Archivo del Autor: Proyecto Amor Conyugal

Huellas en las puertas. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Lucas 21, 1-4

EVANGELIO

Vio una viuda pobre que echaba dos monedillas.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 21, 1-4

En aquel tiempo, Jesús, alzando los ojos, vio unos ricos que echaban donativos en el tesoro del templo; vio también una viuda pobre que echaba dos monedillas y dijo:
«En verdad os digo que esa viuda pobre ha echado más que todos, porque todos esos han contribuido a los donativos con lo que les sobra, pero ella, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir».

Palabra del Señor.

Notas: 

  1. Proyecto Amor Conyugal realiza un Anuncio en Madrid, sobre la verdad y la belleza del matrimonio, el día 2 de diciembre a las 12h. en el colegio Montealto. Calle La Masó 76
  2. Retiro para matrimonios en BARCELONA 15 a 17 de diciembre. Aforo completo. Inscríbete en lista de espera, suele haber un % de bajas. Accede a toda la información aquí: https://wp.me/p6AdRz-PN

Huellas en las puertas.

(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

¿Y si mi esposo es uno de esos que echa las pocas monedillas que tiene? A lo mejor ando criticándole porque me parece que echa poco, y resulta que algún día llegará Cristo y me dirá: Tú has echado de lo que te sobraba, en cambio tu esposo ha echado todo lo que tenía. Y yo he estado toda mi vida juzgándole por lo poco que le veía echar…

A lo mejor mi esposo es ese que pasa necesidad y encima me da lo que tiene. No lo sé, ni lo podré saber hasta que me muera y le contemple en el gran juicio. Allí seremos juzgados no por lo que hemos hecho objetivamente, sino por el amor que hemos puesto en lo que hacemos.

Santa Teresa de Calcuta decía que hay que dar hasta que “duela”. La viuda da hasta lo que le queda para vivir. Yo, Señor, quiero darme más a mi esposo, hasta que me duela.

Aterrizado a la vida matrimonial:

Ana: Entraba en la cocina, mirando los muebles desde una perspectiva que me permitía ver si había huellas de dedos en las puertas. No soporto que se toquen las puertas y se dejen huellas, habiendo asas especialmente para poder abrirlas. Aquella mañana, vi unas huellas justo en mitad de una de las puertas. Y me indigné: ¿Para qué habría que poner la mano ahí? ¡En mitad de la puerta! Me disponía a echarle la bronca a mi esposo, cuando de repente veo que coge un trapo para abrir una de las puertas de los muebles altos de la cocina, sin tener que tocar ni siquiera el asa. ¡Pobre! Me dio tanta pena ver que había llegado a ese extremo por intentar agradarme, que me callé, y sin decir nada, cogí otro trapo y limpié las huellas del centro de aquella puerta.
Entonces me pregunté ¿Qué esposo abre las puertas de la cocina con un trapo? Sólo el mío, por amor. ¡Cuánto me ama!, pensé. Y me enamoró tanto aquello…
Puede que en algún momento, vuelva a poner sus huellas en las puertas de la cocina, pero he aprendido a comprender que no lo hará por falta de amor hacia mí, sino víctima de su propia limitación.

Madre,

Normalmente no tenemos mucho para dar, porque somos poca cosa. Pero lo importante es que Dios, con ese poquito nuestro, hace mucho. De Tu vientre de mujer, Madre, Dios hizo Su casa ¿En qué convertirá nuestra entrega conyugal? Gloria a ti por siempre Señor.

