Ya hemos vencido. Comentario para matrimonios: Juan 16, 29-33

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Evangelio del día

 

Lectura del santo evangelio según san Juan 16, 29-33

En aquel tiempo, los discípulos dijeron a Jesús:
«Ahora sí que hablas claro y no usas comparaciones. Ahora vemos que lo sabes todo y no necesitas que te pregunten; por ello creemos que has salido de Dios».
Les contestó Jesús:
«¿Ahora creéis? Pues mirad: está para llegar la hora, mejor, ya ha llegado, en que os disperséis cada cual por su lado y a mí me dejéis solo. Pero no estoy solo, porque está conmigo el Padre. Os he hablado de esto, para que encontréis la paz en mí. En el mundo tendréis luchas; pero tened valor: yo he vencido al mundo».

Ya hemos vencido.

Todos tenemos la experiencia de la lucha en nuestra vida, Jesús ya nos lo aseguró, no equivoquemos el enemigo. Esta lucha debe ser contra el mundo, el demonio y la carne, no contra nuestro cónyuge. Esta situación genera en nosotros un estado de alerta que tiene hasta su reflejo químico en nuestro organismo. Lo que tenemos que decidir es a qué acudimos para encontrar la paz. Jesús nos dice que solo encontraremos la Paz en Él, porque Él ya ha vencido al mundo. En nuestro matrimonio este mundo se concreta en el egoísmo, el espíritu de dominio… Los matrimonios con la gracia de nuestro sacramento podemos vencer todo lo que nos separa del Plan que Dios pensó para nosotros. Estamos llamados a estar continuamente en Él, en su corazón.

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Pedro: Lourdes, esta mañana he estado muy mal, porque ayer metí la pata, pero bastante, en la gestión de un proyecto… y empecé a agobiarme con las consecuencias. Empecé a tener miedo de perder el trabajo, a sentir vergüenza por mi imagen. Podía notar físicamente en mi interior todo ésto, e incluso tenía la tentación de culparte a tí de alguna manera.
Lourdes: Sí, lo he notado. Hasta te alejabas de mí y de las niñas. Estabas como en otro mundo, no podías estar quieto ni centrado. Pero ya te veo bien.
Pedro: Bueno, ha sido una bendición que esta tarde fuera la adoración de la parroquia. Delante del Señor he sentido cómo iba desapareciendo toda la oscuridad y me llenaba de confianza en Dios.
Lourdes: Qué bonito Pedro. Estar delante de la custodia es la mejor medicina para que nuestra alma se libere de todo lo que nos oprime.
Pedro: Sí, pero por desgracia, no podemos estar siempre en la adoración.
Lourdes: Bueno Pedro ¡alégrate! Somos templo del Espíritu Santo y podemos acudir a Su corazón constantemente.

Madre,

Que en la lucha que tenemos cada día nos refugiemos en el corazón de Jesús para encontrar la Paz. ¡Alabado sea Dios!

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