Archivo por meses: octubre 2015

Apuntando hacia fuera. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Marcos 10, 35-45

EVANGELIO
El Hijo del hombre ha venido para dar su vida en rescate por todos

Lectura del santo evangelio según san Marcos 10, 35-45
En aquel tiempo, se acercaron a Jesús los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, y le dijeron:
– «Maestro, queremos que hagas lo que te vamos a pedir.»
Les preguntó: – «¿Qué queréis que haga por vosotros?»
Contestaron: – «Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda.»
Jesús replicó: – «No sabéis lo que pedís, ¿sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber, o de bautizaros con el bautismo con que yo me voy a bautizar?»
Contestaron: – «Lo somos.»
Jesús les dijo: – «El cáliz que yo voy a beber lo beberéis, y os bautizaréis con el bautismo con que yo me voy a bautizar, pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo; está ya reservado.»
Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra Santiago y Juan.
Jesús, reuniéndolos, les dijo: – «Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen.
Vosotros, nada de eso: el que quiera ser grande, sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos.
Porque el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos.»

Palabra del Señor.

(Novedad: Ya puedes suscribirte en el menú superior).

Apuntando hacia fuera.
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

Según la tradición, Santiago y Juan eran primos de Jesús. Justo después de que Él hablara de su pasión, ellos ambicionan lo que podrían ser sus “derechos”.

Nos recuerda San Ambrosio: Considera … de dónde viene el Bautismo: de la cruz de Cristo, de la muerte de Cristo. …Él padeció por ti. En él eres rescatado, en él eres salvado. (S. Ambrosio, sacr. 2,6).

Hoy hablaremos de “derechos” y “deberes”.

Para participar de la gloria de Dios, tenemos que participar primero del Bautismo que nos salva gratuitamente, es decir, que no teníamos derecho a ello. Pero eso no lo es todo, en realidad ese Bautismo lleva asociada la cruz, los deberes. Dios nos da el don, pero nosotros tenemos que acogerlo, y para ello, el único medio es la cruz. Dice San Beda: “para llegar a lo más alto de la virtud el verdadero camino es la humildad y no el poder”, es decir, entender nuestros deberes, no nuestros derechos.

Jesús nos dice que no seamos tiranos. El tirano es el que intenta dominar. El que domina es el que va de señor, el altivo, el que arrolla, avasalla, mangonea, subyuga, sugestiona, el terco… Son actitudes que podemos tener con nuestro esposo en ese intento de dominio, de tiranizar.

Digamos que lo correcto es estar atento a los derechos de mi esposo y a mis deberes. No al contrario. Dominar mi yo y servirle a él/ella. ¿En qué momento está Jesús atento a sus derechos? Él sí los tiene todos, es Dios. Sin embargo, una y otra vez repite que ha venido a servir, a entregarse, a ser víctima del abuso de poder de los que se creen con derecho.

Coge tu alianza, pinta un círculo con ella, y alrededor, flechas concéntricas apuntando hacia fuera. Después vuelve a pintarlo igual, pero esta vez, las flechas mirando hacia adentro. ¿Cuál de los dos resulta más hermoso? ¿Cuál de los dos se ensancha? ¿Cuál se abre? ¿Cuál irradia?…

Anda y haz tú lo mismo en tu matrimonio. Que nuestras flechas de amor, apunten hacia fuera.

Oramos especialmente por el sínodo:
https://proyectoamorconyugal.es/oracion-a-la-santa-familia/

SJPII Catequesis 790926 La respuesta de Cristo a los farieos sobre la indisolubilidad del matrimonio

Proyecto Amor Conyugal

JUAN PABLO II: AUDIENCIA GENERAL

Miércoles 26 de septiembre de 1979

La respuesta de Cristo a los fariseos sobre la indisolubilidad del matrimonio

Interpretación de la catequesis:

Hoy queremos sacar algunas conclusiones.

Cuando Cristo se refiere al principio, lleva a superar lo que hay entre el estado de inocencia original y el estado pecaminoso. Dos situaciones diametralmente opuestas.

Estas situaciones afectan diametralmente al interior del hombre: Al conocimiento, conciencia, opción y decisión, y todo esto en relación con Dios Creador. El árbol de la ciencia del bien y del mal, como símbolo de la alianza con Dios, brota en el corazón del hombre, delimita y contrapone estos dos estados. Sigue leyendo

JPII Catequesis 790919 El relato bíblico de la creación del hombre

Proyecto Amor Conyugal

JUAN PABLO II: AUDIENCIA GENERAL
Miércoles 19 de septiembre de 1979

El relato bíblico de la creación del hombre

Invocamos al Espíritu Santo:

Espíritu santo ven cada día a nuestros corazones, enséñanos y empújanos a practicar este amor según Dios desea, no lo buscamos por egoísmo, sino para alabarle, glorificarle en las dificultades y en lo fácil, alegrías y penas todos los días de nuestra vida y así contribuir con Él en su Reino de Amor, para que se haga realidad en nuestro hogar.

 

INTERPRETACIÓN DE LA CATEQUESIS:

Cristo se refiere al principio, a ese momento del Génesis en que el hombre vivía un estado de santidad por su inocencia, pues no conocía el mal.

La creación se relata como en tres fases. Primero es creado el hombre genérico, y no se habla ni de varón ni de mujer.

Después separa Dios al hombre en dos sexos, varón y mujer. Entonces el hombre y la mujer se ven como “hueso de mis huesos y carne de mi carne” y «Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre; y se unirá a su mujer, y vendrán a ser los dos una sola carne» (Gén 2, 24). Es el momento de la unión de ambos en una sola carne.

Se relata un tercer estado, que es expresamente el de “inocencia originaria” y que se describe cuando dice el Génesis «Estaban los dos desnudos, el hombre y su mujer, sin avergonzarse de ello»(Gén 2, 25).

Pero el hombre pierde ese estado de santidad cuando, en Génesis 3, se relata la primera caída del hombre y la mujer en el pecado, vinculada al árbol de la ciencia del bien y del mal.

A partir de que el hombre y la mujer pecan, surge en ellos una situación completamente contraria al estado de inocencia anterior. Es el estado de la naturaleza caída. Ambos estados son totalmente contrapuestos y podríamos decir que incompatibles, ya que ¿Cómo se puede recuperar la pureza de la inocencia?

La sorpresa viene cuando Cristo, hablando con los fariseos, les ordena en cierto sentido volver a ese estado de inocencia del principio, cuando no aprueba lo que «por dureza del… corazón» permitió Moisés. Por tanto, ese estado de santidad originaria no ha perdido vigencia. De alguna forma nos da poder para traspasar ese límite que separa esos dos estados tan contrapuestos (de inocencia y de pecado) y volver a vivir el estado original.

 

EL MENSAJE DE ESTA CATEQUESIS PARA EL HOMBRE DE HOY:

Cada vez que pecamos por elección, por dejarnos llevar de una naturaleza débil y poco fortalecida en el Espíritu, cae como un velo oscuro sobre el alma que afecta a nuestra mirada, afectos, estado de ánimo…, a nuestro matrimonio y en definitiva a nuestra vida, generando mal y muerte. Pero Cristo nos exhorta a salir de esto, Él lo hace posible.

La oportunidad que Dios me da para salir de ese estado de tristeza y dolor, es el matrimonio. En nuestra relación tenemos el camino para ir limpiando y purificando nuestra mirada. Es cuando me dejo llevar por mis impulsos (ira, emociones…) ante las dificultades de mi convivencia matrimonial, cuando descubro mi “dependencia” de mis propios gustos y manías que me atan. Tengo la oportunidad de liberarme poco a poco de mis propias tendencias egoístas y cerrazón, si aprendo a amarle. Ahora tiene sentido luchar en mi matrimonio, por ese fin hermoso que Dios busca para mí.

El tema del árbol del conocimiento del bien y del mal es interesante: implica el deseo de decidir por cuenta propia lo que es bueno y lo que es malo, es decir la absoluta «autonomía moral». Frente a ello el matrimonio supone que me dejo enseñar en lo que está bien y mal.

De la humildad, y de hacernos vulnerables surge ese ser “una sola carne” a la que Dios nos ha llamado.

