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Nuestra unión. Comentario para matrimonios: Juan 17, 20-26

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Evangelio del día

 

Lectura del santo evangelio según san Juan 17, 20-26

En aquel tiempo, levantando los ojos al cielo, oró Jesús diciendo: «No solo por ellos ruego, sino también por los que crean en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno; yo en ellos, y tú en mí, para que sean completamente uno, de modo que el mundo sepa que tú me has enviado y que los has amado a ellos como me has amado a mí. Padre, este es mi deseo: que los que me has dado estén conmigo donde yo estoy y contemplen mi gloria, la que me diste, porque me amabas, antes de la fundación del mundo. Padre justo, si el mundo no te ha conocido, yo te he conocido, y estos han conocido que tú me enviaste. Les he dado a conocer y les daré a conocer tu nombre, para que el amor que me tenías esté en ellos, y yo en ellos».

  1. Nuestra unión.  

Este pasaje del Evangelio es una de las oraciones más íntimas de Jesús. Es una luz muy profunda para el matrimonio cristiano: el sueño de Dios para los esposos no es solo convivir, sino llegar a ser “uno”, reflejo del amor entre el Padre y el Hijo.

Esta unidad no significa pensar igual en todo, sino aprender a caminar hacia una comunión donde el “yo” deja espacio al “nosotros”.

El amor conyugal madura cuando cada esposo deja de defenderse constantemente para empezar a cuidar uno del otro como un tesoro sagrado. Cristo quiere vivir dentro del matrimonio, no solo acompañarlo desde fuera, sino estar en medio de los esposos. Por eso, cuando un matrimonio reza unido, se perdona, se escucha con paciencia y se sacrifica por el otro, está dejando que Cristo ame dentro de ellos.

En una sociedad marcada por la división, la prisa y el individualismo, unos esposos que se aman con fidelidad, que permanecen juntos en las dificultades y que siguen eligiéndose cada día se convierten en un testimonio visible de Dios. Además, este Evangelio recuerda algo esencial: la unidad no nace sola, es un don y una tarea, y se construye en lo cotidiano.

El amor matrimonial no se sostiene solo con fuerzas humanas, los esposos están llamados a amar con el mismo amor que viene de Dios y cuando ese amor entra en el hogar, incluso las heridas, las diferencias y las pruebas pueden convertirse en camino de comunión. Porque el verdadero éxito de un matrimonio no es vivir muchos años juntos, sino llegar a ser reflejo visible del amor de Dios.

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Vicente: ¿Qué pasa Eva? Te veo un poco triste con lo alegre que sueles estar.

Eva: Si, me entristece la situación que vivimos ayer en la cena con nuestros amigos.

Vicente: Pero si salió todo muy bien, nos vimos todos, que hacía tiempo que no lo hacíamos, y nos reímos mucho.

Eva: Ya, pero no me gustó nada el separar a un lado las mujeres y al otro los hombres, como si necesitáramos diferenciarnos para disfrutar más.

Vicente: A mí tampoco me hizo mucha gracia, pero conseguimos estar juntos, como división de las zonas, pero juntos.

Eva: Eso me encantó y me ayudó mucho tenerte a mi lado. Pero dio lugar a algún comentario doloroso sobre nuestra manera de actuar y me dolió mucho.

Vicente: Los hombres también hicieron algún comentario fuera de tono, pero conseguí hacerles ver la manera de vivir nuestra unión hasta en los detalles pequeños.

Eva: Es que los hombres sois un poco más simples, aunque más brutos, y no os ensañáis con las cosas que no veis igual.

Vicente: No merece la pena darle más vueltas, lo importante es lo que transmitimos al defender y mostrar nuestra unión. Además, para mí lo mejor de la cena fue estar a tu lado.

Eva: Tienes toda la razón, es en los pequeños detalles donde más se transmite. No te comenté que al final, cuando nos despedíamos, Inma se me acercó y me reconoció que le encanta vernos siempre tan unidos y que nada lo impide, por mucho que critiquen los demás. Me pidió ayuda, reconociéndome que las cosas con Pedro están un poco difíciles.

Vicente: Ves como siempre merece la pena, a pesar de los ataques de fuera. A mí también se me acercó Pedro y me dejó caer que le gustaría que habláramos.

Eva: Pues no se diga más, me has dado la vuelta a los sentimientos tristes que tenía y me has hecho ver la importancia de nuestra unión. Voy a llamar ahora mismo a Inma para que se vengan a casa a cenar y hablamos con ellos.

Vicente: Esa es mi esposa, a por todas juntos en todas las situaciones.

Madre,

Ayúdanos a reflejar el amor entre el Padre y el Hijo a través de la unión en nuestro matrimonio, para que muchos crean en el matrimonio como. Dios lo pensó. Bendito sea Dios.