Archivo por días: 9 julio, 2026

El Reino ha llegado. Comentario para matrimonios: Mateo 10, 7-15

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Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 10, 7-15

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, arrojad demonios. Gratis habéis recibido, dad gratis. No os procuréis en la faja oro, plata ni cobre; ni tampoco alforja para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón; bien merece el obrero su sustento. Cuando entréis en una ciudad o aldea, averiguad quién hay allí de confianza y quedaos en su casa hasta que os vayáis. Al entrar en una casa, saludadla con la paz; si la casa se lo merece, vuestra paz vendrá a ella. Si no se lo merece, la paz volverá a vosotros. Si alguno no os recibe o no escucha vuestras palabras, al salir de su casa o de la ciudad, sacudid el polvo de los pies. En verdad os digo que el día del juicio les será más llevadero a Sodoma y Gomorra, que a aquella ciudad».

El reino de los cielos ha llegado.

Nos dice Jesús que proclamemos que el reino de los cielos ha llegado, pero ¿realmente ha llegado? ¿Ha llegado a nuestro corazón, a nuestro matrimonio, a nuestra vida? El reino de los cielos es Él, es el Señor que está a la puerta y llama. ¿Le hemos dejado entrar, se ha colado hasta lo más profundo de nuestro corazón? Él todo lo transforma, lo limpia, lo purifica, lo eleva y lo hace santo porque Él es el Santo. Sólo tenemos que dejarle hacer en nosotros, confiar en Él y Él hará el resto. Por eso no necesitamos ni faja, ni alforja, ni oro, plata o cobre, ni dos túnicas, ni sandalias ni bastón. Sólo Dios basta. Él nos dará todo lo necesario, material y espiritualmente, para que vivamos el reino de los cielos y lo llevemos a los demás. Sólo necesita nuestro permiso para entrar en nuestros corazones.

Aterrizado a la vida Matrimonial:

(Juan y María, en oración)
Juan: Señor, pacífica mi mente y mi alma. Vivo agobiado, llevando sobre mis espaldas todo, mil preocupaciones que me quitan la paz y me hacen vivir cada vez más alejado de Ti . Dame Señor el don de la humildad y de la confianza en Ti. Tu mi Padre todopoderoso no me abandonas, pero a veces vivo como huérfano. Quiero vivir la confianza plena en Ti. Señor, aumenta mi Fe. Amén
María: Señor, Padre nuestro, queremos abrirte nuestro corazón de par en par para que reines en nuestra vida, en nuestra familia. Queremos confiar plenamente en Ti, Dios de Misericordia. Amén

Madre,

muéstranos el sagrado Corazón de Jesús y a confiar plenamente en Él. ¡Bendita seas Madre!