DESARROLLO:

A partir de que el hombre y la mujer pecan, surge en ellos una situación completamente contraria al estado de inocencia anterior. Es el estado de la naturaleza caída. ¿Cómo se puede recuperar la pureza del alma?

Cristo hace posible el estado de santidad y por tanto de felicidad, mas no sin nosotros, nos exhorta a sobrepasar el limite, siendo exigentes con nosotros mismos y esforzándonos en dar muerte a todo lo que nos separa del amor, en nuestro corazón desde nuestra vocación conyugal: Criterios humanos, orgullo, egoísmo… esas costumbres de nuestras familias de origen, para formar una nueva familia. Este nuevo ser nace de la renuncia, de las diferencias que son puntos de unión y crecimiento desde la humildad, dejarse influir, la escucha que lleva a conocernos y conocer la Verdad. Entonces los esposos experimentan en su corazón: Éste sí que es ya hueso de mis huesos y carne de mi carne.

Es mandato de Dios ser una sola carne para los esposos, un modo de dar muerte al hombre viejo para que por amor, nazca el nuevo. «Y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad» (Efesios 4,24)

Col 3,7 dice: “En las cuales vosotros también anduvisteis en otro tiempo cuando vivíais en ellas”. Esas cosas se refieren a nuestra naturaleza terrenal, en la que andábamos en otro tiempo. Debemos creer que el Señor Jesús realizó toda Su obra en la tierra y fue crucificado por nosotros, y todas las cosas terrenales en las que anduvimos en otro tiempo ya fueron crucificadas con Él. Ahora, debemos acoger esas nuevas actitudes que nos ofrece.

Col. 3,8: “Pero ahora dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia…”. Dependiendo de nuestra elección, las consecuencias serán unas u otras. Si decidimos abrirnos a la riqueza que nos aporta el matrimonio, a la oportunidad que Dios nos da de salir de mí mismo para preocuparme del otro, podremos acercarnos poco a poco a la superación de ese límite que me separa del estado originario que Dios quiso para mí, donde sólo hay paz, alegría y felicidad.

 

RATO DE ORACION:

Los esposos juntos, recordamos las palabras de Jesús: “DONDE DOS O TRES ESTÁN REUNIDOS EN MI NOMBRE, ALLÍ ESTOY YO EN MEDIO DE ELLOS” (MT 18,20)

Diálogo con Cristo entre los esposos:

Señor, queremos encontrarnos contigo en este momento, esperando tener la docilidad de corazón para no convertir esta oración en un interrogatorio, en exigencias, en quejas o para pedirte lo que creo necesitar. ¡Ven Espíritu Santo muéstrame la verdad, la belleza de tu plan, y de tu voluntad!

Señor, yo (nombre de ella) ¿Acepto hacerme vulnerable en lo más íntimo de mí, para nacer de mi esposo (varón)?.

Señor, yo (nombre de él) ¿Acepto hacerme vulnerable en lo más íntimo de mi, para nacer de mi esposa y ser una sola carne?.

¿Acogemos la oportunidad que das de ser lo que Tú quieres que seamos?  Señor ¿Nos creemos de verdad que Tú lo harás posible?

 

EL CASO:

Ramón se marchó de casa. Nunca se había ido, pero después de 19 años de casados, ya no aguantaba más. Ramón y Paquita tienen mucho carácter, y existe una tensión entre ellos casi insoportable. Ella confiesa que a veces le entran ganas de abrazarse a él, pero tiene tantas malas experiencias a sus espaldas, que en seguida se le quitan las ganas y piensa “anda y que te ondulen”.

Un amigo de Ramón, cuando ya se había marchado de casa le dijo “¿Has hecho todo lo posible?” Ramón contestó que sí, pero luego se quedó pensando, porque en realidad, no lo había intentado todo. Más bien, había luchado bastante poco. Así que finalmente, ambos acuden pidiendo ayuda.

En realidad, no había ocurrido nada especialmente grave entre ambos. Simplemente, existía un ambiente de tensión que constantemente les hacía discutir por cualquier cosa.

Ramón y Paquita nos preguntan si tiene arreglo lo suyo. No tienen ninguna fe en su relación y perciben que hay ya tal lío de dolores y sinsabores que no hay quien lo deslíe. ¿Será posible limpiar todo ese desorden?

 

MIRAMOS NUESTRA VIDA Y DIALOGAMOS ENTRE EL GRUPO:

Las catequesis de hoy, nos abre una ventana de esperanza muy ilusionante. Cristo nos exhorta a vivir de otro modo: Su reino de amor y con esta reunión nos invita a ello, nos dice que es posible.

Sabemos, que cuando hablamos de santidad, hay muchas cosas que nos parecen inalcanzables para nosotros. Pero a la luz de la catequesis de hoy:

¿Qué es lo que nos dificulta o imposibilita, vivir una unión para la que hemos sido creados y por el que Cristo dio su vida? Ponerle nombre a esos pecados, especialmente mirar el espanto del rostro de la dureza de corazón ¿Por qué este es tan infecundo y destructivo para los esposos, cuáles son sus consecuencias?
¿Qué nos ayuda a esforzarnos por darle muerte al hombre viejo?
Recordemos unas palabras de santa Teresa de Jesús:

El hombre no deja las cosas porque sí, sino porque encuentra un tesoro mejor.

¿Cuál es tu tesoro?  Final del formulario

 

PROPÓSITO PERSONAL Y CONYUGAL:

Sugerencia:

Renunciar a algo que sé que le hiere o molesta a mi esposo por amor a Dios o a él/ella e intentar hacer algo que sé que le agrada. (si no lo tienes claro, sugerimos que se lo preguntes abiertamente ¿Qué puedo hacer para hacerte feliz?

Poniendo aquí todo esfuerzo personal.

 

 

Copia íntegra de la catequesis de JPII:

JUAN PABLO II

AUDIENCIA GENERAL

Miércoles 19 de septiembre de 1979

El relato bíblico de la creación del hombre

  1. Respecto a las palabras de Cristo sobre el tema del matrimonio en las que se remite al «principio», dirigimos nuestra atención, hace una semana, al primer relato de la creación del hombre en el libro del Génesis (cap. 1). Hoy pasaremos al segundo relato que, frecuentemente es conocido por «yahvista», ya que en él a Dios se le llama «Yahvé».

El segundo relato de la creación del hombre (vinculado a la presentación tanto de la inocencia y felicidad originales, como a la primera caída) tiene un carácter diverso por su naturaleza. Aún no queriendo anticipar los detalles de esta narración —porque nos convendrá retornar a ellos en análisis ulteriores— debemos constatar que todo el texto, al formular la verdad sobre el hombre, nos sorprende con su profundidad típica, distinta de la del primer capítulo del Génesis. Se puede decir que es una profundidad de naturaleza sobre todo subjetiva y, por lo tanto, en cierto sentido, sicológica. El capítulo 2 del Génesis constituye, en cierto modo, la más antigua descripción registrada de la autocomprensión del hombre y, junto con el capítulo 3, es el primer testimonio de la conciencia humana. Con una reflexión profunda sobre este texto a través de toda la forma arcaica de la narración, que manifiesta su primitivo carácter mítico [1] ([*]) encontramos allí «in núcleo» casi todos los elementos del análisis del hombre, a los que es tan sensible la antropología filosófica moderna y sobre todo la contemporánea. Se podría decir que el Génesis 2 presenta la creación del hombre especialmente en el aspecto de la subjetividad. Confrontando a la vez ambos relatos, llegamos a la convicción de que esta subjetividad corresponde a la realidad objetiva del hombre creado «a imagen de Dios». E incluso este hecho es —de otro modo— importante para la teología del cuerpo, como veremos en los análisis siguientes.

