Archivo de la categoría: Proyecto Amor Conyugal

El único regalo eterno. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Lucas 2, 22-32

EVANGELIO

Mis ojos han visto a tu Salvador
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 2, 22-32

Cuando se cumplieron los días de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo varón primogénito varón será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones».
Había entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo estaba con él. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo.
Y cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo acostumbrado según la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo:
«Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel».

Palabra del Señor.

Nota: Próximas misiones

  • Retiro para matrimonios en Madrid 2 (hoy) a 4 de febreroCOMPLETO puedes inscribirte en lista de espera en el siguiente enlace: https://goo.gl/forms/7lUuhJUvnUbtos103 Para más información sobre el retiro pincha aquí: https://wp.me/p6AdRz-PN
  • Anuncio en Pamplona: Domingo 11 de marzo a las 13h en la Parroquia de San Fermín.
  • Retiro en Sevilla: 4 a 6 de mayo.

El único regalo eterno.

Señor hoy nosotros, también te presentamos a nuestros hijos fruto de nuestro amor y de Tu bendición. Tuyos son, llámales para que consagren sus corazones al Tuyo. También te entregamos nuestro amor como oblación, de una vida. Aguardamos el consuelo hasta que hagas morada en ellos, porque nosotros también estamos intentando cumplir con ellos Según Tus leyes de amor, nuestras obligaciones de padres cristianos.

En su Tríptico Romano, San Juan Pablo dice que “El principio y el fin son invisibles” (porque es Dios mismo), pero entre ambos, hay un recorrido que sí podemos ver: Es el río serpenteante del amor humano, capaz de hacer visible ese Origen y ese Fin. ¿Podrán también nuestros ojos, como los de Simeón ver al “Salvador… luz para alumbrar a las naciones” en nuestra relación de esposos, antes de morir?. Esto te pedimos, Señor.

Aterrizado a la vida matrimonial:

(En la preparación al bautismo de Javierito)
El sacerdote: Acercaos los padres y padrinos. Poneos aquí, delante. Yo os pregunto: ¿Qué pedís para vuestro hijo? Y vosotros contestáis…
Los padres de Javierito: El bautismo.
El sacerdote: ¡Muy bien! Veo que habéis estudiado. Pero ¿Estáis seguros de que eso es lo que queréis para vuestro hijo? ¿Queréis consagrarlo a Dios? O preferís que tenga un puestazo y gane mucha pasta.
Los padres: Bueno… las dos.
El sacerdote: ¿Y si Dios no quiere que tenga un puestazo y gane una pasta? ¿Lo aceptaríais?
Los padres: Bueno… seguro que Dios querrá que le vaya bien en la vida ¿no?
El sacerdote: Dios quiere que le vaya bien en la vida, pero implica la santidad. Dios quiere que vuestro hijo sea santo. Y vosotros ¿Qué vais a hacer para que lo consiga?
Los padres: Le traeremos a catequesis.
El sacerdote: ¿Aunque haya partido? ¿Aunque tengáis una fiesta? ¿Aunque estéis agotados?… ¿Y rezaréis con él a diario? ¿Y os querréis para que viéndoos aprenda a querer? Mirad, que se va a convertir en hijo de Dios, y eso requiere muchos sacrificios…
Los padres: Nos lo pone muy difícil, Padre.
El sacerdote: Queridos míos, no impidáis que vuestro hijo vea la Luz y la gloria. Es el único regalo eterno que le podéis dar. Y para eso, hace falta vuestro ejemplo y muchos sacrificios vuestros. Sed padres, no en vuestro nombre, sino en el nombre del Padre.

Madre,

Reina de la familia, ruega por nosotros.

Bastones y Sandalias. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Marcos 6, 7-13

EVANGELIO

Los fue enviando
Lectura del santo Evangelio según san Marcos 6, 7-13

En aquel tiempo, Jesús llamó a los Doce y los fue enviando de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos. Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más, pero ni pan, ni alforja, ni dinero suelto en la faja; que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto
Y decía:
«Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio. Y si un lugar no os recibe ni os escucha, al marcharos sacudíos el polvo de los pies, en testimonio contra ellos».
Ellos salieron a predicar la conversión, echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.

