
De nosotros depende, seguir regando la semilla de la “vocación conyugal” que Dios ha plantado en lo más profundo de nosotros, con formación, oración juntos y perseverancia.

De nosotros depende, seguir regando la semilla de la “vocación conyugal” que Dios ha plantado en lo más profundo de nosotros, con formación, oración juntos y perseverancia.

Gracias a la inmensa misericordia de Dios, podemos acceder a la caridad conyugal. El amor verdadero entre esposos, tiene que pasar por la misericordia, o no es amor.

Cuanto más me perdona mi esposo/a, más deseo amarlo/a. Estaré deseando perdonarle cuando me hiera.

El que ama a Dios, recibe todo como un don Suyo. El que ama al/a esposo/a, excusa las faltas, confía en que el/la amado/a irá mejorando, olvida lo negativo… y valora lo positivo.

Es el corazón de Cristo el que nos conmueve para salir al rescate de muchos matrimonios. Él siempre está atento a nuestro sufrimiento.