Archivo por días: 12 mayo, 2022

Cocinar, lavar, recoger… Comentario para Matrimonios: Juan 13, 16-20

EVANGELIO

El que recibe a mi enviado me recibe a mí.
Lectura del santo Evangelio según san Juan 13, 16-20

Cuando Jesús acabó de lavar los pies a sus discípulos, les dijo:
«En verdad, en verdad os digo: el criado no es más que su amo, ni el enviado es más que el que lo envía. Puesto que sabéis esto, dichosos vosotros si lo ponéis en práctica. No lo digo por todos vosotros; yo sé bien a quiénes he elegido, pero tiene que cumplirse la Escritura: “El que compartía mi pan me ha traicionado”. Os lo digo ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis que yo soy.
En verdad, en verdad os digo: el que recibe a quien yo envíe me recibe a mí; y el que me recibe a mí recibe al que me ha enviado».

Palabra del Señor.


Para ver los próximos RETIROS Y MISIONES pincha aquí
:  http://wp.me/P6AdRz-D1

Cocinar, lavar, recoger…

Es una pasada esto que dice Cristo, que el que recibe al que Él envía, le recibe a Él y al Padre. ¿Qué mayor honor que ser enviado del Señor? Y tomar conciencia de que voy en Su nombre. ¡En Su nombre! Menuda responsabilidad y menuda dignidad. Y esto es así en la misión de Proyecto Amor Conyugal, pero es así también en mi misión de esposo que Dios me ha encomendado.
¿Me considero un enviado de Dios para mi esposo? ¿Actúo como tal? Si lo hago así, como ministro de la gracia de Dios para mi esposo, actúo con una dignidad y un honor enorme. Y si también acojo así a mi esposo, nos movemos en un ámbito de tal grandeza, que es para descalzarse el uno ante el otro y el otro ante el uno. Esto es el servicio del esposo cristiano, que es de una dignidad enorme aunque consista en lavar los pies al otro. Las sensaciones nos engañan, pero la dignidad del servicio no está en la categoría del servicio en sí, sino que está en el don recibido de Dios y entregado en Su nombre.

Aterrizado a la vida matrimonial:

Elena: Tanto bombardean los medios con las ideologías del momento, que me estaba sintiendo indigna por hacer los servicios del hogar. Lavar, planchar, recoger… Tenía la sensación de que esto es servilismo y que sólo me dignificaba mi trabajo fuera de casa. Pero comprendo que, mi Señor se ciñó para lavar los pies de sus discípulos, signo que sólo estaba permitido a los hombres que eran esclavos. Con ese acto, mi señor, le da una dignidad enorme a los trabajos más sencillos, esos que no hay riesgo de que me envanezcan, esos que nadie quiere. Hacerlos en Su nombre dignifican mucho más que cualquier otro.
Carlos (esposo de Elena): Qué hermoso, Elena. ¡Qué lección me has dado! Ya decía yo que te veía en casa con una sonrisa maravillosa que no sabía de dónde venía. Claro, es que, los trabajos más humildes son los que más dignifican siempre que se hagan en Su nombre. Yo también estoy a tu servicio, al servicio que mi Señor te quiere hacer a través de mí. Déjame cuidarte y servirte ¿Vale?

Madre,

Te contemplo, en tu sencillez, lavando, fregando, cocinando… esos que eran los trabajos dignos de la Madre de Dios, de la Reina de Universo, quiero yo que sean también los míos. Reina de la familia, ruega por nosotros.