Para ver los próximos RETIROS Y MISIONES haz click AQUÍ
EVANGELIO
Si siete veces en un día vuelve a decirte: «Me arrepiento», lo perdonarás.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 17, 1-6
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Es imposible que no haya escándalos; pero ¡ay del que los provoca!
Al que escandaliza a uno de estos pequeños, más le valdría que le ataran al cuello una piedra de molino y lo arrojasen al mar. Tened cuidado.
Si tu hermano te ofende, repréndelo, y si se arrepiente, perdónalo; si te ofende siete veces en un día, y siete veces vuelve a decirte: “Me arrepiento”, lo perdonarás».
Los apóstoles le dijeron al Señor:
«Auméntanos la fe».
El Señor dijo:
«Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: “Arráncate de raíz y plántate en el mar”, y os obedecería».
Palabra del Señor.
De mal ejemplo a testigo.
Y ¿Quién de nosotros no ha escandalizado alguna vez a alguno de sus pequeños o a los de alrededor? Nos vemos todos en una larga cola con una piedra de molino atada al cuello en el borde de un acantilado esperando el empujoncito merecido. Por eso los apóstoles le piden más fe al Señor, porque sólo por la fe nos salvamos y sólo la fe posibilita el necesario cambio en nosotros para dejar de ser escándalo y pasar a ser testigos del amor de Dios.
Aterrizado a la vida matrimonial:
Alberto: Hoy tengo la necesidad de pedirle perdón a nuestros hijos. Me doy cuenta de la cantidad de veces que los he escandalizado en estos años.
Mónica: Me parece muy bien, Alberto. Es verdad que en muchas cosas has sido un auténtico testimonio, pero en otras no has sido un buen ejemplo. Así que, si les pides perdón, dejarás de ser un mal ejemplo para convertirte una vez más en testimonio del amor de Cristo para ellos.
Alberto: Gracias, Mónica. Me alivia lo que me dices, porque me siento muy culpable.
Mónica: De nada, Alberto. Yo aprovecharé también para pedirles perdón, porque también tengo muchos motivos. Gracias por esa luz del Espíritu que has compartido conmigo.
Madre,
El Señor le da muchísima importancia al mal ejemplo que damos a otros. Madre, que aunque sólo sea por eso, saquemos fuerzas suficientes y acojamos la gracia para no caer en la tentación del desamor. Alabado sea Dios misericordioso.
Para ver los próximos RETIROS Y MISIONES haz click AQUÍ
EVANGELIO
¡Que llega el esposo, salid a su encuentro!
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 25, 1-13
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:
«Se parecerá el reino de los cielos a diez vírgenes que tomaron sus lámparas y salieron a encuentro del esposo.
Cinco de ellas eran necias y cinco eran prudentes.
Las necias, al tomar las lámparas, no se proveyeron de aceite; en cambio, las prudentes se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas.
El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron.
A medianoche se oyó una voz:
“¡Que llega el esposo, salid a su encuentro!”
Entonces se despertaron todas aquellas vírgenes y se pusieron a preparar sus lámparas.
Y las necias dijeron a las prudentes:
“Dadnos de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas”.
Pero las prudentes contestaron:
“Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis”.
Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta.
Más tarde llegaron también las otras vírgenes, diciendo:
“Señor, señor, ábrenos”.
Pero él respondió:
“En verdad os digo que no os conozco”.
Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora».
Palabra del Señor.
Sí puedes.
Por la Redención de Cristo hemos recibido la Gracia Santificante. Esto nos permite cosechar méritos sobrenaturales que con nuestras fuerzas naturales son imposibles de alcanzar. El Señor comparte con nosotros los frutos de Su redención a través de los sacramentos. ¡Menudo don!
¿Es o no es para estar en vela y acoger toda la gracia que Dios me quiera dar? El colmo sería que, encima del inmerecido don, no me moleste ni en recibirlo.
Aterrizado a la vida matrimonial:
Mar: Perdona. Sé que he hecho mal no avisándote de que llegaría más tarde y te he hecho esperar. Pero por favor, tranquilízate y disfrutemos de la gracia que hemos recibido por nuestro matrimonio.
Álex: Lo siento, no puedo. Estoy muy cabreado contigo.
Mar: Sí puedes. Nuestro Señor ha muerto para darte ahora mismo la gracia necesaria para seguir amándome. Anda cariño, de verdad que estoy muy arrepentida, y muy orgullosa de ti porque eres un buen hombre y puedes amarme con el amor que has recibido de Dios.
Álex: (Se queda un rato contemplando la grandeza y la belleza de su esposa y piensa: gracias Señor por esta esposa tan maravillosa. Es preciosa. Y ya con otra mirada le dice a ella) Tienes razón, Mar. Maldito orgullo… Gracias por ayudarme a acoger la gracia de Dios.
Mar: Eso tiene mucho mérito a los ojos de Dios, Álex. Enhorabuena.
Madre,
Que toda nuestra alma esté bien dispuesta para acoger toda la gracia de Dios y alcancemos la santidad que Dios quiere para nosotros. Por Jesucristo Nuestro Señor.
