Nuevas propiedades. Comentario para Matrimonios: Mateo 11, 28-30

EVANGELIO

Soy manso y humilde de corazón
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 11, 28-30

En aquel tiempo, tomó la palabra Jesús y dijo:
«Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».

Palabra del Señor.

Avisos:

(Retiros pendientes de apertura de inscripciones. Informaremos más adelante)

  • Retiro en Sevilla: 18-20 de octubre

Nuevas propiedades.

Antes me sentía cansado de luchar contra mi matrimonio. Mi yugo era demasiado pesado para cargar con él. Antes estaba agobiado por la vida, las prisas, las autoexigencias… Demasiadas cargas. Pero me encontré con Cristo. No sabría decir qué ha pasado exactamente, no es explicable por ningún fenómeno tangible o medible, pero ahora mi yugo es llevadero e incluso deseable y hermoso, y mi carga es ligera.

El yugo que llevaba estaba sobrecargado por el orgullo, que me impedía ver la belleza y la grandeza del matrimonio. Si me resisto a las leyes que Dios puso en mi matrimonio, vivo un agobio constante. Si Cristo me va haciendo manso y humilde de corazón, descubro que mi yo se hace Permeable, buen Conductor, Transparente, Duro, Elástico, y Tenaz (no frágil).
– Permeable: Crédulo. Se deja empapar del amor infinito de Dios;
– buen Conductor: Evangelizador. Capaz de transmitir el calor del amor de Dios;
– Transparente: Humilde. No va de protagonista y deja ver la obra de Dios;
– Duro: Misericordioso. Disculpa las agresiones de los demás que no le rallan ni le dejan huella perdonando con facilidad;
– Elástico: Obediente. Se adapta a la presión y acepta las dificultades de cada momento con alegría;
– y Tenaz: Perseverante. Resistente a los golpes, levantarse con humildad aunque caiga una y otra vez.
Entonces mi alma, encuentra descanso.

Aterrizado a la vida matrimonial:

Diario de Pedro: Me he puesto ante el Santísimo y he dejado que me llene de su Paz. He vuelto a casa y me he sentado a escuchar a mi esposa deseando transmitirle algo de la paz que había recibido. Ella estaba un poco alucinada con mi actitud de escucha y el interés que mostraba con ella, hasta que le he explicado que venía de estar ante el Santísimo, y entonces lo ha comprendido. Era Dios el que me había infundido esa paz. Lo que más le llamaba la atención es que me estaba transmitiendo quejas sobre mí, y en lugar de responderle con agresividad, estaba totalmente centrado en comprenderla. Yo también estaba sorprendido, porque sus palabras hirientes no me hacían daño, parecía como si rebotaran en una capa que impedía que penetraran en mi corazón.
Mientras hablábamos, nos entretuvimos y se quemó la cena, así que a mitad de la conversación tuve que bajar a comprar unas hamburguesas. Me sentó fatal, porque estaba muy cansado y además estaba lloviendo a todo llover, me estaba empapando, pero en ese momento, me planteé que si Dios lo había querido, yo también. Así que lo llevé con muchísima paz por saber que era Su voluntad. No me iba a quejar encima de lo que había recibido aquella tarde.
Cuando llegué a casa y creía que aquel día estaba siendo superado, ella retomó la conversación conmigo, y me puse nervioso porque se estaba haciendo demasiado tarde para los niños. Así que dejé de escuchar y no paraba de mirar el reloj. Me preguntaba: Esta mujer ¿No se da cuenta de la hora que es? Además se estaban enfriando las hamburguesas… así que perdí toda la paz que había recibido. Ella se enfadó porque había dejado de prestarle atención. Entonces le pedí perdón, y recuperé la paz. Después de cenar, hemos seguido hablando y ella ha recibido de mí la Paz que Dios le quería transmitir.

Aquella noche, Pedro y su esposa se quedaron dormidos abrazados.

Madre,

La mansedumbre y la humildad, qué dos grandes pilares para el matrimonio. Esa apertura a todo lo que viene, con alegría, ese deseo de aprender del otro, reconocer que estoy en construcción, saberme pequeño, necesitado… Hágase en mí. Amén.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *