Archivo del Autor: Esposos Misioneros

RETIRO PARA NOVIOS EN BILBAO – AMOREBIETA 23 – 25 OCTUBRE 2026

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RETIRO MATRIMONIOS BADAJOZ 23 – 25 OCTUBRE 2026

RETIRO MATRIMONIOS BADAJOZ 23 – 25 OCTUBRE 2026

RETIRO MATRIMONIOS GUADALAJARA 2 – 4 OCTUBRE 2026

RETIRO MATRIMONIOS GUADALAJARA 2 – 4 OCTUBRE 2026

Al principio no era así. Comentario para matrimonios: Mateo 19, 3-12

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Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 19, 3-12

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos y le preguntaron, para ponerlo a prueba: «¿Es lícito a un hombre repudiar a su mujer por cualquier motivo?». Él les respondió: «¿No habéis leído que el Creador, en el principio, los creó hombre y mujer, y dijo: “Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne”? De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Pues lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre». Ellos insistieron: «¿Y por qué mandó Moisés darle acta de divorcio y repudiarla?». Él les contestó: «Por la dureza de vuestro corazón os permitió Moisés repudiar a vuestras mujeres; pero, al principio, no era así. Pero yo os digo que, si uno repudia a su mujer —no hablo de unión ilegítima— y se casa con otra, comete adulterio». Los discípulos le replicaron: «Si esa es la situación del hombre con la mujer, no trae cuenta casarse». Pero él les dijo: «No todos entienden esto, solo los que han recibido ese don. Hay eunucos que salieron así del vientre de su madre, a otros los hicieron los hombres, y hay quienes se hacen eunucos ellos mismos por el reino de los cielos. El que pueda entender, entienda».

Al principio no era así.

Los fariseos intentan poner a Jesús en un compromiso al hacerle esta pregunta, y él se remite al principio, al Génesis, a la creación del hombre y la mujer. Queridos esposos de Proyecto ¡cuán conocido y querido es este texto para nosotros! Es en este pasaje donde San Juan Pablo II se basa para sus catequesis sobre el Matrimonio y la Familia, Proyecto Amor Conyugal recoge este legado que tanto bien está haciendo, son muchos los que están evangelizando y llevando la Buena Noticia por el mundo entero. Y vosotros queridos esposos ¿Aún no lo conocéis? ¿A qué estáis esperando?

Aterrizado a la vida Matrimonial:

(Marta y Luis terminan su oración conyugal)
Luis: Gracias, Señor. Bendito y alabado seas
Marta: Gracias, Señor. Y gracias a ti también, Luis. Me encanta que compartas conmigo lo que el Señor te dice, me ayuda a ver la verdad y belleza de tu alma.
Luis: que bonita eres, cariño.
Marta: ¿Sabes? Hoy celebramos el día de San Maximiliano Kolbe. Lo he leído esta mañana, impresionante. Dio su vida en un campo de concentración en la segunda guerra mundial a cambio de la de un padre de familia.
Luis: Vaya, él sabía del valor del padre en la familia.
Marta: Y lo que me ha costado a mí verlo, siempre ponía por delante a los niños. Y te dejaba a ti de lado. Perdóname porque sé que te hice mucho daño.
Luis: Ya hace tiempo que dejaste de hacerlo. ¡Cuánto bien ha hecho Proyecto Amor Conyugal en nuestra familia. A mí también me ha hecho ver que es muy importante que nuestros hijos nos vean unidos y rezando, querernos nosotros es lo más importante para que ellos se sientan queridos y protegidos.
Marta: Bendito sea Dios, ¡realmente eres mi Ayuda Adecuada!

Madre,

Recordamos las palabras de San Maximiliano Kolbe: “Donde entra la Inmaculada, entra Jesús, que es el Rey del amor, la paz y la alegría», así que, querida Madre te invitamos a entrar hasta el fondo de nuestro corazón. ¡Bendita seas!

