Catequesis SJPII 5-9-79 Diálogo con Jesucristo sobre los fundamentos del matrimonio

Proyecto Amor Conyugal

JUAN PABLO II: AUDIENCIA GENERAL
Miércoles 5 de septiembre de 1979

Diálogo con Jesucristo sobre los fundamentos del matrimonio

Invocamos al Espíritu Santo.

SAGRADA BIBLIA:

Alguien lee en voz alta, de forma pausada y con claridad Mt 19, 3 ss; ó Mc 10, 2 ss

EXPLICACIÓN DEL TEXTO:

San Juan Pablo II comienza analizando el texto de Mt 19, 3 ss; cf. Mc 10, 2 ss en que los fariseos preguntan al Señor sobre los casos en que se permite el repudio a sus mujeres.

Cristo no entra en esa casuística, sino que se remite al principio descrito en el Génesis, como el texto donde se revela la voluntad de Dios en la creación del matrimonio. Para ello cita Génesis 1, 27 donde habla de la creación del ser humano como hombre y mujer, y conecta con Génesis 2, 24 «Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre; y se unirá a su mujer; y vendrán a ser los dos una sola carne».

A estas palabras del Génesis, Cristo les da un significado normativo, porque podría parecer un texto algo alegórico tal como se expresa. Para reafirmar este carácter normativo, añade: «De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Por tanto, lo que Dios unió no lo separe el hombre».

Ese «no lo separe» es determinante. Es donde Cristo expresa el principio de la unidad y la indisolubilidad del matrimonio como Palabra de Dios expresada en la revelación más antigua.

Cristo confirma una ley eterna formulada y establecida por Dios desde la creación. En cualquier caso, esta doble referencia de Cristo al “principio” induce a sus interlocutores a reflexionar sobre cómo Dios creó al hombre y mujer tal como aparece reflejado en el Génesis, para entender las leyes inscritas en el matrimonio.

Y eso es válido también hoy para nosotros como interlocutores de Cristo a los que anima a adentrarse en esta revelación.

EL MENSAJE DE ESTA CATEQUESIS:

El matrimonio es un don nacido del corazón de Dios.

Cristo nos propone que no centremos nuestra atención en las consecuencias de los problemas del matrimonio, sino que nos vayamos al origen, al mismo Corazón de Dios que es su Creador, para descubrir la verdad del matrimonio y a qué está llamado. De ahí sacaremos respuestas sobre las leyes específicas que rigen nuestro matrimonio, sobre el porqué de todo lo que nos ocurre y por tanto qué debemos hacer.

 

ORACIÓN CONYUGAL:

Los esposos juntos, recordamos las palabras de Jesús: “DONDE DOS O TRES ESTÁN REUNIDOS EN MI NOMBRE, ALLÍ ESTOY YO EN MEDIO DE ELLOS” (MT 18,20)

Por eso Señor, queremos encontrarnos contigo en este momento, esperando tener la docilidad de corazón para no convertir esta oración en un interrogatorio, en exigencias, en quejas o para pedirte lo que creo necesitar. ¡Ven Espíritu Santo muéstrame la verdad, la belleza de tu plan, tu voluntad!

YO DIALOGO CON CRISTO A SOLAS:

Hoy tú eres uno de los interlocutores que le preguntas a Jesús:

Tengo este motivo……… que me hiere de mi esposo y me distancia de él/ella ¿Me es lícito Jesús?

Jesús me dice:

Querido hijo, tu matrimonio es un don que nació de mi Corazón y no del corazón del hombre, no de tu corazón, de como tú crees que deberían ser las cosas… Yo te iré mostrando la verdad, ahora confía en mí y piensa en todo lo bello y bueno que hay en él, porque lo hay, y huye de lo malo y lo oscuro, que no viene de mí. Cree en mí.

Piensa en lo que conmigo puede llegar a ser vuestro matrimonio y escríbelo:

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Diálogo con Cristo entre los esposos:

Nuestro matrimonio tiene un valor único y precioso a los ojos de Dios.

¿Por qué crees que para Dios el matrimonio no se puede romper bajo ningún concepto?