  1. Es significativo que Cristo, en su respuesta a los fariseos, en la que se remite al «principio», indica ante todo la creación del hombre con referencia al Génesis 1, 27: «El Creador al principio los creó varón y mujer»; sólo a continuación cita el texto del Génesis 2, 24. Las palabras que describen directamente la unidad e indisolubilidad del matrimonio, se encuentran en el contexto inmediato del segundo relato de la creación, cuyo rasgo característico es la creación por separado de la mujer (cf. Gén 2, 18-23), mientras que el relato de la creación del primer hombre (varón) se halla en Gén 2, 5-7. A este primer ser humano la Biblia lo llama «hombre» (‘adam, mientras que, por el contrario, desde el momento de la creación de la primera mujer comienza a llamarlo «varón», ‘is’ en relación a ‘issâh («mujer», porque está sacada del varón = ‘is) [2]. Y es también significativo que, refiriéndose al Gén 2, 24, Cristo no sólo une el «principio» con el misterio de la creación, sino también nos lleva, por decirlo así, al límite de la primitiva inocencia del hombre y del pecado original. La segunda descripción de la creación del hombre ha quedado fijada en el libro del Génesis precisamente en este contexto. Allí leemos ante todo: «De la costilla que del hombre tomara, formó Yahvé Dios a la mujer, y se la presentó al hombre. El hombre exclamó: ‘Esto sí que es ya hueso de mis huesos y carne de mi carne. Esta se llamará varona, porque del varón ha sido tomada'» (Gén 2, 22-23). «Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre; y se unirá a su mujer, y vendrán a ser los dos una sola carne» (Gén 2, 24).

«Estaban los dos desnudos, el hombre y su mujer, sin avergonzarse de ello»(Gén 2, 25).

  1. A continuación, inmediatamente después de estos versículos, comienza el Génesis 3 la narración de la primera caída del hombre y de la mujer, vinculada al árbol misterioso, que ya antes había sido llamado «árbol de la ciencia del bien y del mal» (Gén 2, 17). Con esto surge una situación completamente nueva, esencialmente distinta de la precedente. El árbol de la ciencia del bien y del mal es una línea divisoria entre dos situaciones originarias, de las que habla el libro del Génesis. La primera situación es la de la inocencia original, en la que el hombre (varón y hembra) se encuentran casi fuera del conocimiento del bien y del mal, hasta que no quebranta la prohibición del Creador y no come del fruto del árbol de la ciencia. La segunda situación, en cambio, es esa en la que el hombre, después de haber quebrantado el mandamiento del Creador por sugestión del espíritu maligno simbolizado en la serpiente, se halla, en cierto modo, dentro del conocimiento del bien y del mal. Esta segunda situación determina el estado pecaminoso del hombre, contrapuesto al estado de inocencia primitiva.

Aunque el texto yahvista sea muy conciso en su conjunto, basta sin embargo diferenciar y contraponer con claridad esas dos situaciones originarias. Hablamos aquí de situaciones, teniendo ante los ojos el relato que es una descripción de acontecimientos. No obstante, a través de esta descripción y de todos sus pormenores, surge la diferencia esencial entre el estado pecaminoso del hombre y el de su inocencia original [3]. La teología sistemática entreverá en estas dos situaciones antitéticas dos estados diversos de la naturaleza humana: status naturae integrae (estado de naturaleza íntegra) y status naturae lapsae (estado de naturaleza caída). Todo esto brota de ese texto «yahvista» del Gén 2 y 3, que encierra en sí la palabra más antigua de la revelación, y evidentemente tiene un significado fundamental para la teología del hombre y para la teología del cuerpo.

  1. Cuando Cristo, refiriéndose al «principio», lleva a sus interlocutores a las palabras del Gén 2, 24, les ordena, en cierto sentido, sobrepasar el límite que, en el texto yahvista del Génesis, hay entre la primera y la segunda situación del hombre. No aprueba lo que «por dureza del… corazón» permitió Moisés, y se remite a las palabras de la primera disposición divina, que en este texto está expresamente ligada al estado de inocencia original del hombre. Esto significa que esta disposición no ha perdido vigencia, aunque el hombre haya perdido su inocencia primitiva. La respuesta de Cristo es decisiva y sin equívocos. Por eso debemos sacar de ella las conclusiones normativas, que tienen un significado esencial no sólo para la ética, sino sobre todo para la teología del hombre y para la teología del cuerpo, que, como un punto particular de la antropología teológica, se establece sobre el fundamento de la palabra de Dios que se revela. Trataremos de sacar estas conclusiones en el próximo encuentro.

Notas

[1] Si en el lenguaje del racionalismo del siglo XIX el término «mito» indicaba lo que no se contenía en la realidad, el producto de la imaginación (Wundt), o lo que es irracional (Lévy-Bruhl), el siglo XX ha modificado la concepción del mito.

  1. Walk ve en el mito la filosofía natural, primitiva y arreligiosa; R. Otto lo considera instrumento del conocimiento religioso; para C. G. Jung, en cambio, el mito es manifestación de los arquetipos y la expresión del «inconsciente colectivo», símbolo de los procesos interiores.
  2. Eliade descubre en el mito la estructura de la realidad que es inaccesible a la investigación racional y empírica: efectivamente, el mito transforma el suceso en categoría y hace capaz de percibir la realidad transcendente; no es sólo símbolo de los procesos interiores (como afirma Jung), sino un acto autónomo y creativo del espíritu humano, mediante el cual se actúa la revelación (Cfr. Traité d’histoire des religions, París 1949, pág. 363; Images et symboles, París 1952, págs. 199-235).

Según P. Tillich el mito es un símbolo, constituido por los elementos de la realidad para presentar lo absoluto y la transcendencia del ser, a los que tiende el acto religioso.

  1. Schlier subraya que el mito no conoce los hechos históricos y no tiene necesidad de ellos, en cuanto describe lo que es destino cósmico del hombre que es siempre igual.

Finalmente, el mito tiende a conocer lo que es incognoscible.

[*] Según P. Ricoeur: «Le mythe est autre chose qu’une explication du monde, de l’histoire et de la destinée: il exprime, en terme de monde, voire d’outre monde ou de second monde, la compréhension que l’homme prend de lui-même par rapport au fondement et à la limite de son existence. (…) Il exprime dans un langage objectif le sens que l’homme prend de sa dépendance à que l’homme prend de su dépendance à l’egard de cela qui se tient à la limite et à l’origine de son monde». (P. Ricoeur. Le Conflict des interprétations, París [Seuil] 1969, pág. 383).

«Le mythe adamique est par excellence le mythe anthropologique; Adam veut dire Homme; mais tout mythe de Thomme primordial’ n’est pas ‘mythe adamique’, qui… est seul proprement anthropologique; par là trois traits sont désignés:
— le mythe étiologique rapporte l’origine du mal à un ancêtre de l’humanité actuelle dont la condition est homogène à la nôtre (…)
— Le mythe etiologique est la tentative la plus extrême pour dédoubler l’origine du mal et du bien. L’intention de ce mythe est de donner consistance à une origine radicale du mal distincte de l’origine plus originaire de lêtre-bon des choses. (…) Cette distinction du radical et d’originaire est essentielle au caractèer anthropologique du mythe adamique; c’est elle qui fait de l’hommeun commencement du mal au sein d’une création qui a déjà son commencement absolu dans l’acte créateur de Dieu.
— le mythe adamique subordonne à la figure centrale de l’homme primordial d’autres figures qui tendent à décentrer le récit, sans pourtant supprimer le primat de la figure adamique. (…) Le mythe, en nommant Adam, l’homme, explicite l’universalité concrète du mal humain; l’esprit de pénitence se donne dans le mythe adamique le symbole de cette universalité. Nous retrouvons ainsi (…) la fonction universalisante du mythe. Mais en même temps nous retrouvons les deux autres fonctions, également suscitées par l’expérience pénitentielle (…). Le mythe proto-historique servit ansi non seulement à généraliser l’experience d’Israël à l’humité de tous les temps et de tous les lieux, mais à étendre à celle-ci la grande tension de la condamnation et de la miséricorde que les prophètes avaient enseignè à discerner dans le propre destin d’Israël.

Enfin, dernière fonction du mythe, motivée dans la foi d’Israël : le mythe prépare la spéculation en explorant le point de rupture de l’ontoligique et de l’historique». (P. Ricoeur, Finitude et culpabilité: II. Symbolique du mal, París 1960 [Aubier], págs. 218-227).

[2] En cuanto a la etimología, no se excluye que el término hebreo ‘is se derive de una raíz que significa «fuerza» (‘is o también ‘ws); en cambio, ‘iisâ está unido a una serie de términos semíticos, cuyo significado oscila entre «hembra y «mujer».

