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La única alforja. Comentario para matrimonios: Lucas 6,20-26

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Evangelio del día

Lectura del Santo Evangelio según san Lucas 9,1-6

En aquel tiempo, habiendo convocado Jesús a los Doce, les dio poder y autoridad sobre toda clase de demonios y para curar enfermedades.
Luego los envió a proclamar el reino de Dios y a curar a los enfermos, diciéndoles:
«No llevéis nada para el camino: ni bastón ni alforja, ni pan ni dinero; tampoco tengáis dos túnicas cada uno.
Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio.
Y si alguno no os recibe, al salir de aquel pueblo sacudíos el polvo de los pies, como testimonio contra ellos».
Se pusieron en camino y fueron de aldea en aldea, anunciando la Buena Noticia y curando en todas partes.

La única alforja.

Jesús convoca a los doce y los envía a anunciar el Reino de Dios. También nosotros somos convocados y enviados. Los matrimonios tenemos una forma preciosa de evangelizar: mostrar la belleza de nuestra vocación, y hacer visible el Amor de Dios.
Cuando un matrimonio permanece unido al Señor, por el sacramento, su amor humano se va transformando en un amor divino, convirtiéndose así en un espejo donde el mundo puede mirar y descubrir cómo ama Dios. Ese amor visible es la única alforja que necesitamos. Nuestra verdadera fuerza no está en lo que llevamos en las manos, sino en nuestra unión. ¡qué hermoso poder evangelizar juntos mostrando nuestro amor y siendo testigos de la obra que Dios está haciendo en nuestro matrimonio!
¿qué hay en el matrimonio que es capaz de representar el amor de Dios en la tierra? ¡qué gran misterio! ¡qué grandeza! Hoy, en este ratito de oración me pregunto ¿puede alguien encontrarse con Cristo al mirar nuestro matrimonio? Señor, haz de nosotros un signo vivo de tu amor.

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Cristina: ¿eran Ana y Luis los que estaban en la mesa de al lado?
Oscar: sí. Hacía muchísimo que no los veíamos.
Cristina: pero si parecen otros… estaban a punto de separarse, decían que lo suyo no tenía arreglo…
Oscar: pues fíjate que cambio, no hubiera dado un euro por ellos. Me ha sorprendido porque además ella me ha dicho: «Ahora damos gracias a Dios hasta por aquella época»
Cristina: ¿por aquella época?
Oscar: sí. Me ha dicho que fue precisamente entonces cuando descubrieron que solos no podían y empezaron a dejar entrar a Dios en su matrimonio.
Cristina: pues…no sé exactamente qué ha hecho Dios con ellos, pero se nota que ha hecho algo… y ¡algo muy bonito!
Oscar: que te parece si les llamamos y quedamos con ellos otro día y así nos cuentan. Cristina: Sí. A mí también se me ha despertado algo… Quizá nosotros también necesitamos dejarle un poco más de sitio al Señor.

Madre,

Qué bonito tenerte también a ti en nuestro matrimonio. ¡Bendita seas!