Perdonar con el corazón. Comentario para matrimonios: Mateo 18, 21 – 19, 1

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Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 18, 21 – 19, 1

En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús le preguntó: «Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?». Jesús le contesta: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Por esto, se parece el reino de los cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus criados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El criado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: “Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo”. Se compadeció el señor de aquel criado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero al salir, el criado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba diciendo: “Págame lo que me debes”. El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba diciendo: “Ten paciencia conmigo y te lo pagaré”. Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: “Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo rogaste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?”. Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada cual no perdona de corazón a su hermano». Cuando acabó Jesús estos discursos, partió de Galilea y vino a la región de Judea, al otro lado del Jordán.

Perdonar con el corazón.

Pedro pregunta a Jesús cuántas veces debe perdonar, como si el amor pudiera medirse con una calculadora. A veces en el matrimonio es fácil llevar una contabilidad de las heridas: «yo siempre cedo», «tú nunca me escuchas», «aquello todavía no te lo he perdonado», y sin darnos cuenta, convertimos nuestra relación en un balance de deudas. El rey perdona una deuda impagable, pero el siervo es incapaz de perdonar una deuda pequeña. Jesús no compara las ofensas entre los esposos con algo sin importancia; más bien nos invita a contemplar que cualquier herida recibida queda iluminada por el inmenso perdón que Dios nos concede cada día. Cuando en el matrimonio se pierde de vista la misericordia de Dios, comenzamos a exigir justicia al otro. Pero quien vive agradecido por haber sido perdonado aprende a mirar las fragilidades del cónyuge con compasión. En la vida matrimonial, el mayor enemigo es el pequeño resentimiento que se va acumulando. Cada discusión no resuelta, cada silencio, cada reproche guardado, va levantando un muro, pero el perdón rompe ese muro porque renuncia a cobrar la deuda afectiva. No significa justificar el mal ni dejar de hablar sobre lo ocurrido, sino decidir que el amor será más grande que la ofensa. Perdonar siempre significa elegir una y otra vez al esposo/a por encima del orgullo, es dejar que la misericordia de Dios pase por nuestro corazón antes de llegar al otro. Solo quien se sabe profundamente amado y perdonado por el Señor puede construir un matrimonio donde siempre exista la posibilidad de volver a empezar.

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Marta: Jaime, estoy cansada de que llegues siempre tarde del trabajo siempre con alguna excusa, parece que es más importante que tu familia. Nos tienes muy abandonados. Yo también trabajo y hago un esfuerzo por llegar a todo. Tu en cambio parece que siempre es lo mismo, mucho pedir perdón, pero sigues llegando tarde.
Jaime: Así no hay quien pueda, aunque no te lo creas siempre intento venir antes, pero siempre hay algo y me da tranquilidad saber que tu haces el esfuerzo por llegar antes, pero por mucho que lo intente siempre es lo mismo. Me siento juzgado y perseguido, a veces pienso que por mucho que haga nunca sirve para nada.
Aquella noche durante la oración conyugal:
Marta: Gracia Señor. A la luz de este Evangelio me doy cuenta que ya no solo discuto con Jaime el retraso de hoy, sino por todas las heridas guardadas de estas semanas de intenso trabajo.
Jaime: Señor, pido muchas veces perdón pero no estoy haciendo cambios concretos para demostrarlos. Me doy cuenta que siempre priorizo en lo que yo creo importante, antepongo mi yo a los demás.
Marta: Señor ayúdame a dejar de sacar a relucir errores ya perdonados y a dar a Jaime la oportunidad de empezar de nuevo.
Jaime: Ayúdame Señor a anteponer a Marta y a la familia a mis cosas y a mi yo. Te pido ayuda para que nuestro matrimonio destaque no por nuestras deudas, sino por la misericordia de Dios.

Madre,

Tu Hijo nunca se cansa de perdonarnos, ayúdanos a experimentar cada día la inmensidad de la misericordia de Dios para que podamos ofrecérnosla mutuamente. Danos un corazón humilde que sepa pedir perdón y un corazón misericordioso que sepa concederlo. Bendito sea Dios.