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RETIRO MATRIMONIOS MADRID 14-16 DE OCTUBRE DE 2022

RETIRO MATRIMONIOS MADRID 14-16 DE OCTUBRE DE 2022

Proyecto Amor Conyugal en colaboración con la Parroquia de Santa María Magdalena (Madrid) os invita a participar en un retiro para Matrimonios, con el objetivo de adentrarnos juntos en la Verdad del Matrimonio (según San Juan Pablo II) y experimentar la Alegría del Amor (según el Papa Francisco).

¿A quién va dirigido este retiro? A todos los esposos unidos por el Sacramento del Matrimonio y que quieran vivir una EXPERIENCIA de AMOR juntos, estén en crisis o no. A todos los que quieran fortalecer y reavivar su Sacramento del Matrimonio.

FECHAS: Será desde el viernes 14 de octubre a las 18:00h hasta el domingo 16 de octubre a las 17:30h.

LUGAR: Real Centro Universitario Escorial- María Cristina Pº de Los Alamillos, 2 – San Lorenzo de El Escorial (Madrid)

PRECIO: (Incluye alojamiento, pensión completa y gastos diversos)

  • Adultos: 295€ por matrimonio.

Suplemento económico para ayuda a otras familias: Podéis aportar una cantidad adicional, a voluntad, que es muy importante para ayudar a otros matrimonios con dificultades económicas que quieren hacer el retiro.

Subvenciones: Si alguna familia no puede asistir por problemas económicos que nos lo comente, por favor.

 

INSCRIPCIÓN: Para realizar la inscripción, pincha aquí. A partir del lunes 19 de septiembre a las 20h

¿Cuándo? Lo antes posible. Se suele llenar en pocos minutos.

Nos pondremos en contacto con vosotros para confirmaros la reserva de plaza y daros las instrucciones para realizar el pago o indicaros si estáis en lista de espera. En caso de que no hubiese plazas disponibles.

Para consultar cualquier duda o ponerte en contacto con nosotros, escríbenos a proyectoamorconyugalmadrid@gmail.com

Sobre Proyecto Amor Conyugal: https://proyectoamorconyugal.es/acerca-de está compuesto por matrimonios católicos que profundizamos en nuestra vocación conyugal y que ayudamos a otros a convertir su matrimonio en algo GRANDE.

Bajo la cruz. Comentario para Matrimonios: Juan 19, 25-27

EVANGELIO

 

Triste contemplaba y dolorosa miraba del Hijo amado la pena.
Lectura del santo Evangelio según san Juan 19, 25-27

Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena.
Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo al que amaba, dijo a su madre:
«Mujer, ahí tienes a tu hijo».
Luego, dijo al discípulo:
«Ahí tienes a tu madre».
Y desde aquella hora, el discípulo la recibió como algo propio.

Palabra del Señor.

 

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Bajo la cruz.

Jesús nos entrega a Su Madre cuando está en la cruz, era Ella quien le acompañaba en la Cruz. Es Ella también la que nos acompaña a nosotros en nuestras cruces. Ella trabaja sin descanso día y noche en cada uno de sus hijos que nos hemos puesto a su cuidado consagrándonos a Ella para que nos convierta. En nuestras dificultades conyugales, Ella es como el médico que opera y alguna operación que otra es dolorosa, pero es fundamental mantenernos fieles en la prueba, como hizo Ella. Acojámosla en nuestra casa, como hizo San Juan, como algo propio, sin soltarnos de Su mano y confiando en Ella. En la dificultad, no te mires, mírala a Ella. Ella intercede por ti ante Jesús.

Aterrizado a la vida matrimonial:

David: Madre, en la conversación de ayer, me he sentido acusado por mi esposa, que me ha llamado orgulloso, hasta cuando la ayudo y me dedico a ella, interpreta todo lo que hago como una agresión, no valora lo bueno que hay en mí, en cuanto hago algo que no le agrada, ya me juzga. Me quita la alegría, la esperanza.
Inma: Madre, no entiendo las acusaciones que me hace mi esposo. ¿Qué las provocó? Yo solo quería ayudarle de verdad.
Ntra. Madre: Hijos míos. Ahora es el momento de la prueba, ninguno de los dos entendéis lo que está pasando. ¿Para qué profundizar en los motivos? El Padre quiere que os améis, sin entender, como yo amé muchas veces sin entender las acusaciones que le hacían a Mi Hijo. No busquéis explicaciones, razonamientos… porque el amor de Dios no es razonable. Es desbordante y no está sujeto a la justicia terrenal. Con ese amor quiere que os améis. Os ha entregado el uno al otro como un tesoro precioso. Valoraos como lo que sois. Sus hijos y actuad como tales. Yo estaré con vosotros.

