Matrimonios “Effetá”. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Marcos 7, 31 37

EVANGELIO

Hace oír a los sordos y hablar a los mudos
Lectura del santo Evangelio según san Marcos 7, 31 37

En aquel tiempo, dejando Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del lago de Galilea, atravesando la Decápolis. Y le presentaron un sordo que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga la mano.
El, apartándolo de la gente, a solas, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua.
Y, mirando al cielo, suspiró y le dijo:
«Effetá», (esto es: «ábrete»).
Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba correctamente.
Él les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más se lo mandaba, con más insistencia lo proclamaban ellos.
Y en el colmo del asombro decían:
«Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos».

Palabra del Señor.

Nota: Próximas misiones

  • Anuncio en Pamplona: Domingo 11 de marzo a las 13h en la Parroquia de San Fermín.
  • Retiro en Sevilla: 4 a 6 de mayo (No se ha abierto aún la convocatoria. Os mantendremos informados)

Matrimonios “Effetá”

En el matrimonio hay mucho de sordera y muchos esposos que han enmudecido. Observamos cuando vamos en el coche, cuántos matrimonios van en silencio o uno conduciendo y el otro mirando el móvil. Muchos matrimonios han perdido el interés el uno por el otro, y ya no les interesa conocerse. Muchos nos confiesan que han dejado de mirarse a los ojos desde hace años.

Hoy el Señor viene a decirnos «Effetá»: ¡Ábrete! ¡Ábrete a tu esposo! Abre tus oídos para escucharle. Abre tus ojos para mirarle. Porque el Señor tiene mucho que darte a través de él/ella. Alabado sea el Señor.

Aterrizado a la vida matrimonial:

Paula: Cuando nos dijisteis que nos miráramos a los ojos, nos costó muchísimo. Yo en realidad, le mantuve la mirada a mi esposo sólo porque me di cuenta de que él era incapaz de hacerlo. Después, cuando tuvimos que volver a mirarnos, aguantamos un poco más, pero no fuimos capaces de mirarnos relajadamente ninguno de los dos. Solamente después de confesarnos y pedirnos perdón, se desbloquearon nuestras miradas. El Señor nos había sanado. Ya no había barreras entre nosotros. Mirarnos a los ojos, mostrándonos nuestro interior, volvía a ser posible.
A la vuelta, en el coche, no parábamos de hablar. Hacía mucho tiempo que no nos contábamos tantas cosas de nosotros. Fue alucinante. Alabado sea el Señor.

Madre,

Vamos acumulando nudos y llega un momento en que nos quedamos sordos y mudos. Pedimos al Señor que se acerque a todos los matrimonios lo suficiente como para tocar nuestros oídos y nuestra lengua y que volvamos a abrirnos el uno al otro. Queremos ser matrimonios “Effetá” y sabemos que Él todo lo hace bien. Alabado seas, Señor.

La lucha no es contra el esposo. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Marcos 7, 24-30

EVANGELIO

Los perros, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños
Lectura del santo Evangelio según san Marcos 7, 24-30

En aquel tiempo, Jesús fue a la región de Tiro.
Entró en una casa procurando pasar desapercibido, pero no logró ocultarse.
Una mujer que tenía una hija poseída por un espíritu impuro se enteró en seguida, fue a buscarlo y se le echó a los pies.
La mujer era pagana, una fenicia de Siria, y le rogaba que echase el demonio de su hija.
Él le dijo:
«Deja que se sacien primero los hijos. No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos».
Pero ella replicó:
« Señor, pero también los perros, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños».
Él le contestó:
«Anda, vete, que, por eso que has dicho, el demonio ha salido de tu hija».
Al llegar a su casa, se encontró a la niña echada en la cama; el demonio se había marchado.

Palabra del Señor.

Nota: Próximas misiones

  • Anuncio en Pamplona: Domingo 11 de marzo a las 13h en la Parroquia de San Fermín.
  • Retiro en Sevilla: 4 a 6 de mayo (No se ha abierto aún la convocatoria. Os mantendremos informados)

La lucha no es contra el esposo.

El Señor dice “por eso que has dicho, el demonio ha salido de tu hija”. La pregunta es ¿cómo lo ha dicho para merecer tal premio? Pues con humildad y con fe. Esas son las dos claves que hacen que Jesús saque los demonios de nuestro interior: Humildad y fe. Si trabajo estas dos actitudes, mi matrimonio puede cambiar diametralmente.

Observemos que lo que Jesús le dice a la mujer pagana, es duro. Yo podría reaccionar diciendo que me parece una injusticia, que Dios no actúa así, porque Él no hace distinciones entre unos y otros… Pero aquella mujer acepta las condiciones de Jesús con humildad, y el resultado es, que salva a su hija.

