Donde está tu tesoro allí estará tu corazón. Dios me entrega, con el Evangelio y el magisterio de la Iglesia, el mapa del tesoro: con el itinerario del Amor Conyugal, mi tesoro está en Dios y en su voluntad. Sigue leyendo
Donde está tu tesoro allí estará tu corazón. Dios me entrega, con el Evangelio y el magisterio de la Iglesia, el mapa del tesoro: con el itinerario del Amor Conyugal, mi tesoro está en Dios y en su voluntad. Sigue leyendo
Hágase Tu voluntad, Señor. Queremos vivir nuestro matrimonio como Tú lo pensaste. Queremos ser fieles a la misión que nos has encomendado, y que Tú reines en nuestro matrimonio y en nuestro hogar. Sigue leyendo
Si puedo servir o hacer algo por mi esposa/o, sin que me lo agradezca, decido aprovechar esta oportunidad que Dios me brinda para amarla/o. ¡Eso ya es mucho para mí! Sigue leyendo
Si sólo amo a mi esposo/a cuando me ama, ¿qué hago de extraordinario? Amándolo/a en su pecado, descubriré la belleza extraordinaria del amor cotidiano. Sigue leyendo
Yo os digo que no hagáis frente al que os agravia
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 5, 38-42
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Habéis oído que se dijo: «Ojo por ojo, diente por diente». Pero yo os digo: no hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también el manto; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos; a quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rehúyas».
Palabra del Señor.
Nota: Próximas misiones:
Si me aplico este Evangelio y me imagino dándole también el manto al que me quiere quitar la túnica, me puedo sentir un poco imbécil. Pero si me pongo en el lado del que está quitándole al otro la túnica, y de repente veo que, no solo me da la túnica sin resistirse, sino que además me da el manto, puede que me descoloque y me convierta. Eso hizo Jesús por mí. Su sobreabundancia me descoloca y me convierte.
Recuerdo un día, cuando nuestros hijos eran pequeños. Estábamos en un hotel familiar en verano, y bajé a las 8:00 a reservar unas tumbonas (cosa que hacíamos a pesar de estar prohibido) en primera línea para poder estar viendo a nuestro hijo pequeño mientras se bañaba, sin tener que estar de pie todo el día junto a él. A las 8 en punto abrían las piscina así que entré y aligeré el paso para poner nuestras toallas encima. De repente, se me acerca uno muy enfadado y me tira al suelo las toallas de dos de mis tres tumbonas, mientras ponía las suyas, arguyendo que yo había entrado unos segundos antes de la hora y que no era justo. Yo había cogido tres tumbonas, así que, por la gracia de Dios, le dije: Prefiero quedarme sin tumbonas pero lo último que quiero es que tú te lleves un mal rato por mi culpa. Y le dejé también libre la tercera tumbona, yéndome a otro lado un poco más apartado.
Durante todo el día, observé que de vez en cuando, aquel hombre se me quedaba mirando.
Por la noche, nos fuimos a arreglar porque había espectáculo de niños, pero llegamos tarde y ya no había sitio. Aquel hombre y su familia, nos hicieron señas y se achucharon para dejar sitio a nuestros dos hijos en primera fila.
Ese día entendí, que el amor que descoloca, el amor que parece una locura a los ojos del ser humano, es el que transforma a los demás. Ese día entendí la grandeza de los mártires, ese día, entendí la fuerza transformadora del amor de Cristo en la Pasión.
Entendí que, si quiero ayudar a que mi esposo se convierta, debo practicar este tipo de “locuras de amor” que descolocan.
El amor es más fuerte que el orgullo, que el egoísmo, que la vanidad… es más fuerte que la muerte. Con las armas del Amor de Dios lo podemos todo. Son muchos los matrimonios que se han transformado por el amor “desproporcionado” de uno de los dos. No es suficiente con aguantar, el amor es generoso, sobreabundante. Muchas veces he experimentado cómo, amando al esposo cuando me agravia, puedo sanarle. Alabado sea el Señor que nos abre los ojos para entender la verdad del amor. Amén.