¿Dices que amas a Dios? Comentario para Matrimonios san Lucas 8, 19-21

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Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 8, 19-21

En aquel tiempo, vinieron a ver a Jesús su madre y sus hermanos, pero con el gentío no lograban llegar hasta él. Entonces lo avisaron: «Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren verte». Él respondió diciéndoles:
«Mi madre y mis hermanos son estos: los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen».

¿Dices que amas a Dios?

Jesús revela dónde se halla la verdadera grandeza de María y de dónde brota la comunión entre ellos: María es la que ha escuchado la palabra de Dios y ha vivido conforme a ella. El fruto de eso es la comunión y la intimidad con Él. Jesús nos invita a todos nosotros a ser íntimos a Él por el cumplimiento de su palabra. ¿Qué amor tenemos a Dios si escuchamos Su palabra pero no la queremos encarnar? Revisemos nuestro corazón y preguntémonos si actúo conforme a la voluntad de Dios o reaccionando a mi corazón herido. Estemos muy atentos: podemos hacer oración conyugal, colaborar en retiros, ir a la Eucaristía pero no dejo que la «Palabra» se encarne en mí cómo se encarnó en María. Amar a Dios es hacer Su voluntad aunque no coincida con la mía.

Aterrizado a la Vida Matrimonial:

Laura está en una crisis matrimonial que requiere un proceso, paciencia y perdón. Ha llamado a su tutor y le ha dicho que ya no quiere continuar.
Laura: Estoy cansada. Cansada de perdonar, de ceder, de amar yo siempre… Ya no quiero seguir.
Eduardo: ¿Y qué quieres hacer?
Laura: Pensar en mí. Que cambie él. Yo ya he hecho bastante, me toca ser feliz.
Eduardo: Ese no es el camino Laura. Por ahí no es si quieres seguir a Cristo.
Laura: A Cristo sí, pero a mi esposo no.
Eduardo: Amar a Dios es hacer Su voluntad. «El que me ama guardará mi palabra» ¿Recuerdas esta palabra del evangelio? No te dejes engañar por el demonio. Eso es plantarse y decirle a Dios: No quiero hacer Tu voluntad, no creo que Tu camino me conduzca a la felicidad y voy a hacerlo a mi manera, no a la tuya. ¿Te das cuenta?
Laura guarda silencio.
Eduardo: Es el momento de hacer la voluntad de Dios aunque sea contraria a la tuya. Sabiendo que nuestra voluntad deformada por el pecado nos lleva a la muerte y la Suya nos lleva a la vida.
Laura: Pero yo ya no puedo más.
Eduardo: Ya te dije que cuando hiciera falta te cogíamos en brazos, en camilla, como haga falta y eso haremos. ¿Te dejarás?
Laura sonríe
Laura: ¿Cómo decirle a Dios que no?

Madre,

Danos tu obediencia a la Palabra de Dios y tu humildad y seremos bienaventurados contigo. ¡Alabado sea el Señor!

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