Para ver los próximos RETIROS Y MISIONES haz click AQUÍ
Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según San Juan 14, 15-21
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Y yo le pediré al Padre que os dé otro Paráclito, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque mora con vosotros y está en vosotros.
No os dejaré huérfanos, volveré a vosotros. Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis y viviréis, porque yo sigo viviendo. Entonces sabréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí y yo en vosotros. El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él».
Cristo en nosotros.
En la vida matrimonial, el amor a Cristo no se queda en palabras ni en sentimientos interiores, sino que se hace visible en gestos concretos hacia el cónyuge. Cristo está presente en mi cónyuge, convirtiéndolo en camino real de encuentro con Él. Así, cada acto de paciencia, cada perdón ofrecido y cada servicio silencioso se transforman en expresión viva de ese amor divino. No podemos amar a Cristo directamente sin pasar por nuestro cónyuge: es ahí donde el amor se purifica y se hace verdadero. En el matrimonio, amar al otro es amar a Cristo mismo, y en ese amor fiel, Él se manifiesta y habita.
Aterrizado a la vida Matrimonial:
Es final de la tarde. Acaban de convocar a Juan a una reunión donde, por fin, van a reconocerle el éxito de su último proyecto.
Justo entonces, recuerda algo que le golpea por dentro: con los nervios, olvidó recoger a los niños. Mira el reloj. Ya es tarde. María, su esposa, habrá tenido que dejarlo todo para ir a buscarlos. Imagina el cansancio, la tensión y, probablemente, el enfado.
Durante unos segundos duda. Podría quedarse, recibir el reconocimiento y explicar después lo ocurrido. Nadie se lo reprocharía. Pero, en su conciencia, percibe otra llamada, más exigente y silenciosa: amar en lo concreto.
Finalmente, se excusa y pide reconvocar la reunión a la mañana siguiente. No habrá aplausos esa tarde, solo el camino de vuelta a casa, donde le espera una conversación difícil. En su interior, ofrece ese pequeño sacrificio, sabiendo que amar —como dice el Evangelio— se prueba en las obras.
Antes de entrar en casa, dice en su interior: «Señor mío, por Ti, contigo y en Ti…». Y abre la puerta…
Madre,
Enséñanos a vivir en el Corazón de tu Hijo. Sea por siempre bendito y alabado, que con Su Sangre nos redimió.