Palabra del Señor.

Nota: Próximas misiones

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  • Retiro en Sevilla: 4 a 6 de mayo. Pendiente de abrir periodo de inscripción. Seguiremos informando.

Bastones y Sandalias

(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

Jesús nos envía. ¡Sí! Es Él quien nos envía, porque nos necesita a todos los que hemos sido llamados (A ti también), para salvar a muchos matrimonios. Nos envía de dos en dos, porque sólo si hay una comunión entre nosotros, nuestra evangelización dará fruto. Y para ello nos dice que llevemos únicamente un bastón y unas sandalias. Podríamos decir que “bastón” es aquello que nos ayuda a caminar juntos, y “sandalias” es lo que nos protege para poder seguir caminando. Así que vamos a identificar nuestras “sandialias” y “bastones” ¿os parece?

Aterrizado a la vida matrimonial:

Posibles “sandalias”: Reducir o anular el tiempo que dedicamos a la televisión o internet (nos introducen ideas en la cabeza contrarias a nuestra vocación y reducen el tiempo de diálogo), evitar irnos por separado a la cama, evitar el desorden en los horarios para reservar tiempo para Dios y para nosotros, evitar comer o cenar separados, no escondernos cosas, evitar que la familia de origen afecte en nuestra unión (no dedicarles más tiempo a ellos, no sentirnos más responsables con ellos que con nuestro esposo, no permitir que se inmiscuyan en nuestros asuntos o que critiquen a nuestro esposo…), eliminar aficiones que nos desunen o nos quitan tiempo para centrarnos en nuestra unión, y un largo etcétera.

Posibles “bastones” para el matrimonio: La oración y los sacramentos (éstos no tienen discusión, es contar con la fuerza del Espíritu), recurrir al esposo para que nos ayude o recurrir a sus dones (es designio Divino), una dirección espiritual, la formación sobre nuestra vocación matrimonial (imprescindible), reunirnos con otros matrimonios periódicamente para auto obligarnos a perseverar y compartir conocimientos o experiencias, ponernos pequeñas metas para ir avanzando y revisarlas, etc.

Madre,

Gracias por acompañarnos en este camino. Nada sería igual sin ti. Nos reconforta saber que estás ahí siempre, cuidando de nosotros, guiándonos. Así da gusto caminar hacia la caridad conyugal. Que Dios te bendiga, querida Madre.

Tapando agujeros. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Marcos 6, 1-6

EVANGELIO

No desprecian a un profeta más que en su tierra
Lectura del santo Evangelio según san Marcos 6, 1-6

En aquel tiempo, Jesús se dirigió a su ciudad y lo seguían sus discípulos.
Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada:
«¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada? ¿Y esos milagros que realizan sus manos? ¿No es este el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí?».
Y se escandalizaban a cuenta de él.
Les decía:
«No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa».
No pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se admiraba de su falta de fe.
Y recorría los pueblos de alrededor enseñando.

Palabra del Señor.

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Tapando agujeros.

San Juan Pablo II dice que estamos más atentos a las sensaciones que a los dones de Dios, porque las sensaciones y los sentidos están a flor de piel, mientras que los dones se encuentran en lo más profundo de la persona. Esto les ocurría a los contemporáneos de Jesús, que se dejaban llevar por las sensaciones y no eran capaces de ver el gran don de Dios que es, ni más ni menos que, su único Hijo.

Entre las sensaciones y los prejuicios, me pierdo mucho de la verdad y la belleza de mi esposo como don de Dios y de mi matrimonio. Además de esto, otro problema es que a veces no soy capaz de reconocer los cambios que ha tenido mi esposo, porque sigo anclado en el pasado, en los recuerdos, y puedo estar achacándole pecados que cometió, pidió perdón por ellos, y no ha vuelto a caer. Pero en mi memoria los mantengo vigentes, y me escandalizo de él/ella. Dios actúa en el corazón, y eso, nos cuesta alcanzar a verlo.