Aterrizado a la vida matrimonial:

Juan: Mi mujer está desequilibrada. Tiene unas reacciones exageradas, en las que se sale de sí y empieza a decir barbaridades. Miente con tal de dejarme mal, y toma unas represalias contra nosotros que están totalmente fuera de lugar.
Ramón: Te entiendo, Juan. Tiene que estar siendo durísimo.
Juan: El problema es que no quiere cambiar. Cree que el problema no está en ella, sino que está en todos los demás que le rodeamos. Ha estado sometida a muchas insatisfacciones y ahora ha estallado de esta manera tan incontrolada.
Ramón: Pues mucho ánimo, Juan. Tienes una durísima, pero gran labor por delante: Que se sienta comprendida. Tienes que olvidarte de si lo que te dice es duro, de las agresiones que recibes, y aceptar con humildad esta situación que Dios está permitiendo. Ahora te toca entrar en el corazón de tu esposa y descubrir qué heridas hay. Por qué reacciona de esa manera. Que te sienta a su lado, que se sienta comprendida. Ha estado muchos años en los que se ha sentido muy sola, y ahora te toca padecer por su salvación. Algún día el Señor resucitará tu matrimonio, y habrás sido artífice del amor de Dios en ella, testigo del amor de Dios en ella. Tienes esta gran misión, Juan. Que el Espíritu Santo te acompañe siempre.
(Juan se tomó en serio esta misión. Entendió que la lucha no es contra su esposa, sino contra los demonios que la tenían dominada y cegada. Juan se empeñó en salvar a su mujer y el Señor echó aquellos demonios de su corazón).

Madre,

A veces, por no aceptar nuestras limitaciones, no vemos que estamos a merced de nuestros pecados. Los demonios juegan con nosotros, con nuestros sentimientos, con nuestras razones, con nuestro amor propio… y se adueñan fácilmente de nuestra vida. Pero menos mal que nos tenemos mutuamente, para avisarnos el uno al otro y salir de esas situaciones de engaño. A ver si entendemos por fin, que somos una ayuda adecuada el uno para el otro, especialmente en el camino hacia el cielo. Alabado sea el Señor, que quiere liberarnos de todo mal. Amén.

El enemigo está dentro. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Marcos 7, 14-23

EVANGELIO

Lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre
Lectura del santo Evangelio según san Marcos 7, 14-23

En aquel tiempo, llamó Jesús de nuevo a la gente y les dijo:
«Escuchad y entended todos: nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre».
Cuando dejó a la gente y entró en casa, le pidieron sus discípulos que les explicara la parábola.
Él les dijo:
«¿También vosotros seguís sin entender? ¿No comprendéis? Nada que entre de fuera puede hacer impuro al hombre, porque no entra en el corazón, sino en el vientre y se echa en la letrina»
(Con esto declaraba puros todos los alimentos).
Y siguió:
«Lo que sale de dentro del hombre, eso sí hace impuro al hombre. Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los malos propósitos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, injusticias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro.»

Palabra del Señor.

Nota: Próximas misiones

  • Anuncio en Pamplona: Domingo 11 de marzo a las 13h en la Parroquia de San Fermín.
  • Retiro en Sevilla: 4 a 6 de mayo (No se ha abierto aún la convocatoria. Os mantendremos informados)

El enemigo está dentro.

Ya hemos aprendido que, toda nuestra vida consiste en purificar nuestro corazón, y por lo tanto, nuestra mirada, para poder mirarnos como Dios nos mira y así descubrir la belleza y la grandeza del don que Dios me ha entregado en mi esposo. Eso me ayudará a valorarlo, a ser delicado, a buscar su bien, a dejarlo todo por él/ella…

También hemos aprendido que todo pecado viene de la falta de una gracia, y por tanto, nuestro esfuerzo debe ponerse en recuperar esa gracia. Para ello tenemos los Sacramentos, la oración y el esfuerzo diario por ser fieles a la voluntad de Dios.

Hoy aprendemos lo que hace impuro al hombre, y por lo tanto, de lo que hay que huir como de la peste: Los malos propósitos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, injusticias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas estas actitudes, ensuciarán nuestro corazón, nuestra mirada, e impedirán que veamos a nuestro esposo con limpieza. Y claro, recordamos la bienaventuranza: Dichosos los limpios de corazón porque ellos verán a Dios. Los que no, no serán dichosos, es decir, no serán felices. Nosotros queremos serlo y por tanto queremos luchar por recuperar la Gracia.

