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Proyecto Amor Conyugal

Un proyecto misionero de María para el Matrimonio y la Familia.

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Proyecto Amor Conyugal

Conseguir que crean. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Juan 17, 20-26

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La unidad entre los esposos es la única forma de que crean nuestros hijos y el mundo. La unión en Cristo, confrontándonos con Su Palabra, para descubrir la verdad del amor.

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Esta entrada fue publicada en Proyecto Amor Conyugal el 6 junio, 2019 por Proyecto Amor Conyugal.

Cuando no nos ponemos de acuerdo. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Juan 17, 11b-19

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Que los esposos nos hagamos uno significa ser uno en Cristo: Que nuestra voluntad y nuestro amor sean los Suyos. Sigue leyendo →

Esta entrada fue publicada en Proyecto Amor Conyugal el 5 junio, 2019 por Proyecto Amor Conyugal.

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Esta entrada fue publicada en Proyecto Amor Conyugal el 4 junio, 2019 por Proyecto Amor Conyugal.

Testamento para la eternidad. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Juan 17, 1-11a

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Jesús, viniste a injertar la vida divina en el centro de mi matrimonio. Acojo a mi esposo/a para mayor gloria Tuya. Sigue leyendo →

Esta entrada fue publicada en Proyecto Amor Conyugal el 4 junio, 2019 por Proyecto Amor Conyugal.

El corrector no entiende. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Juan 16, 29-33

2 respuestas

Cristo ha vencido ya todas nuestras batallas. Los esposos sólo vamos a encontrar la paz si nos apoyamos en Él. Sigue leyendo →

Esta entrada fue publicada en Proyecto Amor Conyugal el 3 junio, 2019 por Proyecto Amor Conyugal.

