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Los peores trabajos de la casa. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Lucas 10, 21-24

EVANGELIO
Jesús, lleno de la alegría del Espíritu Santo

Lectura del santo evangelio según san Lucas 10, 21-24
En aquel tiempo, lleno de la alegría del Espíritu Santo, exclamó Jesús:
«Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y a los entendidos, y las has revelado a la gente sencilla.
Sí, Padre, porque así te ha parecido bien.
Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo, sino el Padre; ni quién es el Padre, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiere revelar.»

Y volviéndose a sus discípulos, les dijo aparte:
«¡Dichosos los ojos que ven lo que vosotros veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes desearon ver lo que veis vosotros, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron.»

Palabra del Señor.

Los peores trabajos de la casa.

Dice Santa Teresa (en Camino de Perfección)
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La humildad no es el descontento de nosotros mismos, no es tampoco la confesión de nuestra miseria y de nuestro pecado, ni siquiera de nuestra pequeñez. La humildad supone en el fondo que se mire a Dios antes de mirarse a sí mismo y que se mida el abismo que separa lo finito de lo infinito. Cuanto mejor se ve esto, cuanto mejor se acepta verlo, más humilde se es.

Lo que nos da la humildad es una mirada aguda sobre la trascendencia de Dios. Cuando se ha comprendido la inmensidad de Dios, poco a poco uno se olvida de sí mismo y de sus derechos y así, se ve progresivamente liberado. Es la fascinación de Dios lo que nos hace humildes.

Hay quienes pasan el tiempo proclamándose pecadores y no son humildes porque no aceptan ser olvidados ni olvidarse. A medida que uno se interesa por Dios y se deja llevar por la corriente, aceptamos de buen grado ser sobre todo servidores inútiles y olvidados. El culmen de la humildad nos vendrá de la visión cara a Cara. Mientras tanto, cuanto más nos acercamos a Dios más crece Él en nosotros y más disminuimos nosotros. Dios solo puede vencernos ofreciéndonos su intimidad. La humildad corresponde a la medida de la intimidad que tenemos con Él.

¿Por qué razón es tan amigo nuestro Señor de la virtud de la humildad? Porque Dios es suma Verdad, y la humildad es andar en verdad. Más que conexión entre humildad y verdad, es equivalencia. La humildad es la verdad que ha bajado de la cabeza al corazón. Es la verdad informando la vida. Es andar en verdad ante Dios. La humildad surge y se alimenta de la contemplación de Dios.
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Después de esta definición de humildad, podemos entender que un matrimonio humilde no puede fallar. Y para llegar a ser un matrimonio humilde tenemos que acoger juntos esa intimidad que Dios nos ofrece.

Acojamos por ejemplo los peores trabajos de la casa, los que nadie ve ni valora. Esos son los que más le gustan A Dios. Son los que realizaba María, como nos recuerda el P. David Caja: Limpiar el polvo, recoger la casa, fregar… Sin embargo, los trabajos que más se notan, en los que uno “brilla” más, son peligrosos porque pueden hacer que crezca nuestra vanidad y nuestra soberbia. ¿A que funcionaría bien este planteamiento puesto en práctica en nuestro matrimonio y nuestro hogar?.

Oramos por el sínodo de la familia:
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Una escena para no olvidar. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Mateo 8, 5-11

EVANGELIO
Vendrán muchos de oriente y occidente al reino de los cielos

Lectura del santo evangelio según san Mateo 8, 5-11
En aquel tiempo, al entrar Jesús en Cafarnaún, un centurión se le acercó rogándole:
– «Señor, tengo en casa un criado que está en cama paralítico y sufre mucho.»
Jesús le contestó:
– «Voy yo a curarlo.»
Pero el centurión le replicó:
– «Señor, no soy quien para que entres bajo mi techo. Basta que lo digas de palabra, y mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes; y le digo a uno: «Ve», y va; al otro: «Ven», y viene; a mi criado: «Haz esto», y lo hace.»
Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo a los que le seguían:
– «Os aseguro que en Israel no he encontrado en nadie tanta fe. Os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de los cielos.»

Palabra del Señor.

Una escena para no olvidar.

El centurión vive bajo disciplina, ésta es fundamental para llegar a ser una persona virtuosa. La persona que vive bajo disciplina tiene muchas posibilidades de aprender a ser fiel, obediente y prudente. Son virtudes muy necesarias en nuestro camino conyugal. Recomendamos a imagen del Hijo con el Padre, la obediencia mutua entre los esposos para alcanzar la excelencia en la comunión entre esposos cristianos.

El centurión, con toda sencillez, observa la autoridad de Jesús sobre las fuerzas del mal y creyó en Él. Le habrían dicho que Jesús era compasivo ante el dolor, que curaba al herido, al que sufre y que se podía someterse a su autoridad, confiar en él pues era justo. La reacción de Jesús ante tal actitud de confianza, es inmediata: “¡Yo iré a curarle!”