La etimología propuesta por el texto bíblico es de carácter popular y sirve para subrayar la unidad del origen del hombre y de la mujer: esto parece confirmado por la asonancia de ambas palabras.

[3] «El mismo lenguaje religioso pide la transposición de las «imágenes», o mejor, «modalidades simbólicas» a «modalidades conceptuales» de expresión.

A primera vista esta transposición puede parecer un cambio puramente extrínseco (…). El lenguaje simbólico parece inadecuado para emprender el camino del concepto por un motivo que es peculiar de la cultura occidental. En esta cultura el lenguaje religioso ha estado siempre condicionado por otro lenguaje, el filosófico, que es lenguaje conceptual por excelencia. Si es verdad que un vocabulario religioso es comprendido sólo en una comunidad que lo interpreta y según una tradición de interpretación, sin embargo también es verdad que no existe tradición de interpretación que no esté «mediatizada» por alguna concepción filosófica.

He aquí que la palabra «Dios», que en los textos bíblicos recibe su significado por la convergencia de diversos modos de narración (relatos y profecías, textos de legislación y literatura sapiencial, proverbios e himnos) —vista esta convergencia, tanto como el punto de intersección, como el horizonte que se desvanece en toda y cualquier forma— debió ser absorbida en el espacio conceptual, para ser reinterpretada en los términos del Absoluto filosófico como primer motor, causa primera, Actus Essendi, ser perfecto, etc. Nuestro concepto de Dios pertenece, pues, a una onto-teología, en la que se organiza toda la constelación de las palabras-clave de la semántica teológica, pero en un marco de significados dictados por la metafísica». (Paul Ricoeur, Ermenéutica Bíblica, Brescia 1978, Morcelliana, págs. 140-141; título original: Biblical Hermeneutics. Montana 1975).

La cuestión sobre si la reducción metafísica expresa realmente el contenido que oculta en sí el lenguaje simbólico y metafórico, es un tema aparte.

Catequesis 790912 Las primeras páginas del libro del Génesis

Proyecto Amor Conyugal

JUAN PABLO II: AUDIENCIA GENERAL
Miércoles 12 de septiembre de 1979

Las primeras páginas del libro del Génesis

 

Invocamos al Espíritu Santo.

EXPLICACIÓN DEL TEXTO:

Las palabras que Jesús dirige a los fariseos relatadas en el capítulo 19 de mateo y 10 de San Marcos, se encuadran en un contexto sin el cual no podrían entenderse correctamente. Jesús se refiere en primer lugar al texto de la creación en Génesis 1 «¿No habéis leído que al principio el Creador los hizo varón y hembra…?» (Mt 19, 4), mientras que la segunda referencia que hace Jesús está tomada de Génesis 2, el segundo relato. Para hacer un análisis de la realidad que expresa Cristo, debemos dirigirnos ante todo al texto del Génesis.

En el Génesis hay dos relatos de la creación del hombre: El segundo relato es más antiguo y forma una unidad con la inocencia original del hombre, de la felicidad del hombre e incluso de la primera caída. A éste texto se le denomina “yahvista” porque hace referencia a Dios como Yahvé. El primer relato es posterior, y es considerado mucho más maduro por la formulación de las verdades esenciales y por lo que se refiere a la imagen de Dios. Se le llama “elhoista” porque se utiliza el término “Elhoím” para nombrar a Dios.

En el segundo relato, la creación del hombre como varón y hembra a la que se refiere Jesús en su conversación con los fariseos, está incluida en el ritmo de los 7 días de la creación del mundo. El hombre es creado al mismo tiempo que el mundo visible, sin embargo la narración bíblica no habla de su semejanza con el resto de las criaturas, sino solamente con Dios. En el ciclo de los 7 días de la creación hay una gradación precisa, en cambio el hombre no es creado como resultado de una sucesión natural, sino que el creador parece detenerse antes de llamarlo a la existencia, como si volviese a entrar en sí mismo para tomar una decisión: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza”. El Creador le ordena subyugar y dominar la Tierra, pues está colocado por encima del mundo.

El primer relato, más teológico, define al hombre sobre la base de su relación con Dios: “A imagen de Dios lo creó”. Incluye por tanto la imposibilidad absoluta de reducir al hombre al “mundo”. No puede ser definido ni explicado a partir de las categorías del “mundo”. A pesar de esto, el hombre es cuerpo “varón y hembra los creó”.

El primer relato es más conciso y define la realidad objetiva: Creación del hombre a imagen de Dios, Varón y Hembra o cuando incluye las palabras de la primera bendición de Dios: «Y los bendijo Dios, diciéndoles: Procread y multiplicaos, y henchid (ocupar dignamente un lugar, colmar = con abundancia algo o alguien) la tierra; sometedla y dominad»(Gén 1, 28). Este relato se ha convertido en fuente de los pensadores que han intentado comprender el “ser” y “existir”.

Al misterio de su creación corresponde la perspectiva de la procreación: «procread y multiplicaos, y henchid la tierra» destacándose por su mayor aportación o colaboración con la creación.

Es necesario entender el valor de la creación del hombre, ya que la creación alcanza su culmen sólo después de que el hombre es creado: “Y vio Dios ser muy bueno cuanto había hecho”

LECTURA DE APOYO: GEN 1, 26-31

[26] Y dijo Dios: —Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza; que ellos dominen los peces del mar, las aves del cielo, los animales domésticos y todos los reptiles. [27] Y creó Dios al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. [28] Y los bendijo Dios y les dijo: —Creced, multiplicaos, llenad la tierra y sometedla; dominad los peces del mar, las aves del cielo y todos los animales que se mueven sobre la tierra. [29] Y dijo Dios: —Mirad, os entrego todas las hierbas que engendran semilla sobre la faz de la tierra; y todos los árboles frutales que engendran semilla os servirán de alimento; [30] y a todos los animales de la tierra, a todas las aves del cielo, a todos los reptiles de la tierra –a todo ser que respira–, la hierba verde les servirá de alimento. Y así fue. [31] Y vio Dios todo lo que había hecho: y era muy bueno. Pasó una tarde, pasó una mañana: el día sexto.

 

COMENTARIOS DE ESTA CATEQUESIS:

Conclusión fundamental de esta catequesis:

En el Génesis se nos revelan las “verdades esenciales” sobre cómo ha sido creado el hombre, sobre su naturaleza. La base principal de esas verdades esenciales es que el hombre es parte de la creación y está afectado por las leyes de la materia, pero está por encima de ella y, por haber sido creado a imagen y semejanza de Dios, debe comportarse como tal.

Quien vive según estas leyes se desarrolla como persona y encuentra un sentido y un rumbo que llena su vida.

Pertenecemos al mundo, pero somos superiores al resto de la creación:

Por un lado, somos parte de este mundo y nos vemos afectados por él, influidos por él, y no podemos vivir una vida “espiritualizada”. Tenemos que vivir con los pies en la tierra, en relación con las criaturas. Y por otro, tenemos que actuar a imagen y semejanza de Dios: Creando una comunión de personas, entregándonos por amor, construyendo, dando vida…

Lo que dignifica al hombre es precisamente que somos imagen y semejanza de Dios. Si no actuamos como tales, nos mundanizamos y perdemos nuestra dignidad.

Sobre las leyes que Dios establece en la creación del hombre

Procread y henchid, la tierra son leyes específicas del matrimonio. Consisten en dar continuidad a la labor creadora de Dios, llenando la Tierra y a las personas del amor y el bien de Dios.

El hombre es parte del mundo y el mundo, tal como Dios lo creó es bueno. Mi misión consiste en actuar en el mundo pero según las pautas que Dios nos marcó, como co-creadores suyos.

La segunda pauta es que estamos llamados a procrear a ser fecundos y ser fecundos también en frutos del Espíritu Santo.

Implica colaborar en traer al mundo a otros seres humanos que también serán imagen y semejanza de Dios y a una fecundidad dentro del matrimonio, debe aspirar a que seamos fecundos en espíritu, (una vida espiritual) Gálatas 5 22-23 La santidad a la que estamos llamados en nosotros mismos, de nuestro esposo, de nuestros hijos, de otros matrimonios, también es una responsabilidad y un modo de ser fecundos.