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¿Pendientes de qué? El Señor constantemente nos es ¿Pendientes de qué?
El Señor constantemente nos está invitando a una manera nueva de vivir. En esta ocasión nos llama a estar despiertos, atentos, pendientes a Él, a Su Palabra, a Su Corazón, para poder abrir la puerta del nuestro y recibir Su amor divino. Será en la medida en la que nos llenemos de su amor y lo entreguemos que seremos felices. Pregúntate sin miedo: ¿Soy verdaderamente feliz? Experimento habitualmente alegría, paz, paciencia, bondad, amor…? Porque estos son los frutos del Espíritu Santo, los frutos de una vida que se deja amar por Dios y se entrega según su voluntad. Si quieres vivir esto, pregúntate con sinceridad: ¿De qué vivo yo pendiente? ¿Quizá del móvil, de mi físico, de la ropa, de que la casa esté perfecta, del trabajo, incluso de mis hijos, padres, amigos…? ¿Qué me roba el tiempo y la atención? ¡Cuántas cosas parece que reclaman mi corazón! Pero ¿y mi esposo? ¿Vivo pendiente de él, de lo que le hace feliz, de construir una intimidad con él? ¿O me encuentro con que muchas veces le estoy entregando únicamente las sobras de mi tiempo y de mi corazón cuando se lo entregué a él? ¡Hoy es el día de empezar a vivir de otra manera! ¡Vuelve tu mirada al Señor, déjate amar por Él y entrégate a tu esposo con todo tu corazón! No midas, no esperes a que él empiece a hacerlo; hazlo tú. ¡Ahí está el camino de la verdadera felicidad! ¡No la busques en otro lugar!
Aterrizado a la Vida Matrimonial:
Luis y Elena llevan semanas discutiendo por cualquier cosa, pero están siendo acompañados por tutores y quieren crecer en el amor. Una noche, después de acostar a los niños, se sientan en el sofá.
Elena: Luis, ¿tú no notas que últimamente estamos fatal?
Luis: Ya… Es que no paramos. Entre el trabajo, los niños y todo lo que tenemos encima…
Elena: Pues para el trabajo siempre sacas tiempo. Y para mirar el móvil también.
Luis: Ya estamos… Tú tampoco paras con los niños, tu madre, las compras, la casa… Parece que soy el último de la lista.
Elena: ¡Ya estamos! Vamos a intentar construir, por favor y dejar de acusarnos que terminamos fatal.
Luis: Vaaale
(Sigue en comentarios)
Nunca es suficiente. La codicia nos lleva a poner Nunca es suficiente.
La codicia nos lleva a poner nuestra seguridad en las cosas de este mundo en lugar de ponerla en Dios. Cuando nos dejamos arrastrar por ella, dedicamos nuestros esfuerzos a conseguir aquello que creemos necesitar, alejándonos poco a poco de Dios y de nuestra vocación de esposos.
La búsqueda desordenada de más riqueza, más poder, más prestigio o reconocimiento, incluso el deseo de destacar espiritualmente, termina apartándonos de lo verdaderamente importante: amar a Dios y crecer en comunion con nuestro esposo.
Y es que la codicia nunca se sacia. Siempre queremos algo más, porque nunca se tiene bastante de aquello que en realidad no se necesita. Vivimos buscando fuera lo que solo Dios puede llenar dentro de nosotros.
La codicia nos impide amar verdaderamente, porque pone nuestros deseos por delante de la entrega. Dejamos de mirar a nuestro esposo y de estar atentos a sus necesidades, porque nuestro corazón está ocupado en otras cosas.
Jesús nos invita hoy a reconocer esas pequeñas codicias que se esconden en nuestro corazón y a desprendernos de ellas, para recuperar la libertad de amar y entregarnos plenamente a nuestro esposo.
Aterrizado a la vida Matrimonial:
Laura:¡Otra vez has llegado tarde! Dijiste que hoy cenaríamos juntos.
Andres: Lo sé, pero surgió una reunión de ultima hora. Tengo que estar a tope, ahora mas que nunca. Todo esto lo hago por nuestra familia.
Laura: Siempre dices lo mismo, pero hace meses que casi no estás en casa. Nuestros hijos te esperan y yo me siento sola.
Andres: Gracias a nuestros trabajos tenemos esta casa, los colegios y la vida que llevamos.
Laura: Reconozco que me da miedo perder nuestras comodidades, pero mas miedo me da seguir perdiendo nuestro matrimonio.
Andres: No pensé que lo vieras así.
Laura: Los dos hemos alimentado esto. Tú quieres ganar más y demostrar que puedes llegar más lejos; yo temo renunciar a las comodidades y a la imagen que hemos construido. Decimos que es por la familia, pero muchas veces es por nuestra propia codicia.
Andres: Quizá he buscado en el dinero una seguridad que solo Dios puede dar.
(Sigue en comentarios)
Coherencia. Los fariseos actúan con doblez, con ma Coherencia.
