Esposos: toquémonos, acariciémonos, besémonos, mirémonos, abracémonos. Cristo le ha dado un poder enorme a la carne: a través de ella se transmite Su amor. ¡Cuántas relaciones se arreglarían si los esposos se tocasen más! Sigue leyendo
Esposos: toquémonos, acariciémonos, besémonos, mirémonos, abracémonos. Cristo le ha dado un poder enorme a la carne: a través de ella se transmite Su amor. ¡Cuántas relaciones se arreglarían si los esposos se tocasen más! Sigue leyendo
Acepto mis circunstancias y los pecados de mi esposo/a como medio para mi purificación. Si dejo que entre el Espíritu, hablaré con autoridad, en Su nombre. Sigue leyendo
Cada vez que me fijo en el mal de mi esposo/a, siento un rechazo hacia él/ella que me impide amarlo/a. Señor, sé que el problema está en mi corazón y en que no lo/la miro con ojos de misericordia como miras Tú. Sigue leyendo
Qué importante es orar con el corazón, desde lo más íntimo. Del corazón sale lo puro y lo impuro, por eso tengo que exponer mi corazón a Cristo, para que lo purifique poco a poco. Sigue leyendo
Dios nos da dones diferentes a los esposos para que podamos ser complementarios. Exijo a mi esposo que tenga los mismos que yo o pongo los míos en juego a tope, para mayor gloria de Dios. Sigue leyendo