Comentario del Evangelio para Matrimonios: Lucas 1, 57-66. 80

El milagro de la fidelidad.

Dice Orígenes: -. Zacarías significa el que se acuerda de Dios, Juan significa el que manifiesta a Dios. Además, la memoria se refiere a lo que está ausente y la demostración se refiere a lo que está presente. Por tanto Juan debía expresar, no la memoria de Dios como ausente, sino que debía señalarlo con el dedo como presente, diciendo (Jn 1,29): «He aquí el Cordero de Dios».-

Por eso El Ángel le dijo a Zacarías que el niño se tenía que llamar Juan, porque su nombre designaba su misión. Ya desde el precursor de Jesús, se anteponía la venida del Amor a la ley, que designaba que el primogénito debía llamarse como el padre. Aunque Zacarías dudó y por eso quedó mudo durante un tiempo, cuando llegó la hora de cumplir lo que le dijo el Ángel, obedeció. Esta vez supo cómo responder a Dios. Después viene la gratitud y la alabanza a Dios son sus primeras palabras en un canto de júbilo emocionado.

Cuántas cosas permite Dios en nuestro matrimonio que no entendemos ¿No es así?. El cambio de nombre era un auténtico “disparate” en la época.

“El corazón alaba a Dios ¿Y cómo se alaba a Dios? Se alaba saliendo de sí mismos, gratuitamente, como es gratuita la gracia que Él nos da. Alabar a Dios, salir de nosotros mismos para alabar; perder el tiempo alabando.” (cf S.S. Francisco, 31 de mayo de 2013).

Sólo saliendo de nosotros mismos, de nuestros criterios, podremos mirar nuestro matrimonio y a nuestro esposo (la gracia que Él nos da) y alabar a Dios.

Isabel concibió a Juan en su seno, mientras Zacarías, en silencio, recobró la fe y confianza en Dios. En ambos se da el milagro, la vida espiritual se construye a base de pequeños o grandes milagros que se dan en esa esfera íntima del alma, que sólo Dios y cada uno conoce. Pero no por ello dejan de ser milagros. Dios toca con su mano nuestras almas. «la mano del Señor estaba con él…» sí, y también con vuestro matrimonio, porque Dios quiere engendrar un hombre y una mujer nuevos, siendo uno solo con Él. Mediante la humildad, la donación y la entrega generosa.

El matrimonio nuevo que coopera a la acción de Dios, es consciente de su pequeñez, pero aún más de que esa «mano» divina le sostiene. La fidelidad y salir de uno mismo, son dos actitudes que nos hacen experimentar los frutos de felicidad que nos empujan a alabar a Dios.

Como aquel niño, nuestro matrimonio se va afianzando y fortaleciendo en el desierto. Es un camino.

Oramos con el Salmo: Tú has creado mis entrañas, me has tejido en el seno materno. Te doy gracias, porque me has escogido portentosamente, porque son admirables tus obras…

Comentario del Evangelio para Matrimonios: Mateo 7,1-5

Para que el esposo mejore.

Jesús no dice que debamos estar ciegos y no percibir nada, tampoco que miremos para otro lado, ni siquiera es una llamada a una aceptación universal de cualquier estilo de vida o enseñanza… Jesús nos manda conocer al otro por los frutos de su vida y algún tipo de evaluación es necesaria para poder hacer eso.
Estamos llamados a un amor incondicional, pero no es un llamado a una aprobación incondicional. Nosotros podemos y debemos amar a nuestro esposo cuando hace cosas que debemos no aprobar.

Por otra parte, debemos estar atentos, porque el Diablo, envidioso de vuestro bien, nos asaltará por todos los medios posibles. Con tal de impedir nuestra santidad (de ser uno), te dirá: que tu esposo no tiene arreglo, que tus esfuerzos son inútiles; te envanecerá para que te creas mejor que él/ella; te provocará repugnancia para dividiros y que el otro se aleje aún más mintiendo y agravando su pecado; te infundirá miedo, trabajando con saña para quitarte la paz y la confianza en Dios…

El Diablo intentará que vuestras almas no se abran a la luz y procurará, ante el mal del esposo, arrastrarte también a ti a pecar. Te incitará al prejuicio, a una crítica injusta, capciosa.