Pues Dios quiere ayudarme muchas veces a través de mi esposo, aunque mi esposo ni siquiera sea consciente de ello. Dice San Juan Pablo que cada pecado viene de la falta de una gracia, más que luchar contra el pecado, deberíamos esforzarnos por no perderla. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios en su esposo. Señor, que vea.

Aterrizado a la vida matrimonial:

María: Sé que Dios me utiliza muchas veces para hablarte a ti, y para hablarle a muchos matrimonios. Lo sé porque muchas veces soy incapaz de repetir lo que he dicho o incluso, ni siquiera soy capaz de recordarlo. Sólo sé que notaba la presencia de Su Espíritu que me mueve.
Pedro: Tienes razón. Lo he presenciado en multitud de ocasiones y, yo que te conozco, me he dado cuenta. Estoy seguro de que a veces me hablas en nombre del Señor y no estoy atento, me cierro y no le escucho, probablemente porque te sigo viendo pecadora… Pero eso no le impide a Dios que seas mediación Suya especialmente conmigo. Además lo he visto en matrimonios que no han querido acoger el don que Dios les daba a través de ti. Muchas veces, en gente cercana a ti, que nos conoce desde hace tiempo y no se puede creer que tu conversión te ha hecho una mujer nueva al servicio de Dios, y que Dios reside en ti.
María: Es una pena que no reconozcamos el don de Dios en los que nos rodean, empezando por nuestro propio esposo, ministro de la gracia de Dios para mí. ¡Cuánta gracia de Dios derramada! Pedro, me comprometo a estar más atenta a Dios que me habla a través de ti.
Pedro: Y yo. No vamos a seguir desperdiciando la gracia de Dios para nosotros y nuestro matrimonio.

Madre,

Dios es tan bueno y tan generoso, que derrama abundantes gracias sobre nosotros. Es Nuestro Padre y no escatima en dones, como vemos claramente por habernos enviado a Su Hijo único. Permite, Madre, que tapemos todos los agujeros por los que se nos escapa tanto Amor recibido. Por Jesucristo Tu Hijo, Nuestro Señor. Amén.

Esposos que Le tocan. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Marcos 5, 21-43

EVANGELIO

Contigo hablo, niña, levántate
Lectura del santo Evangelio según san Marcos 5, 21-43

En aquel tiempo, Jesús atravesó de nuevo en barca a la otra orilla, se le reunió mucha gente a su alrededor, y se quedó junto al mar.
Se acercó un jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo, y, al verlo, se echó a sus pies, rogándole con insistencia:
«Mi niña está en las últimas; ven, impón las manos sobre ella, para que se cure y viva».
Se fue con él, y lo seguía mucha gente que lo apretujaba.
Había una mujer que padecía flujos de sangre desde hacía doce años. Había sufrido mucho a manos de los médicos y se había gastado en eso toda su fortuna; pero, en vez de mejorar, se había puesto peor. Oyó hablar de Jesús y, acercándose por detrás, entre la gente, le tocó el manto, pensando: «Con sólo tocarle el vestido curaré».
Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias, y notó que su cuerpo estaba curado. Jesús, notando que había salido fuerza de él, se volvió enseguida, en medio de la gente y preguntaba:
«¿Quién me ha tocado el manto?».
Los discípulos le contestaban:
«Ves cómo te apretuja la gente y preguntas: «¿Quién me ha tocado?»».
Él seguía mirando alrededor, para ver quién había hecho esto. La mujer se acercó asustada y temblorosa, al comprender lo que le había ocurrido, se le echó a los pies y le confesó toda la verdad.
Él le dice:
«Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz y queda curada de tu enfermedad».
Todavía estaba hablando, cuando llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle:
«Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro?».
Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga:
«No temas; basta que tengas fe».
No permitió que lo acompañara nadie, más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegan a casa del jefe de la sinagoga y encuentra el alboroto de los que lloraban y se lamentaban a gritos y después de entrar les dijo:
«¿Qué estrépito y qué lloros son éstos? La niña no está muerta, está dormida».
Se reían de él. Pero él los echó fuera a todos y, con el padre y la madre de la niña y sus acompañantes, entró donde estaba la niña, la cogió de la mano y le dijo:
«Talitha qumi» (que significa: «Contigo hablo, niña, levántate»).
La niña se levantó inmediatamente y echó a andar; tenía doce años. Y quedaron fuera de sí llenos de estupor.
Les insistió en que nadie se enterase; y les dijo que dieran de comer a la niña.

