Archivo por días: 5 mayo, 2026

Elige al otro. Comentario para Matrimonios san Juan 14, 27-31a

Para ver los próximos RETIROS Y MISIONES haz click AQUÍ

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 14, 27-31a

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no turbe vuestro corazón ni se acobarde. Me habéis oído decir: “Me voy y vuelvo a vuestro lado”. Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre, porque el Padre es más que yo. Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis. Ya no hablaré mucho con vosotros, pues se acerca el príncipe del mundo; no es que él tenga poder sobre mí, pero es necesario que el mundo comprenda que yo amo al Padre, y que, como el Padre me ha ordenado, así actúo yo».

Elige al otro.

Cuando damos entrada al príncipe de este mundo en nuestro matrimonio, brotan inevitablemente la discusión, la frialdad, la sospecha y el juicio. Y entonces se nos presentan dos caminos muy claros: reaccionar desde la herida o elegir amar, porque amamos al Padre y deseamos responder a Su amor. Basta que uno de los dos rompa esa espiral: que renuncie a tener razón, que dé el primer paso, que se acerque con humildad a pedir perdón, que abrace con ternura, que pronuncie un “te quiero” sincero… Entonces algo cambia porque la gracia irrumpe. Y la paz llega a ese hogar. No una paz superficial, sino la paz de Dios: la que ensancha el corazón, la que sana, la que devuelve la alegría verdadera. Una paz que no depende de las circunstancias, y que el mundo jamás nos podrá dar.

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Laura y Manolo habían discutido por el campamento de verano de sus hijos. Laura tenía claro que lo mejor era repetir el de todos los años, asegurando lo conocido; Manolo, en cambio, estaba convencido de que necesitaban algo nuevo, enfrentarse a otras personas y situaciones para crecer en fortaleza. Ambos defendían su postura con firmeza… hasta que la discusión estalló. Las palabras subieron de tono y, de pronto, el silencio. Un silencio tenso, incómodo, que los empujó a alejarse, cada uno a un extremo de la casa, con el corazón encogido. Los dos sabían lo que había pasado. Habían cedido a la tentación: donde debía haber comunión, había división. Y eso les dolía. Por separado, se pusieron en oración. En lo escondido, dejaron que el Espíritu les mostrara el camino del Amor: un camino que pasa por renunciar al propio criterio, por obedecer al que se ama, por buscar la comunión… y, sobre todo, por desear el verdadero bien de sus hijos (precisamente aquello por lo que habían comenzado a discutir). Porque no hay mayor bien para un hijo que contemplar el amor entre sus padres. No sabían aún qué decisión tomarían. Pero sí tenían claro que ese no era el camino. Y entonces, casi al mismo tiempo, ambos se levantaron. Cada uno, desde su lugar, decidió ponerse en marcha hacia el otro. Y, de manera inesperada, se encontraron en mitad del pasillo. Se miraron. Se detuvieron. Y en sus rostros, aún cansados por el combate, brotó el comienzo de una sonrisa que a ambos les sorprendió; el Espíritu arranca también sonrisas. Dieron un paso más… y se abrazaron. Y en ese instante, sin haber decidido aún el campamento, ya habían elegido lo más importante: amarse por encima de todo.

Madre,

Enséñanos a que la voluntad de Dios siempre para por el amor sacrificado y por la unión. ¡Alabado sea el Señor!