
Cualquier pareja no cristiana se plantea pactar las tareas que hace uno y otro. Jesús habla de “ser” servidores el uno del otro, y eso implica una “conversión” del corazón. ¡He sido creado para mi esposo/a!

Cualquier pareja no cristiana se plantea pactar las tareas que hace uno y otro. Jesús habla de “ser” servidores el uno del otro, y eso implica una “conversión” del corazón. ¡He sido creado para mi esposo/a!

Ser un buen esposo, como San José, y custodiar nuestro amor es tratar a mi esposa con delicadeza, proteger su feminidad y dar importancia a sus cosas.

La misericordia es el ingrediente fundamental que transforma mi manera de amar a mi esposo/a en la manera de amar de Dios.

En nuestra oración conyugal, por un momento, Dios nos saca de las dificultades de la vida para mostrarnos Su gloria.

Lo que nos distingue como esposos cristianos, es que amamos cuando nuestro/a esposo/a no nos ama, en esa situación que me parece injusta.