Sobre el “Dominad y someted la tierra”.

Hemos sido creados para ser hombre-mujer y desde la comunión entre ambos, someter la tierra, y no, que nos someta la tierra a nosotros. (planes, materialismo, trabajo, tecnología…) Gálatas 5,1

Dios, no nos dio poder para someter a otros, sino para someter la tierra y a si mismo Santiago 4,3-5. Y a veces, hacemos justo lo contrario. Qué hermoso es éste establecimiento de prioridades que Dios nos revela a través del Génesis y que permite fundamentar nuestra vida en un orden correcto.

Muchas veces, nos dejamos someter por las cosas finitas de este mundo, e incluso sometemos a nuestro esposo a las cosas de la tierra, poniéndolas como prioridades frente a él, focalizándonos en nuestro trabajo (que debería ser un medio), en nuestros gustos (gastronomía, electrónica…), e incluso sometemos a nuestro esposo a las cosas de la tierra, poniéndolas como prioridades frente al cónyuge.

También es importante que nos sometamos a las verdades que Dios nos revela y no imponer nuestros propios criterios. Así también San Pablo nos invitará a someternos unos a otros en atención al Señor (Ef 5,21 ss) cada uno a nuestro esposo respectivo, pues aquel que se humilla será ensalzado (Mt 23,12)(Lc 14,11), como lo fue Cristo a quien corresponde la gloria y el poder por los siglos.

Siguiendo con esta dinámica relacional entre los esposos, tal como dice también San Pablo, al ser uno por la alianza matrimonial, “… quien ama a su mujer, se ama a sí” (Ef 5,28), quien trata con dignidad a su esposo, quien dignifica a su esposo, se dignifica a sí mismo.

Ver la importancia que tiene cada cosa en el orden de la creación. El hombre por encima de todo lo creado. Una pirámide jerárquica perfectamente clara, y en la cúspide se encuentran el hombre y la mujer, ambos con igual dignidad.

¿Cómo afecta esto a nuestra vida matrimonial? Nuestro discernimiento en las cosas cotidianas (como por supuesto en las importantes) se ve afectado por la prioridad de mi vocación, que establece Dios a través de la dignidad que le ha dado a mi esposo frente al resto del mundo.

 Sobre el “Ser” y “Existir”

La dignidad del hombre está basada en que es imagen de Dios. Por eso domina la tierra. La diferencia con los animales es que nosotros somos y ellos no. Dios es el que Es (“Yo soy el que soy”) y nuestro “ser” es una consecuencia de haber sido creados como imagen del que Es, de Dios. El “existir” es un concepto más universal que puede aplicarse al resto de seres del universo.

 

Diálogo con Cristo entre los esposos:

Los esposos juntos, recordamos las palabras de Jesús: “Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.” (MT 18, 20)

¡Ven Espíritu Santo muéstranos el camino a la libertad interior, el dinamismo del don!

Jesús podría decirme:

Para que ames de verdad, necesito que estés libre de todo aquello que te distrae e incapacita para el amor. Camina hacia la libertad interior conmigo.

Piensa en todo lo que antepones al amor, ¿Cuáles son tus pensamientos más frecuentes? y ¿Qué haces para cultivar entre vosotros una vida en el Espíritu?

Comenta conmigo y con tu esposo todo eso a lo que dedicas tu tiempo y tus pensamientos. Entrégamelo, ¡no tengas miedo! ¡confía en mí!

(Algunas ideas)

Centrado en mí mismo: mi tiempo, juicios, egoísmos, gustos, trabajo, materialismo, salud, estética, aficiones, comodidad, apego a alguna persona como hijos, padres, etc.

Descentrado de mí mismo: Pongo a Jesús en el centro, a mi esposo, a mis hijos, a los que sufren, caridad, escucha, comprensión, perdón.

¿Qué huella te deja?

El Espíritu: Paz, alegría, esperanza, vida interior, necesidad de compartir el bien recibido, alegría, bondad, etc.

Los malos espíritus: Inquietud, ansiedad, miedo, frustración, desánimo, tristeza, enojo, celos, ira.

Entrego a Jesús todos los dones recibidos y todos los pecados

Señor te entrego: ………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………….

 

Te damos gracias por la luz y liberación que nos has mostrado, Te pedimos ayuda para hacer tu voluntad en tu Proyecto de Amor sobre nosotros.

PARA TRABAJAR EN GRUPO:

EL CASO:

Roberto y Patricia reconocen que, su matrimonio se ha ido deteriorando con el tiempo. Actualmente tienen bastante poca comunicación. Entienden la necesidad de reservar un tiempo al día para estar ellos juntos, pero es imposible. No hay tiempo.

El trabajo de Róber le desgasta muchísimo y le absorbe mucho tiempo. Llega tarde a casa y se encarga de las tareas que tiene asignadas. Cuando termina, está tan cansado de la tensión y del esfuerzo, que necesita evadirse, y la tele es el remedio perfecto, aunque no dura mucho tiempo y se queda dormido en el sofá.

Paty es muy devota del Señor. Reza y se siente muy unida a él. Su marido le estorba un poco en esto, porque es creyente, pero hay que tirar de él para que participe en las oraciones. Paty se siente mejor que él, porque está más cerca de Dios.

Róber le dice a Paty que para qué tanto rezar, si luego se pone como se pone. Él no siente que Paty le dé el cariño que él necesita.

Por otra parte, a Paty que se encarga más de los niños, le cuesta conseguir que se acuesten pronto. Róber es un organizador nato, e insiste en que deberían estar dormidos a las 9, pero la realidad es que normalmente se acuestan después de las 10 ya cerca de las 10:30. Paty, exhausta, se acuesta viendo la tele un rato antes de dormir.

Paty le dice a Róber que no puede ser que dedique su vida al trabajo y no comparte nada de su día con ella. Muchas veces se le ve estresado. Róber le responde que es una responsabilidad y que el peso de la economía familiar recae sobre todo en él. A Róber y Paty no les falta dinero para vivir, se costean sus caprichos de vez en cuando y tienen ya sus ahorros, que, como dice Róber, un colchoncito les da una seguridad para vivir más tranquilos por si algún día pasa algo…

Los fines de semana, que en teoría deberían tener más tiempo libre para ellos, es casi peor. Entre compras, visitas a amigos y familiares, las actividades extraescolares de los niños, etc. Al final, no les queda tiempo tampoco. Reconocen que el fin de semana podrían sacar tiempo para ellos, pero la realidad es que no lo hacen. Róber aprovecha para salir el domingo en bici y despejarse un poco, aparte de que hay que mantenerse en forma, y Paty se levanta tarde, que para un día que no tiene que madrugar…

Pero el problema es que Róber y Paty no son felices. Alguna vez se han propuesto cambiar, pero no han avanzado prácticamente nada en este sentido. El trabajo, los niños, las relaciones con amistades y familia, las compras, la televisión… la rutina… al final parece que, en lugar de controlar su vida, la vida les controla a ellos.

¿Qué pasaría si Róber hiciese caso de Paty y trabajase menos? ¿Qué pasaría si Paty aterrizase su amor a Dios y lo reflejase en el amor a su marido? ¿Qué pasaría si Róber introdujese a Dios en su vida y aprendiese a amar a Paty como Dios le ama a él? ¿Qué pasaría si Paty se dejara organizar por Róber en el tema de los niños para que se acostasen antes? ¿Qué pasaría si Paty saliese con Róber a montar en bici? ¿Qué pasaría si Róber entendiese que no se descansa más viendo la tele que charlando distendidamente con Paty? ¿Qué pasaría si Paty se ocupase de acoger a Róber con cariño al llegar a casa y fuera ella la que le ayudase a despejarse en lugar de la tele? ¿Qué pasaría si Róber reconociese que en última instancia su familia no le pertenece y descansase en Dios? ¿Qué pasaría si Róber entendiese que su seguridad no está en tener dinero ahorrado sino en Dios que le ama? ¿Qué pasaría si ambos entendiesen que han sido creados a imagen de Dios? ¿Qué pasaría si comprendiesen que han sido creados para someter y dominar el mundo?

