Archivo de la categoría: Proyecto Amor Conyugal

Consagrarse y confiar. Comentario para Matrimonios: Juan 15, 26-16, 4a

EVANGELIO

El Espíritu de la verdad dará testimonio de mí.
Lectura del santo Evangelio según san Juan 15, 26-16, 4a

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Cuando venga el Paráclito, que os enviaré desde el Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí; y también vosotros daréis testimonio, porque desde el principio estáis conmigo.
Os he hablado de esto, para que no os escandalicéis. Os excomulgarán de la sinagoga; más aún, llegará incluso una hora cuando el que os dé muerte pensará que da culto a Dios. Y esto lo harán porque no han conocido ni al Padre ni a mí.
Os he hablado de esto para que, cuando llegue la hora, os acordéis de que yo os lo había dicho».

Palabra del Señor.


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Consagrarse y confiar.

El Espíritu de la verdad, nos guía hacia ella. Pero ¿cómo dejarnos llevar por Él?
Lo primero es ponernos en Sus manos. Aunque ya lo hacemos por el Bautismo, pero una buena consagración al Sagrado Corazón de Jesús o al corazón de Ntra. Madre, nos hace tomar conciencia del compromiso de ponernos en Sus manos.
A partir de ahí, sólo hay un camino, y se llama CONFIAR.
Confiar en que Dios tiene un plan para la situación que esté viviendo y preguntarme simplemente qué quiere de mí.
Confiar en que tengo en cada momento todo lo que necesito para ser santo aquí y ahora.
Confiar en que Dios está muy vivo, e interviene en todo momento. Todo viene de Él o Él lo permite.
Confiar en la Iglesia y en otros que vienen en Su nombre.
EL Espíritu Santo no se sabe de dónde viene ni a dónde va ni tiene que importarme eso, sólo sé que es Dios quien lo conduce.

Aterrizado a la vida matrimonial:

Julio: Estoy preocupado, porque he perdido el trabajo y no me sale nada.
Marta: No te preocupes, Julio. Estamos en manos del Señor. Estamos consagrados a Él y todo se lo entregamos a Él. El Espíritu conducirá nuestras vidas. Ya lo hemos vivido antes. Cuántas veces el Señor ha sentado a nuestro lado a la persona que más nos necesitaba. Cuántas veces ha resuelto nuestras necesidades porque ha movido el corazón de otros. Cuántas veces nos ha rescatado con una palabra de un amigo, de un sacerdote…
Julio: Es cierto. Desde siempre, pero especialmente desde que nos consagramos al Corazón de Jesús, miramos para atrás y vemos la mano providente de Dios en toda nuestra vida. ¡Confiamos en Él!

Madre,

Es verdad que muchas veces no entendemos los designios de Dios, pero es parte de la prueba. Tenemos sólo esta vida para probar nuestra fe y nuestra confianza en Él. Haz que no desfallezcamos. Alabado sea el Señor que no nos abandona nunca y nos envió Su Espíritu.

“Acostumbrarme” a ti. Comentario para Matrimonios: Juan 14, 23-29

EVANGELIO

El Espíritu Santo os irá recordando todo lo que os he dicho.
Lectura del santo Evangelio según san Juan 14, 23-29

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
– «El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él.
El que no me ama no guarda mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió.
Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado, pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho.
La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no se turbe vuestro corazón ni se acobarde. Me habéis oído decir: “Me voy y vuelvo a vuestro lado”. Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre, porque el Padre es mayor que yo. Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis».

Palabra del Señor.


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“Acostumbrarme” a ti.

En una relación de comunión, hay una entrega mutua. Dios ya se ha entregado a través de Su Hijo Jesucristo, y ahora falta que me entregue también yo, para que la entrega sea mutua, bidireccional, de comunión. El Espíritu de Dios, se ha habituado a estar en nosotros por la Encarnación del Señor, por la que vivió una vida humana plena. Se “acostumbró” a vivir una vida humana, limitada, a estar entre pecadores y a quedarse en nosotros para siempre. Pero ¿cuál es mi respuesta? ¿En qué momento me “acostumbro” yo a estar presente en la vida de Dios? ¿Cómo lleno yo de Dios mi corazón? Guardando Sus palabras en él. Es lo que hacía María, guardaba Su palabra en Su corazón para meditarla, para estar en Él, en Sus criterios, en Su plan, en Su voluntad.
Para cerrar el círculo de la comunión entre Dios y yo, tengo que habituarme a estar en Él, habitar el Él, como Él habita en mí. El Espíritu me ayudará. ¡Seguro!