Palabra del Señor.

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Esposos que Le tocan.

Curar una enfermedad es difícil, pero más difícil si cabe es sanar un matrimonio, porque en el primer caso, todos los órganos del cuerpo están a merced del Creador, pero en un matrimonio interviene también la libertad de los dos, y esa, sólo depende de cada uno.

Desde fuera, viendo un matrimonio en una crisis grave, puede parecer que esa sanación es imposible como pensaban los familiares de la hija de Jairo que andaban entre llantos y sollozos. Pero la realidad es que nosotros tenemos experiencia de matrimonios con problemas que no son excesivamente graves, pero que no han querido tener fe y han abandonado, y quedan rodeados de muerte. En cambio otros, tienen problemas muy graves, pero tienen fe en que el Señor los puede salvar, y hacen lo que se les propone. Estos son los esposos que se acercan a Cristo y le tocan, y el Señor les dice: “iros en paz, vuestra fe os ha curado”.

Aterrizado a la vida matrimonial:

Mario: Lo siento, pero no creo en este camino. La situación de mi esposa hay que ponerla en manos de los médicos. Lo suyo no es normal.
Pedro: Mario, supongamos que eso es así, que yo no lo creo. A ella lo único que le pasa es que necesita una estabilidad emocional contigo. No está viviendo aquello para lo que ha sido creada. Pero aunque así fuera, necesitáis un camino de reconstrucción de vuestro amor, apoyándoos en el Señor.
Mario: Lo siento, tal como te he dicho, no creo en ese camino.
(En cambio, otro matrimonio)
Jaime: Es horrible. Ella se fue de casa y vive en una casa que tienen sus padres. Además, hubo un malentendido cuando se separó de mí, pensó que la estaba amenazando y llamó a la policía, y me metieron en el calabozo… no puedo soportarlo. ¿Cómo voy a perdonar eso?
Marga: Ya, vale, puede que me equivocase, pero luego tú, mientras hemos estado separados, te has liado con una. ¿Cómo voy a perdonarlo yo?
María: El Señor lo sana todo. El Señor ha venido a sanar la caña cascada, y no os va a abandonar. A nosotros nos ha enviado para que os ayude. Mirad a vuestro futuro y decidir ¿qué queréis? Un futuro lleno de resentimientos y remordimientos, o un futuro lleno de la paz del Señor en un matrimonio que ha salido fortalecido porque ha luchado en las dificultades.
Jaime y Marga: Tenemos fe en el Señor. Nos decidimos por el camino de la sanación y la paz.
(Y se sanaron y viven juntos y felices, gracias a Dios)

Madre,

Sólo la fe da vida. Últimamente me están gustando las jaculatorias. Me gusta mucho repetirme: Espíritu Santo, ven, lléname de Ti, Espíritu Santo, ven… Y viene. Es muy reconfortante. Así que, la próxima vez que tenga una situación difícil, me repetiré una y otra vez: “No temas; basta que tengas fe”. Alabado sea el Señor que me ha demostrado lo mucho que me ama.

