PEREGRINACION A FATIMA “PROYECTO AMOR CONYUGAL” 04-06 SEPTIEMBRE 2026

PEREGRINACION A FATIMA “PROYECTO AMOR CONYUGAL” 04-06 SEPTIEMBRE 2026

 

Queridos matrimonios,

Proyecto Amor Conyugal organiza un año más la peregrinación anual a Fátima, que este año tendrá lugar el fin de semana del 4 al 6 de septiembre de 2026.
Nos acompañarán como todos los años José Luis y Magüi.
La Peregrinación está abierta a todos los matrimonios y familias de cualquier parte del mundo que quieran venir.

Check-in: viernes 4 septiembre a las 15.00h (horario portugués).
Llegada de cada familia en coches particulares.

Check-out: domingo 6 septiembre 2026 sobre las 15.00h (después de comer).

Precio: 145€ por adulto y 75€ niños hasta 12 años.
El precio incluye

  • 2 noches en hotel en régimen de pensión completa (cena de viernes a comida de domingo, sin bebidas extra).
  • Entradas a los distintos encuentros en las salas alquiladas del Santuario.
  • Equipo de monitores que cuidarán de nuestros hijos (desde 3 años, sin pañales, hasta 14 años incluidos) en dos momentos de la peregrinación que serán sólo para matrimonios.

El plazo de INSCRIPCIÓN se abrirá el próximo 24 de junio de 2026 a las 20.00h (hora peninsular española)

Una vez inscritos, se enviará un email con las instrucciones de pago para la confirmación de la  inscripción. Una vez realizado el pago, se enviará un email con el hotel que se os asigne en Fátima.

NOTAS IMPORTANTES:
1. Por motivos de aforo de las salas, no podremos admitir a nadie que no esté inscrito en la peregrinación.
2. Para la confirmación y asignación de hoteles se tendrá cuenta el orden de inscripción.
3. A partir del 15 de agosto, en caso de causar baja por cualquier motivo no se tendrá derecho a la devolución de las cantidades abonadas.

Accede a la inscripción AQUÍ

De tu Mano, Madre. Comentario para matrimonios: Juan 16, 12-15

Para ver los próximos RETIROS Y MISIONES haz click AQUÍ

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 16, 12-15

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues no hablará por cuenta propia, sino que hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir.
Él me glorificará, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará.
Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que recibirá y tomará de lo mío y os lo anunciará».

De tu Mano, Madre.

Señor, hoy especialmente vamos de la Mano de Tu Madre a conoceros más.
En estas palabras nos dices que el Espíritu nos guiará a la verdad. Y dices que no hablará por cuenta propia. ¿Es el Espíritu Santo y no habla en cuenta propia? Luego comentas que todo lo que tiene el Padre es tuyo. ¿Dios Padre no tiene nada suyo? Y en muchas ocasiones nos dices que Tú no haces tu Voluntad sino la del Padre.
Vosotros, la Trinidad, que sois Dios, nunca pensáis en vosotros mismos. Sólo en hacer la voluntad del Otro. Sólo en entregaros, en amar.
Y yo, que soy tan, tan pequeño a vuestro lado, cuántas veces pienso en hacer mi voluntad, en que tengo razón. Claro, sin vuestra Luz, no veo. Y me miro a mí mismo. Y entonces me pierdo.
Señor, que haga como vosotros, que sólo piense en hacer vuestra Voluntad, que huya de la mía, y que sólo viva para entregarme.
Como hacías Tú, Madre. Que te sabías tan pequeña, la esclava del Señor. Y así fuiste la Llena de Gracia. Un día como hoy, un 13 de mayo, bajaste del Cielo para recordamos que miremos a Tu Hijo, a Cristo Eucaristía, que debía ser el centro de nuestra vida. Y a llamarnos con urgencia a un camino de conversión a través de la oración y la penitencia.
¡Gracias, Madre, llévanos de Tu Mano!

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Andrés: ¿Sabes qué día es hoy? ¡13 de mayo! Cuánto nos quiere Dios que mandó a su Hijo para salvarnos y revelarnos su infinito amor y luego a su Madre para recordarnos el camino.
María: Hoy es un día para rezar especialmente el mensaje de nuestra Madre en Fátima. Veía lo que se nos venía encima en un mundo sin Dios. Sin Dios estamos perdidos, sólo nos centramos en nosotros mismos, vivimos de cara a la galería y ya no sólo es que no seamos felices, es que cuánta infelicidad provocamos a nuestro alrededor.
Andrés: Sí. Y nuestra Madre, con esa delicadeza tan suya, no urge a volver a mirar a su Hijo, a poner en el centro de nuestro día a la Eucaristía. Ahí está Dios, que se ha sacrificado por nosotros, dándonos la vida, dándonos su Cuerpo cada día.
María: Y nos urge a la conversión de nuestro corazón, lo que sólo se puede hacer con un camino de oración y penitencia. Cómo suena esto a Proyecto Amor Conyugal: Cristo en el centro, de la mano de María, perseverando en un camino de oración y sacrificios y de purificación del corazón.
Andrés: ¡Claro, como que en Fátima y gracias a nuestra Madre empezó todo!

