
En mi matrimonio, Dios lo pone casi todo y yo pongo casi nada, pero Él no pone Su casi todo si yo no pongo mi casi nada.

En mi matrimonio, Dios lo pone casi todo y yo pongo casi nada, pero Él no pone Su casi todo si yo no pongo mi casi nada.

Si tu esposo/a no te ama, no puedes forzarlo/a a hacerlo, pero puedes amarlo/a tú más, para que aprenda a amar. Esto sólo es posible si antes acoges el Amor de Dios.

El Adviento es el deseo de que venga el Niño Dios para colmar mi necesidad de vivir contigo el matrimonio como Dios lo pensó, renunciando a mi dureza de corazón.

La vida en el matrimonio es disfrutar pero también sufrir. Todo son oportunidades para amar y recibir a Cristo. El Adviento es tiempo de carencia y espera de la venida del Mesías.

¿De qué sirve todo lo demás que hacemos si no trabajamos nuestro matrimonio? ¡Es nuestra vocación!
Vamos a tomarnos en serio nuestra misión dedicándonos tiempo entre nosotros y a Dios.