Archivo por días: 21 abril, 2026

Hambre y sed de Ti. Comentario para matrimonios: Juan 6, 30-35

Para ver los próximos RETIROS Y MISIONES haz click AQUÍ

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 6, 30-35

En aquel tiempo, el gentío dijo a Jesús: «¿Y qué signo haces tú, para que veamos y creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: “Pan del cielo les dio a comer”». Jesús les replicó: «En verdad, en verdad os digo: no fue Moisés quien os dio pan del cielo, sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo». Entonces le dijeron: «Señor, danos siempre de este pan». Jesús les contestó: «Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás».

Hambre y sed de Ti.

Conmueve profundamente contemplar cómo, ante el deseo desordenado del hombre, no te apartas ni rechazas, sino que te acercas entendiendo nuestra ceguera y con bondad infinita acoges nuestro desorden para purificarlo y elevarlo y con dulzura mostrarnos el verdadero anhelo de nuestro de corazón. El hombre, creado para la comunión, siente hambre de amor, pero por la concupiscencia busca saciar ese hambre en sitios equivocados: pide signos, pide seguridades, pide ser llenado desde fuera. Como aquel gentío, busca un pan que sacie el cuerpo, mientras su corazón en realidad anhela algo mucho mayor. Y también así sucede en el matrimonio. Ese deseo de comunión, cuando no está purificado, se traduce en exigencia: esperar del esposo aquello que solo Tú puedes dar, reclamar palabras, gestos, atenciones… como si el otro pudiera colmar la sed de del corazón. Pero Tú, Jesús, cuando nos ves en esa pobreza, no nos reprendes con dureza. No señalas nuestra miseria, sino que nos la pides y desde ella nos haces alzar la mirada para que mirándote a Ti a los ojos, nos dejemos llevar sin miedo más adentro, hasta ver el verdadero anhelo de nuestro corazón. Nos haces descubrir que no tenemos solo hambre de afecto humano, sino hambre de Ti. Y Tú Señor para saciar nuestra hambre de Ti no nos das simplemente dones, ni soluciones, ni consuelos pasajeros… te das a Ti mismo, en totalidad. “Yo soy el Pan de Vida”. Escuela de Amor para los esposos es Jesús en la Eucaristía. El amor verdadero no consiste en exigir al otro que sacie mi necesidad, sino en dejar que Tú la sacies primero porque sólo quien se alimenta de Ti puede amar de verdad y ya nunca más tener ni hambre ni sed.

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Pablo llega a casa después de un día difícil de trabajo y Patri está con los niños, cansada.
Pablo: Hola..
Patri: Hola…¿puedes coger a Jaime un momento?
Pablo: Sí, claro… (lo hace, pero molesto)
(Pasan unos minutos en un silencio tenso)
Pablo: ¿Ni siquiera me vas a preguntar qué tal el día?
Patri: Perdona, pero no me ha dado la cabeza… estoy agotada.
Pablo: Ya… parece que te da igual cómo estoy yo.
Patri: ¡Pues a ti también te da igual cómo estoy yo!
Pablo: ¡Bueno, bueno! … llego esperando un poco de cariño…un poco de atención…¡y nada!
Patri: ¡Y yo espero que me ayudes un día sin tener que pedírtelo todo el rato!
Se hace un silencio demoledor pero gracias a Dios hacen su rato de oración y después de éste:
Pablo: Perdona Patri… creo que venía controlando a ver si me preguntabas y me prestabas atención porque solo pensaba en mi la verdad.
Patri: Yo también Pablo… estaba esperando que vinieras para que me ayudaras; vamos que quería tu ayuda más que a ti. ¡Es que estoy tan cansada!
Pablo: Lo sé amor… y yo sólo pensando que venía con hambre y que necesitaba desahogarme y tener paz, pero me he dado cuenta de que no es el camino.
Patri: Yo tampoco lo hago bien Pablo. Me queda mucho que crecer en el amor.
Pablo: Pues ya somos dos. Perdóname amor, te quiero.
Patri: ¡Y yo a ti!

Madre,

Llévanos a tu Corazón y escóndenos en Él. Forma en nosotros un corazón eucarístico, semejante al de tu Hijo, capaz de acoger, de entregarse y de amar hasta el extremo. Que en la Eucaristía encontremos siempre la fuente donde se renuevan nuestras fuerzas, para aprender a ser pan que se parte y se deja comer por amor. Y así, unidos a ti, podamos decir contigo con verdad y humildad: El Señor ha hecho obras grandes en mí. ¡Gloria a Dios!