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Llantos y llantos. Comentario para Matrimonios: Juan 20, 11-18

EVANGELIO

He visto al Señor y ha dicho esto.
Lectura del santo Evangelio según san Juan 20, 11-18

En aquel tiempo, estaba María fuera, junto al sepulcro, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús.
Ellos le preguntan:
«Mujer, ¿por qué lloras?».
Ella les contesta:
«Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto».
Dicho esto, se vuelve y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús.
Jesús le dice:
«Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?».
Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta:
«Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré».
Jesús le dice:
«¡María!».
Ella se vuelve y le dice:
«¡Rabboni!», que significa: «¡Maestro!».
Jesús le dice:
«No me retengas, que todavía no he subido al Padre. Pero, anda, ve a mis hermanos y diles: “Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro”».
María Magdalena fue y anunció a los discípulos:
«He visto al Señor y ha dicho esto».

Palabra del Señor.

Llantos y llantos.

Señor, me haces ver en este Evangelio que hay llantos y llantos. Hay un llanto egoísta, por el que uno se lamenta de su mala suerte, de que no le quieren, de que no lo tienen en cuenta o no le dan lo que le gusta. Este llanto es desesperanzador, hace la vida amarga, la propia y las de los de alrededor, nos ahogan nuestras propias quejas y nos impiden reconocer a Jesús. El llanto sano es el del sufre por el dolor del Señor o el del que sufre por el padecimiento de otros, porque ahí también sufres Tú. Jesús, te miras tan poco a ti mismo y pones tanto la prioridad en mí, que estás dispuesto a presentarte a mí incluso dejando en espera ese gran momento de volver a reunirte de nuevo con el Padre después de toda una vida entre nosotros. ¡Impresionante el amor que me tienes!

Aterrizado a la vida matrimonial:

Andrés: Carmen, hoy en la oración me he dado cuenta de que no solo me quejo demasiado, sino que el centro de mis quejas siempre soy yo. Como si nunca llegase a estas suficientemente satisfecho. Cuando el Señor habla de “dichosos los que lloran”, desde luego, no se refiere a mi manera de “llorar”. Es importante que no esté tan centrado en mi mismo si quiero vivir contigo un buen matrimonio.
Carmen: Sí, a mí me pasa igual. Suelo ir de víctima y estar pendiente de lo que no haces por mí. El Señor nos enseña Su manera de amar, la que construye, la que glorifica a Dios. Vamos a esforzarnos para cumplir la misión que nos ha encomendado.

Madre,

Estar tan pendiente de mí, hace que muchas veces viva sin la conciencia de que Cristo está presente en todo momento. Es una maravilla tenerle entre nosotros, tan atento a nuestra vida y nuestras necesidades. Gloria al Señor.

La respuesta. Comentario para Matrimonios: Mateo 28, 8-15

EVANGELIO

Comunicad a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 28, 8-15
En aquel tiempo, las mujeres se marcharon a toda prisa del sepulcro; llenas de miedo y de alegría, corrieron a anunciarlo a los discípulos.
De pronto, Jesús les salió al encuentro y les dijo:
«Alegraos».
Ellas se acercaron, le abrazaron los pies y se postraron ante él.
Jesús les dijo:
«No temáis: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán».
Mientras las mujeres iban de camino, algunos de la guardia fueron a la ciudad y comunicaron a los sumos sacerdotes todo lo ocurrido. Ellos, reunidos con los ancianos, llegaron a un acuerdo y dieron a los soldados una fuerte suma, encargándoles:
«Decid que sus discípulos fueron de noche y robaron el cuerpo mientras vosotros dormíais. Y si esto llega a oídos del gobernador, nosotros nos lo ganaremos y os sacaremos de apuros.»
Ellos tomaron el dinero y obraron conforme a las instrucciones. Y esta historia se ha ido difundiendo entre los judíos hasta hoy.

Palabra del Señor.

La respuesta.