Los fariseos actúan con doblez, con maldad, dejándose llevar por su corazón ciego por el pecado que les impide ver a Dios.
Y Tú, Señor, que conoces su cerrazón, aprovechas para mostrarnos cómo tenemos que vivir en verdad. No podemos ser buenos discípulos tuyos si no somos buenos ciudadanos, que actuamos en verdad conforme a lo que nos enseñas. Pero también ese actuar en verdad supone hacerlo dando a Dios todo lo que me pide, para darle toda la gloria, viviendo para Él. De este modo, se produce la unidad de vida y todos los dones que recibo de Dios los entrego en todas las situaciones de mi vida.
En el matrimonio es donde más en coherencia tengo que vivir. El trabajo, los deberes como ciudadano son importantes. Pero lo más importante es mi vocación: mi esposo. Desde la eternidad Dios me pensó para entregarme a Él a través de mi entrega a mi esposo. Mi amor a Dios se concreta sobre todo en mi amor a mi esposo. Entonces, todo se ordena y mi vida cobra el sentido para el que he sido creado y entra la paz, y poco a poco Dios va haciendo que mi vida vaya siendo cada vez más plena.
No tendría mucha coherencia ser un mal ciudadano y luego pretender ser un buen cristiano, y tampoco ser un buen ciudadano y en mi casa ser un mal esposo. Y ninguna de las dos cosas son posibles hacerlas bien si no me lleno de la gracia de Dios para que sea Él quién lo haga, porque sin Él no podemos nada.
Aterrizado a la vida Matrimonial:
Samuel: Hoy, después de leer el evangelio me ha hecho recordar lo mal que vivíamos antes, lo desordenada que teníamos nuestra vida y cómo íbamos directos al precipicio.
Susana: ¿Ah, sí? No entiendo la relación con nuestro pasado y pagar el impuesto… más allá de que no tratáramos de pagar lo menos posible, como todo el mundo.
Samuel: Pues sí, nosotros íbamos de buenecitos, salíamos de casa para ir a misa y parecíamos santos, incluso algunos días íbamos a rezar o a una adoración, pero luego en casa eramos unos auténticos desconocidos, nos tratábamos mal y llevábamos vidas paralelas. Vamos, que eramos unos hipócritas.
Susana: Es verdad, no éramos coherentes, pero la misericordia del Señor nos alcanzó y todo se fue poniendo en orden.
(Sigue)
NegarLe o testimoniarLe. Esposos, hoy Jesús nos in NegarLe o testimoniarLe.
Esposos, hoy Jesús nos invita a preguntarnos si de verdad Él ocupa el centro de nuestro corazón y de nuestra vida. ¿Estamos viviendo la alianza que un día le prometimos o le estamos negando con nuestra manera de amarnos? Podemos decir que creemos en Él, pero es en la forma de amarnos cada día donde se ve si estamos viviendo la alianza que un día le prometimos. Cuando me cierro a mi esposo, me cuesta perdonar o dejo de entregarme, mi vida deja de mostrar el amor de Cristo. En cambio, cuando acojo a mi esposo, permanezco a su lado y busco la comunión, también en los momentos difíciles, nuestro matrimonio se convierte en un testimonio vivo de Jesús. Y qué maravilla porque Jesús hoy nos transmite que no tenemos que hacerlo solos ni apoyándonos únicamente en nuestras fuerzas. El Espíritu Santo, que habita en nosotros por la gracia del sacramento, nos va enseñando cómo mirar, cómo escuchar, qué decir y cómo amar. Si nos dejamos conducir por Él, incluso las dificultades pueden ayudarnos a encontrarnos de nuevo con Cristo, a purificar nuestro amor y a renovar nuestra entrega.
Aterrizado a la vida Matrimonial:
Iñigo: Cariño, estoy agobiado con la catequesis que nos toca dar en el grupo este mes. Siento que depende de mí y no sé cómo transmitirlo.
Rocío: Iñigo, ¿y si dejamos de pensar tanto en lo que tenemos que decir y nos preguntamos qué quiere hacer el Señor en nosotros y en los demás matrimonios?
Iñigo: Ya, pero me da miedo quedarme en blanco…
Rocío: Mira Iñigo, nosotros no vamos como expertos. Vamos como un matrimonio que está intentando vivir lo que Dios nos propone en las catequesis de San Juan Pablo II.
Iñigo: Ya, pero……. ¿Y si no encontramos las palabras?
Rocío: Iñigo, no te preocupes por cómo o qué vas a decir. El Espíritu Santo nos enseñará en ese momento lo que tengamos que decir. Preparémonos, recemos y confiemos en Él.
Iñigo: Entonces no se trata de hacerlo perfecto…
Rocío: Claro. Nosotros ponemos el corazón y el Señor pone la gracia.
Iñigo: Gracias, Rocío. Me relaja ver que no depende solo de nosotros.
Rocío: Exacto…preparémonos, recemos y confiemos en el Espíritu Santo. I
Iñigo: Así que …menos preocupación y más confianza.
(Sigue)