¿En qué lado estaré, Señor? Comentario del Evangelio para Matrimonios: Mateo 25, 31-46

EVANGELIO

Se sentará en el trono de su gloria y separará a unos de otros
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 25, 31-46

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria, y serán reunidas ante él todas las naciones.
Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras.
Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda.
Entonces dirá el rey a los de su derecha:
«Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo.
Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme».
Entonces los justos le contestarán:
«Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?»
Y el rey les dirá:
«En verdad os digo que cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos, más pequeños conmigo lo hicisteis».
Entonces dirá a los de su izquierda:
«Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis.
Entonces también estos contestarán:
«Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?»
Él les replicará:
«En verdad os digo: lo que no hicisteis con uno de estos, los más pequeños, tampoco lo hicisteis conmigo».
Y estos irán al castigo eterno y los justos a la vida eterna».

Palabra del Señor.

Notas: 

  1. Proyecto Amor Conyugal realiza un Anuncio en Madrid, sobre la verdad y la belleza del matrimonio, el día 2 de diciembre a las 12h. en el colegio Montealto. Calle La Masó 76
  2. Retiro para matrimonios en BARCELONA 15 a 17 de diciembre. Aforo completo. Inscríbete en lista de espera, suele haber un % de bajas. Accede a toda la información aquí: https://wp.me/p6AdRz-PN

¿En qué lado estaré, Señor?

A la hora de enfrentarme a un examen ¡Cuánto me gustaría haber tenido acceso a las preguntas por adelantado! ¿Verdad?
Pues Jesús nos Ama tanto que nos da las preguntas del examen más importante que tendremos, todos seremos examinados del Amor y Jesús quiere que aprobemos para pasar a la vida eterna con Él y en Su reino.

Para mí, como esposo, este Evangelio muestra cómo vivir bien ante nuestro Sacramento conyugal, porque todo lo que le hago a mi esposo a Cristo se lo hago. ¿En qué lado me situarás, Señor?

Aterrizado a la vida matrimonial:

María: José te doy las gracias por haber dicho sí al Señor, gracias a eso mi vida es más plena. Llevamos años rezando juntos, conociéndonos y conociendo a Dios.
(Sed) José: María, gracias a ti porque tenía sed de tu amor y no lo sabía. Quería verte feliz y no sabía cómo hacerlo. Tú supiste ayudarme a profundizar en la verdad. Tú supiste esperarme con paciencia. Me diste lo que necesitaba mi alma.
(Forastero) María: Jesús gracias por ayudarme a integrarme en tu familia de origen. Qué duro es para algunas esposas, que las familias de origen de sus esposos las tratan como forasteras, intrusas que sobran y ni son amigas, ni las consideran familia. En cambio tú te has ocupado de hablarles a tus padres bien de mí, dándome un lugar preferencial y teniéndome siempre todo tipo de detalles para que no me sienta sola y te sienta a mi lado.
(Desnudo) José: María, me doy cuenta que tienes la visión más positiva de mí de todas las personas que me rodean. Tú siempre me excusas, siempre me transmites esperanza cuando equivoco el camino. Siempre encuentro en ti un apoyo una mano a la que agarrarme cuando todos los demás me han retirado la suya. Puedo mostrarme desnudo ante ti, sin miedo a sentirme juzgado con dureza.
(Enfermo) María: Yo valoro mucho cómo estás siempre a mi lado en la enfermedad, pendiente de mí, mientras he visto a otros esposos abandonar a sus mujeres hartos de tener que soportar sus problemas de salud. Dichoso tú, porque cada vez que lo hiciste conmigo, a Cristo se lo hiciste.
(En la cárcel) José: Dichosa tú, porque cada vez que me has visto preso de mi pecado, no me has criticado, no me has subestimado, no me has machacado pensando en el daño que te hacía, sino que has pensado en mí y me has ayudado a liberarme. Cada vez que lo hiciste conmigo, a Cristo se lo hiciste.

Madre,

Ruega por nosotros para que cada día nos amemos y eso nos una más a Cristo, viviendo el amor de comunión al que estamos llamados desde el principio, cuando fuimos creados. No hay mejor destino para nosotros. El Señor nos ama mucho. Alabado sea el Señor.