Madre,

mil gracias por llevarnos a tu Hijo. Por favor, que te hagamos caso. No hay tiempo que perder. Ayúdanos a perseverar con determinación. ¡Bendito y alabado sea Dios!

El Paráclito. Comentario para Matrimonios: Juan 16, 5-11

Para ver los próximos RETIROS Y MISIONES haz click AQUÍ

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 16, 5-11

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Ahora me voy al que me envió, y ninguno de vosotros me pregunta: “¿Adónde vas?”. Sino que, por haberos dicho esto, la tristeza os ha llenado el corazón. Sin embargo, os digo es la verdad: os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Paráclito. En cambio, si me voy, os lo enviaré.
Y cuando venga, dejará convicto al mundo acerca de un pecado, de una justicia y de una condena. De un pecado, porque no creen en mí; de una justicia, porque me voy al Padre, y no me veréis; de una condena, porque el príncipe de este mundo está condenado».

El Paráclito.

Jesús no nos deja solos, sino que viene a habitar en nosotros de un modo más profundo, centrando nuestra atención en la figura del Paráclito
Esto nos ayuda a reflexionar… ¿Qué haríamos nosotros sin el Espíritu Santo? ¿Qué sería de nuestro Amor Conyugal sin Él? El Amor del Padre al Hijo y del Hijo hacia el Padre es el Espíritu Santo y nos ha sido regalado para que podamos llegar a ese amor de plenitud, semejantes a la Santísima Trinidad, que es el mayor regalo que el Señor nos podía otorgar.
Esa comunión perfecta a la que debemos aspirar, esa unión espiritual entre los esposos, sólo podemos alcanzarla por medio del Paráclito, ya que la unión carnal, por más que nos unamos, no consigue unir más que nuestros cuerpos, pero, por medio del Espíritu Santo, podemos alcanzar la unión completa en el matrimonio a través de la oración, desnudando nuestra alma y mostrándola verdaderamente a nuestro cónyuge, construyendo una intimidad común.

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Maite: ¡Ay Mín!, cuántas gracias le doy al Señor por estos años de matrimonio junto a ti.
Fermín: Realmente el Señor nos ha permitido tener una familia preciosa y construir un matrimonio sobre roca, una comunión sobrenatural que jamás hubiera podido imaginar.
Maite: Sí, a base de mucho sacrificio y muchísima oración, tanto personal como conyugal, que nos ha enseñado a conocer nuestras almas de un modo insospechado.
Fermín: Maite, doy gracias a Dios porque estás a mi lado cada día y sé que cada día eliges amarme más, en cada gesto, en cada mirada, en cada acto de entrega, en cada sonrisa que me dedicas…
Maite: ¿Cómo no te voy a querer más cada día? Eres el regalo más grande que el Señor me ha hecho y en cada oración que hacemos ¡me voy enamorando aún más! Cada día es una oportunidad que Dios me da para poder amarle a Él a través tuyo.
Fermín: Vamos a rezar juntos el evangelio de hoy y a pedir que venga el Espíritu Santo sobre nosotros para que siga derramando Su amor en nuestros corazones.

Madre,

Ayúdanos a conocer a tu Esposo, el Espíritu Santo.
¡Alabado sea el Señor!

Sostenidos por el Espíritu Santo. Comentario para Matrimonios: san Juan 15, 26 -16, 4a

Para ver los próximos RETIROS Y MISIONES haz click AQUÍ

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 15, 26 -16, 4a

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Cuando venga el Paráclito, que os enviaré desde el Padre, el Espíritu
de la verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí; y también vosotros daréis testimonio, porque desde el principio estáis conmigo.
Os he hablado de esto, para que no os escandaliceis. Os excomulgarán
de la sinagoga; más aún, llegará incluso una hora cuando el que os dé muerte pensará que da culto a Dios. Y esto lo harán porque no han conocido ni al Padre ni a mí.
Os he hablado de esto para que, cuando llegue la hora, os acordéis de que yo os lo había dicho».

Sostenidos por el Espíritu Santo.

Jesús no promete a sus discípulos una vida fácil; al contrario, les advierte de incomprensiones, rechazos e incluso persecuciones. En la vida matrimonial ocurre algo parecido: amar de verdad, sostener un compromiso fiel en el tiempo, abrirse a la vida o vivir según valores cristianos no siempre será comprendido por el entorno. A veces habrá presión, críticas o soledad. Pero eso no significa que el camino esté equivocado, sino que está arraigado en una verdad más profunda. Aquí aparece una figura clave: el Paráclito, el Espíritu Santo. Este Espíritu se traduce en esa presencia discreta pero real que ayuda a
los esposos a recordar quiénes son, por qué se eligieron y qué promesa hicieron. Y nosotros los esposos debemos ser conscientes de que somos sostenidos por el Espíritu Santo y acudiendo a El nos ayudará a vivir: la paciencia en los conflictos, el perdón cuando duele, la fidelidad en lo pequeño, la capacidad de recomenzar… Los esposos se convierten así en testigos el uno para el otro y para los demás, no de un amor perfecto, sino de un amor sostenido.
Jesús también dice: “os lo he dicho para que no os escandalicéis”. En el matrimonio, esto es muy concreto: no escandalizarse de las dificultades, de las diferencias, de las heridas que inevitablemente aparecen. No idealizar el amor hasta el punto de romperlo cuando deja de ser fácil y recordar siempre que el amor verdadero pasa por pruebas.

