
Sólo por hoy seré cortés con mi esposo/a y feliz en mi matrimonio, haré una cosa por él/ella, dedicaré media hora a la oración conyugal, creeré firmemente en el matrimonio… ¡sólo por hoy!

Sólo por hoy seré cortés con mi esposo/a y feliz en mi matrimonio, haré una cosa por él/ella, dedicaré media hora a la oración conyugal, creeré firmemente en el matrimonio… ¡sólo por hoy!

Si no tengo amor real, en mi día a día, en mi vocación, no soy nada. Amo a Dios tanto como ame a mi esposo/a. Para amarlo/a más, tengo que entregarme más.

Quien se impone a su esposo/a, no es más grande por ello y habrá desperdiciado su vida. Si le entrega su vida para amarlo/a y rescatarlo/a, como hizo Cristo, ¿qué misión hay más grande?

Nadie puede decir que su matrimonio no tiene arreglo, o que su esposo no tiene arreglo, porque eso sería tanto como no confiar en el Espíritu Santo. Si lo rechazamos, ¿quién podrá salvarnos?

El santo temor de Dios, el miedo a herirlo por ir en contra de Su voluntad, se convierte para los esposos en miedo a herirnos porque nos amamos. Dios quiere que le amemos amándonos mutuamente.