Róber y Paty juntos con Dios, para el mundo.


MIRAMOS NUESTRA VIDA Y DIALOGAMOS ENTRE EL GRUPO:

La catequesis de hoy nos abre un camino que, aunque ser estrecho, es muy necesario. ¿Por qué?

¿Cuáles son los motivos por los que el amor entre Róber y Paty está tan herido, desatendido y existan tantos malos espíritus, en lugar de los frutos del Espíritu Santo?

 

PROPÓSITO PERSONAL Y CONYUGAL:

Algunas sugerencias:

 

  • Hacer diariamente una oración juntos (no desfallecer)
  • Vivamos este mes poniendo como primera prioridad en mi vida la dignidad de mi esposo frente a la dignidad del mundo. También ocuparemos el mundo con dignidad, no buscando nuestros méritos y éxitos, sino colaborando con Dios en continuar con su creación.

 

Oración final a la Santísima Trinidad en agradecimiento.

 

 

 

Copia íntegra de la catequesis de JPII

JUAN PABLO II

AUDIENCIA GENERAL

Miércoles 12 de septiembre de 1979

Las primeras páginas del libro del Génesis

  1. El miércoles pasado comenzamos el ciclo de reflexiones sobre la respuesta que Cristo Señor dio a sus interlocutores acerca de la pregunta sobre la unidad e indisolubilidad del matrimonio. Los interlocutores fariseos, como recordamos, apelaron a la ley de Moisés; Cristo, en cambio, se remitió al «principio» citando las palabras del libro del Génesis. El «principio» en este caso se refiere a lo que trata una de las primeras páginas del libro del Génesis. Si queremos hacer un análisis de esta realidad, debemos, sin duda, dirigirnos, ante todo, al texto. Efectivamente, las palabras pronunciadas por Cristo en la conversación con los fariseos, que nos relatan el capítulo 19 de San Mateo y el 10 de San Marcos, constituyen un pasaje que, a su vez, se encuadra en un contexto bien definido, sin el cual no pueden ser entendidas ni interpretadas justamente. Este contexto lo ofrecen las palabras: «¿No habéis leído que al principio el Creador los hizo varón y hembra…?» (Mt 19, 4), y hace referencia al llamado primer relato de la creación del hombre, inserto en el ciclo de los siete días de la creación del mundo (Gén 1, 1-2. 4). En cambio, el contexto más próximo a las otras palabras de Cristo, tomadas del Génesis 2, 24, es el llamado segundo relato de la creación del hombre (Gén 2, 5-25), pero indirectamente es todo el capítulo tercero del Génesis. El segundo relato de la creación del hombre forma una unidad conceptual y estilística con la descripción de la inocencia original, de la felicidad del hombre e incluso de su primera caída. Dado lo específico del contenido expresado en las palabras de Cristo, tomadas del Génesis 2, 24, se podría incluir también en el contexto, al menos, la primera frase del capítulo cuarto del Génesis, que trata de la concepción y nacimiento del hombre de padres terrenos. Así intentamos hacer en el presente análisis.
  2. Desde el punto de vista de la crítica bíblica, es necesario recordar inmediatamente que el primer relato de la creación del hombre es cronológicamente posterior al segundo. El origen de este último es mucho más remoto. Este texto más antiguo se define «yahvista», porque para nombrar a Dios se sirve del término «Yahvé». Es difícil no quedar impresionados por el hecho de que la imagen de Dios que presenta tiene rasgos antropomórficos bastante relevantes (efectivamente, entre otras cosas leemos allí que «formó Yahvé Dios al hombre del polvo de la tierra y le inspiró en el rostro aliento de vida»: Gén 2, 7). Respecto a la descripción, el primer relato, es decir, precisamente el considerado cronológicamente más reciente, es mucho más maduro, tanto por lo que se refiere a la imagen de Dios, como por la formulación de las verdades esenciales sobre el hombre. Este relato proviene de la tradición sacerdotal y al mismo tiempo «elohista» de «Elohim», término que emplea para nombrar a Dios.
  3. Dado que en esta narración la creación del hombre como varón y hembra, a la que se refiere Jesús en su respuesta según Mt 19, está incluida en el ritmo de los siete días de la creación del mundo, se le puede atribuir sobre todo un carácter cosmológico; el hombre es creado sobre la tierra y al mismo tiempo que el mundo visible. Pero, a la vez, el Creador le ordena subyugar y dominar la tierra (cf. Gén 1, 28): está colocado, pues, por encima del mundo. Aunque el hombre esté tan estrechamente unido al mundo visible, sin embargo la narración bíblica no habla de su semejanza con el resto de las criaturas, sino solamente con Dios («Dios creó al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó… «: Gén 1, 27). En el ciclo de los siete días de la creación es evidente una gradación precisa [1]; en cambio, el hombre no es creado según una sucesión natural, sino que el Creador parece detenerse antes de llamarlo a la existencia, como si volviese a entrar en sí mismo para tomar una decisión: «Hagamos al hombre a nuestra imagen y a nuestra semejanza» (Gén 1, 26).
  4. El nivel de ese primer relato de la creación del hombre, aunque cronológicamente posterior, es, sobre todo, de carácter teológico. De esto es índice la definición del hombre sobre la base de su relación con Dios («a imagen de Dios lo creó»), que incluye al mismo tiempo la afirmación de la imposibilidad absoluta de reducir el hombre al «mundo». Ya a la luz de las primeras frases de la Biblia, el hombre no puede ser comprendido ni explicado hasta el fondo con las categorías sacadas del «mundo», es decir, del conjunto visible de los cuerpos. A pesar de esto también el hombre es cuerpo. El Génesis 1, 27 constata que esta verdad esencial acerca del hombre se refiere tanto al varón como a la hembra: «Dios creó al hombre a su imagen…, varón y hembra los creó»[2]. Es necesario reconocer que el primer relato es conciso, libre de cualquier huella de subjetivismo: contiene sólo el hecho objetivo y define la realidad objetiva, tanto cuando habla de la creación del hombre, varón y hembra, a imagen de Dios, como cuando añade poco después las palabras de la primera bendición; «Y los bendijo Dios, diciéndoles: Procread y multiplicaos, y henchid (ocupar dignamente un lugar, colmar = con abundancia) la tierra; sometedla y dominad»(Gén 1, 28).
  5. El primer relato de la creación del hombre, que, como hemos constatado, es de índole teológica, esconde en sí una potente carga metafísica. No se olvide que precisamente este texto del libro del Génesis se ha convertido en la fuente de las más profundas inspiraciones para los pensadores que han intentado comprender el «ser» y El «existir». (Quizá sólo el capítulo tercero del libro del Éxodo pueda resistir la comparación con este texto)[3]. A pesar de algunas expresiones pormenorizadas y plásticas del pasaje, El hombre está definido allí, ante todo, en las dimensiones del ser y del existir («esse»). Está definido de modo más metafísico que físico. Al misterio de su creación («a imagen de Dios lo creó») corresponde la perspectiva de la procreación («procread y multiplicaos, y henchid la tierra»), de ese devenir en el mundo y en el tiempo, de ese «fieri» que está necesariamente unido a la situación metafísica de la creación del ser contingente (contingens) [Grupo, conjunto de personas o cosas que se distingue entre otros por su mayor aportación o colaboración en alguna circunstancia]. Precisamente en este contexto metafísico de la descripción del Génesis 1, es necesario entender la entidad del bien, esto es, el aspecto del valor. Efectivamente este aspecto vuelve en el ritmo de casi todos los días de la creación y alcanza su culmen después de la creación del hombre: «Y vio Dios ser muy bueno cuanto había hecho» (Gén 1, 31). Por lo que se puede decir con certeza que el primer capítulo del Génesis ha formado un punto indiscutible de referencia y la base sólida para una metafísica e incluso para una antropología y una ética, según la cual «ens et bonum convertuntur». Sin duda todo esto tiene su significado también para la teología y sobre todo para la teología del cuerpo.
  6. Al llegar aquí interrumpimos nuestras consideraciones. Dentro de una semana nos ocuparemos del segundo relato de la creación, es decir, del que, según los escrituristas, es más antiguo cronológicamente. La expresión «teología del cuerpo» que acabo de usar merece una explicación más exacta, pero la aplazamos para otro encuentro. Antes debemos tratar de profundizar en ese pasaje del libro del Génesis, al que Cristo se remitió.

