
El día que deje de mirar a mi esposo/a con mis ojos y lo/la mire como un don de Dios para llegar a Él, descubriré que Dios me habla a través de él/ella.

El día que deje de mirar a mi esposo/a con mis ojos y lo/la mire como un don de Dios para llegar a Él, descubriré que Dios me habla a través de él/ella.

Los esposos necesitamos las ofrendas y la purificación por nuestros pecados, para acoger el verdadero Amor.

Yo soy tierra y mi esposo/a también. Dios me creó y en mi tierra puso todo lo necesario para que, si acojo Su semilla, ésta germine.

Para dar amor a mi esposo/a, primero tengo que recibirlo de Dios, acercarme a Él, empaparme de Él. Entonces tendré amor para dar y veré grandes maravillas en mi matrimonio y en mi vida.

Hay matrimonios, que acogen la buena noticia de la grandeza y la belleza del matrimonio y empiezan a trabajar y a rezar juntos…
Y su matrimonio da fruto. ¡Están alegres, ilusionados, enamorados!