Por esto Jesús decía: «No juzguéis según las apariencias, sino juzgad con justo juicio» (Juan 7:24). Y Pablo escribió: «¿O no sabéis que los santos han de juzgar al mundo? Y si el mundo ha de ser juzgado por vosotros, ¿sois indignos de juzgar cosas muy pequeñas? ¿O no sabéis que hemos de juzgar a los ángeles? ¿Cuánto más las cosas de esta vida?» (1 Corintios 6:2,3).

Jesús quiere que, antes de ayudar a nuestro esposo corrigiéndolo, debemos corregirnos nosotros mismos y llenarnos de Dios (En la oración, Sacramentos…), para así poder corregir a nuestro esposo según el Juicio de Dios y no el nuestro.

Amor no es dejar al otro en su error. Amor es ayudarlo a enderezarse. «Porque el Señor al que ama, disciplina» (Hebreos 12:6).
Jesús quiere que seamos perfectos como nuestro Padre lo es, pero la perfección no está en la cosa, sino en la perfección con la que se hace y eso permite construir, ayudar, ver cómo está presente Dios y estar en lo que se hace porque está Dios.

Pues si nos creemos perfectos y somos perfeccionistas con nuestro esposo, nos produce y le producimos agobios…. enormes. Como le dijo a los fariseos: “Porque atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los hombres; pero ellos ni con un dedo quieren moverlas.” (Mt 23,4)

El Amor no busca que las cosas queden bien, sino saber quiénes somos. En cierta ocasión, Mons. Munilla, en Radio María, decía: El que quiera cambiar a la Iglesia, que antes sea santo. No nos equivocamos mucho si aplicamos esta misma frase a la Iglesia Doméstica (nuestra familia). Quien quiera cambiar al esposo, que sea santo.

Escucha alma querida en cuanto sientas la moción de la gracia y antes de que sea más fuerte que la lucha, acude al Corazón Misericordioso de Jesús, pídele que vierta una gota de su Sangre sobre vuestras almas y vuestra unión, y no temas. Dale la mejor victoria a Jesús en tu tribulación, en la prueba del amor: Ten confianza en Él y cree que nunca llegarán a ser mayores los pecados, torpezas, limitaciones, debilidades… que la Misericordia de Dios, pues es infinita.

Comentario del Evangelio para Matrimonios: Juan 6, 51-58

El matrimonio que cambia el mundo.

S. Juan Pablo II no vacila en decir que todos los sacramentos de la Nueva Alianza encuentran su prototipo en el sacramento del matrimonio como sacramento primordial (Audiencia 20/10/82). No fue casualidad que el Señor eligiera inaugurar su vida pública con el milagro de las bodas de Caná, en el trascurso de un banquete de bodas, como no lo fue que terminara con la última Cena. Dos banquetes de bodas enmarcan su misión salvadora. La Eucaristía es una entrega nupcial en la que Jesús se hace ofrenda de sí mismo.

A imitación de Cristo, en nuestra boda nos entregamos el uno al otro. ¿Lo hicimos una vez para siempre? O dicho de otra forma: ¿Es nuestro Sí a Dios a través de nuestro esposo de una vez para siempre, como el de la Santísima Virgen María?. ¿En nuestro matrimonio, día a día, nos hacemos a imagen del Esposo, ofrenda al Padre, en nuestra entrega hasta el extremo?.

La Iglesia nos dice que la Eucaristía es el alimento para el matrimonio, y los esposos no podemos participar en ella como si no estuviésemos unidos también por la alianza conyugal. Lo que hace posible que los esposos nos ofrezcamos el uno al otro, es la ofrenda Eucarística de Cristo. Ambos unimos nuestra ofrenda nupcial a la ofrenda nupcial de Cristo por la Iglesia. Por tanto, en cada Eucaristía, en el momento del ofertorio, tenemos la oportunidad de renovar nuestro Sí entregándonos con Cristo Esposo, y a través de Él, ofreciéndonos al Padre.

Un matrimonio (el de Cristo) cambió el mundo. Una entrega conyugal es el medio que Dios utiliza para entregarse a nosotros y darnos su Amor. Alimentémonos de ella, de la Eucaristía, para que cambie nuestro matrimonio y así contribuir a que cambie también el mundo. Amén.

