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¿Pendientes de qué? Comentario para matrimonios: Lucas 12, 35-38

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Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 12, 35-38

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Tened ceñida vuestra cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los hombres que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame Bienaventurados aquellos criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; en verdad os digo que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y, acercándose, les irá sirviendo. Y, si llega a la segunda vigilia o a la tercera y los encuentra así, bienaventurados ellos».

¿Pendientes de qué?

El Señor constantemente nos está invitando a una manera nueva de vivir. En esta ocasión nos llama a estar despiertos, atentos, pendientes a Él, a Su Palabra, a Su Corazón, para poder abrir la puerta del nuestro y recibir Su amor divino. Será en la medida en la que nos llenemos de su amor y lo entreguemos que seremos felices. Pregúntate sin miedo: ¿Soy verdaderamente feliz? Experimento habitualmente alegría, paz, paciencia, bondad, amor…? Porque estos son los frutos del Espíritu Santo, los frutos de una vida que se deja amar por Dios y se entrega según su voluntad. Si quieres vivir esto, pregúntate con sinceridad: ¿De qué vivo yo pendiente? ¿Quizá del móvil, de mi físico, de la ropa, de que la casa esté perfecta, del trabajo, incluso de mis hijos, padres, amigos…? ¿Qué me roba el tiempo y la atención? ¡Cuántas cosas parece que reclaman mi corazón! Pero ¿y mi esposo? ¿Vivo pendiente de él, de lo que le hace feliz, de construir una intimidad con él? ¿O me encuentro con que muchas veces le estoy entregando únicamente las sobras de mi tiempo y de mi corazón cuando se lo entregué a él? ¡Hoy es el día de empezar a vivir de otra manera! ¡Vuelve tu mirada al Señor, déjate amar por Él y entrégate a tu esposo con todo tu corazón! No midas, no esperes a que él empiece a hacerlo; hazlo tú. ¡Ahí está el camino de la verdadera felicidad! ¡No la busques en otro lugar!

Aterrizado a la Vida Matrimonial:

Luis y Elena llevan semanas discutiendo por cualquier cosa, pero están siendo acompañados por tutores y quieren crecer en el amor. Una noche, después de acostar a los niños, se sientan en el sofá.
Elena: Luis, ¿tú no notas que últimamente estamos fatal?
Luis: Ya… Es que no paramos. Entre el trabajo, los niños y todo lo que tenemos encima…
Elena: Pues para el trabajo siempre sacas tiempo. Y para mirar el móvil también.
Luis: Ya estamos… Tú tampoco paras con los niños, tu madre, las compras, la casa… Parece que soy el último de la lista.
Elena: ¡Ya estamos! Vamos a intentar construir, por favor y dejar de acusarnos que terminamos fatal.
Luis: Vaaale
Elena: Pues eso, que yo siento lo mismo, Luis. Estamos todo el día haciendo cosas por todos y haciendo de todo, menos dedicarnos a nosotros.
Luis: Es verdad… ¿Cuánto hace que no nos sentamos tranquilamente a hablar, y a rezar juntos?
Elena: Sí que es verdad… pues ni me acuerdo. Y luego nos extraña estar así…
Luis: A lo mejor el problema no es que nos falte tiempo, sino que hemos dejado de dárnoslo.
Elena: Pues habrá que cambiar eso, ¿no?
Luis: Más nos vale, porque estás inaguantable (riéndose)
Elena: ¡Pues anda que tú! (riéndose)
Unas risas, un abrazo, mirarse a los ojos y una determinada determinación a volver a ordenar amores. ¿Así de fácil? Así de «fácil».

Madre,

Que no nos cansemos de esperar al Señor, que sepamos reconocerle en nuestro esposo y que, cuando llegue, encuentre nuestros corazones abiertos. ¡Bendito sea el Señor, que no deja de enseñarnos a amar!