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Comentario del Evangelio para Matrimonios: Lc 22,14-20

En Tu carne.

Siempre que vamos a la Eucaristía, y llega el momento de la consagración, te vemos Señor como maestro de la entrega, y contemplamos al que es un verdadero esposo, Te observamos y aprendemos de ti, que has sabido entregarte totalmente y has sido fiel a la alianza con el Padre.

Admiramos en el Evangelio de hoy, Tu Misericordia ante la hora de las tinieblas y Tu respuesta de Amor con el don de la Eucaristía, para seguir entregándote a nosotros y derramando tu gracia sobre nosotros día tras día.

Esa es Tu respuesta a nuestras debilidades, ante los planes de Judas, la disputa por los primeros puestos y la negación de Pedro. Son actitudes de los apóstoles que reflejan las nuestras. ¡Cuánto nos Amas! ¡Qué lección de Esposo!

La Eucaristía es la copa de la nueva alianza, sellada con Tu sangre, que se derrama por nosotros. Sin la Eucaristía, sin esta nueva alianza no sería posible ninguna alianza, ni siquiera la de nuestro amor en el matrimonio. Haces posible lo que nosotros rompemos con el pecado. No sería posible ser una sola carne si no fuera por nuestra unión en Tu carne.

“Tomad esto y repartirlo entre vosotros…, haced esto en memoria mía” ¡Bendita Eucaristía!, fuente de Tu Amor y Tu Vida para nosotros, nuestros esposos y nuestras familias.
Eternamente GRACIAS

Comentario del Evangelio para Matrimonios: Mt 10, 7-13

Ni se compra ni se vende.

Cristo sabe que el Reino de Dios no se compra con dinero, se encuentra con el corazón y quien no lo busca, no lo encontrará ni aunque pague todo el oro del mundo.
El Reino de los cielos se haya con los tesoros del cielo que es la cruz, de donde nace el verdadero Amor. Quien no está dispuesto a sufrir por la persona amada, no ama de verdad.
Por eso, por lo que nos cuesta sufrir, nos damos cuenta de que amamos.

El anuncio de esta gran Noticia, es en sí un misterio de Dios y Él nos da amor por aquellos a quien se lo anunciamos y deseamos lo acojan. Quien está dispuesto, lo recibe y la paz que le deseamos vendrá a ellos. Quien no, la paz volverá a nosotros, pues es verdad que en el anuncio no sólo hay palabras. Está la Palabra (Cristo), todo Él, su Amor, su Espíritu… En el anuncio va Dios. Si no lo acogen, no nos lo arrebatan, pues Su Paz vuelve a nosotros. Nadie ni nada puede arrebatárnosla.

Ante el anuncio del Reino de Dios = la buena noticia, desde nuestra vocación conyugal: Cristo se ha entregado por nosotros para revelarnos cómo es este amor. Se ha hecho hombre… dio su vida hasta el extremo en la Cruz, y así ha elevado a sacramento nuestro matrimonio. Eso lo convierte en fuente de gracia. Hace que todo sea posible, hasta lo que parece imposible. Cura nuestras enfermedades de corazón entre esposos, todo el daño que nos hemos hecho por el egoísmo, el orgullo, la soberbia… resucita lo que estaba muerto, limpia la carne enferma por la búsqueda de placeres, expulsa los demonios que habitaban en nuestro hogar y en nuestro corazón…

Todo esto lo hemos recibido gratis y gratis lo tenemos que dar. No es una opción, es un mandato del Señor.

Oramos con el Salmo: Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios. Aclama al Señor, tierra entera; gritad, vitoread, tocad.

Comentario del Evangelio para Matrimonios: Jn 17, 1-11a

Lo que me diste procede de ti.

Cristo reconoce que todo se le ha sido dado por el Padre “Ahora han conocido que todo lo que me diste procede de ti”.
El mundo ha sido creado para nosotros, y tendremos que responder de él. Pero en toda la creación, hay algo más importante:
San Juan Pablo II (Catequesis 9/1/80): ‘por vez primera aparece claramente una cierta carencia de bien: «No es bueno que el hombre (varón) esté solo —dice Dios Yahvé—, voy a hacerle una ayuda semejante a él.» Efectivamente, ninguno de estos seres (animales) ofrece al hombre las condiciones que hagan posible existir en una relación de don recíproco.‘

Hay alguien, que el Padre nos ha entregado con especial cariño y que tiene especial importancia para nosotros, nuestro esposo (genérico).

El Señor dice en el Evangelio de hoy “He manifestado tu nombre a los hombres que me diste de en medio del mundo. Tuyos eran, y tú me los diste…” Cómo reconoce Cristo el don de la entrega de aquellos hombres y cómo todo un Dios centra su misión en ellos, en nosotros. Con esa delicadeza, con esa importancia, tenemos que considerar la entrega que Dios nos ha hecho con nuestro esposo. También nuestro matrimonio es tuyo, Señor y nuestros hijos…

“Te ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por éstos que tú me diste, y son tuyos.” Cuánto tenemos que rezar los esposos, el uno por el otro. Y cómo no debemos olvidar que te pertenece a ti, Señor.

