
Esposos, con nuestra naturaleza caída no conseguimos una verdadera comunión. Trabajemos con los dones sobrenaturales, la gracia, que Dios nos da a través de los sacramentos, la oración y nuestra entrega mutua.
¡El amor tiene un poder infinito!

Esposos, con nuestra naturaleza caída no conseguimos una verdadera comunión. Trabajemos con los dones sobrenaturales, la gracia, que Dios nos da a través de los sacramentos, la oración y nuestra entrega mutua.
¡El amor tiene un poder infinito!

Que, como los Magos de oriente, llevemos regalos a Jesús con frecuencia. El oro de nuestros méritos, el incienso de nuestra oración juntos y la mirra de nuestros sacrificios, y así podamos postrarnos ante Él y adorarle.

Tengo que entrar en el corazón de mi esposo/a, descubrir su interior con la ayuda de Dios, para ganarme su confianza.
Un matrimonio que se conoce y conoce al Señor, ha de ver cosas mayores.

El Señor nos invita a vivir experiencias en intimidad con Él, experiencias de poner en práctica el Evangelio en nuestro matrimonio, experiencias que cambian nuestra vida y dan fruto.

Esposos, reconoced la acción del Espíritu Santo en vuestro matrimonio, vivid las caídas con humildad para despojaros del orgullo y haced oración para reconocer lo que viene del Padre.