Archivo por meses: julio 2026

RETIRO MATRIMONIOS MÁLAGA (CON NIÑOS)  25 – 27 SEPTIEMBRE  2026

RETIRO MATRIMONIOS MÁLAGA (CON NIÑOS)  25 – 27 SEPTIEMBRE  2026

RETIRO MATRIMONIOS ALMERIA (con niños)  25 – 27 SETIEMBRE 2026

RETIRO MATRIMONIOS ALMERIA (con niños)  25 – 27 SETIEMBRE 2026

RETIRO MATRIMONIOS BUENOS AIRES 7  – 9 AGOSTO 2026

RETIRO MATRIMONIOS BUENOS AIRES 7  – 9 AGOSTO 2026

La carga es ligera. Comentario para matrimonios: Mateo 11, 28-30

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Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 11, 28-30

En aquel tiempo, tomó la palabra Jesús y dijo: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».

La carga es ligera.

A través de la humildad reconocemos la verdadera relación entre Dios y el hombre, viendo el sitio que ocupamos ante Dios. La vida Cristo, desde su nacimiento hasta su muerte, fue un acto perfecto de humildad estando sometido plenamente a la voluntad del Padre, y alcanzó su punto culminante en la cruz. Por nuestro pecado ante la dificultad tendemos a olvidarnos de Dios, intentado solucionarlo con nuestras propias fuerzas, que nos llevan a cansarnos y agobiarnos, donde el amor propio se hace dueño de nuestros actos y nos aleja de la voluntad de Dios. Pero Cristo nos pide que acudamos y aprendamos de Él, que es manso y humilde de corazón, enseñándonos a ser mansos para acudir a Dios y humildes para cumplir Su voluntad. Cada dificultad, cada prueba, cada cruz está pesada en la balanza del Amor de Dios, no tengas miedo, el Señor siempre está a tu lado y esperando que acudamos a Él para acompañarnos.
En el matrimonio Cristo se revela a través de nuestro esposo, estando siempre dispuesto a acompañarnos, a acogernos y a compartir todo. La gracia del sacramento hace a los esposos mansos para entregarse entre ellos y humildes para cumplir juntos la voluntad de Dios. En un matrimonio manso se manifiesta el rostro de Cristo, mostrando Su Corazón que es manso y humilde.

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Daniel: Carmen, te noto un poco rara ¿va todo bien?
Carmen: Qué bien me conoces, pero no quería contarte nada porque ya tienes bastante con lo que estás viviendo, entre tu búsqueda de trabajo y la salud de tu madre, no quería preocuparte con más cosas.
Daniel: Querida Carmen, todas mis dificultades te las he contado para compartir mis sentimientos contigo y sentirme apoyado por ti en todo. Necesito compartirlas para poder soportarlas mejor.
Carmen: Ya lo se Daniel, pero ya tienes bastante y lo mío es solo temporal y se pasará.
Daniel: Eso espero, pero también necesito saber que puedo ser tu apoyo ante tus dificultades por poco que sea, estoy a tu lado y quiero que acudas a mi para poder ayudarte en todo.
Carmen: Tienes razón, perdóname, creía que te hacía un favor sin contártelo y es al contrario, te he sumado otra preocupación por que me lo has notado. Pensé que sola con mis propias fuerzas iba a poder solucionarlo y no es así. Me he dejado llevar por mi amor propio.
Daniel: No hay nada que perdonar, todo lo contrario, siempre estoy aquí para lo que sea, a pesar de mis dificultades, eres lo más importante para mí y la mejor manera de demostrártelo es estar a tu entera disponibilidad.

Madre,

Ayúdanos a no tener miedo y que acudamos a tu Hijo para que nos enseñe a ser mansos y humildes de corazón ante la dificultad. Bendito sea Dios

Recibirlo todo. Comentario para matrimonios: Mateo 11, 25-27

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Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 11, 25-27

En aquel tiempo, tomó la palabra Jesús y dijo:
«Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, así te ha parecido bien.
Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar».

Recibirlo todo.

¿Qué tienen los pequeños que no tienen los sabios? Jesús nos muestra dos actitudes del corazón. Los pequeños se asombran fácilmente, preguntan, confían, reconocen que no saben, se dejan enseñar y con sencillez reciben todo de sus padres. Todos nacemos con un corazón de niño, pero la soberbia heredada del pecado original nos va haciendo autosuficientes. Es la misma tentación del Génesis: «Seréis como dioses» (Gn 3,5). Así va naciendo el sabio y entendido; dejo de preguntar, dejo de pedir ayuda, dejo de escuchar, no me dejo corregir… Estoy tan lleno de mí mismo y de mis certezas, que no necesito recibir nada. Y cuando dejo de recibir, dejo de ser pequeño.
Los sabios y entendidos del matrimonio piensan: “Ya sé cómo eres”, “siempre haces lo mismo”, “no vas a cambiar”, “ya te conozco”; mientras el pequeño piensa: «Señor, ayúdame», «necesito tu gracia», «necesito a mi esposo», «necesito aprender a amar.» Cuanto más llenos estamos de nosotros mismos, menos espacio encuentra el Señor para revelarnos los secretos de su Corazón. Por eso Jesús hoy da gracias al Padre, porque sigue encontrando almas pequeñas, aquellas que cuando no entienden siguen confiando. Esa confianza es la puerta por la que el Padre revela sus secretos. Y es que los secretos del Padre no se conquistan; se reciben con un corazón de niño. ¿Es mi corazón uno de estos?

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Jaime y Carmen habían planeado salir a cenar juntos después de una semana agotadora. Pero a última hora se rompe la lavadora, se inunda la cocina y uno de los niños empieza a tener fiebre. El plan perfecto se viene abajo.
Jaime: (recogiendo agua visiblemente frustrado) ¡Menudo desastre! Con las ganas que tenía de esta noche…
Carmen: Cariño, mírame un momento. Mi yo controlador también está protestando por dentro, pero me gustaría decir como Jesús: «Sí, Padre, porque así te ha parecido bien».
Jaime: ¿De verdad te sale decir eso ahora mismo?
Carmen: No me sale de forma natural. Me sale desde la fe. Yo también habría elegido otra noche, pero el Padre ha permitido esta. Y si Él la ha permitido, será porque aquí también quiere regalarnos algo.
Jaime: Mi plan era cenar en un restaurante.
Carmen: Y el de Dios parece que es cuidar de nuestro hijo y achicar agua juntos.
(Jaime sonríe por primera vez en toda la noche).
Jaime: Pues pidamos una pizza y terminemos de recoger esto.
Carmen: Sí, Padre, porque así te ha parecido bien.

Madre,

regálame un corazón pequeño que no necesite entenderlo todo y enséñame a descubrir cada día los regalos escondidos del Padre. ¡Bendita y alabada seas!