¿Cuánto tiempo dediqué ayer? Comentario del Evangelio para Matrimonios: Lucas 20, 27-40

EVANGELIO

No es Dios de muertos, sino de vivos.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 20, 27-40

En aquel tiempo, se acercaron algunos saduceos, los que dicen que no hay resurrección, y preguntaron a Jesús:
«Maestro, Moisés nos dejó escrito: “Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer pero sin hijos, que tome la mujer como esposa y dé descendencia a su hermano”. Pues bien, había siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos. El segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete, y murieron todos sin dejar hijos. Por último, también murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete la tuvieron como mujer».
Jesús les dijo:
«En este mundo los hombres se casan y las mujeres toman esposo, pero los que sean juzgados dignos de tomar parte en el mundo futuro y en la resurrección de entre los muertos no se casarán ni ellas serán dadas en matrimonio. Pues ya no pueden morir, ya que son como ángeles; y son hijos de Dios, porque son hijos de la resurrección.
Y que los muertos resucitan, lo indicó el mismo Moisés en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor «Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob». No es Dios de muertos, sino de vivos: porque para él todos están vivos».
Intervinieron unos escribas:
«Bien dicho, Maestro».
Y ya no se atrevían a hacerle más preguntas.

Palabra del Señor.

Notas: 

  1. Proyecto Amor Conyugal realiza un Anuncio en Madrid, sobre la verdad y la belleza del matrimonio, el día 2 de diciembre a las 12h. en el colegio Montealto. Calle La Masó 76
  2. Retiro para matrimonios en BARCELONA 15 a 17 de diciembre. Aforo completo. Inscríbete en lista de espera, suele haber un % de bajas. Accede a toda la información aquí: https://wp.me/p6AdRz-PN

¿Cuánto tiempo dediqué ayer?

(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

Los Saduceos no creían en la resurrección, mientras que los escribas sí, pero esperaban una vida que fuese continuación de esta. Ambos tenían creencias que les separaban y les situaban en oposición.
Jesús habla de una nueva vida que nada tiene que ver con esta, con lo cual, contradice a los dos. En el cielo, no habrá muerte, y por tanto no será necesaria la procreación. No habrá matrimonios como los conocemos aquí, pero nuestra unión no desaparece, sino que se eleva y se hace perfecta, total. Entonces sí que seremos perfectamente uno entre los que aquí somos esposos, con Dios y con el resto de hermanos.

Descubro que, si trabajo para nuestra unidad, trabajo para la eternidad, pues es lo único que permanecerá. Señor, para que seamos uno como Tú y el Padre sois uno.

Aterrizado a la vida matrimonial:

Fran: Llevo toda mi vida preocupándome de tenerlo todo: Seguridad, comodidad, diversión…, y ahora que creo que lo tengo, descubro que no soy feliz.
Ana: Pues yo, rezo mucho: El rosario, las novenas…, voy a la Eucaristía diaria, me confieso semanalmente, hago ayuno… y no acabo de encontrar la paz.
Pedro: ¡Jolín! Qué dos vidas tan distintas. Nadie diría que sois marido y mujer. Lo cierto es que ninguno de los dos estáis en el camino correcto. Uno, porque está muy centrado en todo lo terrenal, y la otra porque te has olvidado de construir una comunión con tu esposo, que es para lo que has sido creada. En la otra vida, no servirán para nada las riquezas ni las complacencias. Desnudos vinimos al mundo, y desnudos nos marcharemos. En la otra vida sólo permanecerá el amor, nos examinarán de amor. Tú, Ana, buscas tu consuelo en lo espiritual, pero no estás encarnando tu fe en tu vocación.
Ana: Ahora lo entiendo. Sólo lo que hagamos para construir una unidad entre nosotros y con Dios, vale para la vida eterna.
Pedro: Así es.