Es curioso, cómo el centurión, reconoce la dignidad de su siervo, como igual a la suya; mientras que considera la dignidad de Jesús mucho mayor. El centurión se acerca a Jesús y con humildad: Ante tal grandeza, él es indigno. Por otra parte, también sorprende la reacción de Jesús, que se admira al ver en él tanta fe. Que el mismo Dios sienta admiración por nuestra fe, nos parece un misterio de la infinita humildad de Dios. Preciosas las actitudes de amor de uno y otro. Humildad, fe y admiración mutua. ¡Genial!.

Los esposos cristianos nos encontramos en multitud de ocasiones en la situación del centurión. Tres lecciones para hoy: 1) Que nos sometamos a disciplina: Dirección espiritual, obediencia mutua, en definitiva obediencia a la voluntad de Dios. 2) Que con humildad reconozcamos la dignidad del esposo/a y aprendamos a admirarle participando de la mirada de Jesús. 3) Que no creamos que Dios está, pero lejos. No olvidemos que murió en una cruz con los brazos abiertos, quedándose con nosotros cada día en la Santa Eucaristía.

Él interviene en nuestras cosas del día a día: En nuestras dificultades, en el trabajo, en la salud… y cómo no, en la construcción de nuestra comunión. Es real. El centurión, no lleva al enfermo ante Jesús. Lo considera innecesario. A veces damos demasiada importancia a lo que hacemos nosotros porque en el fondo, tenemos más confianza en nuestros actos que en los de Dios a través de la oración. Jesús sigue con los brazos abiertos esperándonos para sanarnos.

Madre permítenos estar a tu lado en este tiempo de espera de la venida de Jesús, para que cuando nazca, la acojamos con tanta fuerza como tú y nos hagamos uno con Él, como vosotros.

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¡Fuera desesperanza! Comentario del Evangelio para Matrimonios: Marcos 13,33-37

EVANGELIO
Velad, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa

Lectura del santo evangelio según san Marcos 13,33-37
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
– «Mirad, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento.
Es igual que un hombre que se fue de viaje y dejó su casa, y dio a cada uno de sus criados su tarea, encargando al portero que velara.
Velad entonces, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa, si al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer; no sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos.
Lo que os digo a vosotros lo digo a todos: ¡Velad!»

Palabra del Señor.

¡Fuera desesperanza!

Todos los matrimonios hemos sido llamados a la Santidad, y no nos lo creemos. El mayor problema de muchos matrimonios de fe es la falta de esperanza. Lo que nos dicen es que es muy difícil, que poco a poco… a su ritmo. Además tienden a pensar que el otro no responde como debería, y eso lo hace imposible.

Falta de esperanza. No entienden que no son ellos quienes lo hacen, ¡es el Señor!. Por tanto, avanzaremos al ritmo del Señor, no al nuestro. San Pablo en la primera lectura nos sorprende con la siguiente afirmación: “De hecho, no carecéis de ningún don, vosotros que aguardáis la manifestación de nuestro Señor Jesucristo” (1 Cor 1, 8). Impresionante. Que se nos grabe en la cabeza y en el corazón: “NO CARECÉIS DE NINGÚN DON”. No falta que vuestro marido o vuestra esposa se convierta, o que dejéis de ser tan orgulloso o, ¡atención, no nos falta tiempo!. Tenemos todo lo que necesitamos para ser santos en nuestro matrimonio.

Lo vemos como algo tan inalcanzable… nos hemos desengañado. ¿Por qué no hemos conseguido avanzar lo suficiente? Precisamente porque hemos creído que lo conseguiríamos con nuestros esfuerzos. Esa es justo la buena noticia, que no somos nosotros, es Dios quien lo hace. Nuestro matrimonio es algo tan GRANDE que es imposible para nosotros. Nos supera. Pero nos dice San Pablo: “Dios os llamó a participar en la vida de su Hijo, Jesucristo, Señor nuestro. ¡Y él es fiel!”. ¿Por qué dudamos que Él nos hará matrimonios santos?.

Entonces ¿Tenemos que quedarnos esperando a que Dios lo haga? No. Jesús nos dice “Vigilad” no es para unos pocos, sacerdotes o monjas, nos lo dice a todos. No sea que cuando llegue inesperadamente nos encuentre dormidos. Es ese ansia de Dios en el corazón la que nos mueve, no depende de falta de cualidades o dones. Aprovechemos que hoy empieza el Adviento para convertirnos. Dice la primera lectura: “jamás oído oyó ni ojo vio un Dios, fuera de ti que hiciera tanto por el que espera en él”. Y esa es la clave, esperar en Él. Estar seguros que lo hará.

