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Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según san Mateo 10, 37-42
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles:
«El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no carga con su cruz y me sigue, no es digno de mí.
El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí, la encontrará. El que os recibe a vosotros, me recibe a mí, y el que me recibe, recibe al que me ha enviado; el que recibe a un profeta porque es profeta, tendrá recompensa de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo, tendrá recompensa de justo.
El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños, solo porque es mi discípulo, en verdad os digo que no perderá su recompensa».
Perder la vida.
Nos dice hoy el Señor: «quien pierda la vida por mí, la encontrará». Nosotros, como esposos, estamos llamados a perder la vida por Cristo de un modo muy concreto ¿Cómo? Perdiéndola por mi esposo, por mi esposa, como Cristo que entregó Su vida por nosotros, para nuestra salvación. Pues así debemos vivir los esposos, a los que nos une el sacramento del matrimonio, entregando, perdiendo la vida por la salvación de mi esposo. Hasta el extremo. Alguno dirá: ¡qué difícil! Eso es imposible. Y es verdad; nosotros no podemos hacer nada solos. Primero tenemos que amarle a Él y entonces, pedir la gracia al Señor, vivir por Él y en Él, para que por nuestro sacramento haga real esa entrega.
Vivir de la Eucaristía, del sacramento de la reconciliación. Vivir perdiendo la vida por Él y entonces nos dará la verdadera Vida.
Aterrizado a la vida Matrimonial:
(Andres y Cati están en el momento de su oración conyugal después de leer este evangelio)
Cati: Andrés, este evangelio me pone en el corazón una pregunta
Andres: si, ¿cuál ?
Cati: si estaría dispuesta a perder la vida la fe, por el amor a Cristo.
Andres: es una pregunta que no se puede contestar a la ligera, y que te ha puesto el Señor en el corazón.
Cati: pues mira, como dices, no se puede contestar a la ligera. Pero el Señor, cuando dice lo de entregar la vida, no creo que se refiera a la muerte de este cuerpo, si no más bien a la muerte de mi amor propio, de mis manías, mis criterios y que me desgaste en mi vocación, donde Él me ha llamado.
Andrés: creo que así es, desgastando la vida por tí, por tu salvación, creo que el Señor nos recompensa todos los días con esa vida que nos promete.
Cati: sí, este momento de oración juntos, es ese momento de vida, donde entregamos nuestros corazones, nuestra vida , y entregándome a ti me entrego a Él.
Andres: así creo que Él nos pide entregar la vida, por tí, por la salvación de las almas de nuestros hijos, nuestra familia, los que nos rodean en el día a día e incluso, por aquellos que no conocemos
Cati: ¡Así sea! Le pedimos ahora al Señor que nuestra oración le sea agradable y le damos gracias por tanto bien que nos hace.
Andres: que lo poco que podamos aportar, Él lo haga grande. ¡Alabado sea el Señor!
Cati: ¡Que por siempre sea bendito y alabado!
Madre,
Ayúdanos a entregar nuestra vida al Señor en los que nos rodean, especialmente en nuestro esposo, a través de los pequeños detalles del día a día. ¡Alabado sea siempre el Señor!