Sin caretas. Jesús hoy nos pone en alerta contra l Sin caretas.
Jesús hoy nos pone en alerta contra la hipocresía, la levadura que va fermentando el corazón y nos lleva a aparentar lo que no somos, mostrando una cara de nosotros mismos que no se corresponde con lo que somos. Pero ante Dios no hay máscaras que valgan: Él conoce nuestro corazón, nuestras intenciones y también nuestras debilidades.
Y en el matrimonio pasa igual, muchas veces queremos que nuestro cónyuge vea nuestra mejor versión, y escondemos aquello que nos cuesta reconocer: nuestro egoísmo, nuestro orgullo, nuestros enfados, nuestras inseguridades… Podemos aparentar que no pasa nada mientras acumulamos reproches por dentro, y muchas veces nos cuesta decir: «Me he equivocado», «Perdóname», «Estoy sufriendo» o «Necesito que me ayudes». Tenemos miedo de mostrarnos débiles y de que el otro nos juzgue, o de que nuestras heridas sean utilizadas en nuestra contra.
Sin embargo, estamos llamados a mucho más. Estamos llamados a una intimidad común, a vivir una comunión (común-unión) entre nosotros y con Cristo. Y esta intimidad empieza a crecer cuando dejamos de defender nuestra imagen y empezamos a abrir el corazón. No se trata de decirnos todo sin caridad, sino de aprender a decirlo con humildad y amor.
Jesús nos invita a no tener miedo; a veces nos cuesta dar el primer paso para pedir perdón, reconocer un error o acercarnos al otro después de una discusión, pero podemos dar ese paso confiando en que Dios nos sostiene. No podemos controlar la respuesta de nuestro cónyuge, pero sí podemos elegir amar, y actuar desde la verdad.
¿Estoy viviendo mi matrimonio desde la confianza o desde el miedo? ¿Busco tener razón o construir la unidad? ¿Escondo mi debilidad o permito que Dios la trasnforme?.
Aterrizado a la vida Matrimonial:
Yolanda: ¡Hola cariño, ya estoy en casa! ¡Menudo día he tenido! ¿no has preparado nada de cena? ¡Pues estoy agotada! ¡Parece que tengo que estar pendiente de todo!
José María: ¡Sí, pues yo también he venido cansado! Parece que lo mío no cuenta nunca.
Yolanda: ¡Pues nada, ya me encargo yo otra vez, tú quédate en el sofá como siempre!
(Sigue en comentarios)
Juntos andemos, Señor. Me encanta escucharte, Seño Juntos andemos, Señor.
Me encanta escucharte, Señor, cuando nos dices a los esposos: “Los que estáis cansados y agobiados, venid a mi y yo os aliviaré”. Hoy me he dado cuenta de que luego dices: “Tomad mi yugo”. Pero Señor ¿no nos decías que nos ibas a aliviar? ¿Y nos das un yugo?
Estamos cansados y agobiados de las veces que caemos en la misma falta, de que cuando nos hablamos no nos entendemos y terminamos tristes, de nuestras impaciencias, de aguantar a los niños, de la exigencia en el trabajo, de andar justos a fin de mes …..
Y Tú, que sabes todo eso, nos dices que vayamos a ti; y al escuchar el latido de tu Corazón entendemos todo. Quieres que entremos en tu Corazón, que descansemos en él, manso y humilde; y recordamos la promesa que nos llegó por el profeta Ezequiel: “Os daré un corazón de carne”. Y nos damos cuenta de que no se trata de que desaparezca todo lo que nos cansa y agobia, sino que lo acojamos juntos y contigo, con un corazón nuevo.
Hoy, con santa Teresa de Jesús, te decimos: «Juntos andemos, Señor; por donde fuéredes tengo de ir; por donde pasáredes, tengo de pasar». CV 26, 6
Aterrizado a la vida Matrimonial:
Marta: Estoy agotada. Llego a casa y parece que todo sigue dependiendo de mí: los niños, la cena, recoger… Y tú como si nada.
Juan: ¿Otra vez? Yo también vengo cansado de trabajar. Parece que nunca es suficiente lo que hago.
Marta: ¿Ves? Intento contarte cómo estoy y acabamos discutiendo.
Juan: Tienes razón… Nos pasa muchas veces. Los dos estamos cansados y terminamos echándonos el cansancio encima.
Marta: Hoy, escuchando el Evangelio, me ha impresionado que Jesús no dice: “Venid a mí y os quitaré todos vuestros problemas”. Dice: “Tomad mi yugo”.
Juan: Quizá el yugo sea precisamente aprender a llevar esto juntos… Tú, yo y Él. No necesito que dejes de estar cansada; necesito entrar contigo en ese cansancio.
Marta: Y yo en el tuyo. En vez de exigirte que me soluciones la vida, acogerte como vienes.
Juan: Señor, danos un corazón nuevo para llevar juntos lo que hoy nos pesa.
Marta: Porque contigo, el mismo peso… pesa de otra manera.
Madre,
Llévanos al Corazón de Jesús, allí queremos estar contigo. Bendita seas, mamá.
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