
Tengo que descubrir la grandeza y la belleza de lo que Dios me ha dado. En especial, a ti, esposo/a. Te miro como hijo/a de Dios. Una maravilla de la creación, de un valor incalculable.

Tengo que descubrir la grandeza y la belleza de lo que Dios me ha dado. En especial, a ti, esposo/a. Te miro como hijo/a de Dios. Una maravilla de la creación, de un valor incalculable.

¿Cómo he colaborado a crear este abismo con mi esposo/a? Con mis respuestas duras, con mi falta de sensibilidad o atención. Cuanto más me alejo de ti, más me alejo de Dios.

Cualquier pareja no cristiana se plantea pactar las tareas que hace uno y otro. Jesús habla de “ser” servidores el uno del otro, y eso implica una “conversión” del corazón. ¡He sido creado para mi esposo/a!

Ser un buen esposo, como San José, y custodiar nuestro amor es tratar a mi esposa con delicadeza, proteger su feminidad y dar importancia a sus cosas.

La misericordia es el ingrediente fundamental que transforma mi manera de amar a mi esposo/a en la manera de amar de Dios.