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Paloma: Oye, Alfonso… este Evangelio no es precisamente “romántico”, ¿eh? Habla de rechazo, de dificultades…
Alfonso: Ya… pero si lo piensas, se parece bastante a la vida real. No todo el mundo entiende nuestras decisiones… ni nuestro matrimonio.
Paloma: Eso es verdad. A veces parece que ir a contracorriente cansa. Pero me ha gustado eso del Espíritu… como una ayuda que no se ve, pero está.
Alfonso: Sí, como cuando discutimos y, en vez de seguir echando leña al fuego… algo nos frena.
Paloma: (sonríe) ¿“Algo”? Yo creo que tiene nombre… porque tú solito no te frenas mucho.
Alfonso: Bueno, bueno… y tú tampoco eres precisamente una santa en las discusiones.
Paloma: Touché. Pero también es verdad que ese “algo” nos recuerda por qué estamos juntos.
Alfonso: Y nos ayuda a no escandalizarnos… ni del otro, ni de nosotros mismos cuando fallamos.
Paloma: Eso es clave. Porque si esperáramos perfección… ya habríamos firmado el divorcio hace tiempo.
Alfonso: (ríe) Bueno: yo no, acuérdate de que la que querías separarte eras tú y yo no te lo iba a prohibir, siempre que me dejaras ir a vivir contigo y tu nueva pareja.. ja, ja. Pero menos mal que luego siempre te acuerdas de lo que nos prometimos.
Paloma: Y de que el amor también es aguantar, perdonar… y volver a empezar.
Alfonso: Exacto. Y que lo importante es sobrevivir a una discusión… y seguir queriéndose.o incluso quererse más.
Paloma: Eso ya es nivel experto. O nivel Espíritu Santo.
Alfonso: Entonces vamos bien… porque sin ayuda de arriba, lo nuestro no dura ni dos telediarios.
Paloma: ¿Dos? Qué optimista te veo hoy…

Madre,

Enséñanos a vivir nuestro amor con fidelidad y verdad, incluso cuando llegan las dificultades o la incomprensión. Benditas seas por siempre Madre.

Cristo en nosotros. Comentario para Matrimonios: Juan 14, 15-21

Para ver los próximos RETIROS Y MISIONES haz click AQUÍ

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según San Juan 14, 15-21

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Y yo le pediré al Padre que os dé otro Paráclito, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque mora con vosotros y está en vosotros.
No os dejaré huérfanos, volveré a vosotros. Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis y viviréis, porque yo sigo viviendo. Entonces sabréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí y yo en vosotros. El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él».

Cristo en nosotros.

En la vida matrimonial, el amor a Cristo no se queda en palabras ni en sentimientos interiores, sino que se hace visible en gestos concretos hacia el cónyuge. Cristo está presente en mi cónyuge, convirtiéndolo en camino real de encuentro con Él. Así, cada acto de paciencia, cada perdón ofrecido y cada servicio silencioso se transforman en expresión viva de ese amor divino. No podemos amar a Cristo directamente sin pasar por nuestro cónyuge: es ahí donde el amor se purifica y se hace verdadero. En el matrimonio, amar al otro es amar a Cristo mismo, y en ese amor fiel, Él se manifiesta y habita.

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Es final de la tarde. Acaban de convocar a Juan a una reunión donde, por fin, van a reconocerle el éxito de su último proyecto.
Justo entonces, recuerda algo que le golpea por dentro: con los nervios, olvidó recoger a los niños. Mira el reloj. Ya es tarde. María, su esposa, habrá tenido que dejarlo todo para ir a buscarlos. Imagina el cansancio, la tensión y, probablemente, el enfado.
Durante unos segundos duda. Podría quedarse, recibir el reconocimiento y explicar después lo ocurrido. Nadie se lo reprocharía. Pero, en su conciencia, percibe otra llamada, más exigente y silenciosa: amar en lo concreto.
Finalmente, se excusa y pide reconvocar la reunión a la mañana siguiente. No habrá aplausos esa tarde, solo el camino de vuelta a casa, donde le espera una conversación difícil. En su interior, ofrece ese pequeño sacrificio, sabiendo que amar —como dice el Evangelio— se prueba en las obras.
Antes de entrar en casa, dice en su interior: «Señor mío, por Ti, contigo y en Ti…». Y abre la puerta…

Madre,

Enséñanos a vivir en el Corazón de tu Hijo. Sea por siempre bendito y alabado, que con Su Sangre nos redimió.