Aterrizado a la vida matrimonial:

Juan: Teresa, me he dado cuenta, que todo lo malo, por pequeño que sea, afecta a todo mi ser. Me afecta al carácter porque pierdo la paz, tengo menos paciencia, me vuelvo más egoísta… y al final, todo me afecta a mi relación contigo. Me vuelvo más exigente contigo, menos misericordioso, menos comprensivo, tiendo a culpabilizarte… Es como que me introduzco en un ambiente oscuro, de pecado, que lo impregna todo.
Teresa: Qué observador eres, me encanta. Siempre analizando cada cosa y las consecuencias que trae. Sigue, sigue, que me interesa muchísimo.
Juan: Ayer por ejemplo, estaba deseando que llegara la tarde para tener un ratito de no hacer “nada”. Era mi momento, sólo para mí. Una peliculita de evasión, quizás. Resulta que surgió ese problema con la salud de tu madre, y me planteaste que tenía que atender todo lo de la casa mientras tú la atendías a ella. Inmediatamente sentí un fastidio que me rebotaba por dentro y que me hacía ponerme como en oposición a ti. Empecé a pensar: Los niños ya son mayores ¿No se pueden hacer ellos las cosas? Yo vengo cansado y eso no le importa… ¿Te das cuenta? Todo por buscar ese momento de frivolidad para mí. No puedo bajar la guardia, siempre hay que pensar que somos administradores de los dones de Dios y que no estamos aquí para disfrutar, sino para entregarnos. Entonces, saborearemos el amor y dejaremos de ser infelices. Gloria a Dios.

Madre,

Cuánto nos cuesta comprender: El enemigo está dentro. Es mi manera de mirar, mi manera de interpretar, la que impregna las situaciones de una sombra oscura que tapa la luz de Dios que hay en todo y en todos. Madre, que cada día ponga menos de mí para que Dios pueda poner más de Él a través de mí. Seguro que así aprenderé a amar como Él ama. Alabado sea el Señor.

Leyes de Dios en lo cotidiano. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Marcos 7, 1-13

EVANGELIO

Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres
Lectura del santo Evangelio según san Marcos 7, 1-13

En aquel tiempo, se reunieron junto a Jesús los fariseos y algunos escribas venidos de Jerusalén; y vieron que algunos discípulos comían con manos impuras, es decir, sin lavarse las manos. (Pues los fariseos, como los demás judíos, no comen sin lavarse antes las manos, restregando bien, aferrándose a la tradición de sus mayores, y, al volver de la plaza, no comen sin lavarse antes, y se aferran a otras muchas tradiciones, de lavar vasos, jarras y ollas.)
Y los fariseos y los escribas le preguntaron:
«¿Por qué no caminan tus discípulos según las tradiciones de los mayores y comen el pan con manos impuras?».
Él les contestó:
«Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, como está escrito:
«Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos.»
Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres».
Y añadió:
«Anuláis el mandamiento de Dios por mantener vuestra tradición. Moisés dijo: «Honra a tu padre y a tu madre» y «el que maldiga a su padre o a su madre es reo de muerte». Pero vosotros decís: “Si uno le dice a su padre o a su madre: los bienes con que podría ayudarte son ‘corbán’, es decir, ofrenda sagrada”, ya no le permitís hacer nada por su padre o por su madre; invalidando la palabra de Dios con esa tradición que os transmitís; y hacéis otras muchas cosas semejantes».

Palabra del Señor.

Leyes de Dios en lo cotidiano.

San Juan Pablo II dice que tendemos a adaptar la Ley de Dios a los gustos y debilidades de la época en que vivimos. Hoy el Señor nos lo confirma. Así pasa, que hoy en día, cuando un matrimonio rompe su vínculo, puede que nos parezca bien que hayan dejado de sufrir. O felicitamos a los esposos que se han unido a otros de forma ilícita. También hay sacerdotes que animan a la separación e incluso al divorcio. La pregunta es ¿Qué pasa con Cristo que se comprometió a estar en cada una de esas uniones? ¿Qué pasa con lo sagrado del matrimonio? ¿No estaremos aplaudiendo un sacrilegio?

Lo cierto es que después vienen las consecuencias, y no son nada buenas. Por algo hay tantos santos mártires que han dado su vida por defender la sacralidad del matrimonio, porque estaban defendiendo a Cristo y a la Verdad.