Compartir entre vosotros y con Dios, esa belleza, esa esperanza que te ha dicho en tu corazón, que te gustaría que tu matrimonio llegase a ser:

Danos la gracia Señor, de valorarlo y el don que es mi esposo/a para mí y nuestros hijos.

Te damos gracias por la luz que nos has mostrado, Te pedimos ayuda para hacer tu voluntad en tu Proyecto de Amor sobre nosotros.

 

MIRAMOS NUESTRA VIDA Y DIALOGAMOS ENTRE EL GRUPO:

Sabemos que no es fácil el matrimonio, la sociedad nos propone modelos que nada tienen que ver con el matrimonio como Dios lo creó y lo quiere. Lejos de ayudarnos a vivir nuestra vocación al amor como una respuesta a Dios exigente pero hermosa, como un proyecto ilusionante, la mentira interpretarlo como una relación exclusivamente humana hace que, ante las dificultades de la vida, nos lo planteemos como algo imposible de vivir.

La catequesis de hoy nos abre una ventana de esperanza muy ilusionante, nos sugiere que al referirse Cristo al Principio, se refiere a nuestro origen, a nuestra verdad, lo que hay inscrito en la base de nuestra relación, un “modelo” a seguir, la alegría de que Él puede hacer nuestro amor hermoso y nuevo, y con esta reunión nos invita a ello.

¿Por qué crees que el matrimonio es tan importante para Dios?

Para ti ¿Qué es el matrimonio? ¿Es importante? ¿Por qué?

El matrimonio cristiano, no es sólo una convivencia entre un hombre y una mujer que se quieren. Es mucho más. Es un sacramento, es decir, algo sagrado y querido por Dios. Según el Papa Francisco, es lo más hermoso que Dios ha creado.

¿Por qué crees que es importante seguir las leyes de Dios? ¿Qué consecuencias tiene el no vivirlas?

¿Qué crees que nos propondría hoy Jesús ante la naturalidad con la que se viven las separaciones y los divorcios?

 

PROPÓSITO PERSONAL Y CONYUGAL:

Algunas sugerencias:

Rezar juntos en clave conyugal

Contemplar tres cosas bellas de nuestro matrimonio cada día y escribirlas por la noche.

 

Oración:

Leen los coordinadores:

Aquí estamos Señor, en tu presencia, con nuestras limitaciones, pero con el deseo de hacer tu voluntad. Te damos gracias por elegirnos para mostrarnos de la mano de María Santísima, tu Proyecto de Amor Conyugal para nosotros.

Por intercesión de San Juan Pablo II, abre nuestro corazón endurecido por el mundo y limpia nuestra mirada, para ver a nuestro esposo con Tus ojos divinos y amarle en nuestros fracasos y éxitos. Socórrenos en la hermosa misión que nos has encomendado, de ser Imagen de Vuestra comunión Trinitaria ante nuestros hijos y ante el resto del mundo.

Te pedimos también por el amor y la fidelidad en todos los matrimonios, especialmente aquellos que pasan por momentos de sufrimiento o dificultad.

Derrama tu gracia y tu bendición sobre nuestras familias y bendice también al Santo Padre, a nuestro obispo y a nuestro párroco ___________ para que sepan orientarnos en nuestro camino hacia la Caridad Conyugal.

Unidos a José y María, te lo pedimos a ti, Dios Padre, por Jesucristo tu Hijo nuestro Señor, en la unidad del Espíritu Santo. Amén

 

Leen todos:

¡Bendito seas tú, Dios de nuestros padres, y bendito sea tu Nombre por todos los siglos de los siglos! Que te bendigan los cielos, y tu creación entera, por los siglos todos.

Tú creaste a Adán, y para él creaste a Eva, su mujer, para sostén y ayuda, y para que de ambos proviniera la raza de los hombres. Tú mismo dijiste: No es bueno que el hombre esté solo; hagámosle una ayuda semejante a él.

