Para ver los próximos RETIROS Y MISIONES haz click AQUÍ

Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según san Juan 16, 5-11
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Ahora me voy al que me envió, y ninguno de vosotros me pregunta: “¿Adónde vas?”. Sino que, por haberos dicho esto, la tristeza os ha llenado el corazón. Sin embargo, os digo es la verdad: os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Paráclito. En cambio, si me voy, os lo enviaré.
Y cuando venga, dejará convicto al mundo acerca de un pecado, de una justicia y de una condena. De un pecado, porque no creen en mí; de una justicia, porque me voy al Padre, y no me veréis; de una condena, porque el príncipe de este mundo está condenado».
El Paráclito.
Jesús no nos deja solos, sino que viene a habitar en nosotros de un modo más profundo, centrando nuestra atención en la figura del Paráclito
Esto nos ayuda a reflexionar… ¿Qué haríamos nosotros sin el Espíritu Santo? ¿Qué sería de nuestro Amor Conyugal sin Él? El Amor del Padre al Hijo y del Hijo hacia el Padre es el Espíritu Santo y nos ha sido regalado para que podamos llegar a ese amor de plenitud, semejantes a la Santísima Trinidad, que es el mayor regalo que el Señor nos podía otorgar.
Esa comunión perfecta a la que debemos aspirar, esa unión espiritual entre los esposos, sólo podemos alcanzarla por medio del Paráclito, ya que la unión carnal, por más que nos unamos, no consigue unir más que nuestros cuerpos, pero, por medio del Espíritu Santo, podemos alcanzar la unión completa en el matrimonio a través de la oración, desnudando nuestra alma y mostrándola verdaderamente a nuestro cónyuge, construyendo una intimidad común.
Aterrizado a la vida Matrimonial:
Maite: ¡Ay Mín!, cuántas gracias le doy al Señor por estos años de matrimonio junto a ti.
Fermín: Realmente el Señor nos ha permitido tener una familia preciosa y construir un matrimonio sobre roca, una comunión sobrenatural que jamás hubiera podido imaginar.
Maite: Sí, a base de mucho sacrificio y muchísima oración, tanto personal como conyugal, que nos ha enseñado a conocer nuestras almas de un modo insospechado.
Fermín: Maite, doy gracias a Dios porque estás a mi lado cada día y sé que cada día eliges amarme más, en cada gesto, en cada mirada, en cada acto de entrega, en cada sonrisa que me dedicas…
Maite: ¿Cómo no te voy a querer más cada día? Eres el regalo más grande que el Señor me ha hecho y en cada oración que hacemos ¡me voy enamorando aún más! Cada día es una oportunidad que Dios me da para poder amarle a Él a través tuyo.
Fermín: Vamos a rezar juntos el evangelio de hoy y a pedir que venga el Espíritu Santo sobre nosotros para que siga derramando Su amor en nuestros corazones.
Madre,
Ayúdanos a conocer a tu Esposo, el Espíritu Santo.
¡Alabado sea el Señor!