Aterrizado a la vida matrimonial:

Marta: ¿Jugamos a un juego?
Luis: ¿Un juego? Vale.
Marta: Yo digo una Ley de Dios y me dices en qué se traduce en nuestro matrimonio, a ver si estamos siendo fieles.
Luis: ¡Vamos allá!
Marta: Amarás a Dios sobre todas las cosas.
Luis: Amarnos por Dios, en respuesta al amor de Dios, o sea, esforzándonos cada uno por amar al otro como Él nos ama. Y amarnos con Dios, es decir, metiendo a Dios en nuestra relación acudiendo a la Gracia de los Sacramentos, a nuestro Sacramento también y a la oración juntos.
Marta: Ey! Tú estás empollao… El segundo, “no tomarás el nombre de Dios en vano”.
Luis: Yo creo que podría ser, darle a nuestro matrimonio y a nosotros mismos, la dignidad que Dios quiso darnos. Dios quiere que respetemos todo lo que Él ha hecho sagrado, y nuestro matrimonio es muy sagrado porque Él está presente, y nosotros somos sagrados, porque Él está en nosotros. Así que, cuidadín con el respeto inmenso que nos debemos el uno al otro, en Su nombre.
Marta: Jo, qué pasada. ¿Santificarás las fiestas?
Luis: Bueno, eso es sobre todo celebrar la Eucaristía. Creo que celebrar la Eucaristía en nuestro matrimonio es hacer lo que Él hizo, en memoria Suya. Hacerse pequeño, dejarse “comer”, esa entrega total al otro para estar en él/ella. Digamos que esa entrega mutua es la eucaristía de los esposos.
(Y así siguieron Marta y Luis aquella tarde reflexionando sobre cómo llevar la Ley de Dios a su vida de esposos. Y sacaron muchas conclusiones sobre cómo hacerla vida).

Madre,

Las leyes de Dios están integradas en nuestra vida, en nuestro bien. Ayúdanos a saber interpretarlas correctamente y danos la ilusión y las ganas de vivirlas como Dios quiere. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

Aunque no llegue a ver su conversión. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Marcos 6, 53-56

EVANGELIO

Los que lo tocaban se curaban
Lectura del santo Evangelio según san Marcos 6, 53-56

En aquel tiempo, terminada la travesía, Jesús y sus discípulos llegaron a Genesaret y atracaron.
Apenas desembarcados, lo reconocieron y se pusieron a recorrer toda la comarca; cuando se enteraba la gente dónde estaba Jesús, le llevaba los enfermos en camillas.
En los pueblos, ciudades o aldeas donde llegaba colocaban a los enfermos en la plaza y le rogaban que les dejase tocar al menos la orla de su manto; y los que lo tocaban se curaban.

Palabra del Señor.

Aunque no llegue a ver su conversión.

Si tu esposo o tu esposa no se convierte, llévalo/a a Jesús en camilla. Si él/ella no se mueve, llévalo/a tú. ¿Cómo, a la fuerza? ¡No! Hay que respetar su libertad. El amor exige libertad y la relación con el Señor es una relación de amor.

Lo que más toca el corazón de Dios es nuestra perseverancia, porque es la prueba de fe verdadera que nunca desfallece; por eso Jesús dijo: “Pero el que se mantenga firme hasta el fin se salvará” (Mt 24,13). Observa que Jesús dice “hasta el fin”, la perseverancia es para siempre. Para Dios, luchar es más importante que vencer. Si tu esposo no va a Jesús, demuéstrale que Dios te hace más santo. Ámale cada día más.

Aterrizado a la vida matrimonial:

Puede que no sea un consuelo, porque a nosotros siempre nos gusta tener las cosas «ya», pero las prisas no son de Dios. Esta es la historia de la gran cristiana Elizabeth Leseur que vivió en los 1900. Era una francesa culta y fervorosa, casada con un hombre ateo: Sr. Marie–Albert Leseur.
Elizabeth rezó y se inmoló toda su vida por la conversión de su esposo, lo acompañaba a los más altos eventos sociales donde Dios estaba ausente, y su alma lloraba en silencio y oblación a Dios; hasta que un día ella falleció sin ver la conversión de su marido.
Pero Elizabeth había escrito un diario espiritual, y un bello día su esposo lo encontró tras su muerte, y lo leyó con interés. Fue suficiente para que se convirtiera profundamente.
Al leer aquella páginas llenas de fe y de sufrimiento ofrecido a Dios diariamente, aquel hombre fue tocado profundamente y entendió que había vivido al lado de un ángel sin notar nunca su presencia. Ahora derramaba lágrimas de tristeza por no haber vivido aquella fe maravillosa al lado de su esposa fallecida.
Su conversión fue tan profunda que dejó el mundo, abandonó las esferas sociales donde era exaltado y se hizo dominico; fray Marie-Albert Leseur.
Desde el cielo Elizabeth convirtió a su Albert. Después él publicó: «La Vida de Elizabeth Leseur”.

Madre,

Puede que algunos esposos no vean a su esposo convertirse, pero ¿Es esto lo que importa? O en el fondo puede ser un amor que busca ser complacido.
Llevar a nuestro esposo a Dios, es la mayor obra que podemos hacer en este mundo. Gracias por esta oportunidad, Madre.