Comentario del Evangelio para Matrimonios: Mateo 6, 24-34

Dime con quién vas…

“Nadie puede estar al servicio de dos amos. … No podéis servir a Dios y al dinero.”

Adán y Eva se preguntaron si el mundo es realmente un don o será mejor apropiárselo. El hombre ha arrojado al Creador de su corazón:

.- Al poner en duda, dentro de su corazón… el amor como motivo específico de la creación … el hombre vuelve las espaldas al Dios-Amor, al «Padre”… así, queda en él lo que «viene del mundo» -. (S. Juan Pablo II Catequesis 30/04/80).

El hombre ya no ve el mundo como un don, sino como una posesión que hay que ambicionar y defender. Todo el ciclo del amor, empieza con la comprensión de que primero hemos sido amados, para después amar. “El hombre pierde de algún modo la certeza originaria de la imagen de Dios” S.JPII cat 14/05/80) Y al romper el vínculo con la fuente del amor, se viene abajo todo lo demás, como un castillo de naipes.

La gran preocupación que tienen los padres de familia es, el trabajo, el vestido para los hijos, que tengan lo que quieren, y clases extraescolares, idiomas… ¿Y… reservamos tiempo para la oración con ellos? Pensémoslo detenidamente ¿Cuál es nuestra prioridad para nuestros hijos? ¿Barrigas llenas, todo tipo de ropa, deseos y caprichos? O queremos personas maduras, virtuosas…
Jesús hoy vuelve a centrar nuestra atención en que la Vida vale más que la comida y el cuerpo vale más que la ropa. No tendremos nunca esa Vida que el buen Padre nos quiere dar, si no ponemos nuestro corazón en Él, como hijos que confían y se ponen en Sus manos.

La consecuencia de dar la espalda a Dios, es que “el hombre ya no vive la tierra como su propia casa, donde se encuentra a gusto y protegido. Aparece, por el contrario el miedo ante un mundo lleno de amenazas. Desaparecida la certeza de que la imagen de Dios está impresa … (en nosotros), el hombre pierde también en cierto modo el sentido de su derecho a participar en la percepción del mundo, del cual gozaba en el misterio de la creación.” (Llamados al amor Pg.85)

¿Y no vienen nuestros miedos de ahí, queridos esposos?. Recuperemos nuestra certeza originaria de ser imagen de Dios. Es nuestra misión matrimonial.

Oramos con el salmo: «Castigaré con la vara sus pecados y a latigazos sus culpas; pero no les retiraré mi favor ni desmentiré mi fidelidad.»

Comentario del Evangelio para Matrimonios: Mateo 6, 19-23

Ilumina tu matrimonio.

Dice San Hilario, (homiliae in Matthaeum, 5): “Hablando del oficio de la luz del ojo, expresó también la luz del corazón, la que, si es sencilla y luciente, permanecerá así, dando al cuerpo la claridad de la eterna luz, e infundirá a la corrupción de la carne el esplendor de su origen, esto es, en la resurrección. Pero si está oscurecido por los pecados y la mala voluntad, el ojo será malo y la naturaleza del cuerpo estará sujeta a los vicios de la inteligencia.”

Infundirá a la carne el esplendor de su origen. Es la luz de nuestra mirada la que puede hacer que volvamos a mirarnos como al principio, en el estado de inocencia originaria.

Si miro a mi esposo/a con una mirada “mundana”, todo lo que veo, pasará o se corromperá algún día.

Por esto es tan importante ver el Evangelio en nuestra relación. Rezar juntos, cambia nuestra mirada: Ver la voluntad de Dios en el esposo (genérico), entender el plan de Dios para el matrimonio en el principio, cuando se miraban desnudos, hombre y mujer, con esa mirada interior, y no sentían vergüenza. La infinitamente hermosa y transparente pureza de la creación del ser humano hombre-mujer. Todo nos lo revela Él, no solo en la inteligencia, sino también nos lo sella en el corazón.

Si un hombre y una mujer nos miramos así no necesitamos sentir vergüenza, y… cuánta luz habrá en nuestro interior. Y qué transparencia y cuánta luz habrá en nuestro matrimonio.

Oramos con el Salmo: Los montes se derriten como cera ante el dueño de toda la tierra; los cielos pregonan su justicia, y todos los pueblos contemplan su gloria.