Señor, veo cómo actúa el mal, cómo sigue avanzando imparable. Empieza con una oposición por diferentes criterios, que lleva hasta tu muerte, la del Hijo de Dios, y después, ya veladamente, ante las pruebas fehacientes de Tu resurrección, continúan con sobornos y ocultamientos hasta llevar a todo un pueblo a no creer en ti generación tras generación hasta nuestros días. Veo Señor que el mal empieza por poco y va creciendo sin límite y veo que en muchas ocasiones empieza con un desacuerdo.

Pero sobre todo, hoy contemplo el gran misterio y la grandeza de Tu resurrección. ¿Qué fenómenos sobrenaturales ocurrieron en el Santo Sepulcro? Quizás ninguno soportaríamos haberlo presenciado, más que asistir en primera fila al mayor de los relámpagos. Y a la par de lo sobrecogedor e inexplicable de lo sobrenatural de aquel momento, Tú, un Dios cercano, que me conoces, que te acercas a mí y me hablas como Hermano. Qué gran contraste. Y este es el final feliz de nuestra liberación del mal, Señor, si nos arrepentimos. Nos agarramos a Tu resurrección y Tu victoria y por eso estamos alegres ¡Aleluya!

Aterrizado a la vida matrimonial:

Alejandro: Analizando lo que pasa entre tú y yo, que tenemos una visión tan diferente de las cosas, he llegado a la conclusión de que no debemos buscar quién tiene la razón o quién de los dos es el culpable, porque por ahí nos pilla el demonio y nos enzarzamos en una discusión que se convierte en una escalada hacia el mal con la que nos hacemos mucho daño. Todo empieza por un descuerdo y después estamos dispuestos a lo que sea con tal de tener razón. Creo que Dios está permitiendo esta prueba para ir puliendo nuestras almas y así debemos mirarlo, como una oportunidad.
Laura: En esta ocasión estoy de acuerdo contigo. Yo no me explico cómo tú puedes ver las cosas desde tu punto de vista y a ti no te cabe en la cabeza cómo las veo yo. Incluso luego no nos explicamos ninguno de los dos cómo llegamos al grado de destrucción que alcanzamos si ninguno de los dos lo desea y además nos queremos y no queremos hacernos daño. Por tanto, yo lo veo como tú, aquí hay una argucia del maligno y debemos enfrentarnos a ella. Pero ¿cómo?
Alejandro: A las tentaciones del demonio hay que responder, como hizo Cristo. Propongo que luchemos juntos contra él y no entre nosotros. Vamos a plantearnos qué respuesta le daremos cada vez que estemos en estas situaciones. Tiene que ser una respuesta contundente y apoyados en el poder de Cristo Redentor.
Laura: Ángel del mal, enemigo de Dios y de nuestro matrimonio: te metes en nuestras cabezas porque quieres sembrar la discordia entre nosotros confundiéndonos y retorciéndolo todo. Mi esposo y yo decidimos dejar de darle vueltas a la cabeza en este momento y nos unimos a Cristo en el silencio reparador. Por indicación de Nuestra Madre, repasaremos lo bello y lo bueno que tiene nuestro cónyuge hasta que se nos pase esta sensación de enemistad. Señor, socórrenos. Amén.
Alejandro: Amén. ¡Me encanta!

Madre,

Cristo ha resucitado, ¡Aleluya! Y eso tiene que repercutir necesariamente en nuestra vida de esposos cristianos. No permitas que nos alejemos de Él ni que olvidemos este gran don de la Vida. Por Jesucristo Tu Hijo, Nuestro Señor. Amén.

Espíritu de redención. Comentario para Matrimonios: Juan 20, 1-9

EVANGELIO

Él había de resucitar de entre los muertos.
Lectura del santo Evangelio según san Juan 20, 1-9

El primer día de la semana, María la Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro.
Echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo:
«Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto. »
Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; e, inclinándose, vio los lienzos tendidos; pero no entró.
Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio los lienzos tendidos y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no con los lienzos, sino enrollado en un sitio aparte.
Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.
Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.