Para ver los próximos RETIROS Y MISIONES haz click AQUÍ
EVANGELIO
Si no fuisteis fieles en la riqueza injusta, ¿quién os confiará la verdadera?
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 16, 9-15
En aquel tiempo, decía Jesús a sus discípulos:
«Ganaos amigos con el dinero de iniquidad, para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas.
El que es fiel en lo poco, también en lo mucho es fiel; el que es injusto en lo poco, también en lo mucho es injusto.
Pues, si no fuisteis fieles en la riqueza injusta, ¿quién os confiará la verdadera? Si no fuisteis fieles en lo ajeno, ¿lo vuestro, quién os lo dará?
Ningún siervo puede servir a dos señores, porque, o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero».
Los fariseos, que eran amigos del dinero, estaban escuchando todo esto y se burlaban de él.
Y les dijo:
«Vosotros os las dais de justos delante de los hombres, pero Dios conoce vuestros corazones, pues lo que es sublime entre los hombres es abominable ante Dios».
Palabra del Señor.
De poco a grande.
El que es fiel en lo poco, también en lo mucho es fiel. ¡Qué bueno! En realidad, es obvio. ¿Quién eres? Y así te comportarás en lo poco y en lo mucho. Por eso es tan importante ser fieles en las cosas de los hombres y así estar bien dispuestos para las cosas de Dios.
Practiquemos así las virtudes naturales en las cositas del día a día que nos hacen amables hacia nuestros esposos para llegar a alcanzar las sobrenaturales que nos elevan a Dios por la gracia.
Aterrizado a la vida matrimonial:
Manolo: Vicky ¿Qué haces que llevas un buen rato ordenando mis cosas de aseo?
Vicky: Disponiendo mi corazón para cuando me necesites en algo más serio. Ahora te ayudo a ordenar tus cosas y en algún momento estaré lista cuando Dios me pida ayuda para ordenar tu corazón.
Manolo: Pero qué bonita eres. Entrenándote en lo pequeño para disponerte a amarme a lo grande. No hay otra como tú. ¿Cómo le podré pagar a Dios tanto como me ha dado a través de ti? Alabado sea Dios.
Vicky: Alabado sea por ti.
Madre,
Que estemos atentos siempre para ser fieles en lo poco. Alabado sea el Señor que nos enseña a amar cada día a través de Su Palabra.
Para ver los próximos RETIROS Y MISIONES haz click AQUÍ
EVANGELIO
Los hijos de este mundo son más astutos con su propia gente que con los hijos de la luz.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 16, 1-8
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Un hombre rico tenía un administrador, a quien acusaron ante él de derrochar sus bienes.
Entonces lo llamó y le dijo:
“¿Qué es eso que estoy oyendo de ti? Dame cuenta de tu administración, porque en adelante no podrás seguir administrando”.
El administrador se puso a echar sus cálculos:
“¿Qué voy a hacer, pues mi señor me quita la administración? Para cavar no tengo fuerzas; mendigar me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer para que, cuando me echen de la administración, encuentre quien me reciba en su casa”.
Fue llamando uno a uno a los deudores de su amo y dijo al primero:
“¿Cuánto debes a mi amo?”.
Este respondió:
“Cien barriles de aceite”.
Él le dijo:
“Toma tu recibo; aprisa, siéntate y escribe cincuenta”.
Luego dijo a otro:
“Y tú, ¿cuánto debes?”.
Él dijo:
“Cien fanegas de trigo”.
Le dice:
“Toma tu recibo, escribe ochenta”.
Y el amo alabó al administrador injusto, porque había actuado con astucia. Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos con su propia gente que los hijos de la luz».
Palabra del Señor.
Seducir para Dios.
Este Evangelio siempre cuesta entenderlo un poco. Parece que se está felicitando a alguien que actúa indebidamente. Pero Jesús quiere animarnos a “utilizar” los bienes de Su Padre para “ganarnos” el amor de muchos. Él me anima a que utilice todo lo que Dios me entrega, para que la deuda que mi esposo tiene con el Padre se reduzca a la mitad o desaparezca, si fuera posible. Dios no quiere que mi esposo tenga deudas con Él, y está dispuesto a entregar lo que sea de lo suyo, con tal de que llegue a estar en paz con Él, incluso a Su único Hijo. ¿Y yo?
El Demonio es astuto, es un seductor, que nos arrastra y nos convence disfrazando de bien sus caminos. Así nosotros, debemos ser más astutos con nuestros esposos para ayudarles a llegar a Dios. El Demonio no impone, atrae. Pues yo debo atraer a mi esposo hacia Dios con más fuerza que él, porque el Señor siempre puede más.
Aterrizado a la vida matrimonial:
Marta: Andrés, te he mandado un enlace sobre el Padre Pío. ¿Lo has visto?
Andrés: No, Marta, no lo he visto.
Marta: Seguro que estarás viendo todo tipo de vídeos, pero cuando te envío algo profundo, no te interesa.