Aterrizado a la vida matrimonial:

Carla: Yo pienso que este fin de semana deberíamos descansar y estar juntos.
Jaime: Carla, yo creo que deberíamos ir a ver a mis padres un rato. Eso no interrumpirá demasiado nuestro descanso ni nuestro tiempo de estar juntos en todo el fin de semana.
Carla: Eso lo condiciona todo. Introduce cierta tensión entre nosotros, y necesitamos relajar el ambiente y verter agua cristalina entre nosotros. Pero vamos, como tú veas.
Jaime: Carla, no estamos de acuerdo. ¿Qué hacemos? Por mí, hacemos lo que tú digas.
Carla: Jaime, creo que ninguno de los dos busca nada por egoísmo, ambos buscamos el bien común, ambos estamos dispuestos a ceder, pero somos incapaces de discernir la voluntad de Dios. ¿Qué te parece si llevamos este discernimiento a nuestro director espiritual?
Jaime: Me parece muy bien. Lo que él nos diga, eso hacemos.
Juntos llaman el Padre Ramón: Hola Padre. ¿Podemos hacerle una consulta? Resulta que este fin de semana no nos ponemos de acuerdo… (y cuentan la situación)
P. Ramón: Carla, ¿por qué introduce tensión entre vosotros la visita a tus suegros?
Carla: Me la produce a mí, porque ha habido muchas situaciones dolorosas, y tengo miedo que se repita alguna de ellas.
P. Ramón: Jaime, ¿qué opinas de que a Carla se le genere esta situación de tensión?
Jaime: No me gusta, me duele, pero es un tema que tenemos que superar juntos. Eso no puede impedir que vayamos a ver a mis padres. Hay un mandamiento.
P. Ramón: ¿Pero cuál es tu prioridad? También hay otro que es “dejarás a tu padre y a tu madre y te unirás a tu mujer”. ¿Cuál quiere el Señor que sea tu prioridad?
Jaime: Obviamente mi esposa.
P. Ramón: ¿Qué os parecería si este fin de semana lo dedicáis a descansar juntos y os acercáis entre semana un rato a ver a los padres de Jaime? Contestad, con toda paz.
Jaime: Por mí, bien.
Carla: Por mí, también.
P. Ramón: Pues un abrazo y que descanséis.

Madre,

Cristo nos deja Su paz, que es como un compendio de todo lo que nos puede dar. Gloria a Dios en el cielo y en la Tierra paz a los hombres que ama el Señor.

Schwarzenegger espiritual. Comentario para Matrimonios: Juan 15, 18-21

EVANGELIO

No sois del mundo, sino que yo os he escogido sacándoos del mundo.
Lectura del santo Evangelio según san Juan 15, 18-21

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Si el mundo os odia, sabed que me ha odiado a mí antes que a vosotros.
Si fuerais del mundo, el mundo os amaría como cosa suya, pero como no sois del mundo, sino que yo os he escogido sacándoos del mundo, por eso el mundo os odia.
Recordad lo que os dije: “No es el siervo más que su amo”. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán; si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra.
Y todo eso lo harán con vosotros a causa de mi nombre, porque no conocen al que me envió».

Palabra del Señor.


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Schwarzenegger espiritual.

La cuestión de las persecuciones, es una de las cosas que menos “apetece” de nuestro apostolado. Y en concreto, esta lectura es desagradable, abruma con eso de que me van a odiar, me van a perseguir… Confiemos en que el Señor nos seguirá dando fuerzas para vivir estos embates con alegría. Pero tan atento queda uno a estos anuncios, que nunca había reparado en el final del Evangelio, cuando dice: “…si han guardado mi palabra también guardarán la vuestra.” ¡Brutal! Con esto, el Señor concede tanta fuerza a nuestra evangelización como la que tendría Él si fuese Él quien la realizase directamente. Esto es tan brutal, que da cosa incluso escribirlo… una meta demasiado ambiciosa para mí, pero yo confío en Su Palabra. Me convierte en un Schwarzenegger espiritual .
Con esa seguridad y con esa confianza, nos lanzamos hoy también a la misión de llevar a los matrimonios hacia la santidad a través de Su vocación, y desde luego, que no paro de ver grandes milagros. Con los “músculos” espirituales a pleno rendimiento. ¿Te apuntas con nosotros?

Aterrizado a la vida matrimonial:

Marina: ¡Qué pequeños somos y de qué obras tan grandes nos hace partícipe el Señor!
Luis: Totalmente. Personas que se bautizan, activistas anti católicos que se convierten, familias rotas que se recomponen, esposos que vivían una individualidad y descubre la potencia y la belleza de su matrimonio… Milagro tras milagro, a cientos, a miles… Nunca pensé que nuestro matrimonio diese tanto fruto.
Marina: El la potencia de la Palabra, la potencia del Señor presente en nuestro Sacramento. La hemos notado y la notamos, para empezar entre nosotros, y a través de nuestro matrimonio, en tantos…
Luis: ¿Te vienes a mi sesión de culturismo?
Marina: ¡Venga ya! No me creo que te hayas metido ahora a culturista…
Luis: No, me refiero al ¡culturismo espiritual!
Marina: Ja ja ja, a eso sí me apunto: Vamos juntos a ¡adorar al Santísimo!

Madre,

Es abrumadora la sobreabundancia del Señor. ¿Cómo nos puede amar tanto? ¡Solo Dios! Bendito sea.

