Archivo por días: 18 julio, 2026

Hasta la victoria. Comentario para matrimonios: Mt 12,14-21

Para ver los próximos RETIROS Y MISIONES haz click AQUÍ

 

Evangelio del día

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 12, 14-21

En aquel tiempo, al salir de la sinagoga, los fariseos planearon el modo de acabar con Jesús. Pero Jesús se enteró, se marchó de allí, y muchos lo siguieron. Él los curó a todos, mandándoles que no lo descubrieran. Así se cumplió lo dicho por medio del profeta Isaías: «Mirad a mi siervo, mi elegido, mi amado, en quien me complazco. Sobre él pondré mi espíritu para que anuncie el derecho a las naciones. No porfiará, no gritará, nadie escuchará su voz por las calles. La caña cascada no la quebrará, la mecha vacilante no lo apagará, hasta llevar el derecho a la victoria; en su nombre esperarán las naciones».

Hasta la victoria.

El Evangelio nos muestra que Cristo no vence por la fuerza ni por la confrontación, sino por la mansedumbre, la misericordia y el Amor, porque no se trata de romper lo que está dañado, sino de reconducirlo hasta que triunfe el bien, hasta llevar el derecho a la victoria. Así ama Jesús: no rompe la caña cascada ni apaga el pábilo vacilante, sino que nos ama con una misericordia que levanta, espera y da nuevas oportunidades.
Los esposos estamos llamados a amarnos con este amor, pero, a veces, cuando descubrimos en el otro su fragilidad, sus limitaciones o sus heridas, nos puede entrar la tentación de juzgarle y exigirle que cambie, porque nos molesta y nos hiere su debilidad y su pecado, llegando a poner límites al amor si no vemos ese cambio. El camino que Jesús nos enseña es otro, es un camino de paciencia y perseverancia, de rescatar a mi esposo cuando menos se lo merece, pero que es cuando más me necesita. Amar al cónyuge es aprender a mirarle con los ojos de Cristo, descubriendo que detrás de cada limitación hay una historia que necesita comprensión y un corazón que espera ser acogido. Cada gesto de paciencia, cada palabra amable y cada perdón sincero mantienen viva la llama del amor y permiten que el Espíritu Santo siga obrando en nuestra unión.

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Manolo: Hoy, rezando el Evangelio, me ha impresionado esa frase: «No romperá la caña cascada, ni apagará el pábilo vacilante.» He pensado que muchas veces hago justo lo contrario contigo.
Merche: ¿Por qué lo dices, Manolo?
Manolo: Porque me he dado cuenta que en ocasiones te veo cansada o más sensible, y en lugar de compadecerte, te exijo más. Me fijo antes en lo que te falta que en todo lo que haces. Y sin darme ni cuenta, como que apago esa pequeña llama que queda en ti.
Merche: A mí también me ha tocado este Evangelio. Me he dado cuenta que cuando tú no respondes como espero, enseguida te juzgo y pienso que no me quieres lo suficiente. Me cuesta darme cuenta que también tú tienes tus luchas y necesitas que te mire con misericordia.
Manolo: Jesús no se escandaliza de nuestra fragilidad, sino que la abraza para transformarla. Creo que eso es lo que nos pide hoy: que dejemos de querer cambiarnos por la fuerza y empecemos a acompañarnos con paciencia.
Merche: Sí. El Señor nos ha unido para ayudarnos a llegar al Cielo, no para medir continuamente nuestros fallos. Cuando uno está más débil, el otro está llamado a sostenerlo, no a machacarlo.
Manolo: Merche, ¿te parece que hoy hagamos el propósito de no corregirnos impulsivamente? Yo, antes de decir una palabra que te pueda herir, pediré al Espíritu Santo que me ayude a mirarte como Cristo te mira.
Merche: Y yo procuraré descubrir qué necesitas hoy de mí para sentirte amado, en lugar de pensar primero en lo que necesito yo. Quiero cuidar esa llama que Dios ha puesto en tu corazón. Te quiero.
Manolo: Gracias, Dios mío, por la esposa que me has dado. Te quiero, Merche.

Madre,

enséñanos a amarnos como Cristo nos ama, con un corazón manso y humilde, para que en nuestro matrimonio nunca se apague la llama del amor, sino que la alimentemos cada día con paciencia, entrega y confianza. ¡Bendita y gloriosa seas, Madre! ¡Alabado sea por siempre el Señor!