hacer largas oraciones. Esos recibirán una condenación más rigurosa».
Estando Jesús sentado enfrente del tesoro del templo, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban mucho; se acercó una viuda pobre y echó dos monedillas, es decir, un cuadrante. Llamando a sus discípulos, les dijo: «En verdad os digo que esta viuda pobre ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero esta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir»..

¿Cantidad o calidad?

En este Evangelio, Jesús contrapone dos actitudes del corazón: la apariencia de los escribas, que buscan reconocimiento, prestigio y valoración externa, y la entrega silenciosa de la viuda pobre, pero que entrega todo lo que tiene. De esta forma, nos invita a revisar cómo vivimos nuestro amor y nuestra entrega. Porque también nosotros podemos caer en la tentación de hacer las cosas esperando que nuestro cónyuge, la familia o los demás reconozcan nuestros esfuerzos, cuando lo verdaderamente importante no es lo que parece a los ojos humanos, sino el amor que ponemos, la intención del corazón.
En la vida matrimonial, esto se traduce en darse al cónyuge no solo cuando resulta fácil o cómodo, sino especialmente en lo pequeño de cada día. El Señor no nos pide grandes heroicidades ni demostraciones extraordinarias de amor, sino una entrega total del corazón. La verdadera comunión se construye por la disposición a darse completamente al otro cada día. A veces lo que ofrecemos parece poco: tiempo, escuchar con paciencia, perdonar, servir, renunciar a nuestra razón, buscar el bien del otro… Pero cuando nace de un corazón que se entrega sin reservas, tiene un valor infinito ante Dios. El amor conyugal crece cuando cada esposo decide darse por entero, confiando en que Dios sostiene y multiplica esa entrega. Solo con una entrega total a nuestro esposo seremos verdaderamente felices.

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Jenny: Al rezar este Evangelio me ha tocado mucho. Veo que Jesús no mira la cantidad que da la viuda, sino el amor y la confianza con que entrega las monedillas.
Mario: Pues a mí me hace pensar en nuestro matrimonio. Me pregunto si en realidad doy sólo lo que me resulta cómodo. Porque a veces me preocupo por hacer cosas grandes, pero olvido entregarte mi tiempo, mi escucha y mi corazón.
Jenny: Es verdad, Mario. A veces se nos olvida que el matrimonio consiste en una entrega total. Y mirando mi día a día, descubro que a veces entrego tiempo, cariño o servicio sólo cuando me sobra energía.
Mario: La viuda da todo lo que tenía para vivir. ¡Lo da todo, Jenny! Yo siento que el Señor me pide entregarte el corazón, confiar más y no reservarme espacios para mí mismo.
Jenny: Y a mí me invita a ofrecerme con alegría, sin llevar cuentas, y que cada pequeño sacrificio por ti sea una ofrenda de amor y una oportunidad de crecer en comunión.
Mario: Que nuestro amor sea una ofrenda sincera a Dios en cada detalle cotidiano.
Jenny: Amén.

Madre,

Enséñanos a darnos por entero, en silencio, sin llevar cuentas, como Tú lo hiciste aquí en la tierra, y como lo sigues haciendo. ¡Bendita y gloriosa seas, Madre! ¡Alabado sea por siempre el Señor!