Notas

[1]. Al hablar de la materia inanimada, el autor bíblico emplea diferentes predicados, como «separó, «llamó», «hizo», «puso». En cambio, al hablar de los seres dotados de vida, usa los términos «creó» y «bendijo». Dios les ordena: «Procread y multiplicaos». Este mandato se refiere tanto a los animales com al hombre, indicando que les es común la corporalidad (cf. Gén 1, 22-28).

Sin embargo, la creación del hombre se distingue esencialmente en la descripción bíblica de las precedentes obras de Dios. No sólo va precedida de una introducción solemne, como si se tratara de una deliberación de Dios antes de este acto importante, sino que, sobre todo, la dignidad excepcional del hombre se pone de relieve por la «semejanza» con Dios, de quien es imagen.

Al crear la materia inanimada Dios «separaba»; a los animales les manda procrear y multiplicarse; pero la diferencia del sexo está subrayada sólo respecto al hombre («varón y hembra los creó»), bendiciendo al mismo tiempo su fecundidad, es decir, el vínculo de las personas (Gén 1, 27-28).

[2]. El texto original dice:

«Dios creó al hombre (ha-adam – sustantivo colectivo: ¿la «humanidad»?) / a su imagen; / a imagen de Dios los creó; / macho (zakar – masculino) y hembra (unequebah – femenino) los creó» (Gén 1, 27).

[3]. «Haec sublimis veritas»: «Yo soy el que soy» (Ex 3, 14) es objeto de reflexión para muchos filósofos, comenzando por San Agustín, quien pensaba que Platón debía conocer este texto porque le parecía muy cercano a sus concepciones. La doctrina agustiniana de la divina «essentialitas» ejerció, mediante San Anselmo, un profundo influjo en la teología de Ricardo de San Víctor, de Alejandro de Alés y de San Buenaventura.

«Pour passer de cette interprétation philosophique du text de l’Exode á celle qu’allait saint Thomas il fallait nécessairement franchir la distance qui sépare ‘l’être de l’essence’ de ‘l’être de l’existence’. Las preuves thomistes de l’existence de Dieu l’ont franchie».

Diversa es la posición del maestro Eckhart, que, basándose en este texto, atribuye a Dios la «puritas essendi»: «est aliquid altius ente…» (cf. E. Gilson, Le Thomisme, París 1944 (Vrin) págs. 122-127; E. Gilson, History of Christian Philosophy in the Middle Ages, London 1955 [Sheed and Ward]

Catequesis SJPII 5-9-79 Diálogo con Jesucristo sobre los fundamentos del matrimonio

Proyecto Amor Conyugal

JUAN PABLO II: AUDIENCIA GENERAL
Miércoles 5 de septiembre de 1979

Diálogo con Jesucristo sobre los fundamentos del matrimonio

Invocamos al Espíritu Santo.

SAGRADA BIBLIA:

Alguien lee en voz alta, de forma pausada y con claridad Mt 19, 3 ss; ó Mc 10, 2 ss

EXPLICACIÓN DEL TEXTO:

San Juan Pablo II comienza analizando el texto de Mt 19, 3 ss; cf. Mc 10, 2 ss en que los fariseos preguntan al Señor sobre los casos en que se permite el repudio a sus mujeres.

Cristo no entra en esa casuística, sino que se remite al principio descrito en el Génesis, como el texto donde se revela la voluntad de Dios en la creación del matrimonio. Para ello cita Génesis 1, 27 donde habla de la creación del ser humano como hombre y mujer, y conecta con Génesis 2, 24 «Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre; y se unirá a su mujer; y vendrán a ser los dos una sola carne».

A estas palabras del Génesis, Cristo les da un significado normativo, porque podría parecer un texto algo alegórico tal como se expresa. Para reafirmar este carácter normativo, añade: «De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Por tanto, lo que Dios unió no lo separe el hombre».

Ese «no lo separe» es determinante. Es donde Cristo expresa el principio de la unidad y la indisolubilidad del matrimonio como Palabra de Dios expresada en la revelación más antigua.

Cristo confirma una ley eterna formulada y establecida por Dios desde la creación. En cualquier caso, esta doble referencia de Cristo al “principio” induce a sus interlocutores a reflexionar sobre cómo Dios creó al hombre y mujer tal como aparece reflejado en el Génesis, para entender las leyes inscritas en el matrimonio.

Y eso es válido también hoy para nosotros como interlocutores de Cristo a los que anima a adentrarse en esta revelación.

EL MENSAJE DE ESTA CATEQUESIS:

El matrimonio es un don nacido del corazón de Dios.

Cristo nos propone que no centremos nuestra atención en las consecuencias de los problemas del matrimonio, sino que nos vayamos al origen, al mismo Corazón de Dios que es su Creador, para descubrir la verdad del matrimonio y a qué está llamado. De ahí sacaremos respuestas sobre las leyes específicas que rigen nuestro matrimonio, sobre el porqué de todo lo que nos ocurre y por tanto qué debemos hacer.

 

ORACIÓN CONYUGAL:

Los esposos juntos, recordamos las palabras de Jesús: “DONDE DOS O TRES ESTÁN REUNIDOS EN MI NOMBRE, ALLÍ ESTOY YO EN MEDIO DE ELLOS” (MT 18,20)

Por eso Señor, queremos encontrarnos contigo en este momento, esperando tener la docilidad de corazón para no convertir esta oración en un interrogatorio, en exigencias, en quejas o para pedirte lo que creo necesitar. ¡Ven Espíritu Santo muéstrame la verdad, la belleza de tu plan, tu voluntad!

YO DIALOGO CON CRISTO A SOLAS:

Hoy tú eres uno de los interlocutores que le preguntas a Jesús:

Tengo este motivo……… que me hiere de mi esposo y me distancia de él/ella ¿Me es lícito Jesús?

Jesús me dice:

Querido hijo, tu matrimonio es un don que nació de mi Corazón y no del corazón del hombre, no de tu corazón, de como tú crees que deberían ser las cosas… Yo te iré mostrando la verdad, ahora confía en mí y piensa en todo lo bello y bueno que hay en él, porque lo hay, y huye de lo malo y lo oscuro, que no viene de mí. Cree en mí.

Piensa en lo que conmigo puede llegar a ser vuestro matrimonio y escríbelo:

………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………….

 

Diálogo con Cristo entre los esposos:

Nuestro matrimonio tiene un valor único y precioso a los ojos de Dios.

¿Por qué crees que para Dios el matrimonio no se puede romper bajo ningún concepto?

Compartir entre vosotros y con Dios, esa belleza, esa esperanza que te ha dicho en tu corazón, que te gustaría que tu matrimonio llegase a ser:

Danos la gracia Señor, de valorarlo y el don que es mi esposo/a para mí y nuestros hijos.

Te damos gracias por la luz que nos has mostrado, Te pedimos ayuda para hacer tu voluntad en tu Proyecto de Amor sobre nosotros.

 

MIRAMOS NUESTRA VIDA Y DIALOGAMOS ENTRE EL GRUPO:

Sabemos que no es fácil el matrimonio, la sociedad nos propone modelos que nada tienen que ver con el matrimonio como Dios lo creó y lo quiere. Lejos de ayudarnos a vivir nuestra vocación al amor como una respuesta a Dios exigente pero hermosa, como un proyecto ilusionante, la mentira interpretarlo como una relación exclusivamente humana hace que, ante las dificultades de la vida, nos lo planteemos como algo imposible de vivir.

La catequesis de hoy nos abre una ventana de esperanza muy ilusionante, nos sugiere que al referirse Cristo al Principio, se refiere a nuestro origen, a nuestra verdad, lo que hay inscrito en la base de nuestra relación, un “modelo” a seguir, la alegría de que Él puede hacer nuestro amor hermoso y nuevo, y con esta reunión nos invita a ello.

¿Por qué crees que el matrimonio es tan importante para Dios?