Yo no tomo a este mi hermano con deseo impuro, mas con recta intención. Ten piedad de nosotros para que podamos llegar juntos a nuestra ancianidad. Amén. (Cfr. Tob 8, 5-7)

 

 

Copia íntegra de la catequesis de JPII

JUAN PABLO II

AUDIENCIA GENERAL

Miércoles 5 de septiembre de 1979

Diálogo con Jesucristo
sobre los fundamentos del matrimonio

  1. Desde hace algún tiempo están en curso los preparativos para la próxima Asamblea ordinaria del Sínodo de los Obispos, que se celebrará en Roma en el otoño del próximo año. El tema del Sínodo: «De muneribus familiae christianae (Misión de la familia cristiana»), concentra nuestra atención sobre esta comunidad de vida humana y cristiana, que desde el principio es fundamental. Precisamente de esta expresión, «desde el principio», se sirvió el Señor Jesús en el coloquio sobre el matrimonio, referido en el Evangelio de San Mateo y en el de San Marcos. Queremos preguntarnos qué significa esta palabra: «principio». Queremos además aclarar por qué Cristo se remite al «principio» precisamente en esta circunstancia, y, por tanto, nos proponemos un análisis más preciso del correspondiente texto de la Sagrada Escritura.
  2. Jesucristo se refirió dos veces al «principio» durante la conversación con los fariseos, que le presentaban la cuestión sobre la indisolubilidad del matrimonio. La conversación se desarrolló del modo siguiente:

«… Se le acercaron unos fariseos con propósito de tentarle y le preguntaron: ¿Es lícito repudiar a la mujer por cualquier causa? El respondió: ¿No habéis leído que al principio el Creador los hizo varón y hembra? Y dijo: Por eso dejará el hombre al padre y a la madre y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne. De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Por tanto, lo que Dios unió no lo separe el hombre. Ellos le replicaron: Entonces, ¿cómo es que Moisés ordenó dar libelo de divorcio al repudiar? Díjoles El: Por la dureza de vuestro corazón os permitió Moisés repudiar a vuestras mujeres, pero al principio no fue así» (Mt 19, 3 ss; cf. Mc 10, 2 ss).

Cristo no acepta la discusión al nivel en que sus interlocutores tratan de introducirla; en cierto sentido, no aprueba la dimensión que ellos han intentado dar al problema. Evita enzarzarse en las controversias jurídico-casuísticas; y, en cambio, se remite dos veces al principio». Procediendo así, hace clara referencia a las palabras correspondientes del libro del Génesis, que también sus interlocutores sabían de memoria. De esas palabras de la revelación más antigua, Cristo saca la conclusión y se cierra la conversación.

  1. «Principio» significa, pues, aquello de que habla el libro del Génesis. Por tanto, Cristo cita al Génesis 1, 27 en forma resumida: «Al principio, el Creador los hizo varón y hembra«, mientras que el pasaje original completo dice así textualmente: «Creó Dios al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó, y los creó varón y hembra». A continuación, el Maestro se remite al Génesis 2, 24: «Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer; y vendrán a ser los dos una sola carne«. Citando estas palabras casi «in extenso», por completo, Cristo les da un significado normativo todavía más explícito (dado que podría ser hipotético que en el libro del Génesis sonaran como afirmaciones de hecho «dejará… se unirá… vendrán a ser una sola carne»). El significado normativo es admisible en cuanto que Cristo no se limita sólo a la cita misma, sino que añade: «De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Por tanto, lo que Dios unió no lo separe el hombre«. Ese «no lo separe» es determinante. A la luz de esta palabra de Cristo, el Génesis 2, 24 enuncia el principio de la unidad e indisolubilidad del matrimonio como el contenido mismo de la Palabra de Dios, expresada en la revelación más antigua.
  2. Al llegar a este punto, se podría sostener que el problema está concluido, que las palabras de Jesús confirman la ley eterna formulada e instituida por Dios desde el «principio», como la creación del hombre. Incluso podría parecer que el Maestro, al confirmar esta ley primordial del Creador, no hace más que establecer exclusivamente su propio sentido normativo, remitiéndose a la autoridad misma del primer Legislador. Sin embargo, esa expresión significativa: «desde el principio», repetida dos veces, induce claramente a los interlocutores a reflexionar sobre el modo en que Dios ha plasmado al hombre en el misterio de la creación, como «varón y hembra», para entender correctamente el sentido normativo de las palabras del Génesis. Y esto es tan válido para los interlocutores de hoy, como lo fue para los de entonces. Por lo tanto, en el estudio presente, considerando todo esto, debemos meternos precisamente en la actitud de los interlocutores actuales de Cristo.
  3. Durante las sucesivas reflexiones de los miércoles, en las audiencias generales, como interlocutores actuales de Cristo, intentaremos detenernos más largamente sobre las palabras de San Mateo (19, 3 y ss.). Para responder a la indicación que Cristo ha encerrado en ellas, trataremos de penetrar en ese «principio» al que se refirió de modo tan significativo, y así seguiremos de lejos el gran trabajo que sobre este tema precisamente emprenden ahora los participantes en el próximo Sínodo de los Obispos. Junto con ellos toman parte numerosos grupos de Pastores y de laicos que se sienten particularmente responsables de la misión que Cristo propone al matrimonio y a la familia cristiana: la misión que Él ha propuesto siempre y propone también en nuestra época, en el mundo contemporáneo.