Por último una demostración de la comunión entre el Padre y el Hijo, que nos puede servir de ejemplo en nuestra unión como esposos: “Sí, todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío”. Sí, esposo, esposa, todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío.

Oramos con el salmo: “Bendito el Señor cada día, Dios lleva nuestras cargas, es nuestra salvación. Nuestro Dios es un Dios que salva…”

Comentario del Evangelio para Matrimonios: Jn 16, 29-33

Vencedores o vencidos.

¿Creemos que por ser un matrimonio cristiano no vamos a tener dificultades? Quizás antes de casarnos sabíamos que las tendríamos, pues nadie está exento de ello, pero nunca pensábamos que iba a ser esto… probablemente me equivoqué casándome con mi esposo (genérico).

Dice Crisóstomo, ut supra: “Esto es, para que no me echéis de vuestro corazón, porque la adversidad no sólo os dispersará cuando yo seré aprehendido, sino que mientras estaréis en el mundo seréis atribulados y perseguidos…” ¿Qué pasará ante las dificultades si los esposos echamos a Cristo de nuestro corazón?

Todos los matrimonios cristianos creemos en Cristo, pero en medio de la tempestad de las realidades de la vida, de ese problema concreto ¿Creemos realmente que Él tiene poder sobre la materia, que puede andar sobre las aguas, que también tiene poder sobre mi problema?

¿Ahora creéis? ¿Qué es lo que crees? “Pues mirad: está para llegar la hora”, “Os he hablado de esto para que encontréis la paz en mí.”
La cruz, esposos. Este momento de dolor para vosotros, es vuestra hora. En la tribulación se hace posible la salvación y de esta hora nacerá vuestra verdadera alegría recibida de lo alto.

Seguimos con Crisóstomo, ut supra: “Esto es: levantad vuestro corazón, pues no es digno de que los discípulos desfallezcan, habiendo el maestro triunfado de sus enemigos. Y sigue: ‘Porque yo he vencido al mundo’.”

No olvides nunca amigo esposo, lo que hoy te dice Cristo en tu dificultad: ¡Ten valor, yo he vencido al mundo! ¡A tú mundo!

Todos los santos de la historia, encontraron la paz de Cristo después de la lucha. Todos confiaron en el Señor y en el momento oportuno les llegó su recompensa. La paz de Cristo a sus almas. Por ello, si tenemos a Cristo en nuestro corazón: adiós tristezas, adiós angustias, adiós soledad. Nada hay que temer porque Jesús está con nosotros.
Pero no lo olvides, primero hay que pasar por la hora.

Todo es posible con Él. Solo debemos ponernos en su sintonía, alineados con su Voluntad, que no es otra que la del Padre. Entonces Dios hará su obra, déjate fundir, no tengas miedo, es así como Dios esculpe las obras de arte.

Oramos con el salmo: “Se levanta Dios, y se dispersan sus enemigos, huyen de su presencia los que lo odian; como el humo se disipa, se disipan ellos; como se derrite la cera ante el fuego… los justos se alegran, gozan en la presencia de Dios, rebosando de alegría.”

Comentario del Evangelio para Matrimonios: Jn 16,16-20

Vuestra tristeza se convertirá en alegría.

<…cómo la tristeza, aunque breve, engendra el gozo, y éste es eterno, trae un ejemplo mundano, diciendo: «La mujer cuando ha de dar a luz se entristece, porque ha llegado la hora; pero cuando le nace un niño ya no se acuerda de su apuro por la alegría de que ha dado un hombre al mundo»> (Crisóstomo, ut supra)

En este pasaje, Cristo está haciendo alusión claramente a la muerte y resurrección que estaban a punto de presenciar sus discípulos. Pero para nosotros hoy, estas palabras también nos traen un mensaje aplicable a nuestro día a día.

Hay momentos en que los esposos nos producimos tristeza el uno al otro. Si conseguimos superar esos momentos de tristeza manteniéndonos fieles al amor y a la promesa matrimonial, obedientes al Padre como hizo Cristo en su Pasión y Muerte, engendraremos en nuestro matrimonio un “gozo, y éste es eterno”, como dice Crisóstomo.

El amor tiene una característica, que es más fuerte que la muerte: “el amor no discurre al par de la muerte; la sobrepasa” (Karol Wojtyla). Lo ha demostrado el amor de Cristo. El amor humano lleva consigo una promesa de inmortalidad. “Lo que es indestructible, en mí permanece” (San Juan Pablo II). Lo que es indestructible es nuestra relación con Dios, realizada en el encuentro amoroso entre los esposos.

El amor de los esposos es más fuerte que la muerte. No tengamos miedo a las dificultades ni al dolor. Se convertirán en alegría. El Espíritu de Cristo nos acompaña y Él es invencible.

Oramos con el salmo: El Señor revela a las naciones su victoria. Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas: su diestra le ha dado la victoria, su santo brazo.