JORNADA en ZARAGOZA: LA PRUEBA EN EL MATRIMONIO

Jornada de Proyecto Amor Conyugal: «La prueba en el matrimonio«

ZARAGOZA

Cuándo: 28 de noviembre de 10 a 18h.

Lugar: Parroquia Santa Rafaela María (Zaragoza)

 

Solicita información e inscríbete enviando un correo a: proyectoamorconyugal.zgz@gmail.com o por Whashapp al número 678748646

Se dispondrá de una hora para comer a mediodía. Cada matrimonio debe llevar su propia comida y bebida, ya que se comerá individualmente.
Precio de la jornada: 10 € por persona para costear material, flores y otros gastos.

¿Qué nos esperará? Comentario para Matrimonios: Lucas 20, 27-40

EVANGELIO

No es Dios de muertos, sino de vivos
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 20, 27-40

En aquel tiempo, se acercaron algunos saduceos, los que dicen que no hay resurrección y preguntaron a Jesús:
«Maestro, Moisés nos dejó escrito: “Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer, pero sin hijos, que tome la mujer como esposa y dé descendencia a su hermano.” Pues bien, había siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos. El segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete, y murieron todos sin dejar hijos. Por último, también murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete la tuvieron como mujer».
Jesús les dijo:
«En este mundo los hombres se casan y las mujeres toman esposo, pero los que sean juzgados dignos de tomar parte en el mundo futuro y en la resurrección de entre los muertos no se casarán ni ellas serán dadas en matrimonio. Pues ya no pueden morir, ya que son como ángeles; y son hijos de Dios, porque son hijos de la resurrección.
Y que lo muertos resucitan, lo indicó el mismo Moisés en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor «Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob». No es Dios de muertos, sino de vivos; porque para él todos están vivos»
Intervinieron unos escribas:
«Bien dicho, Maestro».
Y no se atrevían a hacerle más preguntas.

Palabra del Señor.

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¿Qué nos esperará?

Los sacramentos existen únicamente en esta vida. Aquí recibiremos la gracia, viviremos por la fe. Pero en el cielo, estaremos ya con Dios plenamente y no son necesarios los sacramentos. Tampoco será necesaria la unión en la carne porque ha habrá una unión plena con Dios y entre nosotros. Ya no habrá muerte, ya no habrá pecado, no existirá la limitación del cuerpo que sólo nos permite entregarnos totalmente a nuestro esposo. Allí seremos todos plenamente uno.

Aterrizado a la vida matrimonial:

Nuria: A algunos nos preocupa este Evangelio porque parece que cuando nos muramos, la muerte nos va a separar de nuestros esposos.
Matrimonio Tutor: No es así. La fórmula “hasta que la muerte nos separe” no está en ningún sitio. Decimos que nos entregamos el uno al otro “todos los días de nuestra vida” que no es lo mismo. Hay una canción de la Hermana Glenda que se llama “Alianza de Amor” y que dice “hasta que la muerte nos una más”. Y es así, exactamente. En el cielo sí que seremos totalmente uno.
Nuria: O sea, que la muerte nos unirá más aún a los esposos. Eso me parece más coherente. No era normal que el cielo nos separara… Qué bien hace Dios las cosas.

Madre,

Si el matrimonio es un invento de Dios tan hermoso ¿Qué nos esperará en el cielo? Alabado sea Dios por siempre.

El trastero interior. Comentario para Matrimonios: Lucas 19, 45-48

EVANGELIO

Habéis hecho de la casa de Dios una “cueva de bandidos”
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 19, 45-48

En aquel tiempo, Jesús entró en el templo y se puso a echar a los vendedores, diciéndoles:
«Escrito está: «Mi casa será casa de oración»; pero vosotros la habéis hecho una «cueva de bandidos»».
Todos los días enseñaba en el templo.
Por su parte, los sumos sacerdotes, los escribas y los principales del pueblo buscaban acabar con él, pero no sabían qué hacer, porque todo el pueblo estaba pendiente de él escuchándolo.

Palabra del Señor.

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El trastero interior.