Madre,

Me pregunto, de todo mi día de ayer, ¿Cuánto tiempo dediqué a construir una unidad con mi esposo? ¿Y antes de ayer? Quizás. Madre, me esté esforzando demasiado en lo que no sirve para nada y me estoy olvidando de lo que sirve para la eternidad. Alabado sea el Señor que nos muestra el Camino. Amén.

El trastero interior. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Lucas 19, 45-48

EVANGELIO

Habéis hecho de la casa de Dios una “cueva de bandidos”
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 19, 45-48

En aquel tiempo, Jesús entró en el templo y se puso a echar a los vendedores, diciéndoles:
«Escrito está: «Mi casa será casa de oración»; pero vosotros la habéis hecho una «cueva de bandidos»».
Todos los días enseñaba en el templo.
Por su parte, los sumos sacerdotes, los escribas y los principales del pueblo buscaban acabar con él, pero no sabían que hacer, porque todo el pueblo estaba pendiente de él, escuchándolo.

Palabra del Señor.

Nota: Retiro para matrimonios en BARCELONA 15 a 17 de diciembre. Sólo quedan 7 plazas. Accede a toda la información aquí: https://wp.me/p6AdRz-PN

El trastero interior.

(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

Nuestro esfuerzo en el camino hacia Dios, no consiste en poner mucho de nosotros, sino en quitar mucho de nosotros para dejarle espacio al Espíritu y que Dios ponga de lo Suyo en nuestro interior. Imaginémonos un trastero, lleno de objetos sucios e inútiles que ocupan espacio. Nuestra tarea consiste en apartar trastos de nuestro interior y abrir una ventana para que pueda entrar la luz.

Ahora Dios no reside en un templo, sino que el templo es nuestro cuerpo. Cristo viene a echar de nuestro interior todas esas tendencias interesadas, esos “bandidos” que nos roban tiempo para lo verdaderamente importante que es nuestro esposo. Hay otros que nos intentan tapar la verdad, pintándonos la vida de aparentes riquezas que son basura al lado de la riqueza de vivir una comunión en el matrimonio y en última instancia, la riqueza de vivir en Dios que nos lo da todo…

“Mi casa es casa de oración” dice el Señor. Nuestro cuerpo es la casa de Dios y es lugar de oración. Ni el narcisista más empedernido podría haber imaginado un destino más grandioso para su propio cuerpo. Y es que el cristiano no es el reprimido que no sabe disfrutar de la vida, es el que conoce la grandeza de la verdad y no se conforma con menos.

Aterrizado a la vida matrimonial:

En mi relación con mi esposo, dentro de mí, hay como un diálogo interior:
Mi individualismo: Hoy voy a rezar solo. Cuesta mucho que coincidamos, y además, tenemos ritmos diferentes. Además, me concentro mejor cuando rezo solo.
Mi pereza: Deberíamos hablar mi esposo y yo, pero estoy súper cansado. Necesito sentarme y relajarme.
Mi orgullo: La última vez que hablamos, le conté cosas mías y después me lo ha sacado en discusiones. Mejor me reservo y no le cuento nada más.
Mi egoísmo: No me apetece nada irme con él/ella a compartir su afición favorita. Yo me aburro. Que se vaya solo y yo me quedo aquí viendo mi serie.
Mis deseos desordenados: (Él) Esta noche, me quedo levantado y cuando se duerma, tengo ahí unos vídeos eróticos… Estoy deseando que se duerma para disfrutar un rato. Me lo merezco. (Ella) Me gusta sentirme atractiva, que los ojos de los hombres se fijen en mí, me hace sentirme bien, segura de mí misma.
Mis rencores: Estoy muy dolido con él/ella. No quiero acercarme para no sufrir más.
Mi victimismo: No se da cuenta de todo lo que he hecho por él/ella, todo lo que me ha hecho sufrir… debería pedirme perdón, prestarme más atención…
…Son tantos los bandidos que me invaden por dentro y me roban la esperanza de vivir mi vocación…
Mi conciencia: Debes de abrirte más a tu esposo, y purificar tu corazón para verle como Dios le ve y amarle como Dios le ama.