Elegido y destinado. Comentario para Matrimonios: Juan 15, 12-17

EVANGELIO

Esto os mando: que os améis unos a otros.
Lectura del santo Evangelio según san Juan 15, 12-17

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Este es mí mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado.
Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos.
Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando.
Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer.
No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca.
De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo dé. Esto os mando: que os améis unos a otros».

Palabra del Señor.


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Elegido y destinado.

Alguno sigue creyendo que ha elegido su vida, su vocación o a su esposo. Pero no. Jesús nos lo dice muy claramente: Es Él quien me ha elegido y me ha destinado al matrimonio con mi esposo para que dé fruto. Es el único fruto que puedo dar que vaya a permanecer. Todo lo demás que produzca en mi vida será caduco y acabará desapareciendo. Sólo el amor que entregue permanecerá para siempre. Sólo el amor construye algo indestructible en mí y en los demás. Ese es Su mandamiento, es para lo que he sido creado, para construir un amor de comunión con mi esposo y que dé mucho fruto para la vida eterna.

Aterrizado a la vida matrimonial:

Cristina: Algún día volveremos al polvo, sin nada. Tal como vinimos al mundo. No sé para qué nos preocupamos tanto, es la ilusión de que servimos para algo. Pero ¿qué queda de mis tatarabuelos? Nada. Ni siquiera sé cómo eran. No queda nada, ni de su trabajo ni de sus problemas. Nada.
Juanjo: Bueno, quedas tú, tus hermanos, tus primos, tus tíos… Si no fuera por ellos, no existiríais ninguno. Todos sois fruto de su amor, y es una pasada el legado que deja el amor de generación en generación. Tus hijos, los hijos de tus hijos… Y así, hasta el fin del mundo. Pues eso que se ve tan claro con los hijos, ocurre en muchos otros ámbitos con el amor que entregas. ¿A cuántos podemos ayudar con nuestro amor a alcanzar la vida eterna? Imagínate la dimensión: eterna. Y ellos a su vez, ¿a cuantos? Es la potencia inmensa del Sacramento de Matrimonio que merece que Cristo se haga presente. La misión a la que nos ha destinado Dios. ¡Impresionante!
Cristina: Ahora lo veo. Me siento importante. Gracias, Dios mío. Gracias, esposo.

Madre,

Menuda llamada la que nos ha hecho el Señor, y menuda misión. Nos encanta. Es difícil, pero damos gracias a Dios por ella. Alabado sea el Señor que ha querido ser nuestro amigo y compartir nuestra vida de esposos. Amén.

Amor y Mandamientos. Comentario para Matrimonios: Juan 15, 9-11

EVANGELIO

Permaneced en mi amor para que vuestra alegría llegue a plenitud.
Lectura del santo Evangelio según san Juan 15, 9-11

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor.
Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.
Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud».

Palabra del Señor.


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Amor y Mandamientos.

A veces se tiende a separar el amor de los mandamientos y las obligaciones. Cristo los une claramente en este Evangelio. Permanecemos en Su Amor si cumplimos los mandamientos. ¿Queda suficientemente claro? No es un tema sentimental lo que nos une a Él, sí es verdad que hay unos afectos, pero Él desea nuestra alegría y eso es sólo posible si hacemos lo que Él nos dice, si cumplimos los mandamientos.
Nuestro matrimonio tiene mucho que ver con esos mandamientos, porque es nuestra vocación, nuestra llamada al amor. No sé tú, pero yo ya he experimentado que si me distancio de mi esposo, me distancio de Dios y pierdo la alegría. Y viceversa. Y si estoy unido a mi esposo, me uno más a Dios y recupero la alegría. Esta es la manera de permanecer en Su amor, vivir mi matrimonio como Dios lo pensó.

Aterrizado a la vida matrimonial:

Laura: Tengo tanto deseo de experimentar la comunión contigo… que haya empatía entre nosotros, que planifiquemos los proyectos juntos, que nos escuchemos y nos ayudemos mutuamente. Sin ti me falta la alegría, por mucho que rece, porque el Señor me quiere unida a ti.
Luis: Yo quiero, Laura. Pero hay veces que me traiciona la falta de paciencia. Hay otras veces que eres tú la que no cuentas conmigo… Otras, cuando me corriges me empeño en defenderme… Y noto que hiero tu corazoncito. Está claro que los dos queremos porque sabemos que cuando no estamos el uno en el otro, perdemos la alegría. De nosotros depende, porque por Dios no queda.
Laura: Ayudémonos, Luis. ¡Animémonos! Con ilusión. Seguro que acabaremos viviendo la comunión. ¡Seguro!
Luis: ¡Seguro!

Madre,

Gracias por querernos tanto. Gracias por Tu promesa de hacer posible nuestro matrimonio como Dios lo pensó. Intercede por nosotros para que permanezcamos en el Amor. Alabado sea el Señor que tanto nos ama.