Palabra del Señor.

Espíritu de redención.

Juan y Pedro corren juntos hacia el momento definitivo de la fe. Cristo no ha muerto para siempre, ¡Ha resucitado para siempre!. La muerte, esa enemiga que nos acecha constantemente y que se hace notar tan dramáticamente en cada pecado o cuando se acerca a nuestros seres queridos, ha sido vencida. ¡Gloria a Dios! Toda la Pasión, todo aquel sufrimiento, cobra sentido hoy. Ha merecido la pena acompañar al Señor en este tiempo de cuaresma y pasión. Podríamos resumir lo que hoy celebramos, en una frase: El Amor vence a la muerte. Sí, con Su amor, el nuestro puede superar el límite de la muerte.

¡El Señor ha resucitado!! ¡Gloria a Dios! Nos ha traído el Perdón de Dios, y hace posible perdonarnos mutuamente. El matrimonio vuelve a ser posible porque ya podemos restaurarlo en cada caída, con el Perdón que nos ha traído Dios. Es nuestro nuevo camino del amor, el camino del Perdón. ¡Aleluya!!

Aterrizado a la vida matrimonial:

Marta: Juan, te perdono. Me he dado cuenta de que si no te perdono es porque quiero ejercer un domino sobre ti, y me he dado cuenta de todo lo que el Señor pasó para traernos el Perdón, y no puedo yo quitarte ese derecho por mi orgullo.
Juan: Gracias Dios mío. Gracias por liberarme. (Se abraza a Marta) Gracias mi amor. Ahora veo que realmente me quieres, porque a través de ti, me llega la Misericordia de Dios. Después de celebrar la resurrección de Cristo, nuestra vida tiene que cambiar, tengo que vivir nuestro matrimonio como una nueva noticia, lleno del Espíritu de la redención. Sembrando esperanza y alegría entre nosotros. Nuestro antiguo matrimonio ha muerto con Cristo y renace ahora uno nuevo en Cristo. ¡Gloria a Dios!
Marta: Te amo Juan. Gracias Señor, porque nos has salvado. Alabado seas por siempre.

Madre,

Por fin el triunfo sobre el mal y sobre la muerte. Por fin, redimidos de todas nuestras culpas. Estamos alegres, estamos gozosos, es un maravilloso don de Dios. Ahora sí entendemos cuánto merece la pena la cruz. Ahora todo cobra sentido. Exulten los coros de los ángeles… Gloria a Dios…