El ciclo de reflexiones que comenzamos hoy, con intención de continuarlo durante los sucesivos encuentros de los miércoles, tiene como finalidad, entre otras cosas, acompañar, de lejos por así decirlo, los trabajos preparativos al Sínodo, pero no tocando directamente su tema, sino dirigiendo la atención a las raíces profundas de las que brota este tema.

Con Tu Espíritu. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Lucas 12, 8-12

EVANGELIO
El Espíritu Santo os enseñará en aquel momento lo que tenéis que decir

Lectura del santo evangelio según san Lucas 12, 8-12
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
-«Si uno se pone de mi parte ante los hombres, también el Hijo del hombre se pondrá de su parte ante los ángeles de Dios.
Y si uno me reniega ante los hombres, lo renegarán a él ante los ángeles de Dios.
Al que hable contra el Hijo del hombre se le podrá perdonar, pero al que blasfeme contra el Espíritu Santo no se le perdonará.
Cuando os conduzcan a la sinagoga, ante los magistrados y las autoridades, no os preocupéis de lo que vais a decir, o de cómo os vais a defender.
Porque el Espíritu Santo os enseñará en aquel momento lo que tenéis que decir.»

Palabra del Señor.

Con Tu Espíritu.
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

Nos dice el Catecismo de la Iglesia Católica en el Nº 1864: “No hay límites a la misericordia de Dios, pero quien se niega deliberadamente a acoger la misericordia de Dios, mediante el arrepentimiento, rechaza el perdón de sus pecados y la salvación ofrecida por el Espíritu Santo (Cf. DV 46). Semejante endurecimiento puede conducir a la condenación final y a la perdición eterna.”

Pecados contra el Espíritu Santo son:

– Desesperación de salvarse: Es decir, perder la Esperanza de que Dios puede salvarme, a pesar de mi miseria.
– La presunción de salvarse sin merecimientos: Confiarse en que, como Dios es Santo, me perdonará haga lo que haga.
– Negar la verdad conocida: Ocurre cuando la persona se juzga “dueña de la verdad” y por eso no cree las verdades de fe por puro orgullo.
– La envidia o pesar de la gracia ajena: Cuando las personas tienen envidia de la gracia que Dios da a otro.
– La impenitencia final: Si al final de mi vida no me arrepiento de mis pecados.

San Juan Pablo II en su Encíclica sobre el Espíritu Santo, Dominum et vivificantem 46-48, explica este pecado contra el Espíritu: «Esta blasfemia no consiste en el hecho de ofender con palabras al Espíritu Santo; consiste, más bien, en el rechazo de aceptar la salvación que Dios ofrece al hombre por medio del Espíritu Santo.» Más adelante dice: «porque esta no-remisión está unida, … al rechazo radical a convertirse.»

Es por tanto, empeñarme en creer lo que creo a mi manera y no dejarme convertir, transformar, por el Espíritu Santo.