Invoquemos su nombre. Vayamos a diario a la Eucaristía, para pedirle una y otra vez al Esposo que haga nuestro matrimonio a imitación del Suyo. Alabémosle cuando el sacerdote lo eleva en la consagración. Ahí está el maestro Esposo. Pidámosle, encomendémonos a Él. Vayamos juntos, oremos juntos, leamos juntos y pidámosle incesantemente por nuestra unión conyugal. Él nos quiere santos.

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Lo normal no es lo mejor. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Lucas 21, 12-19

EVANGELIO
Todos os odiarán por causa mía, pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá

Lectura del santo evangelio según san Lucas 21, 12-19
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
-«Os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a la cárcel, y os harán comparecer ante reyes y gobernadores, por causa mía. Así tendréis ocasión de dar testimonio.
Haced propósito de no preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro.
Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os traicionarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán por causa mía.
Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas.»

Palabra del Señor.

Lo normal no es lo mejor.

El Señor nos avisa. Todo el que le sigue será perseguido. Personas próximas a los que le siguen les criticarán tildándoles de exagerados o incluso les acusarán de pertenecer una especie de secta.

Todo esto no debe preocupar a aquellos que siguen al Señor.

Un día un hijo muestro nos dijo: «Yo no quiero rezar a diario, por qué no podemos ser normales». Gracias a Dios hoy día ha descubierto los efectos de la oración en su vida y ya no quiere ser «normal». Desea llegar algún día a ser santo. Un santo de andar por casa.

Jesús dice que por la perseverancia salvaremos nuestras almas. Así que, no hagamos caso de las críticas. Que hablen bien de nosotros no es lo que nos va a salvar. Nos salvará perseverar en nuestro camino del amor conyugal que es al que nos ha llamado el Señor.

Estamos en Sus manos. Tranquilos. No ocurrirá nada que Dios no permita. Ni un cabello de nuestra cabeza perecerá.

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Una vida de verdad. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Lucas 21, 5-11

EVANGELIO
No quedará piedra sobre piedra

Lectura del santo evangelio según san Lucas 21, 5-11
En aquel tiempo, algunos ponderaban la belleza del templo, por la calidad de la piedra y los exvotos. Jesús les dijo:
-«Esto que contempláis, llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido.»
Ellos le preguntaron:
-«Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?»
Él contestó:
-«Cuidado con que nadie os engañe. Porque muchos vendrán usurpando mi nombre, diciendo: «Yo soy», o bien «El momento está cerca»; no vayáis tras ellos.
Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico.
Porque eso tiene que ocurrir primero, pero al final no vendrá en seguida.»
Luego les dijo:
-«Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países epidemias y hambre.
Habrá también espantos y grandes signos en el cielo. »

Palabra del Señor.

Una vida de verdad.

Se tiende a pensar que la verdad es lo que se ve y se toca, y eso de la fe son invenciones falsas de algunos iluminados. Se tiende a pensar que el matrimonio es como una especie de engaño, en el que uno cae movido por las hormonas y después, toca soportarlo durante el resto de la vida (el que aguante).

La verdad es inmutable. No puede ser que algo verdadero en un momento y deje de serlo en otro. En este sentido, la verdad de lo que vemos, deja bastante que desear: Hubo un tiempo en que no existía y habrá un tiempo en que dejará de existir. Por tanto, todo lo caduco, no forma parte de la esencia de la verdad. Eso sin contar con que ya sabemos que lo que percibimos como real es falso: Por ejemplo, la materia es totalmente hueca, y nos da sensación de solidez.

Es el argumento de Jesús. ¿Dónde está aquel templo que muchos admiraban y en el que muchos pusieron sus ilusiones? ¡No existe!. De igual manera, ¿Qué verdad construimos los matrimonios? Si todo aquello en lo que centramos nuestra vida pasa, todas nuestras ilusiones pasan… ¿Qué queda?. Piensa sobre qué has trabajado hoy y reflexiona: Cuál de ellas no desaparecerá algún día. Entonces ¿Para qué ha servido tu esfuerzo?.

Los que acogemos el don del Sacramento del Matrimonio que Dios nos entrega, sí tenemos una vedad inmutable en la que basar nuestra vida. Esa verdad es el Señor. A Él nos unimos mediante el bautismo, por él hemos sido salvados, con Él nos unimos mediante el sacramento del Matrimonio, nos amamos con Su amor y generamos la vida que recibimos de Él. Es el camino, la verdad y la vida. Todo eso perdurará para siempre.

Trabajemos todos los días un poquito pero firmemente para construir nuestra casa basada en Él que es la Roca; si trabajamos para que su ley sea la que rija nuestro hogar; si nos esforzamos realmente para sacar tiempo para orar; en definitiva, si le hacemos Rey de nuestra vida, Él nos dará fruto abundante, el ciento por uno. Todo aquello que nos esforzamos por mejorar y no fuimos capaces de conseguir.

Él es la verdad inmutable que permanecerá para siempre. El no falla. Los matrimonios que vivan en Él, experimentarán al paz interior y la armonía de vivir una vida auténtica, llena, plena.

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