Para no herirme a mí mismo. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Marcos 5, 1-20

EVANGELIO

Espíritu inmundo, sal de este hombre
Lectura del santo Evangelio según san Marcos 5, 1-20

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos llegaron a la otra orilla del mar, a la región de los gerasenos.
Apenas desembarcó, le salió al encuentro, de entre los sepulcros, un hombre poseído de espíritu inmundo. Y es que vivía entre los sepulcros; ni con cadenas podía ya nadie sujetarlo; muchas veces lo habían sujetado con cepos y cadenas, pero él rompía las cadenas y destrozaba los cepos, y nadie tenía fuerza para dominarlo. Se pasaba el día y la noche en los sepulcros y en los montes, gritando e hiriéndose con piedras. Viendo de lejos a Jesús, echó a correr, se postró ante él y gritó con voz potente:
«¿Qué tienes que ver conmigo, Jesús, Hijo de Dios altísimo? Por Dios te lo pido, no me atormentes».
Porque Jesús le estaba diciendo:
«Espíritu inmundo, sal de este hombre».
Y le preguntó:
«¿Cómo te llamas?».
El respondió:
«Me llamo Legión, porque somos muchos».
Y le rogaba con insistencia que no los expulsara de aquella comarca.
Había cerca una gran piara de cerdos paciendo en la falda del monte. Los espíritus le rogaron:
«Envíanos a los cerdos para que entremos en ellos».
Él se lo permitió. Los espíritus inmundos salieron del hombre y se metieron en los cerdos; y la piara, unos dos mil, se abalanzó acantilado abajo al mar y se ahogó en el mar.
Los porquerizos huyeron y dieron la noticia en la ciudad y en los campos. Y la gente fue a ver qué había pasado.
Se acercaron a Jesús y vieron al endemoniado que había tenido la legión, sentado, vestido y en su juicio. Y se asustaron.
Los que lo habían visto les contaron lo que había pasado al endemoniado y a los cerdos. Ellos le rogaban que se marchase de su comarca.
Mientras se embarcaba, el que había estado poseído por el demonio le pidió que le permitiese estar con él. Pero no se lo permitió, sino que le dijo:
«Vete a casa con los tuyos y anúnciales lo que el Señor ha hecho contigo y que ha tenido misericordia de ti».
El hombre se marchó y empezó a proclamar por la Decápolis lo que Jesús había hecho con él; todos se admiraban.

Palabra del Señor.

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Para no herirme a mí mismo.

Cuando uno está en el mal, se encierra en él, y se rodea de muerte. No quiere que se acerque nadie que le hable de todo lo que da vida. El poder de los hombres no puede con este estado, y sólo Dios puede echar a esos demonios.
A veces, me juzgo a mí mismo por mis pecados y me condeno, y eso me quita la paz, y me hiero a mí mismo no queriendo ni siquiera aceptar que hay esperanza. Para juzgarme bien, debería mirarme con los ojos con los que Dios me mira, ojos de misericordia. El Demonio es el acusador que no quiere que vea la luz, sin embargo el Señor me permite ver mis faltas, sí, pero a la vez me alienta y me perdona. A pesar de mis faltas, el Señor me sigue dando Su gracia que me restaura.

Aterrizado a la vida matrimonial:

Mónica: Yo sé que no supimos hacerlo bien con nuestros hijos, porque tú y yo no les hemos dado un ejemplo de amor. Ahora tengo esa losa sobre mí, y no sé qué será de ellos. Están iniciando sus vidas y me siento culpable de no haberles enseñado a amar. Su fracaso sería el mío.
Pedro: Mónica, no te tortures. Ahora que nos hemos convertido y el Señor nos ha mostrado nuestro error, tenemos la oportunidad de reconducir nuestras vidas y enseñarle a nuestros hijos que es posible perdonar y que nunca es tarde para empezar a amar de verdad. No te rindas, el Señor es más fuerte y vencerá, y nuestro matrimonio acabará dando el fruto que Él esperaba de nosotros. Tenemos que anunciarle a los nuestros lo que el Señor ha hecho con nosotros. Gloria a Dios!!

Madre,

A veces nos encerramos en nuestro dolor y nuestra tristeza porque en el fondo es cosa nuestra. Pero el Señor quiere tener misericordia conmigo y que lo anuncie en Su nombre. El Señor siempre sana, siempre restaura. Alabado sea el Señor.