Andrés: Marta, estoy harto de los bodrios de vídeos que me envías. No sé por qué estoy obligado a ver esas cosas…
El Señor en la oración: Marta, Marta… Todas tus cualidades de mujer, te las he dado para que intentes atraer a tu esposo hacia mí. Se lo que eres. Se mujer, femenina, dulce, embaucadora… sigue unida a mí con tu oración y sacramentos, sigue ofreciendo sacrificios por él. Llegado el día Yo lo haré. Tú, hija mía, confía en Mí. Pero te necesito, necesito tu boca, tus manos, necesito que cuando Andrés te vea a ti, en realidad sea a Mí a quien ve. Ámale como yo te Amo, como yo lo Amo y utiliza todas tus dotes de seducción para traerme su alma. Es el mayor regalo que puedes hacerle, si lo amas, es el mayor regalo que puedes hacerme si me amas.
(Marta esperó unos días, para no agobiar a Andrés)
Marta: Cariño, ¿Te vienes aquí conmigo que tengo un poco de frío?
Andrés: Sí, claro. Yo te caliento.
Marta: Sé que hay una serie que te gusta. ¿Puedo ver un par de capítulos contigo y después charlamos un rato juntos?
Andrés: Bueno, bueno… ¿Mi serie? ¡Vale! Me gusta que compartas esto conmigo.
(Después de un par de capítulos)
Marta: Me ha gustado ver tu serie contigo. ¿Te gustaría que compartiese yo también algo contigo? Te necesito.
Andrés: Sí, por supuesto.
Marta: Mira, quiero vivir contigo algo grande, que va más allá de la logística y las cosas de casa… quiero conocerte y que me conozcas…
(Tras un rato hablando mientras Marta le acaricia el pecho a Andrés, que sabe que le gusta…)
Marta: A mí lo que me ocurre es como ese Evangelio que dice…
(Y así, Marta, suavemente, hacía que Andrés entrara en las cosas de Dios. Sin imposiciones. Dándole gusto y haciéndole vivir un rato agradable. Por fin, Marta estaba sabiendo administrar con astucia los dones que Dios le había dado).
Madre,
Admiro tu delicadeza, tu sencillez. Cómo me has seducido para Dios y cómo me has robado el corazón. Te quiero, Madre. ¿Cómo te podré pagar? Alabado sea el Señor, que me entregó a Su Madre Santísima para acogerme en Su nombre. Amén.
Para ver los próximos RETIROS Y MISIONES haz click AQUÍ
EVANGELIO
Aquel que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 14, 25-33
En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo:
«Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío.
Quien no carga con su cruz y viene en pos de mí, no puede ser discípulo mío.
Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla?
No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo:
«Este hombre empezó a construir y no ha sido capaz de acabar».
¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que lo ataca con veinte mil?
Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz.
Así pues, todo aquel de entre vosotros que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío».
Palabra del Señor.
La torre del corazón.
Rico es aquel que se fía de sus posesiones terrenales para alcanzar su propia satisfacción. ¿Qué satisfacción puede buscar? Su seguridad, sus deseos sensibles, su presunción, su poder… La cuestión que nos plantea Jesús es ¿qué “torre” tengo que construir con mi vida? Porque si para alcanzar ese fin último (bueno, bello, verdadero y justo), no tengo medios suficientes, ya me puedo ir espabilando para “negociar” con Aquel que sí los tiene. Si pretendo enfrentarme al plan de Dios, más me vale que cuando aún esté lejos pacte con el Rey cómo conciliar Sus planes con mi vida. Y el pacto que me propone es este: Tienes que estar dispuesto a renunciar a todo lo terrenal para hacerte heredero de lo eterno.
Aterrizado a la vida matrimonial:
Carla: Luis, ¿quién debería gobernar tu entrega matrimonial? Tu cabeza o tu corazón.
Luis: Yo creo que mi cabeza.
Carla: Pues tienes un problema, porque no se ama con la cabeza, la cabeza no nos mueve y el amor exige una inclinación, un movimiento. Nos mueven las pasiones y la voluntad, y ambos forman parte del corazón. ¿Por qué has dicho la cabeza?
Luis: Porque considero que ahí reside el buen criterio para amar como se debe.
Carla: ¡Muy bien! En eso tienes razón. Pues ordena tu corazón con tu buen criterio y con la fuerza de la gracia, y deja después que tu corazón gobierne tu entrega en el matrimonio. Ese es el camino de la virtud. Virtuoso es aquel que alcanza la espontaneidad del corazón porque su corazón se hace uno con el de Cristo y sus deseos son los de Cristo.
Luis: No me entero mucho, pero suena bien.
Carla: Vamos educando nuestras pasiones desordenadas, y el día en que deseemos la voluntad de Dios sobre todas las cosas, sin tener ya otros deseos a los que nos cueste renunciar, ese día disfrutaremos plenamente del matrimonio aquí en la tierra.
Luis: Ahora lo entiendo mejor. Merece la pena ponerse a ello.
Madre,
Merece la pena renunciar a lo finito para alcanzar el infinito. Merece la pena renunciar a atracciones pasajeras para alcanzar el amor eterno. Merece la pena el combate espiritual para poder seguir a Cristo. Alabado sea por siempre nuestro Señor.