
Dios nos hace hombre y mujer para que nos hagamos uno. Ello implica salir de mis gustos, criterios y costumbres para entrar en los tuyos. Entonces vendrá a nuestra vida Aquel que convertirá nuestro matrimonio en algo nuevo.

Dios nos hace hombre y mujer para que nos hagamos uno. Ello implica salir de mis gustos, criterios y costumbres para entrar en los tuyos. Entonces vendrá a nuestra vida Aquel que convertirá nuestro matrimonio en algo nuevo.

El matrimonio es una relación «hambrienta», porque está sin construir. Experimentar el «hambre» de más, es bueno, para seguir luchando por obtener la gracia de la Caridad Conyugal.

Por el bautismo, Dios me hace partícipe de Su reino. Amando a mi esposa/o, respondo al amor y a la dignidad que Dios me ha dado, y sólo tengo una oportunidad para hacerlo: Esta vida.

Practicaré la mansedumbre con mi esposo/a este adviento, erradicando la violencia, poniendo dulzura y cortesía. Es un don del Espíritu, una gracia que hay que pedir para purificar la relación conyugal.

La alegría del Padre por dejarme rescatar por Él he de llevarla a mi esposo/a, hijos y otros matrimonios para colaborar con Dios en su rescate. Estas Navidades llenemos la casa de alegría ¡porque Dios viene a rescatarnos!