Para ti ¿Qué es el matrimonio? ¿Es importante? ¿Por qué?

El matrimonio cristiano, no es sólo una convivencia entre un hombre y una mujer que se quieren. Es mucho más. Es un sacramento, es decir, algo sagrado y querido por Dios. Según el Papa Francisco, es lo más hermoso que Dios ha creado.

¿Por qué crees que es importante seguir las leyes de Dios? ¿Qué consecuencias tiene el no vivirlas?

¿Qué crees que nos propondría hoy Jesús ante la naturalidad con la que se viven las separaciones y los divorcios?

 

PROPÓSITO PERSONAL Y CONYUGAL:

Algunas sugerencias:

Rezar juntos en clave conyugal

Contemplar tres cosas bellas de nuestro matrimonio cada día y escribirlas por la noche.

 

Oración:

Leen los coordinadores:

Aquí estamos Señor, en tu presencia, con nuestras limitaciones, pero con el deseo de hacer tu voluntad. Te damos gracias por elegirnos para mostrarnos de la mano de María Santísima, tu Proyecto de Amor Conyugal para nosotros.

Por intercesión de San Juan Pablo II, abre nuestro corazón endurecido por el mundo y limpia nuestra mirada, para ver a nuestro esposo con Tus ojos divinos y amarle en nuestros fracasos y éxitos. Socórrenos en la hermosa misión que nos has encomendado, de ser Imagen de Vuestra comunión Trinitaria ante nuestros hijos y ante el resto del mundo.

Te pedimos también por el amor y la fidelidad en todos los matrimonios, especialmente aquellos que pasan por momentos de sufrimiento o dificultad.

Derrama tu gracia y tu bendición sobre nuestras familias y bendice también al Santo Padre, a nuestro obispo y a nuestro párroco ___________ para que sepan orientarnos en nuestro camino hacia la Caridad Conyugal.

Unidos a José y María, te lo pedimos a ti, Dios Padre, por Jesucristo tu Hijo nuestro Señor, en la unidad del Espíritu Santo. Amén

 

Leen todos:

¡Bendito seas tú, Dios de nuestros padres, y bendito sea tu Nombre por todos los siglos de los siglos! Que te bendigan los cielos, y tu creación entera, por los siglos todos.

Tú creaste a Adán, y para él creaste a Eva, su mujer, para sostén y ayuda, y para que de ambos proviniera la raza de los hombres. Tú mismo dijiste: No es bueno que el hombre esté solo; hagámosle una ayuda semejante a él.

Yo no tomo a este mi hermano con deseo impuro, mas con recta intención. Ten piedad de nosotros para que podamos llegar juntos a nuestra ancianidad. Amén. (Cfr. Tob 8, 5-7)

 

 

Copia íntegra de la catequesis de JPII

JUAN PABLO II

AUDIENCIA GENERAL

Miércoles 5 de septiembre de 1979

Diálogo con Jesucristo
sobre los fundamentos del matrimonio

  1. Desde hace algún tiempo están en curso los preparativos para la próxima Asamblea ordinaria del Sínodo de los Obispos, que se celebrará en Roma en el otoño del próximo año. El tema del Sínodo: «De muneribus familiae christianae (Misión de la familia cristiana»), concentra nuestra atención sobre esta comunidad de vida humana y cristiana, que desde el principio es fundamental. Precisamente de esta expresión, «desde el principio», se sirvió el Señor Jesús en el coloquio sobre el matrimonio, referido en el Evangelio de San Mateo y en el de San Marcos. Queremos preguntarnos qué significa esta palabra: «principio». Queremos además aclarar por qué Cristo se remite al «principio» precisamente en esta circunstancia, y, por tanto, nos proponemos un análisis más preciso del correspondiente texto de la Sagrada Escritura.
  2. Jesucristo se refirió dos veces al «principio» durante la conversación con los fariseos, que le presentaban la cuestión sobre la indisolubilidad del matrimonio. La conversación se desarrolló del modo siguiente:

«… Se le acercaron unos fariseos con propósito de tentarle y le preguntaron: ¿Es lícito repudiar a la mujer por cualquier causa? El respondió: ¿No habéis leído que al principio el Creador los hizo varón y hembra? Y dijo: Por eso dejará el hombre al padre y a la madre y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne. De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Por tanto, lo que Dios unió no lo separe el hombre. Ellos le replicaron: Entonces, ¿cómo es que Moisés ordenó dar libelo de divorcio al repudiar? Díjoles El: Por la dureza de vuestro corazón os permitió Moisés repudiar a vuestras mujeres, pero al principio no fue así» (Mt 19, 3 ss; cf. Mc 10, 2 ss).

Cristo no acepta la discusión al nivel en que sus interlocutores tratan de introducirla; en cierto sentido, no aprueba la dimensión que ellos han intentado dar al problema. Evita enzarzarse en las controversias jurídico-casuísticas; y, en cambio, se remite dos veces al principio». Procediendo así, hace clara referencia a las palabras correspondientes del libro del Génesis, que también sus interlocutores sabían de memoria. De esas palabras de la revelación más antigua, Cristo saca la conclusión y se cierra la conversación.

  1. «Principio» significa, pues, aquello de que habla el libro del Génesis. Por tanto, Cristo cita al Génesis 1, 27 en forma resumida: «Al principio, el Creador los hizo varón y hembra«, mientras que el pasaje original completo dice así textualmente: «Creó Dios al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó, y los creó varón y hembra». A continuación, el Maestro se remite al Génesis 2, 24: «Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer; y vendrán a ser los dos una sola carne«. Citando estas palabras casi «in extenso», por completo, Cristo les da un significado normativo todavía más explícito (dado que podría ser hipotético que en el libro del Génesis sonaran como afirmaciones de hecho «dejará… se unirá… vendrán a ser una sola carne»). El significado normativo es admisible en cuanto que Cristo no se limita sólo a la cita misma, sino que añade: «De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Por tanto, lo que Dios unió no lo separe el hombre«. Ese «no lo separe» es determinante. A la luz de esta palabra de Cristo, el Génesis 2, 24 enuncia el principio de la unidad e indisolubilidad del matrimonio como el contenido mismo de la Palabra de Dios, expresada en la revelación más antigua.
  2. Al llegar a este punto, se podría sostener que el problema está concluido, que las palabras de Jesús confirman la ley eterna formulada e instituida por Dios desde el «principio», como la creación del hombre. Incluso podría parecer que el Maestro, al confirmar esta ley primordial del Creador, no hace más que establecer exclusivamente su propio sentido normativo, remitiéndose a la autoridad misma del primer Legislador. Sin embargo, esa expresión significativa: «desde el principio», repetida dos veces, induce claramente a los interlocutores a reflexionar sobre el modo en que Dios ha plasmado al hombre en el misterio de la creación, como «varón y hembra», para entender correctamente el sentido normativo de las palabras del Génesis. Y esto es tan válido para los interlocutores de hoy, como lo fue para los de entonces. Por lo tanto, en el estudio presente, considerando todo esto, debemos meternos precisamente en la actitud de los interlocutores actuales de Cristo.
  3. Durante las sucesivas reflexiones de los miércoles, en las audiencias generales, como interlocutores actuales de Cristo, intentaremos detenernos más largamente sobre las palabras de San Mateo (19, 3 y ss.). Para responder a la indicación que Cristo ha encerrado en ellas, trataremos de penetrar en ese «principio» al que se refirió de modo tan significativo, y así seguiremos de lejos el gran trabajo que sobre este tema precisamente emprenden ahora los participantes en el próximo Sínodo de los Obispos. Junto con ellos toman parte numerosos grupos de Pastores y de laicos que se sienten particularmente responsables de la misión que Cristo propone al matrimonio y a la familia cristiana: la misión que Él ha propuesto siempre y propone también en nuestra época, en el mundo contemporáneo.

El ciclo de reflexiones que comenzamos hoy, con intención de continuarlo durante los sucesivos encuentros de los miércoles, tiene como finalidad, entre otras cosas, acompañar, de lejos por así decirlo, los trabajos preparativos al Sínodo, pero no tocando directamente su tema, sino dirigiendo la atención a las raíces profundas de las que brota este tema.