
Muchas veces los esposos nos vemos como niños pequeños que intentan subir un peldaño y no llegan. Un día el Padre decide cogerlos en sus brazos y subirlos.

Muchas veces los esposos nos vemos como niños pequeños que intentan subir un peldaño y no llegan. Un día el Padre decide cogerlos en sus brazos y subirlos.

Por el Sacramento del Matrimonio, Cristo transforma nuestro amor en Caridad Conyugal y nos hace una sola carne. En esa entrega mutua, crecemos como personas.

Tengo que luchar cada día contra la seducción del mal y no inducir al mal a mi esposo/a. El Señor me purifica y, aunque escuece, me hace feliz.

Nuestro amor no es perfecto pero es verdadero. Los esposos hemos recibido el don de alcanzar la Caridad Conyugal, un amor más exigente y hermoso que podemos vivir.

Jesús me invita a ser el último y el servidor de mi esposo/a. Una tarea digna de la Madre de Dios que así lo hizo.