Para los esposos:
El matrimonio es realmente un camino de santidad. Cuánto nos ayudamos el uno al otro en los momentos de crisis, para mantener la Esperanza contra toda esperanza. Cuántos toques de atención nos damos para evitar que nos salgamos demasiado del camino. Cuánto nos ayuda alegrarnos de las gracias que recibe el esposo, cuando entendemos que a través de él/ella las recibimos también nosotros. Cuánto nos ayuda nuestra relación matrimonial para “convertirnos” y no creernos “dueños de la verdad”. Y es que en nuestro Sacramento, recibimos la gracia del mismísimo Espíritu de Dios.

Pedimos al Señor que nos convirtamos sinceramente, con Tu Espíritu.

Oramos especialmente por el sínodo:
https://proyectoamorconyugal.es/oracion-a-la-santa-familia/

Un lugar común para lo auténtico. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Lucas 12, 1-7

EVANGELIO
Hasta los pelos de vuestra cabeza están contados

Lectura del santo evangelio según san Lucas 12, 1-7
En aquel tiempo, miles y miles de personas se agolpaban hasta pisarse unos a otros.
Jesús empezó a hablar, dirigiéndose primero a sus discípulos:
-«Cuidado con la levadura de los fariseos, o sea, con su hipocresía.
Nada hay cubierto que no llegue a descubrirse, nada hay escondido que no llegue a saberse.
Por eso, lo que digáis de noche se repetirá a pleno día, y lo que digáis al oído en el sótano se pregonará desde la azotea.
A vosotros os digo, amigos míos: no tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden hacer más.
Os voy a decir a quién tenéis que temer: temed al que tiene poder para matar y después echar al infierno. A éste tenéis que temer, os lo digo yo.
¿No se venden cinco gorriones por dos cuartos? Pues ni de uno solo se olvida Dios.
Hasta los pelos de vuestra cabeza están contados.
Por lo tanto, no tengáis miedo: no hay comparación entre vosotros y los gorriones.»

Palabra del Señor.

Un lugar común para lo auténtico.
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

Jesús es muy claro sobre lo detestable que es la hipocresía, y nos hace ver que además es absurda, porque todo llegará a saberse. El único juicio es el de Dios que lo ve todo. Aquello de lo que nos avergonzamos, se sabrá.

La hipocresía es un auto engaño, en que uno se acostumbra a presentarse ante los demás mejor de lo que es. El problema tiene dos vertientes, por un lado el problema de la falta de autenticidad, que lleva a la desconfianza: (CIC 2469 “Los hombres no podrían vivir juntos si no tuvieran confianza recíproca, es decir, si no se manifestasen la verdad” (S. Tomás de Aquino, s. th. 2-2, 109, 3 ad 1) y por otro la injusticia que se comete con los demás: En justicia, “un hombre debe honestamente a otro la manifestación de la verdad” (S. Tomás de Aquino, s. th. 2-2, 109, 3)

Por tanto, entre los esposos, no presentarnos el uno ante el otro tal como somos, provoca una desconfianza recíproca que impide la comunión, y además no se le da al esposo el derecho que tiene a vivir con la persona que eligió para amar, tal como es.

Hay esposos que se piensan que no mostrándose toda su verdad, protegen su relación. Nosotros creemos que esto no es cierto. Más bien al contrario, se impide la convivencia, la ayuda mutua, la construcción de una intimidad común. Qué pérdida de tiempo, qué matrimonio más infructuoso el que se esconde su verdad.

Ya lo dice el Señor, no tengas miedo del esposo que puede no comprenderte o “regañarte” o echarte en cara… quizás hasta nos lo merezcamos. Lo importante es luchar contra el que “tiene poder para matar y después echar al infierno”. ¿No dijo Dios que somos una ayuda mutua? No tanto para hacer las camas, que también, sino para avanzar en nuestro camino espiritual hacia Él.