Nuestro esfuerzo en el camino hacia Dios, no consiste en poner mucho de nosotros, sino en quitar mucho de nosotros para dejarle espacio al Espíritu y que Dios ponga de lo Suyo en nuestro interior. Imaginémonos un trastero, lleno de objetos sucios e inútiles que ocupan espacio. Nuestra tarea consiste en apartar trastos de nuestro interior y abrir una ventana para que pueda entrar la luz.
Ahora Dios no reside en un templo, sino que el templo es nuestro cuerpo. Su casa es mi corazón. Cristo viene a echar de nuestro interior todas esas tendencias interesadas, esos “bandidos” que nos roban tiempo para lo verdaderamente importante que es nuestro esposo. Hay otros que nos intentan tapar la verdad, pintándonos la vida de aparentes riquezas que son basura al lado de la riqueza de vivir una comunión en el matrimonio y en última instancia, la riqueza de vivir en Dios que nos lo da todo…
“Mi casa es casa de oración” dice el Señor. Nuestro cuerpo es la casa de Dios y es lugar de oración. Ni el narcisista más empedernido podría haber imaginado un destino más grandioso para su propio cuerpo. Y es que el cristiano no es el reprimido que no sabe disfrutar de la vida, es el que conoce la grandeza de la verdad y no se conforma con menos.

Aterrizado a la vida matrimonial:

En mi relación con mi esposo, dentro de mí, hay como un diálogo interior:
Mi individualismo: Hoy voy a rezar solo. Cuesta mucho que coincidamos, y además, tenemos ritmos diferentes. Además, me concentro mejor cuando rezo solo.
Mi pereza: Deberíamos hablar mi esposo y yo, pero estoy súper cansado. Necesito sentarme y relajarme.
Mi orgullo: La última vez que hablamos, le conté cosas mías y después me lo ha sacado en discusiones. Mejor me reservo y no le cuento nada más.
Mi egoísmo: No me apetece nada irme con él/ella a compartir su afición favorita. Yo me aburro. Que se vaya solo y yo me quedo aquí viendo mi serie.
Mis deseos desordenados: (Él) Esta noche, me quedo levantado y cuando se duerma, tengo ahí unos vídeos eróticos… Estoy deseando que se duerma para disfrutar un rato. Me lo merezco. (Ella) Me gusta sentirme atractiva, que los ojos de los hombres se fijen en mí, me hace sentirme bien, segura de mí misma.
Mis rencores: Estoy muy dolido con él/ella. No quiero acercarme para no sufrir más.
Mi victimismo: No se da cuenta de todo lo que he hecho por él/ella, todo lo que me ha hecho sufrir… debería pedirme perdón, prestarme más atención…
…Son tantos los bandidos que me invaden por dentro…
Mi conciencia: Debes de abrirte más a tu esposo, y purificar tu corazón para verle como Dios le ve y amarle como Dios le ama.

En mí reside el Espíritu Santo, y no voy a permitir que Su casa sea una cueva de bandidos. Dios me ha confiado una hermosa misión y voy a llevarla a cabo.

Madre,

A partir de ahora, echaré todos estos ladrones fuera y, como Tú, seguiré el camino del Magníficat: Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi salvador, porque ha mirado la humillación de su esclavo…

Condúcete a la paz. Comentario para Matrimonios: Lucas 19, 41-44

EVANGELIO

¡Si reconocieras lo que conduce a la paz!
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 19, 41-44

En aquel tiempo, al acercarse Jesús a Jerusalén y ver la ciudad, lloró sobre ella, mientras decía:
«¡Si reconocieras tú también en este día lo que conduce a la paz! Pero ahora está escondido a tus ojos.
Pues vendrán días sobre ti en que tus enemigos te rodearán de trincheras, te sitiarán, apretarán el cerco de todos lados, te arrasarán con tus hijos dentro, y no dejarán piedra sobre piedra. Porque no reconociste el tiempo de tu visita».

Palabra del Señor.

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Condúcete a la paz.