Madre,

Por el pecado, el amor en esta vida comporta sinsabores y sufrimientos. Pero Tu amor es más fuerte que la muerte. Envíanos el Espíritu Santo.

Siempre me salva. Comentario para matrimonios: Juan 3, 13-17

EVANGELIO

 

Tiene que ser elevado el Hijo del Hombre
Lectura del santo evangelio según san Juan 3, 13-17
En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo:
«Nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre.
Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna.
Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito para que todo el que cree en él no perezca, sino que tengan vida eterna.
Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.
El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Unigénito de Dios».

Palabra del Señor.

 

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Siempre me salva.

Señor, Tú no has sembrado en mi corazón acusación, sino llamada al amor. Nadie que te contemple puede hacer otra cosa que amar. Igual que Moisés elevó la serpiente y se salvaban, yo también recupero la paz y la luz mirándote a ti en Tu Pasión, entregándote por mí, entregándote por mi esposo, por mis hijos, por los que me ofenden… Por eso ayudamos a otros esposos a que miren a tu cruz y se salven.

Aterrizado a la vida matrimonial:

Álvaro: Mirar a Cristo en la Cruz me salva, cada vez. Le miro cuando me siento abandonado y me salva, porque le veo amarme cuando Él se sintió abandonado por mí, y mi corazón vuelve a llenarse.
Ana: Yo le miro cuando sufro, y me salva, porque veo cómo Él sufre lo que yo estoy sufriendo, y me siento acompañada y consolada.
Álvaro: Le miro cuando soy despreciado, y me salva, porque Él convirtió el camino de la humillación en camino fecundo, de amor y de salvación.
Ana: Le miro cuando estoy triste, y me salva, porque mirando cómo me ama en la cruz, descubro que no tengo derecho a estarlo. Entonces me lleno de alegría.
Álvaro: Le miro cuando siento desesperanza, y me salva, porque me deja tan claro que no me va a abandonar nunca, pase lo que pase…
Ana: Le miro cuando me cuesta perdonar y me salva, porque descubro lo que entregó Él para instituir el perdón. ¿Cómo voy a rechazarlo?
Álvaro: Le miro como esposo, y me salva, porque me enseña el camino del amor, el del verdadero Esposo.
Ana: Y así… nos salva. Siempre nos salva.

Madre,

Qué fuerza tan grande tiene la entrega del Unigénito de Dios, que lo puede todo. Qué poco reconocemos el valor del don de la Cruz. Muéstranos Tú la grandeza de este inmenso don de Dios. Alabado sea por siempre. Amén.

Se nos hacen dulces. Comentario para Matrimonios: Lucas 7, 11-17

EVANGELIO

 

¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 7, 11-17

En aquel tiempo, iba Jesús camino de una ciudad llamada Naín, y caminaban con él sus discípulos y mucho gentío.
Cuando se acercaba a la puerta de la ciudad, resultó que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda; y un gentío considerable de la ciudad la acompañaba.
Al verla el Señor, se compadeció de ella y le dijo:
«No llores».
Y acercándose al ataúd, lo tocó (los que lo llevaban se pararon) y dijo:
«¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!».
El muerto se incorporó y empezó a hablar, y se lo entregó a su madre.
Todos, sobrecogidos de temor, daban gloria a Dios, diciendo:
«Un gran Profeta ha surgido entre nosotros», y «Dios ha visitado a su pueblo.»
Este hecho se divulgó por toda Judea y por toda la comarca circundante.

Palabra del Señor.

 

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Se nos hacen dulces.

En situaciones de dolor y sufrimiento, el encuentro con el Señor nos recupera y nos permite vivirlas con alegría. Dice Santa Teresa: “esta fuerza tiene el amor, si es perfecto: que olvida más nuestro contento por contentar a quien amamos. Y verdaderamente es así, que, aunque sean grandísimos trabajos, entendiendo contentamos a Dios, se nos hacen dulces”.
Así que, si estás triste es porque te falta amor. Levántate, deja de mirarte y busca el camino para contentar a Dios o a tu esposo, y hallarás el camino de la alegría.