¿Cómo se hace? Comentario para Matrimonios: Juan 18, 1-19, 42

EVANGELIO

Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 18, 1-19, 42

¿A quién buscáis? A Jesús, el Nazareno
Cronista:
En aquel tiempo, salió Jesús con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto, y entraron allí él y sus discípulos. Judas, el que lo iba a entregar, conocía también el sitio, porque Jesús se reunía a menudo allí con sus discípulos. Judas entonces, tomando una cohorte y unos guardias de los sumos sacerdotes y de los fariseos, entró allá con faroles, antorchas y armas. Jesús, sabiendo todo lo que venía sobre él, se adelantó y les dijo:
+ – «¿A quién buscáis?»
C. Le contestaron:
S. – «A Jesús, el Nazareno».
C. Les dijo Jesús:
+ – «Yo soy».
C. Estaba también con ellos Judas, el que lo iba a entregar. Al decirles: «Yo soy», retrocedieron y cayeron a tierra. Les preguntó otra vez:
+ – «¿A quién buscáis?»
C. Ellos dijeron:
S. – «A Jesús, el Nazareno».
C. Jesús contestó:
+ – «Os he dicho que soy yo. Si me buscáis a mi, dejad marchar a estos».
C. Y así se cumplió lo que había dicho: «No he perdido a ninguno de los que me diste».
Entonces Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó e hirió al criado del sumo sacerdote, cortándole la oreja derecha. Este criado se llamaba Malco. Dijo entonces Jesús a Pedro:
+ – «Mete la espada en la vaina. El cáliz que me ha dado mi Padre, ¿no lo voy a beber?».
Llevaron a Jesús primero a Anás
C. La cohorte, el tribuno y los guardias de los judíos prendieron a Jesús, lo ataron y lo llevaron primero a Anás, porque era suegro de Caifás, sumo sacerdote aquel año; Caifás era el que había dado a los judíos este consejo: «Conviene que muera un solo hombre por el pueblo».
Simón Pedro y otro discípulo seguían a Jesús. Este discípulo era conocido del sumo sacerdote y entró con Jesús en el palacio del sumo sacerdote, mientras Pedro se quedó fuera a la puerta. Salió el otro discípulo, el conocido del sumo sacerdote, habló a la portera e hizo entrar a Pedro. La criada portera dijo entonces a Pedro:
S. – «¿No eres tú también de los discípulos de ese hombre?».
C. Él dijo:
S. – «No lo soy».
C. Los criados y los guardias habían encendido un brasero, porque hacia frío, y se calentaban. También Pedro estaba con ellos de pie, calentándose.
El sumo sacerdote interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y de su doctrina.
Jesús le contestó:
+ – «Yo he hablado abiertamente al mundo; yo he enseñado continuamente en la sinagoga y en el templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he dicho nada a escondidas. ¿Por qué me preguntas a mí? Pregunta a los que me han oído de qué les he hablado. Ellos saben lo que yo he dicho».
C. Apenas dijo esto, uno de los guardias que estaba allí le dio una bofetada a Jesús, diciendo:
S. – «¿Así contestas al sumo sacerdote?».
C. Jesús respondió:
+ – «Si he faltado al hablar, muestra en qué he faltado; pero si he hablado como se debe, ¿por qué me pegas?»
C. Entonces Anás lo envió atado a Caifás, sumo sacerdote.
¿No eres tú también de sus discípulos? No lo soy
C. Simón Pedro estaba en pie, calentándose, y le dijeron:
S. – «¿No eres tú también de sus discípulos?»
C. Él lo negó, diciendo:
S. – «No lo soy».
C. Uno de los criados del sumo sacerdote, pariente de aquel a quien Pedro le cortó la oreja, le dijo:
S. – «¿No te he visto yo en el huerto con él?»
C. Pedro volvió a negar, y enseguida cantó un gallo.
Mi reino no es de este mundo
C. Llevaron a Jesús de casa de Caifás al pretorio. Era el amanecer, y ellos no entraron en el pretorio para no incurrir en impureza y poder así comer la Pascua. Salió Pilato afuera, adonde estaban ellos, y dijo:
S. – «¿Qué acusación presentáis contra este hombre?»
C. Le contestaron:
S. – «Si éste no fuera un malhechor, no te lo entregaríamos».
C. Pilato les dijo:
S. – «Lleváoslo vosotros y juzgadlo según vuestra ley».
C. Los judíos le dijeron:
S. – «No estamos autorizados para dar muerte a nadie».
C. Y así se cumplió lo que había dicho Jesús, indicando de qué muerte iba a morir.
Entró otra vez Pilato en el pretorio, llamó a Jesús y le dijo:
S. – «¿Eres tú el rey de los judíos?».
C. Jesús le contestó:
+ – «¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mi?».
C. Pilato replicó:
S. – «¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho?».
C. Jesús le contestó:
+ – «Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí».
C. Pilato le dijo:
S. – «Entonces, ¿tú eres rey?»
C. Jesús le contestó:
+ – «Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz».
C. Pilato le dijo:
«Y, ¿qué es la verdad?»
C. Dicho esto, salió otra vez a donde estaban los judíos y les dijo:
S. – «Yo no encuentro en él ninguna culpa. Es costumbre entre vosotros que por Pascua ponga a uno en libertad. ¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?».
C. Volvieron a gritar:
S. – «A ése no, a Barrabás».
C. El tal Barrabás era un bandido.
¡Salve, rey de los judíos!
C. Entonces Pilato tomó a Jesús y lo mandó azotar. Y los soldados trenzaron una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza y le echaron por encima un manto color púrpura; y, acercándose a él, le decían:
S. – «¡Salve, rey de los judíos!».
C. Y le daban bofetadas.
Pilato salió otra vez afuera y les dijo:
S. – «Mirad, os lo saco afuera, para que sepáis que no encuentro en él ninguna culpa».
C. Y salió Jesús afuera, llevando la corona de espinas y el manto color púrpura. Pilato les dijo:
S. – «He aquí al hombre».
C. Cuando lo vieron los sumos sacerdotes y los guardias, gritaron:
S. – «¡Crucifícalo, crucifícalo!»
C. Pilato les dijo:
S. – «Lleváoslo vosotros y crucificadlo, porque yo no encuentro culpa en él».
C. Los judíos le contestaron:
S. – «Nosotros tenemos una ley, y según esa ley tiene que morir, porque se ha hecho Hijo de Dios».
C. Cuando Pilato oyó estas palabras, se asusto aún más. Entró otra vez en el pretorio y dijo a Jesús:
S. – «¿De dónde eres tú?».
C. Pero Jesús no le dio respuesta.
Y Pilato le dijo:
S. – «¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para soltarte y autoridad para crucificarte?».
C. Jesús le contestó:
+ – «No tendrías ninguna autoridad sobre mí, si no te la hubieran dado de lo alto. Por eso el que me ha entregado a ti tiene un pecado mayor».
¡Fuera, fuera; crucifícalo!
C. Desde este momento Pilato trataba de soltarlo, pero los judíos gritaban:
S. – «Si sueltas a ése, no eres amigo del César. Todo el que se hace rey está contra el César».
C. Pilato entonces, al oír estas palabras, sacó afuera a Jesús y se sentó en el tribunal, en el sitio que llaman «el Enlosado» (en hebreo Gábbata). Era el día de la Preparación de la Pascua, hacia el mediodía.
Y dijo Pilato a los judíos:
S. – « He aquí a vuestro rey».
C. Ellos gritaron:
S. – «¡Fuera, fuera; crucifícalo!».
C. Pilato les dijo:
S. – «¿A vuestro rey voy a crucificar?».
C. Contestaron los sumos sacerdotes:
S. – «No tenemos más rey que al César».
C. Entonces se lo entregó para que lo crucificaran.
Lo crucificaron, y con él a otros dos
C. Tomaron a Jesús, y cargando él mismo con la cruz, salió al sitio llamado «de la Calavera» (que en hebreo se dice Gólgota), donde lo crucificaron; y con él a otros dos, uno a cada lado, y en medio, Jesús. Y Pilato escribió un letrero y lo puso encima de la cruz; en él estaba escrito: «Jesús, el Nazareno, el rey de los judíos».
Leyeron el letrero muchos judíos, porque estaba cerca el lugar donde crucificaron a Jesús, y estaba escrito en hebreo, latín y griego.
Entonces los sumos sacerdotes de los judíos dijeron a Pilato:
S. – «No escribas: «El rey de los judíos», sino: «Este ha dicho: Soy el rey de los judíos”».
C. Pilato les contestó:
S. – «Lo escrito, escrito está».
Se repartieron mis ropas
C. Los soldados, cuando crucificaron a Jesús, cogieron su ropa, haciendo cuatro partes, una para cada soldado, y apartaron la túnica. Era una túnica sin costura, tejida toda de una pieza de arriba abajo. Y se dijeron:
S. – «No la rasguemos, sino echémosla a suerte, a ver a quién le toca».
C. Así se cumplió la Escritura: «Se repartieron mis ropas y echaron a suerte mi túnica». Esto hicieron los soldados.
Ahí tienes a tu hijo. Ahí tienes a tu madre
C. Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre:
+ – «Mujer, ahí tienes a tu hijo».
C. Luego, dijo al discípulo:
+ – «Ahí tienes a tu madre».
C. Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa.
Está cumplido
C. Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba cumplido, para que se cumpliera la Escritura dijo:
+ – «Tengo sed».
C. Había allí un jarro lleno de vinagre. Y, sujetando una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo, se la acercaron a la boca. Jesús, cuando tomó el vinagre, dijo:
+ – «Está cumplido».
C. E, inclinando la cabeza, entregó el espíritu.
Todos se arrodillan, y se hace una pausa.
Y al punto salió sangre y agua
C. Los judíos entonces, como era el día de la Preparación, para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día grande, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y que los quitaran, Fueron los soldados, le quebraron las piernas al primero y luego al otro que habían crucificado con él; pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua. El que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero, y él sabe que dice verdad, para que también vosotros creáis. Esto ocurrió para que se cumpliera la Escritura: «No le quebrarán un hueso»; y en otro lugar la Escritura dice: «Mirarán al que traspasaron».
Envolvieron el cuerpo de Jesús en los lienzos con los aromas
C. Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús aunque oculto por miedo a los judíos, pidió a Pilato que le dejara llevarse el cuerpo de Jesús. Y Pilato lo autorizó. Él fue entonces y se llevó el cuerpo. Llegó también Nicodemo, el que había ido a verlo de noche, y trajo unas cien libras de una mixtura de mirra y áloe.
Tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en los lienzos con los aromas, según se acostumbra a enterrar entre los judíos. Había un huerto en el sitio donde lo crucificaron, y en el huerto, un sepulcro nuevo donde nadie había sido enterrado todavía. Y como para los judíos era el día de la Preparación, y el sepulcro estaba cerca, pusieron allí a Jesús.