Dos esposos que apuestan por la santidad, por hacerse uno con el Señor, que colaboran en su camino de purificación. Como dice San Juan Pablo (Cat. 3/12/80), cuando se conecta con la profundidad del ser, ahí no cabe la concupiscencia. Es nuestra solución, conectarnos en una intimidad profunda, donde veamos toda nuestra belleza y fragilidad. Tal como Dios nos ve. Ahí, entre los dos y con la ayuda del Señor, encontraremos el amor auténtico.

Oramos especialmente por el sínodo:
https://proyectoamorconyugal.es/oracion-a-la-santa-familia/

De la humildad al conocimiento. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Mateo 11, 25-30

EVANGELIO
Has escondido estas cosas a los sabios y las has revelado a la gente sencilla

Lectura del santo evangelio según san Mateo 11, 25-30
En aquel tiempo, exclamó Jesús:
-«Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mí yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.»

Palabra del Señor.

Humildad e intimidad.
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

Ante las cargas que tiene un hogar y tantos quehaceres, es habitual que estemos cansados y agobiados. Lo malo no es lo primero (cansados), sino lo segundo (agobiados). Cuando uno se agobia, entonces pierde pie. Nos agobiamos porque nos creemos autores de nuestra vida y responsables absolutos de nuestro futuro y el de nuestros hijos. Nos falta entender que todo viene de Él, le pertenece a Él y que es un Padre que nos cuida y nos protege, e inmediatamente Él nos aliviará. Para poner todo en sus manos, tenemos que ser mansos y humildes de corazón, nos dice el Señor.

Y es que Dios se hace pequeño, nace pobre en un pesebre, a veces pasa por loco, se pone en la cola de los pecadores, se burlan de Él, toma la posición de esclavo ante los discípulos cuando les lava los pies… se hace uno de tantos. Sólo Dios nos ama tanto como para humillarse de esa manera. Pero Él nos enseña la Verdad del amor ¿O no?.

Hoy, día de Santa Teresa de Jesús, ponemos unas palabras que ella dice sobre la humildad en “Camino de Perfección”:
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Hay quienes pasan el tiempo proclamándose pecadores y no son humildes porque no aceptan ser olvidados ni olvidarse. A medida que uno se interesa por Dios y se deja llevar por la corriente, aceptamos de buen grado ser sobre todo servidores inútiles y olvidados. El culmen de la humildad nos vendrá de la visión cara a Cara. Mientras tanto, cuanto más nos acercamos a Dios más crece Él en nosotros y más disminuimos nosotros. Dios solo puede vencernos ofreciéndonos su intimidad. La humildad corresponde a la medida de la intimidad que tenemos con Él.
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Para llegar a ser un matrimonio humilde tenemos que acoger juntos esa intimidad que Dios nos ofrece. Acojamos por ejemplo los peores trabajos de la casa, los que nadie ve ni valora. Esos son los que más le gustan A Dios. Son los que realizaba María: Limpiar el polvo, recoger la casa, fregar… Sin embargo, los trabajos que más se notan, en los que uno “brilla” más, son peligrosos porque pueden hacer que crezca nuestra vanidad y nuestra soberbia. Contemplemos en María “la humillación de Su esclava” y sigamos sus enseñanzas de Madre.

Pero no queremos acabar este comentario sin hablar del “conocimiento” y del “yugo”. Dos elementos a los que hace referencia el Señor.

El conocimiento mutuo entre el Padre y el Hijo, es total, porque comparten Su intimidad más profunda. Y este es el camino del amor en el matrimonio: Conocernos íntimamente para poder amarnos como Ellos. Adán “conoció” a Eva, remarca San Juan Pablo (Cat. 12/03/80) sobre la lectura del Génesis, y esa capacidad de “conocer” distingue al hombre de los animales. Mediante este conocimiento el hombre y la mujer se donan el uno al otro, dice San Juan Pablo. Hombre y mujer se entregan su intimidad y la comparten creando una intimidad común. Para ello es necesaria la humildad de presentarnos tal cual somos. Ese conocimiento condiciona la generación de la vida y nos trasciende, nos supera dando lugar a esa vida. La grandeza del matrimonio es que nos permite a los esposos alcanzar una comunión con un grado de intimidad enorme que nos trasciende. Y vivir esta experiencia es hermosísimo. Hace que todo lo demás merezca la pena.

