
Cuando somos fieles a nuestra vocación, el Señor nos hace descubrir cosas mayores de las que podía haber imaginado. ¡Gloria a Dios!

Cuando somos fieles a nuestra vocación, el Señor nos hace descubrir cosas mayores de las que podía haber imaginado. ¡Gloria a Dios!

¿Quién soy? Hijo de Dios y esposo de mi cónyuge, eso es lo que me define. Soy un don que tiene una tarea que Dios me ha encomendado: Colaborar en la salvación de mi esposo/a haciéndome uno con él/ella.

Dios tiene preparado un tesoro para los esposos y se lo están perdiendo por no perseverar en lo importante, conociendo y profundizando en su vocación.

Los esposos cristianos mostramos la verdad y la belleza del matrimonio y colaborando con nuestro tiempo y esfuerzo para que otros se ilusionen en vivir el matrimonio como Dios lo pensó.

Señor, cada vez que no me comporto como hijo/a tuya, no acogiendo tu cruz, no poniéndote en primer lugar, no siendo misericordioso/a con mi esposo/a y no poniéndolo/a como mi prioridad en la tierra… estoy manchando el nombre de Tu Familia.