
El que ama a Dios, recibe todo como un don Suyo. El que ama al/a esposo/a, excusa las faltas, confía en que el/la amado/a irá mejorando, olvida lo negativo… y valora lo positivo.

El que ama a Dios, recibe todo como un don Suyo. El que ama al/a esposo/a, excusa las faltas, confía en que el/la amado/a irá mejorando, olvida lo negativo… y valora lo positivo.

Es el corazón de Cristo el que nos conmueve para salir al rescate de muchos matrimonios. Él siempre está atento a nuestro sufrimiento.

Señor, por la fuerza de nuestro sacramento del matrimonio y el compromiso que adoptaste con nosotros cuando nos casamos, te pido que te hagas presente en esta entrega mía que te ofrezco, y le toques el corazón a mi esposo/a.

Soy esposo/a. ¿Me identifico con mi misión? Y mi esposa/o, ¿me reconoce ante todo por ser su cónyuge? O destaco más por otras cosas… Mi misión contigo es colaborar con Cristo en redimirte ofreciendo también mi sufrimiento.

¡Mujer sé lo que eres! ¡Lucha por la vida de fe en tu matrimonio y tu familia! Si tú dices sí, junto a la Cruz, verán la luz. Muchos son los esposos que por sus esposas acogen la vida de fe. ¡Benditos hombres que la reciben como algo propio!