En cuanto al “yugo” de Cristo, es el mismo que nos une entre nosotros en nuestra relación con-yugal. Es una alianza que nos une y que no es pesada, sino que alivia. Si nos amamos con el amor de Cristo, si identificamos nuestro yugo con el de Cristo, en nuestra unión juntos con Él, encontraremos nuestro descanso. ¡¡Hermosísimo!!.

Alabemos al Creador del Matrimonio, que revela estas cosas a los esposos que reconocen Su grandeza.

Oramos especialmente por el Sínodo de la familia que se está celebrando:
https://proyectoamorconyugal.es/oracion-a-la-santa-familia/

Puedo ayudarte. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Lucas 11, 42-46

EVANGELIO
¡Ay de vosotros, fariseos! ¡Ay de vosotros también, maestros de la Ley!

Lectura del santo evangelio según san Lucas 11, 42-46
En aquel tiempo, dijo el Señor:
-«¡Ay de vosotros, fariseos, que pagáis el diezmo de la hierbabuena, de la ruda y de toda clase de legumbres, mientras pasáis por alto el derecho y el amor de Dios!
Esto habría que practicar, sin descuidar aquello.
¡Ay de vosotros, fariseos, que os encantan los asientos de honor en las sinagogas y las reverencias por la calle!
¡Ay de vosotros, que sois como tumbas sin señal, que la gente pisa sin saberlo! »
Un maestro de la Ley intervino y le dijo:
-«Maestro, diciendo eso nos ofendes también a nosotros.»
Jesús replicó:
-«¡Ay de vosotros también, maestros de la Ley, que abrumáis a la gente con cargas insoportables, mientras vosotros no las tocáis ni con un dedo! »

Palabra del Señor.

Puedo ayudarte.
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

Un hombre que paga en limosnas la décima parte de su sueldo, que es alguien importante y ocupa lugares preferentes, podríamos decir que sería considerado un hombre respetable. No es que esto sea malo, el problema es lo que hay en el interior. “Como tumbas sin señal”: Frase dura ¿no es cierto?. Muertos en vida, que no aparentan estarlo. Es el camuflaje del “poder” terrenal.

Detrás del “poder” suele estar la mayor (cambiando la e por la r) podre-dumbre. El ansiado poder, tiende a someter, a despreciar, a aprovecharse de otros, a descartar a otros. Dios nos da el poder de hacer y deshacer, porque nos da libertad. Sólo ordenándola al bien nos hacemos plenamente libres.

Lo grave de la cuestión es que por el mal uso de nuestra libertad, nuestro matrimonio se convierte muchas veces en una “lucha de poder”.

Aunque nos parezca que no, tenemos mucho poder. Desde mi libertad decido si colaboro para entristecerle o alegrarle el día, para ayudar o ser una carga, malmeter o bendecir, enervar o serenar, agobiar o aliviar… piénsalo, hay una lista casi infinita… ¿Cómo utilizo el “poder” que Dios me ha dado?.

El Papa Francisco define el poder como servicio, indicando que consiste en “la inclinación ante la necesidad del otro”. Dios no nos hizo a todos iguales, hizo a unos más poderosos que otros, a unos más fuertes que otros, a unos más inteligentes que otros… ¿Por qué? Puede parecer una injusticia. Dios quiere que ante el necesitado haya en nosotros un cambio de actitud que lleva al que tiene más poder, más posibilidades, más capacidades, a utilizarlas al servicio de los demás y no sentirse superior al resto.

Tampoco a los esposos nos hizo iguales. Uno tiene unos dones y el otro, otros, para que cambie nuestra actitud por amor, y nos decidamos a ayudarnos, a ser auxilio el uno del otro representando el auxilio de Dios (dice el catecismo). Los esposos cristianos no perseguimos “convivir”, ni un “consenso”, buscamos vivir una comunión. Mi esposo me necesita ¡Puedo ayudarle!.

Oramos especialmente por el sínodo:
https://proyectoamorconyugal.es/oracion-a-la-santa-familia/