El camino que conduce a la tan ansiada paz, es adherirme al plan que Dios tiene para mí. Sólo Él sabe construir la paz y sólo Él puede hacerlo. Esto que podemos tenerlo más o menos claro en nuestra cabeza, cuesta mucho integrarlo en nuestro corazón y por el corazón tira para otro lado. ¡Qué misterio! Sabemos el camino pero no lo seguimos porque hay otros caminos que nos distraen. Y nos lo vuelven a recordar y lo volvemos a olvidar. ¡Qué misterio! Desde luego que es para llorar, Señor.
¿Cómo vamos a diseñar nosotros un plan mejor que el de Dios? Está claro que es imposible, es de cajón. Pues bien, nos empeñamos en ello. ¡Qué misterio! Es para llorar.
Aterrizado a la vida matrimonial:
Ana: Sé que si rezamos juntos, salvamos nuestro matrimonio. Pero no lo hacemos.
Matrimonio Tutor: ¿Por qué?
Ana: No lo sé, un día por otro…
Alberto: Sé que si nos formásemos más sobre el matrimonio, salvaríamos el nuestro. Pero no lo hacemos.
Matrimonio Tutor: ¿Por qué?
Alberto: No lo sé. Llega el día y nos da pereza, o hemos discutido y pensamos que a dónde vamos a ir…
Matrimonio Tutor: ¿Y la tarea que os pusimos para trabajar el camino de virtud?
Alberto y Ana: La hicimos el primer día, pero luego lo dejamos.
Matrimonio Tutor: (Se echan a llorar) ¿No vais a hacer nada por salvar vuestro sacramento? ¡Está Cristo entre vosotros! ¿No vais a hacer nada por salvar vuestra familia? Es lo más hermoso que tenéis. ¿No vais a hacer nada por dejar de sufrir entre vosotros y alcanzar la paz en vuestro hogar? Está en vuestra mano ¿Y no queréis esforzaros?
(Alberto y Ana comprendieron la barbaridad que estaban haciendo y decidieron poner toda la carne en el asador. Ese día fue el más importante de sus vidas. Y su matrimonio fue precioso).

Madre,

Queremos ser dueños de nuestro matrimonio y no sabemos alcanzar la paz por nuestros medios. Necesitamos la paz que nos da Cristo después de resucitado. La paz de haber obedecido a la voluntad de Dios a pesar de las circunstancias. En tus manos estamos, Señor. Alabado seas.

Lo que creo tener. Comentario para Matrimonios: Lucas 19, 11-28

EVANGELIO

¿Por qué no pusiste mi dinero en el banco?
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 19, 11-28

En aquel tiempo, Jesús dijo una parábola, porque estaba él cerca de Jerusalén y pensaban que el reino de Dios iba a manifestase enseguida.
Dijo, pues:
«Un hombre noble se marchó a un país lejano para conseguirse el título de rey, y volver después.
Llamó a diez siervos suyos y les repartió diez minas de oro, diciéndoles:
“Negociad mientras vuelvo”.
Pero sus conciudadanos lo aborrecían y enviaron tras de él una embajada diciendo:
“No queremos que este llegue a reinar sobre nosotros”.
Cuando regresó de conseguir el título real, mandó llamar a su presencia a los siervos a quien había dado el dinero, para enterarse de lo que había ganado cada uno.
El primero se presentó y dijo:
“Señor, tu mina ha producido diez”.
Él le dijo:
“Muy bien, siervo bueno; ya que has sido fiel en lo pequeño, recibe el gobierno de diez ciudades”.
El segundo llegó y dijo:
“Tu mina, señor, ha rendido cinco”.
A ese le dijo también:
“Pues toma tú el mando de cinco ciudades”.
El otro llegó y dijo:
“Señor, aquí está tu mina; la he tenido guardada en un pañuelo, porque tenía miedo, pues eres un hombre exigente, que retiras lo que no has depositado y siegas lo que no has sembrado”.
Él le dijo:
“Por tu boca te juzgo, siervo malo. ¿Conque sabías que soy exigente, que retiro lo que no he depositado y siego lo que no he sembrado? Pues ¿por qué no pusiste mi dinero en el banco? Al volver yo, lo habría cobrado con los intereses”.
Entonces dijo a los presentes:
“Quitadle a este la mina y dádsela al que tiene diez minas”.
Le dijeron:
“Señor, si ya tiene diez minas”.
“Os digo: al que tiene se le dará, pero al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene. Y en cuanto a esos enemigos míos, que no me querían que llegase a reinar sobre ellos, traedlos acá y degolladlos en mi presencia”».
Dicho esto, caminaba delante de ellos, subiendo hacia Jerusalén.