Aterrizado a la vida matrimonial:

Carmen: Estoy muy triste, me encuentro hundida. Me vienen los recuerdos de lo que me dijo tu madre y no entiendo cómo pudiste quedarte sin reaccionar.
Julio: Lo entiendo, Carmen. Sé que no reaccioné como tú esperarías y te pido perdón. Pero ¿Qué más puedo hacer? Necesitas buscar un camino que te ayude a salir de tu tristeza. ¿Cómo te puedo ayudar?
Carmen: Tienes razón, Julio. Tengo que rechazar el camino de la tristeza y poner el Evangelio en esta situación. Tengo que cambiar mis pensamientos contra tu madre, que sólo me hacen padecer conmigo misma, por pensamientos que me hagan gozar con el don de mi suegra. Así daré gloria a Dios. ¿Me ayudas en esta tarea?
Julio: Muy bien, Carmen. Vamos allá.
(Al principio le costó, pero finalmente volvió la alegría al corazón de Carmen y con ella también al corazón de Julio).

Madre,

Enséñanos a ser compasivos y misericordiosos como el Señor. Que viva mis pasiones contigo y por ti, pero nunca conmigo mismo por el desorden de mi corazón. Que busque siempre darte gloria. Alabado seas por siempre.

Con fe y humildad. Comentario para Matrimonios: Lucas 7, 1-10

EVANGELIO

 

Ni en Israel he encontrado tanta fe.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 7, 1-10

En aquel tiempo, cuando Jesús terminó de exponer todas sus enseñanzas al pueblo, entró en Cafarnaún.
Un centurión tenía enfermo, a punto de morir, a un criado a quien estimaba mucho. Al oír hablar de Jesús, el centurión le envió unos ancianos de los judíos, rogándole que viniese a curar a su criado. Ellos, presentándose a Jesús, le rogaban encarecidamente:
«Merece que se lo concedas, porque tiene afecto a nuestra gente y nos ha construido la sinagoga».
Jesús se puso en camino con ellos. No estaba lejos de la casa, cuando el centurión le envió unos amigos a decirle:
«Señor, no te molestes; porque no soy digno de que entres bajo mi techo; por eso tampoco me creí digno de venir a ti personalmente. Dilo de palabra, y mi criado quedará sano. Porque también yo soy un hombre sometido a una autoridad y con soldados a mis órdenes; y le digo a uno: «Ve», y va; al otro: «Ven», y viene; y a mi criado: «Haz esto», y lo hace».
Al oír esto, Jesús se admiró de él y, volviéndose a la gente que lo seguía, dijo:
– «Os digo que ni en Israel he encontrado tanta fe».
Y al volver a casa, los enviados encontraron al siervo sano.

Palabra del Señor.

 

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Con fe y humildad.

Tres enseñanzas de hoy: El poder de la fe, la eficacia de la humildad y todo movido por la caridad. El Evangelio de hoy nos muestra el poder ante Dios de la fe, tanto que suscita admiración en el Señor. Podemos admirar a Dios con nuestra fe. ¡Qué potente!
Lo segundo es la humildad. Del centurión, claro, pero ¿Y de Jesús que siempre responde ante una actitud humilde? ¡Impresionante!
Pero para que todo ello sea puro, tiene que estar movido por la caridad. Al centurión le mueve el amor hacia su criado, lo que demuestra su buen corazón.
Acudamos al Señor por amor, con fe y sin exigencias. Siempre teniendo claro quién es Él y quién soy yo.

Aterrizado a la vida matrimonial:

Rosa: Señor, mi esposo no acaba de salir de su egoísmo. Te pido por él, Señor. Yo te ofrezco no quejarme, no repetírselo más veces, te ofrezco mi silencio por él, Señor.
Antonio: Señor, mi esposa sigue teniendo muy poca paciencia, y me regaña constantemente a mí y a nuestros hijos. Te pido Señor por ella. Yo me ofrezco a estar más pendiente de ella y pensar más en sus necesidades que en las mías. Te ofrezco mi servicio por ella, Señor.
Rosa: Señor, no somos dignos de que entres en nuestra casa, pero hágase tu voluntad y no la nuestra.
Antonio: Señor, creemos que Tú eres el autor de nuestro matrimonio, haz en nosotros lo que consideres necesario para que cumplamos la misión que nos has encomendado.

Madre,

Me falta alegría a veces, porque mi matrimonio no esté aún construido del todo. Prometo Madre no quejarme, pero necesito tu ayuda. Señor, no soy digno de esta misión que me habéis encomendado, pero una palabra Tuya, bastará para sanar nuestra unión y que se haga posible. Alabado seas por siempre.