Quien siembra vientos… Comentario del Evangelio para Matrimonios: Lucas 8, 16-18

EVANGELIO

La lámpara se pone en el candelero para que los que entren vean la luz
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 8, 16-18

En aquel tiempo, dijo Jesús al gentío:
«Nadie que ha encendido una lámpara, la tapa con una vasija o la mete debajo de la cama; sino que la pone en el candelero para que los que entren vean la luz.
Pues nada hay oculto que no llegue a descubrirse ni nada secreto que no llegue a saberse y hacerse público.
Mirad, pues, cómo oís. pues al que tiene se le dará y al que no tiene se le quitará hasta lo que cree tener».

Palabra del Señor.

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Será un antes y un después en tu matrimonio (Muchos lo dicen). ¡Os esperamos con mucha ilusión!

Quien siembra vientos…

(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

Este Evangelio nos habla de la soberbia de creernos mejores de lo que somos. Si acogemos la Palabra y la ponemos en práctica en nuestro matrimonio, las personas de nuestro alrededor, especialmente nuestros hijos, lo percibirán. Si no, también lo percibirán, y sabrán que no somos coherentes con lo que intentamos aparentar ser, con lo que transmitimos, o con lo que (en el caso de nuestros hijos) intentamos enseñarles.

Por eso dice el Señor: “Mirad cómo oís”. Qué atención prestamos a la Palabra y cómo nos esforzamos en ponerla en práctica, porque, el que lo haga, irá creciendo, amará más y tendrá una vida más plena, mientras que el que no la escucha, no se confronta con el Evangelio y/o no lo pone en práctica, a ese se le quitará hasta lo que cree tener, hasta lo que aparenta ser, y perderá la credibilidad, la confianza y en el caso de los padres, la autoridad ante sus hijos.

Aterrizado a la vida matrimonial:

Los hijos de Andrés, están acostumbrados a que, cada vez que Mónica, su esposa, cambia los planes previstos por una necesidad de última hora, Andrés se enfada, y le reprocha que ya podía habérselo dicho antes. Pero Andrés, ha reconocido que tiene esta debilidad y que no debe hacer a su esposa responsable de ello, sino que tiene que aprender a dominarse él y crecer.
Andrés: ¡Venga! Que vamos tarde.
Paula (Hija de Andrés y Mónica): Yo me quedo. Ayer no me avisasteis de que íbamos a comer a casa de los abuelos. Y no estaba en mis planes.
Andrés: Pues lo siento, Paula. Tienes que aprender a amoldarte a las circunstancias de la vida cuando surgen.
Paula: ¡Ya! Como haces tú siempre ¿no?
Andrés (Calla entristecido por lo que ha enseñado mal a su hija con su ejemplo)
Mónica: Hija, así no se le habla a tu padre. Tienes mucho que aprender de él y le debes un respeto enorme.
Andrés: Te pido perdón, Paula, porque es verdad que muchas veces lo he hecho mal, pero quiero esforzarme. No caigas tú en los mismos errores que yo. Eso es lo que deseo para ti como padre.
(Salen de casa y por el camino)
Mónica: Andrés, tenemos que parar un momentito, nos habíamos comprometido a llevar el postre y no he tenido tiempo de comprarlo.
Andrés: (Piensa: Vaya, encima que vamos tarde, un problema inesperado. Esto es una prueba y debo amar en esta situación. No puedo dejar que los acontecimientos me dominen y me impidan amar en las dificultades) Muy bien, Mónica. Gracias por acordarte de lo del postre, si no fuera por lo detallosa que eres, llegaríamos allí sin nada. Dime, ¿Dónde quieres ir?…
Paula (La hija): (Piensa: Es verdad, mi padre se está esforzando. Esta es la típica situación en la que acabaría dando voces. Esto está siendo una lección para mí).

Madre,

Nuestros hijos son esponjas. Nuestro entorno es como un medio en el que cualquier acto se convierte en una onda expansiva. Si siembro vientos, recogeré tempestades y haré mucho daño a mi alrededor. Si siembro el reino de Dios, la Verdad y el Amor, reinarán en nuestro entorno. Alabado sea el Señor, que es Camino, Verdad y Vida.

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