Palabra del Señor.

¿Cómo se hace?

Contemplamos a Jesús, Esposo, cómo ama. Decía San Juan Pablo que un matrimonio no se puede llamar cristiano si no se asemeja a Cristo Esposo que se entrega por su Esposa la Iglesia en la Cruz. Contemplo por tanto cuánto se parece mi manera de amar en el matrimonio a la de Cristo.

Aterrizado a la vida matrimonial:

Jesús: Si me buscáis a mí, dejad marchar a éstos
Yo: ¿Me ofrezco como víctima cuando alguien ataca a mi esposo con tal de que él o ella no sufra ningún daño u ofensa? (Por ejemplo ante mi familia de origen, mis amigos…)
J: Mete la espada en la vaina. El cáliz que me ha dado mi Padre, ¿no lo voy a beber?
Y: ¿Trabajo por la paz acogiendo yo la violencia como voluntad de Dios para mí?
J: yo he enseñado continuamente
Y: ¿Voy hablando por ahí de mi esposo, de mi matrimonio y de mi familia como un gran don recibido de Dios?
J: Pedro volvió a negar, y enseguida cantó un gallo
Y: ¿Pongo mi confianza en mi esposo aun sabiendo que me va a traicionar?
J: Mi reino no es de este mundo…
Y: ¿Vivo mi matrimonio como el reino de Dios en este mundo?
J: Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para ser testigo de la verdad.
Y: ¿Con mi matrimonio soy testigo de quien es la Verdad?
J: No tendrías ninguna autoridad sobre mí, si no te la hubieran dado de lo alto.
Y: ¿Administro la autoridad de Dios en mi familia o aplico la mía?
J: Mujer, ahí tienes a tu hijo.
Y: En mis momentos de más sufrimiento ¿Sigo pendiente de mi esposo y de mis seres queridos?
J: para que se cumpliera la Escritura dijo: «Tengo sed.»
Y: ¿Actúo yo siempre según la voluntad del Padre?
J: Está cumplido
Y: ¿Podré decir yo esto al final de mis días?

Madre,

No me canso de contemplar el amor de Cristo. Me parece tan admirable, tan deseado, tan coherente… No tengo palabras, pero me sobrecoge y a la vez me ruboriza… Contemplar la cruz es lo más sanador que conozco. Bendito y alabado seas por siempre, mi Señor.