Palabra del Señor.

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“Lo que creo tener”

Este Evangelio es un aviso a navegantes, para el que piense que ya está salvado o el que, como ha recibido muchos dones de Dios, crea que ya es bueno y no tiene nada más que hacer. Si he recibido 10, Dios espera que me los trabaje para conseguir otros 10. Y si he recibido uno, pues espera sólo uno más. Pero si cuando venga el Señor le entrego lo mismo que me dio, me quitará hasta lo que tengo, o como aclara Lucas “hasta lo que creo tener”. Sí, lo que creo tener, porque yo no he aportado nada nuevo a lo que Dios ya me dio.

El Señor es exigente, y me ha entregado a mi esposo y el don del sacramento del matrimonio, y espera recoger donde Él no ha sembrado. Me entrega un matrimonio sin construir y espera recoger un matrimonio santo, en el que hayamos alcanzado una unión íntima en la que se instaure Su reino: La caridad conyugal.

Aterrizado a la vida matrimonial:

Elena: Mi marido es muy bueno, pero no tiene fe. Yo en cambio, soy un desastre y tengo que luchar todos los días por intentar ser fiel a Dios. Y me sale fatal. Mi marido no quiere saber nada de la fe porque me ve mucho peor que él, y cree que mi fe no me sirve para nada.
María (A solas con Elena): Elena, en el Evangelio se ve claramente. Dios no valora más al que más cualidades tiene, sino al que más se esfuerza. Él deja a los perfectos y se va en busca de los pecadores. Él no se acerca a los sanos, sino a los enfermos. Así que tú, confía en el Señor, que está cerca de ti y sigue esforzándote al máximo.
Pedro (A solas con Alfonso): ¿Qué tienes que decirme?
Alfonso: Bueno, yo a Elena no la veo mala, pero se pone muy pesada con el tema de Dios y la religión. Creo que no hace falta Dios para amar, ser servicial, etc. Sinceramente, yo ya lo hago y no tengo fe.
Pedro: Esto de ser servicial ¿Lo tienes desde siempre?
Alfonso: Desde siempre.
Pedro: Y ¿En qué estás creciendo entonces? ¿Intentas por ejemplo no quejarte cuando tu esposa quiere que compartas con ella sus experiencias espirituales? ¿Has mejorado en no enfadarte cuando tu esposa te propone que vayáis a un retiro?
Alfonso: Es verdad. En eso no he mejorado. Pero es que no creo que sirva de nada.
Pedro: Alfonso, todos tenemos que mejorar independientemente de nuestro punto de partida. No te quedes con lo que crees y lo que tienes e intenta alcanzar lo que Dios quiere que llegues a ser. Aspira a algo grande. Y sólo Dios te lo puede dar.
Alfonso: Touché.
Pedro: Pues mucho ánimo. Déjate influir por el don más grande que Dios te ha dado: Tu esposa. No creas que has llegado a tu límite. Estate abierto a mucho más. ¿Vale? Vas a alucinar con el plan que Dios tiene para ti si te unes a tu esposa en esto. Y ahora, procura sacar lo mejor de tu esposa, que tiene muchos dones y tiene mucho que enseñarte.
Alfonso: Suena bien. Gracias.

Madre,

Es verdad que Dios aspira a que seamos santos. Nos ha creado para eso. Y por el conformismo o por la incredulidad en la fuerza del Espíritu Santo, nos conformamos con menos. Pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que cree tener. Yo quiero responder a mi Señor tal como Él espera, y darle gloria. Gloria a ti Señor.