En mí reside el Espíritu Santo, y no voy a permitir que Su casa sea una cueva de bandidos. Dios me ha confiado una hermosa misión y voy a llevarla a cabo.

Madre,

A partir de ahora, echaré todos estos ladrones fuera y, como Tú, seguiré el camino del Magníficat: Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi salvador, porque ha mirado la humillación de su esclavo…

Lo que conduce a la paz. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Lucas 19, 41-44

EVANGELIO

¡Si reconocieras lo que conduce a la paz!
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 19, 41-44

En aquel tiempo, al acercarse Jesús a Jerusalén y ver la ciudad, lloró sobre ella, mientras decía:
«¡Si reconocieras tú también en este día lo que conduce a la paz! Pero ahora está escondido a tus ojos.
Pues vendrán días sobre ti en que tus enemigos te rodearán de trincheras, te sitiarán, apretarán el cerco, de todos lados, te arrasarán con tus hijos dentro, y no dejarán piedra sobre piedra. Porque no reconociste el tiempo de tu visita».

Palabra del Señor.

Nota: Proyecto Amor Conyugal realiza un Anuncio en Madrid, sobre la verdad y la belleza del matrimonio, el día 2 de diciembre a las 12h. en el colegio Montealto. Calle La Masó 76

Lo que conduce a la paz.

El Señor nos transmite a veces a nosotros esas lágrimas ante matrimonios que no salen de su cerrazón. Prefieren estar encerrados en su dolor, en sus quejas y su visión obstinada de la vida y de las cosas, que abrirse al esposo, que salir de sí y crecer y hacerse uno según el designio Divino.
Entonces nos tortura ese mismo pensamiento: «Si reconocierais lo que conduce a la paz». Solemos comentarlo: Nos duele, casi más que lo que están sufriendo, lo que se están perdiendo, porque Dios nos ha permitido saborear los frutos de Su plan para el matrimonio, aunque sea mínimamente. Pero después de haber probado el plan de Dios, ya no queremos otra cosa. Lo venderíamos todo.

Aterrizado a la vida matrimonial:

Andrés: O cambia Ana, o me separo.
Ana: No lo soporto, no puedo perdonar a Andrés el daño que me ha hecho. Ya he sufrido bastante y no quiero seguir sufriendo ni un minuto más. Y mis hijos tampoco quiero que sufran nuestras discusiones constantes. Necesito un poquito de tranquilidad, y sólo la voy a conseguir si nos separamos. Así que no quiero escuchar más ni ir a ningún sito más para arreglar esto. He tomado una decisión y no hay vuelta atrás.
(Pero Pedro y María siguieron rezando por ellos, sufriendo por ellos, hasta que un día, Andrés y Ana estuvieron abiertos a escuchar. Después de un año trabajando su matrimonio…)
Ana: Andrés, no puedo entender cómo llegamos a caer tan bajo. Te veía tan horrible… No sé qué había en mi mirada, qué me tenía tan ciega. Y ahora, puedo decir, que eres «hueso de mis huesos y carne de mi carne».
Andrés: Es impresionante la fuerza que nos une ahora. Es el mismo Espíritu que nos une. Me siento muy cerca de ti. He aprendido a comprenderte, eres mi amante, mi consejera, mi amiga… mi esposa.
(Andrés y Ana habían reconocido lo que conduce a la paz: Hacer la voluntad de Dios para ellos. Responder a su vocación de esposos.)

Madre,

Queremos hacer un matrimonio a nuestra medida. Queremos ser dueños de nuestra vida, y no sabemos alcanzar la paz por nuestros medios. Necesitamos la paz que nos da Cristo después de resucitado. La paz de haber obedecido a la voluntad de Dios a pesar de las circunstancias. En tus manos estamos, Señor. Alabado seas.