¿Sabes discernir? Comentario para Matrimonios: Mateo 16, 24-28

EVANGELIO

¿Qué podrá dar un hombre para recobrar su alma?
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 16, 24-28

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga.
Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí ,la encontrará.
¿Pues de qué le servirá a un hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma? ¿O qué podrá dar para recobrarla?
Porque el Hijo del hombre vendrá, con la gloria de su Padre, entre sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta.
En verdad os digo que algunos de los aquí presentes no gustarán la muerte hasta que vean al Hijo del hombre en su reino».

Palabra del Señor.

Aviso:

¿Sabes discernir?

La vida, hay veces que te exige unos sacrificios mayores y otras más pequeños pero que se repiten de manera cotidiana y se hacen también muy cuesta arriba. Los sacrificios más duros, nos descolocan y nos hacen replantearnos muchas cosas. Los cotidianos suelen quemar bastante, hartar incluso. Ayer hablábamos con un matrimonio mayor, padres de un matrimonio del Proyecto. Llevan 62 años casados y él tiene 93 años. Con la sabiduría que da la experiencia, me preguntaba una y otra vez ¿sabes discernir el bien del mal? Éste había sido su “secreto” en la vida. Y es cierto que la vida depende de saber discernir el bien y el mal y ser consecuente con ese discernimiento. Así, cuando me vengan estas circunstancias complicadas, mi entendimiento se adueñará de la situación y no me dejaré arrastrar por deseos o pasiones desordenadas, sino por lo que debo hacer según la voluntad de Dios. Es decir: que cada uno, tome su cruz de cada día y siga a Jesús. De esto depende la salvación de nuestra alma… y de muchas otras.

Aterrizado a la vida matrimonial:

(Era la primera noche que podían tener relaciones, después de casi un mes de reservarse para respetar el ciclo. Laura había tenido un par de gestos demasiado cariñosos con Luis, su esposo, con caricias que les llevaron a hacer un esfuerzo enorme por contenerse, y Luis, estaba contando las horas y los minutos para poder unirse a Laura. No era un tema físico solamente, era un deseo bueno, por amor, según la voluntad de Dios. Luis invita a cenar a su esposa para preparar “el terreno”. Pero al llegar…)
Laura: Cariño, ¿Lees tú el Evangelio?
Luis: (Luis piensa ¿Hay que rezar justo ahora? Pero entrega su vida y se pone a rezar.) Vale… (Durante la oración, Luis se pone a acariciar a Laura por el escote. Para ellos, la unión conyugal está enmarcada por la oración)
Laura: ¡Ay! Déjame, que estoy rezando.
Luis: ¿Sabes que esta noche ya podemos hacer el amor?
Laura: Eso será mañana.
Luis: No, esta noche ya “se puede”.
(Siguen rezando. A Luis le cuesta concentrarse en la oración, pero decide de nuevo entregar la vida…)
(Luis mira a Laura y la ve leyendo el whatsapp)
Luis: Pero ¿no estabas rezando?
Laura: ¿Rezamos el rosario?
Luis: ¡Pero si todavía no hemos terminado de rezar el Evangelio!
(Siguen rezando el Evangelio, hasta que acaban y lo comparten juntos)
Luis: Hoy son los misterios… dolorosos (Me vienen que ni al pelo, piensa).
(Y rezan el rosario, mientras Laura no para de bostezar.)
Luis: Te doy ya las buenas noches, porque seguro que te quedas dormida antes de que acabe el rosario.
(Pero acaba el rosario y Laura no se ha dormido. ¡Bien! Todavía hay esperanza, piensa Luis)
Laura: Voy al servicio. ¿Me esperas en la cama?
(Laura vuelva del servicio se tumba junto a Luis, cierra los ojos y se duerme casi de inmediato. Luis se queda con los ojos abiertos más que espabilado y… qué os vamos a contar… Pero al final, se duerme agradecido al Señor por haber podido entregar su vida y unirse a Jesús aquella noche, negándose a sí mismo y tomando su cruz por su esposa)

Madre,

¿Cuánto valen nuestros pequeños sacrificios? Desde que el Señor estableció el sufrimiento como camino de purificación, santificación y redención, vale mucho. Vale todo el valor que Dios le ha querido dar, y es inmenso. Si no te ha dolido hoy, no has amado suficiente. Alabado sea Dios. A Él la gloria y la alabanza por los siglos.

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